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El
retorno de los mercenarios
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el fin de la guerra fría, los ejércitos privados
se han multiplicado en todo el mundo. Sobre el terreno, principalmente
en Iraq y Afganistán, las sociedades de seguridad y
de asistencia militar desempeñan un papel cada vez
más importante. Este fenómeno inquietante repercute
seriamente en el derecho humanitario y exige una nueva postura. |
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Un guardia de la seguridad observando
con su arma tras un ataque en el camino del aeropuerto
de Bagdad, el 5 de abril de 2004.
©REUTERS / CEERWA NAZIZ, CORTESIADE www.alertnet.
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QUIÉN hubiera imaginado hace sólo diez años
que un día iba a volver el tiempo de los mercenarios?
El fenómeno es sorprendente: el número de especialistas
del gatillo y de toda la parafernalia militar que viven gracias
a la guerra se ha disparado. Durante la primera guerra del
Golfo, representaban sólo el uno por ciento de los
soldados estadounidenses. Con los conflictos de los Balcanes
y Afganistán, su número no ha cesado de aumentar.
Según se estima, unos 20.000 de esos nuevos mercenarios
están desplegados hoy en Iraq, es decir el 15 por ciento
del personal militar estadounidense total. No se trata de
unos simples pistoleros a sueldo, sino de un negocio efectuado
por multinacionales, a menudo cotizadas en bolsa, cuyas ganancias
por esta actividad rebasan los cien mil millones de dólares
por año.
La guerra es un negocio redondo: dichas sociedades representan
un tercio del presupuesto estadounidense para las operaciones
militares en Iraq en 2004 (es decir varias decenas de millones
de dólares). Este ascenso impresionante de los mercenarios
no es sólo cuantitativo: los nuevos "mercenarios",
que ganan entre 500 y 1.500 dólares por día
(muchísimo más que los soldados, aunque menos
expuestos al peligro) no sólo se encargan de la intendencia
de las tropas de combate como en los tiempos casi prehistóricos
de la primera guerra del Golfo. Esos actores privados desempeñan
cargos clave en la inteligencia, la seguridad, la logística
y el entrenamiento. De ahora en adelante, el neoliberalismo
y la mundialización también forman parte del
paisaje en las zonas de combate. |
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El Gobierno marfileño reforzó
su ejército contratando a mercenarios para hacer
frente a la agitación desatada en el país
en 2002.
©GEORGES GOBET / AFP PHOTO |
La tercerización de la guerra
Ante la magnitud del fenómeno y en vista de que esos
combatientes privados a menudo desconocen los principios del
derecho internacional humanitario, a comienzos de 2004 el
CICR reforzó su postura respecto de la "responsabilidad
de los Estados", asegura Gilles Carbonnier, que trabaja
para la organización humanitaria en Ginebra. "Queremos
evitar las situaciones de imprecisión jurídica.
Es necesario que esas personas sepan que las disposiciones
de los Convenios de Ginebra y del derecho humanitario en general
se aplican a ellas también y que están obligadas
a responder de sus actos. Si hay empleados que violan esas
normas, se requiere un marco de aplicación claro para
que sean sancionados". El CICR ha comenzado a analizar
las legislaciones de los diferentes países para evaluar
en qué medida responden a los nuevos casos sobre el
terreno. "Imaginemos que un empleado sudafricano contratado
por una sociedad militar estadounidense comete abusos en Iraq
y que el sistema jurídico local es deficiente. Se trata
de determinar ante qué justicia se procesará
a este hombre", explica Gilles Carbonnier. El CICR puntualiza
que en virtud del artículo 1 común a los Convenios
de Ginebra, los Estados deben "respetar y hacer respetar"
el derecho internacional humanitario.
Por el momento, domina la imprecisión jurídica,
lo cual favorece la impunidad, pues permite a los actores
privados estar prácticamente al resguardo de un enjuiciamiento.
Por consiguiente, el CICR no sólo insta a los Estados
a asumir las responsabilidades que les competen, sino que
tiene también la intención de entablar conversaciones
con las sociedades militares privadas más grandes.
Gilles Carbonnier precisa: "En el pasado, manteníamos
un contacto informal con esas sociedades cuando nos encontrábamos
con sus empleados en las zonas de conflicto. Hoy queremos
iniciar un diálogo sistemático con las más
importantes. Son actores que desempeñan un papel importante
en los conflictos. Queremos darles a conocer el derecho humanitario,
así como la acción que realizamos para que no
nos impidan actuar sobre el terreno. En último término,
aunque la tarea incumba a los Estados, no descartamos la idea
de difundir el derecho internacional humanitario entre ellos
si fuera necesario para proteger mejor las comunidades afectadas
por la guerra".
Peter Singer fue el primero que señaló los
efectos perversos de la privatización de la guerra
en su obra Corporate Warriors: Rise of the Privatized Military
Industry (Cornell University, 2004). Los soldados son responsables
si transgreden el código militar. Pero los combatientes
privados no forman parte de la cadena de mando. No pueden
ser procesados. Normalmente, podrían ser juzgados por
tribunales locales, pero en Iraq el sistema judicial todavía
no funciona bien. Además, a veces se estipula explícitamente
en sus contratos que la justicia local no puede procesarlos". |
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| ...es esencial que estos mercenarios
de los tiempos modernos respondan de sus actos. |
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Responsabilidades
diluídas
Esta impunidad casi garantizada abona el terreno para cometer
los peores actos. En la prisión de Abu Ghraib, cerca
de Bagdad, dos "privados" participaron en los interrogatorios
violentos, pero se salvaron de toda sanción. Los políticos
tienen interés en recurrir a los servicios de esos
ejércitos privados pues, si alguno de sus miembros
muere o es hecho prisionero, la opinión pública
no se pondrá en contra del gobierno, puesto que no
son sus soldados los que están en peligro. Además,
esos antiguos boinas verdes, ex agentes del régimen
del apartheid o de la KGB y otros "especialistas"
pueden efectuar una represión particularmente brutal
sin que su comportamiento pueda ser imputable directamente
a un Estado. Pueden limitar los movimientos de los trabajadores
humanitarios y aterrorizar a la población local. Citado
por la agencia Reuters, Kenny Gluck, director de las operaciones
de MSF-Holanda, da la alarma: "Esas sociedades cuya finalidad
es obtener ganancias plantean nuevos problemas a las organizaciones
humanitarias, pues no tienen un estatuto bien definido. Frente
a los militares podemos negociar con la jerarquía,
hay una cadena de mando que es clara. Pero con los combatientes
privados, ¿quién es responsable? ¿Sus
accionarios?
El ex embajador estadounidense, Jonathan Moore, denuncia
las consecuencias de la política de privatización
de la guerra: "El Estado se vuelve dependiente de operadores
que no controla (...). Las cadenas de mando y las jerarquías
se difuminan. La disciplina, el control e incluso los valores
y actitudes de los militares profesionales se ven amenazados...
La privatización del ejército acrecienta las
ambigüedades y podría escapar a todo control".
Esta inquietante evolución ha avanzado un paso más.
El 10 de agosto pasado, Paul Wolfowitz, subsecretario de Estado
de los Estados Unidos, reveló la nueva estrategia del
Pentágono. Pidió al Congreso que le concediera
500 millones de dólares para construir una red de milicias
amigas en todo el mundo a fin de "combatir el terrorismo
y la insurrección". Esta medida intenta beneficiar
a grupos establecidos a lo largo de la frontera afgano-pakistaní,
en Iraq, el Cáucaso, el Cuerno de África y en
varias islas de Filipinas donde operan combatientes islamistas.
La guerra, tercerizada de esta manera, va cobrando nuevos
visos. Pocas veces ha peligrado tanto el respeto del derecho
internacional humanitario. Sin embargo, una cosa es evidente:
responsabilizar a esos nuevos mercenarios es una necesidad
y lograrlo plantea un formidable desafío.
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Pierre Hazan
Periodista independiente en Ginebra
El término "mercenario" se
utiliza aquí en el sentido común de la palabra
y no en su definición jurídica estricta. |
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