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Todos conocen Chernóbil. Todos
recordamos ese día de abril de 1986 cuando estalló
el reactor número 4 de la planta nuclear ocasionando
el peor accidente nuclear de la historia. La explosión
produjo la emisión de material radioactivo contaminando
extensas zonas de Ucrania, Belarús y la Federación
de Rusia. La catástrofe afectó a casi siete
millones de personas en tres países y se cobró
más de 4.000 vidas. Se estima que unos tres millones
de personas siguen sufriendo las consecuencias del desastre.
Cada año los sobrevivientes
recuerdan la tragedia, prendiendo velas y rezando en memoria
de sus seres queridos. El 26 de abril se cumplirán
20 años desde que ocurrió la catástrofe.
Dos décadas después, vastas áreas de
Belarús, Ucrania y la Federación de Rusia siguen
contaminadas. Muchas personas continúan viviendo en
zonas donde el índice de radiación es muy superior
al normal. Aunque se siguen estudiando las consecuencias en
la salud humana, es ampliamente reconocido que en la región
contaminada la tasa de cáncer de tiroides, la única
patología directamente atribuida al desastre, es mucho
más elevada que la normal.
A través de su programa de asistencia
humanitaria y socorro en Chernóbil, la Federación
Internacional, junto con las Sociedades Nacionales de Belarús,
Ucrania y Rusia, controla a 90.000 personas por año
para diagnosticar signos de cáncer de la glándula
tiroides. El objetivo es hacer una detección lo más
precoz posible de problemas de tiroides entre los habitantes
de las zonas retiradas, donde las autoridades sanitarias tienen
una capacidad muy limitada si es que la tienen. Realizan esta
labor seis laboratorios móviles de diagnóstico,
tres en Belarús, dos en Ucrania y uno en la Federación
de Rusia. Los laboratorios someten a un examen de la glándula
tiroides a las personas pertenecientes a los grupos de alto
riesgo y brindan también apoyo psicológico.
Incluso personas familiarizadas con
el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja pueden
estar sorprendidas de que este programa humanitario de la
Federación Internacional sea el que más tiempo
ha durado. La finalidad es reducir en estas comunidades rurales
pobres el tiempo que transcurre entre que se contrae y se
detecta este tipo de cáncer.
La Federación Internacional
tiene por objetivo mejorar las cosas. Interviene y la población
recupera los mecanismos para hacer frente y mejorar su vida.
Pero en el caso de Chernóbil las reglas se torcieron.
Miles de personas, expuestas a la radiación en 1986,
siguen esperando un control y muchas de ellas tienen las glándulas
agrandadas que pueden volverse cancerosas aún. Los
científicos continúan investigando los efectos
de Chernóbil, buscando pruebas de condiciones que hoy
son evidentes pero no demostradas.
Recientemente las Sociedades Nacionales
neerlandesa, japonesa y austriaca y las Gobiernos británico
e irlandés asignaron fondos para apoyar el programa.
Sin embargo, el interés de los donantes por este programa
único de la Federación Internacional ha decaído
mientras que las tasas de casos de cáncer no.
Entre tanto, el programa sigue mejorando
su capacidad de detección precoz. Por ejemplo, el laboratorio
de diagnóstico móvil del tórax en la
parte occidental de Belarús puede realizar ahora biopsias
por punción inmediatas en los casos sospechosos de
cáncer de tiroides, dando un diagnóstico rápido
y fi able, lo cual es esencial para salvar vidas.
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Joe Lowry
Delegado de información de la Federación
Internacional. |
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