Jóvenes
muchachas y muchachos intentan abrirse camino para pasar un
puesto de control. Delante de ellos los obstáculos
se suceden, campos de minas y barricadas. Petos e insignias
distinguen claramente a los jóvenes. Hablan con tranquilidad
a los soldados que los apuntan con sus armas.
“Somos voluntarios de la Media Luna Roja. Hemos venido
para socorrer a los heridos”.
Mirando por donde caminan para sortear los peligros, se van
abriendo paso hacia su objetivo: un grupo de personas afectadas
por el conflicto que requieren asistencia humanitaria.
La escena podría ocurrir en cualquier parte y en cualquier
momento de una situación de conflicto, pero esta vez
es sólo un juego, que tiene lugar en el país
imaginario de Haddar, atacado por el vecino Deldar. Los jóvenes
son voluntarios de la Media Luna Roja Marroquí que
reciben capacitación mediante Raid Cross, un juego
destinado a profundizar la comprensión de los problemas
de orden humanitario que se plantean en un confl icto. Las
minas están hechas de papel y las barricadas son sillas
dadas vuelta. Los voluntarios de la Media Luna Roja hacen
de “soldados”.
No es un juego para niños
Raid Cross fue creado por la Cruz Roja Francesa y la sección
francófona de la Cruz Roja de Bélgica a partir
de un guión escrito por Antoine Gran, voluntariobelga
que fue también scout. La actividad partió de
la idea de enseñar a los jóvenes scouts los
principios fundamentales del derecho internacional humanitario;
luego el juego se cedió a la Cruz Roja de Bélgica.
Las dos Sociedades Nacionales dieron el último toque
al juego que se está dando a conocer en todo el mundo
tras el acuerdo suscrito, en abril de 2005, entre las Sociedades
Nacionales francesa y belga, la Federación Internacional,
el CICR y la Organización Mundial del Movimiento Scout.
El juego consta de siete etapas o situaciones centradas en
la explicación de nociones como prisionero de guerra,
trato a los heridos, combatiente, asistencia humanitaria,
toma decisión militar o responsabilidad tras un conflicto.
Pueden participar en el juego hasta 90 personas a la vez.
Sarah Viale, encargada de difusión para la Cruz Roja
Francesa, ha intervenido en Raid Cross desde antes que cobrara
su forma actual. “Era bastante largo y diseñado
específicamente para los scouts, pero la idea era buena.
Simplemente lo adaptamos a la Cruz Roja y la Media Luna Roja”,
explica.
La amplia red internacional de scouts es un lugar idóneo
para difundir el derecho internacional umanitario”,asegura
Sarah Viale. “Raid Cross permite también a las
Sociedades Nacionales y a las organizaciones nacionales de
scouts trabajar juntos y desarrollar sus alianzas nacionales”.
Los jóvenes de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
de todo el mundo han descargado de FedNet, la extranet de
la Federación Internacional, Raid Cross en francés
e inglés y muchas organizaciones nacionales de scouts
han mostrado su interés por el juego. Raid Cross ha
sido probado en Armenia, Mauritania y el Reino Unido y se
está preparando su traducción al árabe
y al español.
Viale asegura que el verdadero valor del juego es el efecto
que produce cada vez que se juega. “Los participantes
se divierten mucho y siempre aprenden algo”, añade.
“Tiene el mismo éxito por todas partes, incluso
cuando se juega en países con una cultura diferente”.
Benjamin, de 16 años, un participante de Francia,
precisa, “No puedo ver la guerra ahora de la misma manera.
No se trata sólo de atacar, matar y defenderse. También
es proteger a los civiles y ocuparse de los heridos incluso
cuando son enemigos”.
En qué consiste el juego
En cada una de las siete etapas, los participantes desempeñan
un papel diferente: como combatiente, civil y trabajador humanitario.
Las actividades ilustran las distintas normas y muestran a
los participantes su aplicación práctica.
No hay necesidad de ser especialista en derecho internacional
humanitario para participar. Cualquier voluntario capacitado
puede ser líder del juego y los animadores no deben
ser expertos juristas. Tampoco se precisa tener un perfil
particular. En Francia, los participantes en general tienen
entre 12 y 18 años. Pero la edad puede variar de una
cultura y de un país a otro. La idea es que los niños
y l os adultos jóvenes d e hoy aprendan las leyes de
la guerra porque son ellos los futuros ciudadanos, soldados
y líderes del mundo. Raid Cross enseña a los
jóvenes a proteger la vida y la dignidad humana en
tiempo de conflicto armado y, por extensión, en todas
sus experiencias.
Una vez concluida la sesión de formación, los
voluntarios de la Media Luna Roja Marroquí ponen a
prueba lo adquirido. Su primer tema es la participación
en la V Conferencia Regional de Medio Oriente y Norte de África,
celebrada en Marrakech en mayo de 2006.
“¡Cuidado, están pisando minas!”
Confusos, los participantes en la conferencia, que se dirigían
a tomar una pausa, se dieron cuenta de que había unos
papeles en el suelo, donde había escrito: “¡Peligro!
¡Minas!”
Los participantes comienzan a levantar los pies fijándose
donde pisan. Algunos deben ponerse sus petos de la Media Luna
Roja y llevar agua y alimentos a través del campo de
minas. Pero unos guardias los detienen. “Por favor,
¿muestren su insignia? ¿Adónde van?”
Después de atravesar el campo de minas, en la etapa
de asistencia humanitaria, se pide a los participantes que
se conviertan en soldados de artillería y ataquen los
blancos correctos con pelotas de tenis. Numerosos civiles
y trabajadores humanitarios son derribados.
Se muestra a los participantes lo que han hecho: “En
su opinión, ¿debían atacar ese hospital?”
El juego acapara todo el interés de los participantes
y, a pesar de ser la pausa, muchos se quedan un momento, jugando
y discutiendo con los líderes del juego de la sección
de la juventud de la Media Luna Roja Marroquí.
Los voluntarios organizan también demostraciones de
Raid Cross en la bulliciosa y ajetreada plaza de Jamal el
Fna de Marrakech, donde en la tarde, cuando se disipa el calor,
se dan cita vendedores ambulantes, curanderos, contadores
de historias, embrujadores de serpientes y los voluntarios
de la Media Luna Roja invitan a los transeúntes y los
escolares a participar en diversas actividades como primeros
auxilios y la seguridad vial y, por primera vez, en Raid Cross.
Los escolares asumen perfectamente sus roles y escuchan atentamente
a los voluntarios que explican las leyes de la guerra.
El proceso
El juego se termina con un proceso o una sesión de
información general. Aunque los participantes van mostrando
una mayor comprensión a medida que avanza el juego
(no dejar nunca a un herido en el campo de batalla y evitar
el ataque contra blancos civiles cuando son soldados), los
efectos del juego, asegura Viale, se pueden constatar realmente
en el proceso.
Todos los líderes del juego son arrestados y los participantes
los acusan de no respetar las normas de la guerra; luego tratan
de encontrar las sanciones adecuadas. Seguidamente se da a
los equipos la posibilidad de defender sus propios actos.
A menudo explican que han errado en sus decisiones porque
se sintieron presionados.
Al final del debate, logran entender que es necesario un
proceso (quizás dejaron a una persona herida en el
campo de batalla o derribaron un blanco civil). Cada equipo
es juzgado en su conjunto evitándose así culpar
a las personas individualmente. Sarah Viale comenta que una
sola vez un equipo no fue sentenciado al término del
proceso. En el presente caso cuando se pregunta por qué
cometieron crímenes de guerra, el equipo responde:
“Cuando llegamos esta mañana, usted nos dijo
que no teníamos elección, debíamos combatir.
Pero somos niños y es una transgresión de las
normas utilizar a los niños como soldados”. Este
equipo fue perdonado y enviado a un centro de rehabilitación
para niños soldados del CICR.
Al término de cada etapa, los participantes reciben
piezas de un rompecabezas. Después del proceso, utilizan
sus piezas para reconstruir el país de Haddar. Esta
es la recompensa por haber entendido y respetado el derecho
internacional humanitario.
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