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El legado de los residuos explosivos de guerra

por Louis Maresca y Camilla Waszink

Unos 84 países y territorios afrontan el problema causado por los residuos explosivos de guerra que, en algunos lugares, hieren y matan diariamente a muchos civiles. En muchos otros, la presencia de estos artefactos impide las labores agrícolas, la reconstrucción y el regreso de los refugiados y desplazados internos y exacerba la pobreza de las comunidades afectadas por la guerra.

LOS residuos explosivos de guerra son municiones explosivas, sin estallar o abandonadas después de que termina un conflicto, y pueden incluir obuses, morteros, granadas, minas terrestres, bombas racimo y otras submuniciones, cohetes, misiles y explosivos similares. La mayoría de estas armas ya han sido disparadas, desplegadas o utilizadas durante una batalla pero no estallaron al impactar. Otras nunca se han empleado y simplemente han quedado abandonadas como parte de arsenales cerca de las posiciones en el campo de batalla.

Desgraciadamente con desoladora frecuencia, hombres, mujeres y niños encuentran estas armas antes de que las organizaciones y entidades pertinentes hayan podido eliminarlas, con consecuencias, como se puede prever, trágicas. Al igual que las minas terrestres antipersonal, otros residuos explosivos de guerra matan y hieren a numerosísimos civiles en los países asolados por la guerra, acarreando consecuencias socioeconómicas graves. El Movimiento se confronta día a día con los efectos de estas armas en su labor diaria.

Aunque es difícil determinar con exactitud la magnitud del problema, ejemplos de diversos contextos ponen en evidencia su dimensión mundial. Polonia, por ejemplo, hace 50 años que está eliminando residuos explosivos de guerra de su territorio. Desde 1944, se han extraído más de 96 millones de piezas de material explosivo, 80 millones si se excluyen las minas terrestres, a un costo aproximado de 866 millones de dólares estadounidenses(1). Entre 1944 y 1989, las municiones sin estallar se cobraron la vida de 4.094 personas en Polonia, dejando a otras 8.774 heridas. El país sigue eliminando por año cientos de miles de residuos explosivos de guerra. Estas armas son a menudo un legado a largo plazo.


Enormes cantidades de explosivos pueden matar y mutilar a los civiles durante años o decenios después de terminado el conflicto armado.
©John Rodsted


Uno de los elementos fundamentales de un acuerdo eficaz es que las partes en un conflicto se comprometan a eliminar o facilitar la eliminación de los residuos explosivos de guerra.
©John Rodsted

Otro ejemplo es Laos, donde las guerras de Indochina en los años cincuenta, sesenta y setenta dejaron un país plagado de residuos explosivos de guerra. Se calcula que quedan todavía de 9 a 27 millones de submuniciones sin estallar, pese a que las hostilidades cesaron en 1975. Unas 11.000 personas han resultado muertas o heridas, de las cuales un elevado porcentaje son niños(2). Casi tres decenios después de terminado el conflicto, Laos sigue siendo uno de los países del mundo más gravemente afectados por esta plaga.

Las guerras no necesitan durar años o décadas para que los residuos explosivos de guerra se vuelvan un serio problema. Incluso los conflictos de corta duración pueden causar innumerables bajas civiles. Un ejemplo reciente es lo que ocurrió en Kosovo. Tras el término del conflicto en junio de 1999, las organizaciones de desminado eliminaron o destruyeron más de 54.000 piezas de municiones. Por desgracia, la remoción de estos artefactos llegó para muchos demasiado tarde. Durante el año siguiente al final del conflicto, los residuos explosivos de guerra mataron e hirieron a unas 500 personas. Hoy, es común que los medios de comunicación informen sobre accidentes e incidentes violentos causados por residuos explosivos de guerra en Iraq y Afganistán. Las recientes hostilidades y las guerras previas han dejado a estos países plagados de residuos explosivos de guerra y ocasionado innumerables muertos y heridos.

La comunidad internacional ha adoptado importantes medidas para paliar los problemas causados por las minas antipersonal. Sin embargo, pocas normas internacionales han abordado el problema que plantean otras formas de residuos explosivos de guerra.

En 2003, en parte en respuesta a los esfuerzos del CICR, de muchas Sociedades Nacionales y de organizaciones no gubernamentales, los Estados Partes en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC) entablaron negociaciones para reducir el peligro que hacen correr los residuos explosivos de guerra a la población civil. Cabe esperar que este proceso conduzca a un conjunto de normas jurídicamente vinculantes, es decir a un nuevo protocolo de la Convención, cuya aprobación sería un avance importante en el derecho internacional humanitario y fortalecería un área del derecho aún frágil.

Acción preventiva

Las negociaciones actuales se centran en las medidas para disminuir la amenaza de los residuos explosivos de guerra después de finalizado un conflicto. En opinión del CICR, habría posibilidad de reducir las consecuencias solicitando a las partes en el conflicto que eliminen las municiones que han usado o faciliten su eliminación, que proporcionen a las organizaciones implicadas en las actividades de remoción de residuos explosivos de guerra y de sensibilización al peligro de las minas/residuos explosivos de guerra información técnica y asistencia material para permitirles realizar sus tareas con la mayor eficacia y seguridad posibles y que adviertan a los civiles de la presencia de los residuos explosivos de guerra y del peligro que representan. Como parte del fortalecimiento del sistema sanitario general en el país afectado, es indispensable también aportar asistencia a las víctimas de estas armas para ayudarlas a llevar una vida saludable y productiva.

Por otra parte, el CICR solicitó que se prohibiera el uso de submuniciones contra todo objetivo militar ubicado en zonas civiles. Esta propuesta se funda en los riesgos particulares que entrañan las submuniciones para la población civil, debido a su elevado porcentaje de fallos y a las dificultades para sembrarlas con precisión. Hasta ahora sólo unos pocos gobiernos se muestran favorables a estas restricciones. Asimismo, es esencial la adopción de medidas para impedir que las submuniciones y otras municiones se conviertan en residuos explosivos de guerra, tales como los mecanismos de autodestrucción y la adecuada gestión en el almacenamiento de municiones. Si bien estas medidas preventivas siguen examinándose, aún no son objeto de negociaciones. Ahora bien, gracias al creciente apoyo público y político, se podrían utilizar como base en futuras negociaciones.

La XXVIII Conferencia Internacional brindará una excelente oportunidad al Movimiento para ser escuchado sobre estas cuestiones. En 2001, el Consejo de Delegados solicitó a los Estados Partes en la CCAC que entablaran negociaciones acerca de un nuevo protocolo para abordar los problemas causados por los residuos explosivos de guerra y alentó a todos los componentes del Movimiento a que hicieran tomar conciencia del costo humano de estas armas. Este año, se espera que el Consejo de Delegados y la Conferencia Internacional puedan acoger con satisfacción la aprobación de un nuevo instrumento de la CCAC sobre residuos explosivos de guerra, o, si aún no se ha suscrito un instrumento, instar a los Estados Partes en la CCAC a que prosigan las negociaciones y aprueben firmes medidas, como las propuestas por el CICR, con miras a resolver el problema de los residuos explosivos de guerra.

Si el proceso da lugar a un nuevo conjunto de normas estrictas y exhaustivas, sólo así se podrá mejorar la vida del sinnúmero de personas civiles que corren el riesgo de convertirse en heridos de guerra mucho después que los soldados han abandonado el campo de batalla.


En Barda, Azerbaiyán. Un delegado del CICR explicando a los alumnos de una escuela los peligros de los residuos explosivos de guerra.
©Boris Heder / CICR


Louis Maresca y Camilla Waszink
Louis Maresca es asesor jurídico del CICR. Camilla Waszink es encargada de programas del CICR en Ginebra.

1 ‘Polish experiences with Remnants of War’, informe de las Fuerzas de Ingeniería Polacas, 2002.
2 Información facilitada por Phil Bean, Director, National UXO Programme, Laos, en la reunión de expertos sobre residuos explosivos de guerra, celebrada en Nyon, Suiza, 18 y 19 de noviembre de 2000.



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