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Los civiles nepaleses entre dos fuegos

El conflicto ha costado la vida a más de 10.000 nepaleses y sigue afectando a la población civil. El CICR trata de proteger a los civiles en colaboración con la Cruz Roja Nepalesa. Cruz Roja, Media Luna Roja acompañó durante una semana una misión del CICR sobre el terreno.


El equipo del CICR y de la Cruz Roja Nepalesa transportan cemento y tubos para las instalaciones de abastecimiento de agua en varias aldeas remotas cerca de Jumla en el noroeste de Nepal.
©Jón Björgvinsson / CICR

‘‘Ocupo esta oficina tempor-almente...desde que los rebeldes hicieron volar la oficial”, cuenta sin inmutarse el administrador civil de un distrito del oeste de Nepal que nos recibe en una pensión estatal donde los ventiladores funcionan a toda marcha. Estamos en el terai nepalés, zona de la selva ubicada entre el Himalaya y las llanuras indias, donde la temperatura ronda los 45 grados a la sombra. Después de una llamada por teléfono, el administrador nos dice: “Pueden hacer la visita a la cárcel esta tarde”.

La cárcel de Bardia, donde hay unos sesenta detenidos que el CICR visita periódicamente, es una de las pocas prisiones de la región que no ha sido atacada por los insurgentes maoístas. En la exigua parcela sombreada del patio central, un grupo de prisioneros juegan a los dados. Eric Plejel, ingeniero sanitario, y Olivier Bertin, intérprete de nepalés, conversan con el director sobre los trabajos que se están realizando para mejorar la calidad del agua que contiene una elevada densidad de arsénico(*). Eric verifica el caudal del agua en la llave del tanque y extrae una muestra para efectuar nuevos análisis mientras que un detenido encargado del agua de la prisión explica que los casos de dolores gástricos y de diarrea entre los reclusos han disminuido sensiblemente desde hace quince días. Aquí como en las demás cárceles civiles del país, los delegados del CICR comprueban las condiciones de detención y el trato dispensado a los detenidos y recogen y distribuyen los mensajes de Cruz Roja que esperan con tantas ansias los reclusos que ven muy contadas veces a sus parientes. El sol comienza a declinar y Olivier nos hace una seña para que nos demos prisa: “El toque de queda es a las siete de la tarde y nos queda todavía una hora de camino hasta Nepalganj”.

En el jardín del hotel donde nos hospedamos en Nepalganj se celebra una boda. Mientras nos deleitamos con una buena cerveza en la terraza, observamos la fiesta que comienza a animarse. De repente, se escucha una detonación en los alrededores y luego una segunda explosión mucho más fuerte y más próxima: se corta la luz y se interrumpe la música. Transcurrieron unos treinta segundos cuando las luces se volvieron a prender y la música siguió sonando. “Otro más que no pagó los impuestos a la oposición maoísta”, comenta un comensal. Al otro día nos enteramos de que la bomba estaba dirigida a un funcionario de la administración nepalesa que residía al lado de nuestro hotel.

 

Agua para la vida

A la mañana siguiente, partimos en avión con destino a Jumla, un pueblo encaramado a 2.500 metros de altura en la región noroccidental del país. Aterrizamos en la minúscula pista que domina el valle. No hay coches en esta aldea de 2.000 almas cuyas callejuelas de tierra están bordeadas por pequeñas tiendas de ropa y alimentación. Dado que la mayor parte del distrito de Jumla cayó en poder de la oposición maoísta, los empleados gubernamentales no están habilitados de facto para desempeñar sus funciones. El sector de la salud, escasamente desarrollado ya en tiempo normal, sufre las consecuencias de la situación conflictiva y de las múltiples restricciones de desplazamiento que la acompañan, que terminan perjudicando el acceso a la atención, la vacunación y al agua potable. El toque de queda comienza a las siete y treinta de la tarde y las patrullas vigilan su cumplimiento. Con la filial de la Cruz Roja Nepalesa preparamos el programa del día siguiente, es decir transportar el cemento y las tuberías para el proyecto de rehabilitación y de mantenimiento de la red de agua potable en el pueblo de Lamra, a tres horas de camino a pie de Jumla.

A las cinco de la mañana, el equipo del CICR y de la Cruz Roja Nepalesa (CRN) se encontró en el depósito para preparar el material. Después de cargar quince mulas, emprendió viaje la caravana en la que iban además seis empleados nepaleses y tres delegados del CICR. Llegamos a Lamra sin tropiezos, donde nos estaban esperando los representantes del consejo de gestión del agua del poblado. Un grupo de hombres cavan pequeñas zanjas para colocar los tubos mientras más abajo las mujeres cultivan arroz. Gracias a la labor realizada, la fuente vuelve a ser el punto de encuentro de Lamra. Los niños llenan los bidones de agua potable mientras que otros se friccionan con jabón de la cabeza a los pies. El restablecimiento del agua significa para todos los lugareños ganar varias horas por día, que dedicarán a las tareas agrícolas. Para Gogan Bahatur, técnico sanitario de la Sociedad Nacional nepalesa en Jumla, “el agua es vital y hoy en día la Cruz Roja es la única que puede ayudar a esos pueblos que están fuera del alcance del Gobierno y de las ONG”.


Lavando cerca de una fuente en Lamra, aldea cercana a Jumla. Esta fuente es una de las instalaciones de agua que apoyan el CICR y la Cruz Roja de Nepal.
©Jón Björgvinsson / CICR

 

 

Primeros auxilios

Dos días más tarde emprendemos rumbo a Pokhara, templo del turismo de alta montaña situado a los pies del Himalaya. En esta región, la cooperación con la CRN es cotidiana, sobre todo la distribución de mensajes de Cruz Roja a los familiares de detenidos, así como la identificación y el traslado de heridos al hospital Green Pastures de Pokhara, especializado en los tratamientos ortopédicos. Decidimos reunirnos con los voluntarios de la CRN que participan en un curso de formación en primeros auxilios en el distrito vecino de Syangya. Procedentes de tres municipios diferentes, 25 adolescentes (17 muchachas y 8 muchachos) se reunieron durante cinco días en la escuela secundaria de Biruwa para aprender la historia y los principios de la Cruz Roja, preludio del aprendizaje de los gestos que salvan, en particular la evaluación inicial, la inmovilización, la respiración artificial y el traslado de heridos. “Lo esencial, subraya Ravin, formador en materia de socorrismo de la CRN, es aprender a detener una hemorragia dado el tiempo a menudo muy largo que transcurre entre el momento de la herida y el traslado de la víctima al centro de atención sanitaria”.

En los tiempos actuales, hay que decir que cada nuevo socorrista formado constituye para su comunidad una gran diferencia entre la vida y la muerte en caso de accidente, de catástrofe natural o de conflicto armado.

Jean-François Berger
Redactor para el CICR de Cruz Roja, Media Luna Roja.

*Depósito natural de arsénico frecuente en las llanuras al sur del Himalaya.

 

 

Una presencia esencial

Hace ya nueve años que en Nepal hay un conflicto. A partir de agosto de 2003, cuando se rompió el frágil alto el fuego, se reanudaron los enfrentamientos con una intensidad nueva desde que se impuso el estado de urgencia el pasado mes de febrero. En el contexto de la lucha armada que se libra entre las fuerzas gubernamentales y el partido comunista nepalés maoísta (PCN-M), los casos de desaparición y de otras violaciones del derecho internacional humanitario son moneda corriente.

Presente desde 1998 en Nepal, el CICR da prioridad a las actividades de protección y cuenta con 135 colaboradores de los cuales 39 expatriados residentes en Katmandú, Biratnagar y Nepalganj. Los delegados del CICR mantienen contactos con las partes en el conflicto en todo el territorio y dialogan con sus representantes sobre los problemas observados.

Aunque la institución por el momento no puede tener acceso, según sus modalidades habituales, a las personas detenidas por el ejército real nepalés, el CICR visita y evalúa las condiciones de vida de los detenidos de seguridad en poder de las autoridades civiles. Actúa periódicamente como intermediario neutral cuando las fuerzas de seguridad gubernamentales son capturadas y luego liberadas por la oposición maoísta.

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