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Proteger a los demás de mí mismo”

Los jóvenes de Serbia y Montenegro se muestran muy interesados en “Exploremos el derecho humanitario” (EDH), un programa destinado a ayudarles a comprender el principio de humanidad en su vida diaria.

Eran apenas unos niños cuando estalló la guerra en la ex Yugoslavia en 1991. Al finalizar el conflicto en 1999 entraban en la adolescencia. En el intervalo, habían vivido la violencia y la devastación y, en la mayoría de los casos, sufrido la pérdida de sus seres queridos. Todos conocen el aterrador ulular de las sirenas durante los bombardeos aéreos y han visto la angustia en la mirada de sus padres. Como en todas las guerras, la propaganda estuvo enfocada implacablemente en el odio contra las otras naciones y el sentido de la injusticia hacia ellos. Como en todas las guerras, los valores sociales básicos se hicieron trizas, y el diálogo y la tolerancia dieron paso a una identificación ciega con su propio grupo étnico y el desprecio hacia todos los demás. Crecieron en un país condicionado por las sanciones y totalmente aislado.

Hoy en día estos estudiantes de 16 y 17 años descubren el contenido y el espíritu del derecho internacional humanitario (DIH). Al principio, se mostraron escépticos en cuanto al valor de aprender el DIH. “¿De qué nos sirve aprender y discutir sobre algo que de todas maneras no se respeta nunca y cuando sólo unos pocos perpetradores son castigados?”, pregunta uno de los participantes. Ahora bien, estos jóvenes adultos se dan cuenta de que el DIH es más que una simple asignatura académica. Para ellos, es la cruda realidad de cómo protegerse a sí mismos y a su familia cuando estalla la guerra en las puertas de su casa.


©CICR


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Trauma emocional

La exploración del derecho humanitario es un proceso gradual. Lleva a los jóvenes a considerar qué es lo que harían en situaciones que ilustran sus problemas diarios. Por ejemplo un problema recurrente en una sociedad atormentada por los traumas emocionales es: “Tengo un amigo que se droga, ¿Debería hablar con sus padres y advertirlos?” La discusión en torno a esta cuestión da paso a un intenso debate sobre las consecuencias de tomar o no medidas. Cualquier decisión implica diversos efectos sobre diferentes actores. La pregunta: “¿Lo que yo haga hará más daño que bien a la persona que quiero ayudar?”, los induce a considerar la perspectiva de los demás. Los argumentos: “Pero sus padres lo castigarán y agravarán así el problema” y “No, acudirán con él donde un especialista que podrá ayudarlo realmente”, resuenan en los pasillos mucho después de terminar el curso.

En la fase siguiente, los jóvenes participantes se ven sumidos en el mundo de la violencia, la discriminación y la injusticia. La historia de un guardián de prisión blanco maltratando a un detenido negro en Sudáfrica durante el apartheid provoca la indignación de los estudiantes. “Todos las personas son iguales y deberían ser tratadas con respeto”. Pero es fácil protestar contra algo que ha ocurrido lejos y hace mucho tiempo. ¿Harán el paralelo con algo cercano a su propia experiencia? En cada clase hay un par de jóvenes que se preguntan “¿Por qué somos tan hipócritas y defendemos la igualdad de los africanos cuando en nuestro propio entorno tratamos a los romaníes con prejuicio y desdén?”. Esto da que pensar a los otros que escuchan. Y surgen las historias de los cabezas rapadas que apedrean a los niños romaníes, de los jóvenes romaníes que son echados a patadas de las piscinas comunales o que tienen la entrada prohibida a los supermercados.

El tema siguiente versa sobre las situaciones que ocurren en la guerra. Se pide a los estudiantes que escriban las normas del DIH y hagan una lista de las personas encargadas de su observancia. Invariablemente llegan a una versión condensada de los Convenios de Ginebra sin haberlos visto nunca. La necesidad de preservar la vida de los civiles y de asistir a los heridos y enfermos es universal. Pero ¿qué hacer si un prisionero que cae en nuestro poder tiene información que podría salvar o destruir la vida de mis amigos y vecinos? Y por otro lado, ¿qué hacer si es mi hermano? La complejidad de las situaciones de la vida real con todas sus consecuencias sociales y psicológicas no es nada nuevo para estos jóvenes pero es la primera vez que pueden conversar al respecto libremente. Se ponen muy orgullosos cuando se les presenta el “Código de guerra del Principado de Serbia” de 1877, en el que se estipulan cosas como: “Quedan estrictamente prohibidos el pillaje y el saqueo de los bienes enemigos porque cubre de vergüenza al ejército y los soldados se convierten en unos saqueadores; el envenenamiento de los pozos es un acto que sólo cometen los salvajes; los soldados enemigos no son unos asesinos bárbaros, son conscriptos como ustedes, llamados para luchar por su país; por lo tanto, cuando son capturados deben ser tratados con respeto y humanidad”.

Lo más interesante respecto al EDH es ver cómo estos jóvenes que han sufrido y han sido adoctrinados por la guerra pueden reconsiderar sus opiniones iniciales. Se nota en el modo en que entienden los tribunales internacionales como un mecanismo para garantizar la justicia. La mayoría de la población, incluso los jóvenes, en Serbia opina que el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia es parcial e injusto. Sin embargo, uno de los ejercicios previstos en el programa, pide a los defensores de los tribunales nacionales de crímenes de guerra que encuentren argumentos en favor de los tribunales internacionales. “Cuando vi qué justicia se aplicaba a los que cometieron la masacre en My Lai, comprendí que es muy difícil ser objetivo para la judicatura”, asegura un estudiante. “Emocional y patrióticamente, sigo creyendo que somos nosotros los que deberíamos tratar nuestros propios crímenes de guerra. Pero desde un punto de vista racional, después de haberme colocado en la situación de reflexionar sobre todo muy detenidamente, debo decir que el sistema de justicia internacional puede manejar mejor el asunto”, afirmó otro participante.

“Es precisamente este cambio en la convicción inicial lo que más importa para los procesos de reconciliación y la creación de una sociedad civil en Serbia”, asegura Biljana Popovic, uno de los formadores de EDH del Grupo MOST. “Contrariamente al dicho popular, no todo está permitido ni en el amor ni en la guerra, y los jóvenes necesitan darse cuenta de ello y reconocer los límites que no se deben traspasar”.

Los efectos del programa

El Centro de Evaluación en Educación y el Instituto de Psicología de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Belgrado llevaron a cabo en 2003 y 2004 una evaluación externa sobre los efectos del programa EDH en el grupo piloto de 16 escuelas secundarias de Belgrado y la escuela de policía. Una prueba de diez grupos experimentales y diez de control antes y después del programa mostró un aumento de la responsabilidad social entre los integrantes de la muestra y especialmente entre los varones, los niños con resultados escolares insuficientes y los que reciben poca educación de la casa.

Al mismo tiempo, los profesores que efectuaron la evaluación señalaron con orgullo que los estudiantes de EDH lanzaron varias actividades humanitarias movilizando a toda la escuela.

Citando las palabras de un conocido escritor montenegrino, un estudiante declaró: “La verdadera humanidad no reside tanto en protegerse a sí mismo y a su propia persona frente a los demás, sino en proteger a los demás de mí mismo. Gracias a la experiencia de este programa hemos dado un importante paso en esa dirección”.



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Gordana Milenkovic
Encargada de información del CICR en Belgrado.

 

 

¿En qué consiste el programa EDH?

Exploremos el derecho humanitario (EDH) es un programa educativo internacional para jóvenes de entre 13 y 18 años de edad. Su objetivo es inculcar a los adolescentes las normas y los principios fundamentales del derecho internacional humanitario (DIH), el cuerpo de normas destinado a proteger la vida y la dignidad humana en caso de conflicto armado, así como a mitigar e impedir el sufrimiento y la destrucción que causa la guerra.

Elaborado por el CICR, en estrecha asociación con el Centro de Desarrollo Educacional, Inc. y con la activa participación de 20 países de todo el mundo, el programa EDH propone 30 horas académicas de actividades educativas. Basado en la experiencia de varios países, el programa tiene un ámbito de aplicación que trasciende de los contextos político, social, religioso y cultural nacionales, y puede adaptarse fácilmente a los diversos entornos educacionales.

Para más detalles sobre la carpeta EDH, consulte www.icrc.org.

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