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Tiempos Turbulentos en Darfur

Desde comienzos de 2003, más de un millón de personas fueron desplazadas por la violencia en Darfur, región occidental de Sudán. Hoy el conflicto continúa y se siguen cometiendo graves y generalizadas violaciones del derecho internacional humanitario, en particular ataques contra civiles. Unos 100.000 sudaneses han encontrado refugio y socorro del otro lado de la frontera, en Chad, mientras muchos en Sudán siguen buscando un lugar seguro. El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja está realizando la mayor operación humanitaria del mundo para ayudar a todos los necesitados. Tanto para la población local como para los refugiados y desplazados, estos esfuerzos constituyen la posibilidad de sobrevivir.


Unos 200.000 desplazados procedentes de los pueblos vecinos se alojan en el campamento de Hasha-Issa, Zalingei.
©Thierry Gassmann / CICR

‘‘LOS libros siempre me han apasionado", explica Farrar, originario de Darfur. "Tenía una pequeña librería en El Fasher antes de que la ciudad fuera atacada. Para la mayoría de nosotros la vida cambió". Hoy este hombre delgado, la treintena ya cumplida, colabora con el CICR y pasa sus días socorriendo a los desplazados en un campamento ubicado cerca de su pueblo natal.

A fines de 2003, los informes procedentes de Darfur empezaron a dar cuenta de la escalada de violencia entre los grupos armados de oposición y las fuerzas de gobierno. Las repercusiones que ha tenido la guerra en los casi seis millones de personas que pueblan las tres regiones (norte, sur y oeste) de Darfur han sido catastróficas.

Es imposible afirmar con exactitud cuántas personas han muerto ni cuántas se han visto forzadas a abandonar sus hogares; pero probablemente sean más de un millón. La destrucción de los medios de subsistencia implica que para sobrevivir muchas personas seguirán dependiendo de la ayuda exterior. Para los desplazados y para quienes han permanecido en sus poblados, las condiciones sanitarias y de saneamiento son tan precarias que producen víctimas a diario.

Los habitantes han respondido de manera admirable. En toda la provincia las familias han abierto sus puertas a los recién llegados y les han permitido instalarse con sus carpas en el patio de su casa. Farrar lo explica: "Es nuestro deber abrir nuestra puerta a quienes lo han perdido todo".

Las familias de acogida soportan una carga considerable puesto que tienen que compartir todo con el doble o el triple de personas. A la mayoría de la gente se le hace muy difícil subsistir dado que el precio de los artículos de consumo ha subido tras el desmoronamiento de la economía local. Y a pesar de todo, lo más asombroso de esta situación es que los habitantes de Darfur acogen a las familias desplazadas en sus casas desafiando el sentido mismo de la palabra "hospitalidad", tal como se entiende en otras culturas.

 


Crecientes necesidades

Mientras la crisis se extendía por todo Darfur en 2003 y comienzos de 2004, las filiales de la Media Luna Roja Sudanesa hacían todo lo posible por enfrentar solas la emergencia. Sin embargo, las necesidades humanitarias se multiplicaban y el apoyo internacional era cada vez más urgente. En una reunión entre el Presidente de la República de Sudán y el Presidente del CICR en marzo de 2004, se acordó que se garantizaría al CICR el acceso a Darfur. Poco tiempo después el CICR movilizaba a sus equipos de delegados y convoyes de socorros para emprender la más importante operación asistencial. A fines de agosto, la Institución humanitaria organizaba el mayor puente aéreo desde la guerra de Iraq para socorrer a la población de las zonas más remotas de Darfur.

"Cada emergencia humanitaria tiene su propia especificidad pero la experiencia en Darfur es totalmente aparte", subraya Barakat Faris, director de la Media Luna Roja Sudanesa en Darfur septentrional. “Hemos podido demostrar que se pueden atender eficazmente a las necesidades cuando la Sociedad Nacional participa en todas las fases de la planificación y realización de los programas de socorro".

Por todo el país, desde Nyala en el sur, El Geneina en el oeste y El Fasher en el norte, los equipos conjuntos del CICR y de la Media Luna Roja emprenden viajes peligrosos por territorios escasamente poblados y caminos muy accidentados. En un momento en que bandas armadas merodean aterrorizando a la población, los equipos de la Cruz Roja y la Media Luna Roja se arriesgan y cruzan líneas de combate para evitar que las comunidades aisladas queden desatendidas.

"Nuestro equipo de ocho personas se alojó una noche en casa del Omda, el más respetado de todos los jeques tribales de la región", relata Peter Scott, un neozelandés que acaba de volver de un viaje de ocho días a Labadu, Sheiria y Mahageria. Se constató, como en otras misiones sobre el terreno, que la principal preocupación de los lugareños es la seguridad. No ven la hora de poder trabajar la tierra o salir a buscar leña tranquilos sin temor a ser atacados. Los rumores de incursiones en las zonas aledañas se propagan rápidamente y el hacer correr la voz es la única fuente de información para las comunidades rurales.

A lo largo del camino los poblados vacíos y habitados se suceden. Las comunidades campesinas viven en su mayoría en condiciones desastrosas y casi no tienen acceso a servicios médicos, pero cuando ven a un puñado de inesperados visitantes sudaneses y extranjeros "a menudo sugieren a los equipos de la Cruz Roja que visiten las comunidades vecinas pues pueden haber sido atacadas y necesitar ayuda, en lugar de pedir algo para ellos", explica Victor Buhendea Mirindi, delegado congoleño, que por experiencia propia sabe lo que significa vivir en un país en guerra.

Dado que era la única instalación médica para una vasta región en Darfur occidental, el CICR rehabilitó el hospital de Zalingei, con capacidad para 100 camas. El equipamiento y el material de construcción podían comprarse sólo en el mercado de la ciudad de Nyala. Para llegar allí hubo que realizar un trayecto difícil. El ingeniero iraquí, Samir Elias, dirigió el convoy de camiones en un viaje que duraría de siete horas a dos días, según fueran las condiciones del camino y el nivel de las aguas en el lecho de los ríos.

 


Voluntarios de la Media Luna Roja Sudanesa distribuyen suministros básicos a los desplazados en Garsila, Darfur occidental.
©Thierry Gassmann / CICR

Ayuda para los desplazados

Alrededor de un millón de personas han quedado desplazadas y se alojan hoy en campamentos temporales ubicados en distintos puntos del país. El campamento de Abshok fue instalado cerca de El Fasher tras las conversaciones mantenidas entre las autoridades locales y los representantes del CICR, que insistieron en la necesidad de contar con un emplazamiento seguro desde todo punto de vista. Makbuleh Ali Mohammed, una muchacha de 18 años, se ofreció como voluntaria desde el primer día y trabajó sin descanso durante semanas para ayudar a los ingenieros de agua y saneamiento a tomar medidas y designar el emplazamiento de las letrinas, los depósitos de agua y los lavaderos para un campamento que se extiende a lo largo de más de cuatro kilómetros cuadrados de dunas. Trabajó como voluntaria para la Media Luna Roja Sudanesa en su pueblo natal durante dos años, pero su familia tuvo que huir y encontró refugio en El Fasher. Cuando oyó hablar del proyecto de campamento acudió a la oficina de la Media Luna Roja para preguntar si podía ayudar.

Pocos meses después, el campamento de Abshok abrió sus puertas gracias a la ayuda de una larga lista de organizaciones humanitarias y no gubernamentales, tanto nacionales como internacionales. Se prestan servicios esenciales, se han perforado pozos de agua e instalado letrinas, se distribuyen víveres y se han creado escuelas, pero "la falta de perspectiva es un terrible peso para todos", asegura Al Ghali Hassan Nurell, joven voluntario de la Media Luna Roja Sudanesa. El mismo lo sabe muy bien: es un desplazado y vive ahora en el campamento, está ayudando a otras 500 familias que acaban de llegar.

La geografía y el clima son diferentes en torno al campamento de Kalma situado en las afueras de la capital meridional de Nyala. Se han instalado letrinas secas y lavabos pero cuesta bastante mantener una higiene suficiente para evitar la propagación de epidemias cuando decenas de miles de personas comparten un número limitado de instalaciones.

"Hoy he reconocido a algunos de los niños que rondan el centro sanitario del campamento" asegura Beatriz López de la Cruz Roja Española, que se encarga de la administración allí. “Hay uno que nunca dice nada, simplemente me mira con unos ojos inmensos y me sostiene la mano. No la suelta. Cuando otros niños quieren darme la mano, él no me la suelta. No podré ocuparme de él por mucho tiempo. Esta situación me deja sin habla, me hace sentir mal y avergonzada, me da pánico”.

 

Actividades más destacadas

Desde el comienzo de la crisis en Darfur, el CICR, con el apoyo de la Media Luna Roja
Sudanesa, ha:

• distribuido socorros básicos para el hogar a 380.000 desplazados;
• proporcionado material esencial a 80.000 personas en los campamentos;
• entregado asistencia alimentaria a 260.000 personas;
• reparado la infraestructura, suministrado medicamentos y equipamiento médico a cinco hospitales; en dos de ellos trabajan equipos de salud;
• prestado asistencia básica de salud a 140.000 personas;
• hecho las gestiones necesarias para la distribución diaria de 2,1 millones de litros de agua para más de 200.000 personas en 30 lugares; y
• tramitado solicitudes de búsqueda en favor de 1.700 niños no acompañados.

Actualmente realizan actividades en la región las Sociedades Nacionales de Alemania, Arabia
Saudita, Australia, Canadá, Dinamarca, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, España, Irán, Kuwait,
Noruega, Países Bajos y Reino Unido, prestando apoyo médico, alimentario y material y participando en la coordinación de los campamentos.


Florence Kortuem, médico de la Cruz Roja Alemana, examina a un paciente en el centro de salud de la Cruz Roja Alemana en Darfur.
©Fredrik Barkenhammar/ Cruz Roja Alemana

Carrera contra reloj

En los campamentos, el Programa Mundial de Alimentos cuenta con la cooperación de los voluntarios de la Media Luna Roja para la distribución de raciones alimentarias a las familias. Un día en un campamento, Suzana Spasojevic notó que policías armados montaban la guardia durante la distribución de alimentos. Suzana, que era juez en Bosnia antes de unirse al CICR, les pidió sin vacilar que retrocedieran, para salvaguardar los Principios Fundamentales, a lo que asintieron frente a una multitud sorprendida. Como delegada de búsqueda, Suzana explica a los líderes comunitarios que la Cruz Roja puede ayudarles a encontrar a sus familiares. En Darfur hay pocos casos de niños separados pues siempre están a cargo de los parientes o vecinos. Suele llevar tiempo que las familias digan que alguno de los niños que tienen a su cargo no es propio. Sigue siendo necesario reagrupar familiares, en particular por lo que respecta a la gente que ha cruzado la frontera y se ha refugiado en Chad

Dieter Schnabel llega a la delegación del CICR en Nyala para tomar el vuelo de regreso al estado de Bahr al Ghazzal, en la frontera sur de Darfur. Ha pasado más de un año trabajando en un proyecto de desarrollo de la Cruz Roja Alemana en la región. Observó los efectos devastadores que tiene el conflicto en la economía regional.

Los grupos tribales nómadas con decenas de miles de cabezas de ganado no pueden salir del sur a causa del conflicto en una época del año en que deberían emigrar de vuelta al norte, lo que perturba el equilibrio socioeconómico de la zona; los pastos escasean y los precios de los alimentos se disparan. Los combates y el pillaje han trastornado también el frágil equilibrio de las antiquísimas tradiciones comerciales entre los pastores nómadas y las comunidades campesinas. En consecuencia todos ellos sufren y muchos ya no se sienten a salvo cuando van al mercado para vender sus productos.

Abd el Karim Idriss Hassan, director de la Media Luna Roja Sudanesa de Darfur meridional, coincide con su colega Barakat Faris de Darfur septentrional, al confirmar que los delegados del CICR y los voluntarios de la Media Luna Roja Sudanesa están aprendiendo a través de esta crisis a trabajar juntos e intercambiar sus opiniones, pero concluye con una pregunta que merece considerarse: ¿cómo nos ven a nosotros los habitantes de Darfur?

Alrededor de un millón de personas han quedado desplazadas y se alojan hoy en campamentos temporales ubicados en distintos puntos del país.

 

Roland Huguenin-Benjamin
Roland Huguenin-Benjamin viajó d Darfur, en agosto, como encargado de prensa del CICR.

En la frontera

La Federación Internacional administra en Chad un campamento para 15.000 personas refugiadas a raíz del conflicto en Darfur.


Refugiados esperando subir a un camión de la Cruz Roja que los llevará a Treguine, donde tendrán un mejor acceso a la ayuda humanitaria.
©Gauthier Lefevre / Federación Internacional

‘‘POR fin tenemos un lugar para descansar", suspira Mafadhal Ali Mohammed, mientras un voluntario de la Cruz Roja de Chad muestra a su familia las carpas que les servirán de morada en el futuro inmediato. Tras varios meses errando a través de fronteras y tierras áridas, finalmente pueden instalarse en el campamento de la Cruz Roja que acaba de abrirse en Treguine, en el este de Chad.

“Estamos agotados", prosiguió. “Cuando fue atacado nuestro pueblo, escapamos a pie con algunos animales. Llegamos a Chad después de caminar varias semanas. Todos los animales murieron y creímos que nos iba a pasar lo mismo".

Mafadhal, sus dos esposas y cinco hijos sobrevivieron durante cierto tiempo en las inmediaciones de la ciudad fronteriza de Adré gracias a la generosidad de la población y de los trabajitos que consiguió en la ciudad. Cuando se les acabaron los víveres, reunieron una vez más sus pocas pertenencias y se echaron a caminar durante tres días hasta el campamento más cercano establecido por el Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados en Breijing.

"En cuanto divisamos el campamento nos detuvimos ", recuerda Mafadhal. "Al principio, estábamos solos, luego otras familias se instalaron alrededor nuestro. Construimos una carpa toda enclenque y esperamos".

Pero sus esperanzas de recibir una adecuada asistencia humanitaria quedaron nuevamente truncadas. El campamento, originalmente planeado para una población de 20.000 personas, acogía ya a más de 45.000 refugiados, que necesitaban ayuda con urgencia, y cada día llegaban decenas de personas. Los víveres y el agua no alcanzaban para todos y las instalaciones eran insuficientes para tanta gente.

La familia de Mafadhal se unió a los miles de refugiados "espontáneos" que no podían alojarse en el campamento oficial y lucharon por sobrevivir en sus inmediaciones gracias a lo que les daban vecinos más afortunados y a socorros que pudieran sobrar por ahí.

 
 

La crisis de refugiados más grave de África

Más de un millón de personas han sido obligadas a abandonar sus hogares en Darfur. De ellos 200.000 han buscado amparo en el vecino Chad, pero siguen soportando física y psicológicamente el peso de esta terrible situación.

"Vinieron los aviones y quemaron el pueblo". El cotorreo de sus hijos cesó mientras Mafadhal relataba los hechos que los obligaron a huir de su hogar. “Corrimos hacia el monte donde nos escondimos hasta que cesó el bombardeo. Cuando volvimos para ver lo que había quedado, jinetes armados de las milicias Janjaweed nos atacaron, matando a varios pobladores. Los niños en los campamentos aún salen corriendo al menor ruido de avión o a la vista de un periodista que lleva una cámara, a la que confunden con un arma".

El desplazamiento de tal cantidad de personas ha ocasionado una gravísima crisis humanitaria. Los refugiados que lograron cruzar la frontera y llegaron a Chad han luchado por tener acceso a los muy escasos recursos de esta parte del país. Las tasas de malnutrición se han disparado a causa de la escasez de alimentos. La diarrea y otras enfermedades continúan propagándose por la falta de agua limpia. Los equipos médicos siguen atentamente la situación sanitaria centrándose en particular en el cólera, que podría tener consecuencias devastadoras. En el nuevo campamento de la Cruz Roja será más fácil satisfacer las necesidades urgentes de los refugiados.

La Cruz Roja aúna sus esfuerzos

"Establecer este campamento ha sido una experiencia exigente", afirma Langdon Greenhalgh, de la Federación Internacional, encargado de administrar el campamento. Llegué aquí en plena estación de lluvias y viajar incluso unos kilómetros era una pesadilla.

Simplemente llegar hasta el campamento era difícil. Langdon tuvo que esperar varios días debido a un wadi inundado, lecho de un río que se llena con las lluvias diluvianas que afectan casi a diario a la región de junio a septiembre. Transportar varias toneladas de equipamiento y de material de socorro para la infraestructura del campamento fue una tarea todavía más ardua.

"Sin la participación de todo el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, jamás hubiéramos podido levantar el campamento", asegura Langdon.

La Cruz Roja de Chad, presente sobre el terreno desde que estalló la crisis, ha aumentado el número de voluntarios y de recursos para la operación. A fin de apoyarlos, la Federación Internacional ha enviado a delegados especializados, así como material diverso.

Las Sociedades Nacionales de Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Reino Unido y Suecia han contribuido a este esfuerzo enviando Unidades de Intervención de Urgencia. Los 23 camiones donados por la Cruz Roja Noruega, después de trasladar durante seis meses a refugiados a otros campamentos, han proporcionado la capacidad de transporte
necesaria para toda la operación, llevando a personas y material hasta el centro de Treguine. Actualmente sirven para trasladar a los refugiados y sus bultos desde Breijing a Treguine.

El CICR ha emprendido actividades de búsqueda para la reunión de familiares que han quedado separados a raíz del conflicto y sigue promoviendo el derecho internacional humanitario entre los funcionarios, los refugiados y el personal humanitario.

 
 

La Cruz Roja aúna sus esfuerzos

"Establecer este campamento ha sido una experiencia exigente", afirma Langdon Greenhalgh, de la Federación Internacional, encargado de administrar el campamento. Llegué aquí en plena estación de lluvias y viajar incluso unos kilómetros era una pesadilla.

Simplemente llegar hasta el campamento era difícil. Langdon tuvo que esperar varios días debido a un wadi inundado, lecho de un río que se llena con las lluvias diluvianas que afectan casi a diario a la región de junio a septiembre. Transportar varias toneladas de equipamiento y de material de socorro para la infraestructura del campamento fue una tarea todavía más ardua.

"Sin la participación de todo el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, jamás hubiéramos podido levantar el campamento", asegura Langdon.

La Cruz Roja de Chad, presente sobre el terreno desde que estalló la crisis, ha aumentado el número de voluntarios y de recursos para la operación. A fin de apoyarlos, la Federación Internacional ha enviado a delegados especializados, así como material diverso.

Las Sociedades Nacionales de Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Reino Unido y Suecia han contribuido a este esfuerzo enviando Unidades de Intervención de Urgencia. Los 23 camiones donados por la Cruz Roja Noruega, después de trasladar durante seis meses a refugiados a otros campamentos, han proporcionado la capacidad de transporte
necesaria para toda la operación, llevando a personas y material hasta el centro de Treguine. Actualmente sirven para trasladar a los refugiados y sus bultos desde Breijing a Treguine.

El CICR ha emprendido actividades de búsqueda para la reunión de familiares que han quedado separados a raíz del conflicto y sigue promoviendo el derecho internacional humanitario entre los funcionarios, los refugiados y el personal humanitario.

¿Qué nos depara el futuro?

A medida que los refugiados sudaneses en Chad van teniendo una vida más normal, el recuerdo de lo que dejaron atrás empieza a aflorar.

“¿Volveré a mi tierra algún día?” se pregunta Mafadhal. “Por la noche no logro conciliar el sueño, pienso en mis amigos, mi casa destruida, en todo lo que robaron. Aquí en Treguine, la Cruz Roja nos da de comer, agua para beber, una carpa de abrigo. Pero ¿llegaremos a estar alguna vez verdaderamente vivos lejos de casa?”

 


Gautheir Lefevre
Delegado de información de la Federación Internacional en Chad.


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