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El
comportamiento en la GUERRA
por Jean-Jacques Frésard y Daniel Muñoz Rojas |
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hace mucho tiempo, la difusión del derecho internacional
humanitario (DIH) es una prioridad para el CICR, y las Sociedades
Nacionales suelen ser muy activas en ese ámbito. Pero,
¿es posible realmente influir en los que, de una u
otra manera, participan en la guerra? ¿Existe alguna
forma para cambiar su percepción y su comportamiento?
En un reciente estudio del CICR se intenta analizar esta cuestión. |

Esta mujer identificó la foto de su
hijo muerto en Grozny, Chechenia, Federación de Rusia.
©Thierry Gassmann / CICR
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En
2001, el CICR decidió ahondar en este tema para comprender
mejor qué es lo que determina el comportamiento de
los combatientes en tiempo de guerra y, a partir de allí,
saber cómo elaborar estrategias de comunicación
más eficaces con el fin de lograr un mayor respeto
del DIH por parte de los portadores de armas y de los que
hacen la guerra.
Al abordar este tema, el CICR emprendía una tarea nada
fácil. El estudio consistía en responder a una
serie de preguntas: ¿la persona en guerra está
por definición obligada a cometer atrocidades? ¿Es
el desconocimiento del DIH la causa de las violaciones? En
suma, ¿qué induce al combatiente a violar o
a respetar el DIH?
El estudio consta de cuatro partes: un análisis completo
de los datos recopilados en el contexto de Testimonios sobre
la guerra(1), entrevistas con varios
cientos de combatientes (o ex combatientes) de las fuerzas
regulares e irregulares en cuatro países (Bosnia y
Herzegovina, Colombia, Georgia y la República del Congo);
un cuestionario presentado a los delegados y, por último,
un examen analítico de la documentación sobre
los orígenes del comportamiento en la guerra.
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Ruptura
del compromiso moral
Al analizar las respuestas de los combatientes, se observa
un importante desfase entre el conocimiento que tienen de
las normas humanitarias y su escasa intención de respetarlas
en caso de hostilidades. No basta conocer una norma para adoptar
una actitud(2) favorable hacia ésta.
De la misma manera, una actitud favorable no significa en
ningún caso que el comportamiento de un combatiente
en una situación real sea conforme al DIH.
Este desfase entre el conocimiento y la aplicación
de las normas es el resultado de una serie de mecanismos que
inducen al combatiente a la ruptura del compromiso moral y
a la comisión de infracciones del DIH. Como regla general,
la ruptura del compromiso moral del combatiente proviene de
su pertenencia a un grupo y a una jerarquía, donde
la sumisión a la autoridad y al conformismo desempeña
un papel esencial. A esta realidad se puede sumar la justificación
de un comportamiento violento.
Una de las razones a menudo esgrimidas para justificar la
falta de respeto del DIH es que quienes cometen actos reprensibles
no se consideran a sí mismos como verdugos sino como
víctimas. Se sienten víctimas, se les dice que
son víctimas y esto les otorga el derecho de matar
o cometer atrocidades. Este estado de sentirse víctima
y la amenaza real o imaginaria de convertirse en tal justifica
nuevamente el recurso a cualquier medio para obtener justicia.
Otro razonamiento invocado a menudo es que un pueblo, un grupo
étnico o un país que lucha por su supervivencia
no puede complicarse con consideraciones humanitarias y normas
que pueden debilitarlo. Para ese pueblo el fin justifica los
medios. Fuera de la simple venganza, en la que suele entrar
en juego la pasión, se aduce universalmente el argumento
de la reciprocidad. El vocabulario que se utiliza es un aliado
permanente, el uso de eufemismos para referirse a los crímenes
de guerra es moneda corriente en tiempo de conflicto armado:
se hablará de operaciones de policía, limpieza
de una región, ataques quirúrgicos, etc. Los
métodos modernos de combate, que permiten matar a distancia,
facilitan dichas justificaciones, especialmente cuando los
medios de comunicación no están presentes para
mostrar la realidad de un conflicto. Por último, las
justificaciones relacionadas con las víctimas son ineludibles.
De manera insidiosa, el enemigo es satanizado y calificado
de larva y las larvas se deben exterminar. A veces se compara
al enemigo a una enfermedad que debe erradicarse. Cuando los
políticos, los periodistas, los científicos
y los intelectuales deshumanizan al enemigo de esta forma,
no sólo los combatientes tienen menos escrúpulos
para tomar las armas contra él, sino que incluso pueden
racionalizar el peor tipo de comportamiento y convencerse
a sí mismos de que es una necesidad. A la distancia
física se añade la distancia psicológica.
Uno niega la humanidad del otro atribuyéndole rasgos
o un comportamiento viles: "Somos superiores, ellos son
inferiores." Se puede llegar incluso a culpar a las propias
víctimas: "Son las propias víctimas las
que produjeron esto." |
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©Jeff Danziger / testimonios sobre la
guerra / CICR
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Órdenes
y sanciones
En resumen, el comportamiento de los combatientes lo determinan
principalmente tres parámetros: su pertenencia a un
grupo, que los induce a adoptar el comportamiento que se aviene
con las expectativas del grupo, su integración en un
estructura jerárquica, en la que deben obedecer a la
autoridad ciegamente, y el proceso de la ruptura del compromiso
moral, favorecida por una situación bélica,
que permite el recurso a la violencia contra la persona definida
como el enemigo. De ello se desprende, lógicamente
que para mejorar el respeto del DIH, es necesario impartir
instrucción a los combatientes, dictar órdenes
estrictas y aplicar sanciones efectivas.
Para que los combatientes respeten el DIH, las normas se deben
traducir en mecanismos tangibles y se deben tomar medidas
prácticas para velar por su respeto. En otras palabras,
es imprescindible que el DIH forme parte de la doctrina militar
y que sus normas sean incorporadas, en la mayor medida posible,
a todas las órdenes desde la cúspide hasta la
base de la pirámide jerárquica, incluso en los
grupos armados no estatales.
Si no se acata una orden, es necesario aplicar una sanción.
Las sanciones son decisivas y pueden ser tanto disciplinarias
como penales. Es esencial que las autoridades responsables
tomen medidas incluso en caso de delitos menos graves que
los crímenes de guerra, imponiendo así una disciplina
entre las tropas, al mismo tiempo que se evita una espiral
descendente en la que las infracciones pueden volverse más
graves, y más aceptables a juicio de quienes las cometen.
Así pues, es indispensable influir en quienes ejercen
el poder sobre los combatientes, empezando por los propios
instigadores de la guerra, que abonan el terreno en lo político,
lo ideológico y lo moral para deshumanizar al enemigo.
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La
fuerza del derecho
La ruptura del compromiso moral puede hacer posible que la
persona anule el sentimiento de culpa frente a los actos inhumanos
y le permita cierta elasticidad con respecto a los valores,
pero estos mecanismos no hacen que ese comportamiento sea
lícito. Para el CICR se trata de convencer a las autoridades,
sobre todo a los militares, así como a los líderes
de grupos más o menos estructurados y jerárquicos,
que respeten esas normas.
La esencia de prevenir las violaciones del DIH reside en una
mejor comprensión de los factores psicosociales antes
descritos. Las violaciones del DIH no son la consecuencia
de un problema con el derecho, sino de los argumentos que
se esgrimen para justificar los ataques contra lo que se considera
como "enemigo". Lograr que el comportamiento de
los combatientes se avenga con las normas humanitarias depende
de la voluntad política de los líderes y requiere
un planteamiento que integre el derecho humanitario en las
órdenes, la disciplina y la instrucción de los
grupos armados.
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Así pues, es indispensable influir en quienes
ejercen el poder sobre los combatientes. |
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Jean-Jacques Frésard y Daniel Muñoz
Rojas
Jean-Jacques Frésard es delegado del CICR. Daniel Muñoz
Rojas es investigador en el CICR.
(1) Para conmemorar el 50 aniversario
de los Convenios de Ginebra, el CICR emprendió en 1999
un amplio estudio en 12 regiones afectadas por la guerra y
en otros cinco países, cuyo objetivo era saber qué
opinaban unos 20.000 civiles y combatientes sobre las normas
que han de respetarse en tiempo de conflicto armado y por
qué son conculcadas tan a menudo. Los resultados fueron
publicados por el CICR y pueden consultarse en su sitio web
www.icrc.org
(2) Una actitud puede definirse como
la disposición de una persona hacia alguien o algo.
Esta disposición se arraiga en tres fuentes de estimulación:
cognitiva (conocimientos que adquiero), afectiva (sentimientos
que tengo) y de comportamiento (las intenciones y los actos
que propongo). |
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