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Seguridad
alimentaria –
un cambio de paradigma |
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A pesar de decenios de dedicación
y miles de millones de dólares de ayuda, el hambre
sigue atenazando al mundo. ¿Por qué el hambre
está tan arraigada? ¿Qué hace el Movimiento
al respecto? |
| Hace
calor en el remoto poblado de Chimpholi, Malawi; más
de cien niños en el centro diurno se preparan para
almorzar. Cada uno recoge un plato de avena. Para algunos
como Yohane Chabwera, de seis años, es la primera –y
seguramente la última– comida del día.
La sequía que asoló a Malawi dejó a
un tercio de la población sin alimentos. John Zuze,
profesor del centro, asegura a Francis Musasa, de la Cruz
Roja de Malawi, que “la situación va empeorando.
Nos preocupa el hecho de que los niños no puedan asistir
a clases a causa del hambre. Esto tendrá consecuencias
a largo plazo en el desarrollo del país”.
Parecía que el mundo había ganado la batalla
contra el hambre. De 1970 a 1997, el número de personas
hambrientas pasó de 959 millones a 791 millones, según
el Programa Mundial de Alimentos (PMA), principalmente gracias
a los considerables progresos registrados en China y la India.
Sin embargo, hoy el PMA estima que más de 850 millones
de personas están expuestas a la “inseguridad
alimentaria”, es decir, una de cada siete personas en
el mundo. Según la definición que da la Federación
Internacional, existe seguridad alimentaria cuando todas las
personas tienen en todo momento acceso material y económico
para comprar productos, conseguir o consumir alimentos suficientes,
sanos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias
y sus preferencias alimentarias a fin de llevar una vida sana
y activa.
Según el PMA, el hambre y la malnutrición amenazan
la salud en el mundo. Diez millones de personas al año
mueren de hambre y de enfermedades relacionadas con la falta
de alimentos. Se trata de un problema mayor que el SIDA, el
paludismo y la tuberculosis juntos. Corren peligro los niños
huérfanos como Yohane Chabwera en Malawi, así
como los niños menores de cinco años, las mujeres
encintas y lactantes, las personas con discapacidades, los
ancianos y los desplazados por un conflicto o una catástrofe.
Entre las zonas donde la situación es crítica
figuran Afganistán, Bolivia, República Democrática
Popular de Corea, India, Mongolia y varios países de
América Central.
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Una madre con su hijo en un hospital del noreste
de Kenya, donde desde hace más de dos años escasean
las lluvias.
©DANIEL CIMA / RUZ ROJA AMERICANA
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Pero África es con mucho el continente más
gravemente afectado. En el África subsahariana, 203
millones de personas, de una población total estimada
en 700 millones, están subalimentadas, es decir, no
reciben las calorías o sustancias nutritivas suficientes
paragozar de una vida sana.
El hambre no sólo provoca sufrimientos a corto plazo,
lo que ya es bastante trágico. La insuficiencia de
valor energético y nutritivo de la alimentación
priva a los niños de la posibilidad de desarrollarse
sanamente y alcanzar todas sus facultades físicas y
mentales, truncando el futuro de las personas y menoscabando
la prosperidad y el desarrollo de comunidades, países
y continentes.
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NOTAS DEL TERRENO
Agua y escolaridad en Eritrea

QUÉ: En 2005, La Cruz Roja de Eritrea
rehabilitó un pozo perforado e instaló una bomba
manual para 855 personas en 4 pueblos cerca de Hagaz, norte
de la capital, Asmara.
QUIÉN: Campesinos cuyos animales dependen
de los cultivos de secano.
POR QUÉ: Tras 4 años de sequía,
las jóvenes recorrían hasta 30 kms para ir a
buscar agua. Los niños no iban a la escuela o estaban
muy cansados para estudiar. Existía el riesgo de enfermedad
debido a la escasez de agua. Las malas cosechas dieron paso
a la malnutrición.
RESULTADO: El agua está a 30 minutos
a pie. La asistencia a la escuela ha aumentado.
CÓMO: Gidey dice, “No hallo
las horas de volver a clases y tener más tiempo para
estudiar”.
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Por lo tanto, si el problema es el hambre, ¿la solución
son los alimentos?
No necesariamente, responde Mijatesse Ververs, responsable
de nutrición y seguridad alimentaria de la Federación
Internacional. La ayuda alimentaria se presta en la fase aguda
de emergencia de una situación de hambre, cuando las
personas corren el riesgo de morir de inanición. “La
ayuda alimentaria debe ser el último recurso, pero
no solucionará las causas subyacentes de la inseguridad
alimentaria crónica y de largo plazo.
La inseguridad alimentaria no significa una mera escasez
inmediata, sino que es una cuestión compleja en la
que entran en juego aspectos de orden biológico, de
comportamiento, de entorno y de gobierno. |
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ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDA S
PARA LA ALIMENTACIÓN Y LA AGRICULTURA.
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Algunos países o regiones son más propensos
a las catástrofes naturales como la sequía,
las inundaciones o las pestes o plagas, que merman la disponibilidad
de alimentos. En muchos lugares el entorno impone sus límites
y hay menos tierras cultivables o menos cantidad de agua para
los cultivos y el ganado.
En cuanto al lado humano de la ecuación, los escasos
conocimientos agrícolas de las personas no les permiten
aprovechar al máximo sus tierras. A veces los terrenos
son divididos en pequeñas parcelas por motivos de herencia,
lo que impide un rendimiento eficaz. A ello se suma la pobreza
económica que veda la posibilidad de comprar semillas,
fertilizantes y aperos agrícolas.
Por motivos culturales, las familias desprecian a veces algunos
alimentos nutritivos. El almacenamiento, la preparación
y las técnicas culinarias pueden reducir el valor nutritivo
de los alimentos. Además, en algunas culturas las mujeres
y las niñas comen al final cuando los varones se han
saciado.
Los conflictos son también un obstáculo. Las
personas desplazadas por un conflicto no tienen acceso a tierras
agrícolas de calidad (véase recuadro en pág.
7).
Pero el SIDA, quizás más que cualquier otro
factor, explica por qué la inseguridad alimentaria
es tan pertinaz en el África subsahariana. Dos tercios
de las personas afectadas por el VIH/SIDA (24,5 millones)
viven en esa región. |

Las mujeres en el pueblo de Ikaatini ven con
representantes de la Cruz Roja de Kenya la forma de solucionar
la escasez de agua.
©DANIELCIMA / CRUZ ROJA AMERICANA
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Nexo
letal
En el este de Zimbabwe, Phiaodonia Chivandire, de 18 años,
vive con sus hermanos menores. Se quedaron huérfanos
hace cinco años a causa del SIDA.
“Empezamos por cultivar una huerta pero las lluvias
se lo llevaron todo. Nos quedan semillas que nos gustaría
plantar pero nadie nos puede ayudar. Trataremos de plantar
de nuevo”, cuenta Phiaodonia. La joven, a quien la Cruz
Roja de Zimbabwe financia los estudios, sueña con ser
enfermera.
En las familias donde alguien sufre de VIH/SIDA, la mayor
parte de los ingresos se destina a costear los medicamentos
o la atención médica. A menudo, se sacrifican
los estudios o la fuerza de trabajo de uno de sus miembros
para cuidar al enfermo.
Existe un nexo letal entre la alimentación y el VIH/SIDA.
Las personas afectadas por el virus necesitan cada día
más calorías y sustancias nutritivas. Por otra
parte, la malnutrición acelera el progreso de la enfermedad
y de las infecciones oportunistas y, por último, sin
una buena alimentación, los medicamentos antirretrovíricos
no surten efecto.
El estigma y la discriminación se suman a la pobreza.
En Gitari Marigu, barrio popular de Nairobi, Josephat, de
37 años, intenta imaginarse cómo sobrevivirán
su esposa y sus cuatro hijos menores de seis años.
“Conseguir alimentos es un problema, ni siquiera tenemos
para pagar el alquiler. Como soy seropositivo, me es muy difícil
obtener un trabajo. Los niños no van a la escuela porque
no podemos costear tales gastos”.
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Los combates agravan el hambre en Somalia
Las abundantes lluvias en Somalia permitieron un
respiro en medio de las graves dificultades de los últimos
meses, pero la sequía y el recrudecimiento del conflicto
armado siguen planteando serios problemas humanitarios.
Si bien el país puede esperar una cosecha aceptable
a mediados de 2006, cientos de miles de personas siguen luchando,
tras haber agotado sus reservas de víveres, ganado
y bienes domésticos. Unas 400.000 personas han huido
de su hogar.
En febrero, el CICR lanzó una operación de
emergencia en favor de un millón de personas para distribuir
víveres, semillas y enseres domésticos y realizar
proyectos de agua y saneamiento y de ayuda al ganado. La operación
está centrada en las zonas afectadas por la sequía
donde los pastores y su ganado acostumbran cruzar a Etiopía
y Kenya en busca de pastizales. Pero como el año pasado
faltó la lluvia en ambos territorios los pastores no
tenían donde ir.
Las lluvias este año han sido buenas. Pero para muchos
la situación no cambia demasiado. “El apoyo de
la Cruz Roja es muy oportuno”, asegura Farah Mohamad
Idow, que vive en el pueblo de Marian Gubay en Bajo Shebelle.
La región no fue la más asolada por la sequía,
pero ha tenido que albergar a unas 20.000 personas que huyeron
de las zonas aledañas.
“Es nuestro deber ayudar a toda esa gente”, afirma.
“Pero nuestras cosechas han sido malas también.
Compartimos lo que tenemos pero más no podemos hacer”.
El CICR prevé aportar de nuevo ayuda alimentaria antes
de la cosecha de mediados de año. Los responsables
de la Cruz Roja anuncian que si la estación de lluvias
es buena, se podrá concluir esta asistencia. La distribución
de víveres es un asunto delicado. Si se da demasiado
poco el cometido humanitario de ayudar a los grupos vulnerables
pierde su sentido y si se da demasiado no sólo se corre
el riesgo de desastabilizar el mercado nacional sino también
de acentuar las tensiones y el conflicto.
Pero muchos campesinos no tendrán nada qué
comer hasta la próxima cosecha y numerosos pastores
no tendrán recursos para reemplazar a sus animales
muertos.
“La sequía hay que situarla en el contexto de
una ausencia total de infraestructura causada por 15 años
de conflicto”, observa Ahmed Hassan, presidente de la
Media Luna Roja Somalí. “Que llueva o no en Somalia,
éste es tan sólo uno de los tantos problemas
subyacentes”. Tenemos que tener en cuenta una perspectiva
a más largo plazo. Para mí nuestras operaciones
sirven para prestar algunos de estos servicios esenciales”,
concluye el dirigente.
Mark Snelling
Encargado de información de la Cruz Roja Británica |
Desde febrero de 2006, los combates entre las milicias
islámicas y un grupo de señores de la guerra
han sumido a Somalia en el caos, principalmente la capital,
Mogadiscio. Durante estos enfrentamientos, los más
encarnizados de todo el decenio, muchas personas, sobre todo
civiles, han resultado muertas o heridas. Entre enero y junio,
el CICR y la Media Luna Roja Somalí intensificaron
su apoyo a los hospitales de Keysaney y Medina en Mogadiscio,
donde fueron atendidas más de 1.700 víctimas.
Durante este período, el CICR y la Media Luna Roja
Somalí proporcionaron víveres a más de
300.000 personas, distribuyeron medio millón de litros
diarios de agua potable a unas 180.000 personas y renovaron
123 sistemas de abastecimiento de agua en las zonas afectadas
por la sequía. |
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Una cuestión política
El contexto nacional también debe tenerse en cuenta,
asegura Mcbain Kanongodza, jefe de operaciones de seguridad
alimentaria de la Federación Internacional para África
meridional. Los gobiernos a veces se centran en la ayuda alimentaria
en detrimento de losprogramas de seguridad alimentaria a largo
plazo, puntualiza.
“La sequía es sin duda un problema, pero estoy
convencido de que nuestro enfoque está errado”,
afirma el responsable. “Disponemos de fuentes de agua
perennes en nuestra región. Si invirtiéramos
en sistemas de riego por ejemplo, si aprovecháramos
de manera óptima los recursos de que disponemos y,
en ese sentido, África meridional tiene enormes recursos
acuíferos, si los gobiernos en lugar de gastar enormes
cantidades de dinero en importaciones alimentarias en tiempo
de sequía, invirtieran mejor ese dinero, otra sería
la canción”.
Ahora bien, Kanongodza advierte que el Movimiento no puede
abarcarlo todo. “Los alimentos son una cuestión
de política y sea cual sea el grado de implicación
siempre se toca el aspecto político del asunto. El
Movimiento sólo puede intervenir para complementar
los esfuerzos del gobierno”.
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Más
allá del simple socorro
Para millones de personas, las temporadas de escasez entre
las cosechas son normales, se preparan para ellas y las sobrellevan.
Las dificultades surgen cuando el problema se prolonga por
mucho tiempo. Si las personas consumen menos alimentos, ponen
en peligro su salud y, por lo tanto, su potencial de ganarse
la vida. Gastar menos dinero en salud o educación puede
tener consecuencias a largo plazo para la familia.
Luego, cuando el hambre comienza realmente a acuciar, las
familias pueden verse forzadas a adoptar medidas más
drásticas, las cuales pueden acarrear consecuencias
trágicas y de más largo alcance para su seguridad
alimentaria. Por ejemplo, pueden verse inducidas a vender
sus bienes de producción como tierras y aperos, sobre
explotar los recursos, como la pesca y los bosques, sacar
a los niños de la escuela, emigrar a las ciudades o
vender las mujeres y las niñas para el comercio sexual,
lo que las expone al contagio del VIH.
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NOTAS DEL TERRENO
Alimentos y esperanza en Namibia
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©YOSHI
SHIMIZU / FEDERACIÓN INTERNACIONAL
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QUÉ: voluntarios de asistencia a
domicilio en el proyecto de Mapilelo de la Cruz Roja de Namibia
suministran mensualmente a 500 personas un paquete con alimentos.
Seis meses después, la población emprende actividades
generadoras de ingresos como turismo, crianza de aves de corral,
piscicultura, jardinería.
QUIÉN: enfermos graves (de tuberculosis
o afectados por el VIH o el SIDA) que siguen un tratamiento.
POR QUÉ: Pobreza, tasas elevadas de VIH/SIDA, sequía
e inundaciones han despojado a la población de todas
las posibilidades de costearse alimentos en cantidad suficiente.
OBJETIVO: Con una alimentación adecuada,
la medicación ayuda a las personas a tener suficientes
fuerzas para trabajar y ser independiente.
RESULTADO: Potenciar la autosuficiencia.
Utilizando los alimentos como incentivo, más gente
acude para recibir asistencia de salud.
CÓMO: Charity Silangani, del poblado
de Choi, comenta: “Cuando cesó la distribución
de paquetes sentí temor. Pero ahora (como resultado
de las actividades generadoras de ingresos) puedo sembrar
mis propios alimentos y subvenir a mis necesidades”.
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A
causa de los efectos combinados del VIH/SIDA, la pobreza arraigada
y la debilidad de los gobiernos, las personas se ven expuestas
a la inseguridad alimentaria y al hambre crónica que
puede dar paso a emergencias agudas.
La ayuda alimentaria es una manera de evitar que las familias
tomen medidas desesperadas que podrían impedir su seguridad
alimentaria a largo plazo, pero tiene su precio.
Prestar asistencia alimentaria cuesta caro. Los alimentos
requieren un transporte, una manipulación y un almacenamiento
especiales. Un estudio de la Organización para la Cooperación
Económica y el Desarrollo reveló que la ayuda
alimentaria cuesta un 50% más que comprar alimentos
localmente.
A menudo, los alimentos distribuidos no son los que la gente
necesita y los venden en el mercado o los beneficiarios no
saben prepararlos.
Los donantes imponen que se preste una determinada ayuda
alimentaria, los que no tiene un efecto duradero porque no
se adapta a la economía ni a la sociedad del país
donde hay hambre. Esta ayuda puede desestabilizar los mercados
y causar inflación.
Por lo tanto, cualquier ayuda alimentaria debe ser temporal,
según observa John Roche, responsable principal de
seguridad alimentaria en el Departamento para África
de la Federación Internacional. “Estamos tratando
de ir más allá de la simple distribución
de socorros y tener en cuenta algunas de las cuestiones sistémicas
de la seguridad alimentaria”.
Un nuevo paradigma
Tras reconocer los límites de la ayuda alimentaria,
muchas organizaciones humanitarias se han volcado hacia un
enfoque más holístico y de más largo
plazo para asegurar que las familias puedan satisfacer sus
necesidades económicas básicas. La finalidad
es fortalecer la capacidad de resistencia de la población
ante la inseguridad alimentaria apoyándose en sus mecanismos
saludables de defensa y los recursos existentes. Los elementos
esenciales del nuevo enfoque – un cambio de paradigma
que deja de lado la simple distribución de socorros–
incluye sistemas de alerta temprana, la integración
de la seguridad alimentaria en otros programas, el uso de
la asistencia agrícola y la capacitación para
que las personas aprendan a valerse por sí mismas.
Oleg Blinikov, médico y coordinador de salud de la
Federación Internacional para la crisis alimentaria
en el Sahel, explica cómo el agua inocua encaja en
la ecuación de la seguridad alimentaria. “Si
una persona no tiene acceso al agua potable, puede contraer
infecciones intestinales que acabarán provocando diarrea.
Los niños con diarrea no pueden ingerir alimentos.
La diarrea y otras enfermedades debilitan al jefe de familia
que va perdiendo su capacidad para mantener a los suyos”,
explica Oleg Blinikov. A pesar de que los proyectos de agua
y saneamiento se consideran a menudo demasiado onerosos, son
la primera medida, junto con los programas de sensibilización
sobre la higiene, para reducir la pobreza y la malnutrición
de manera sostenible y a largo plazo”.
Kjell Magne Bondevik, enviado especial humanitario de las
Naciones Unidas para el Cuerno de África destaca “sabemos
que habrá sequías recurrentes”. No se
trata de saber si habrá una nueva sequía sino
cuándo ocurrirá para poder preparar mejor a
la población”
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A
menudo el cambio de enfoque implica pasar del socorro a la
recuperación y al desarrollo, porque la mejor garantía
contra la inseguridad alimentaria es el desarrollo.
Dilema
Si la solución está en adoptar un enfoque holístico
para la seguridad alimentaria ¿por qué no se
está aplicando? Para muchos donantes resulta más
fácil recaudar fondos para las emergencias que producen
beneficios a corto plazo.
Mija-tesse Ververs de la Federación Internacional
recuerda el dilema que se encaró en Níger en
2005. “Sabíamos que las cosechas no serían
suficientes pero no encontrábamos donantes. Es sumamente
frustrante disponer de intervenciones menos costosas y no
poder obtener los fondos para financiarlas”. |
| NOTAS
DEL TERRENO
Dinero en efectivo en Níger
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©OLAV
A. SALTBONES / NORWEGIAN
RED CROSS
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QUÉ: En noviembre de 2005,
la Cruz Roja de Níger dio 240 dólares
EE.UU a las mujeres de más de 5.700 familias
en Níger central. En total, 34.000 personas deberían
beneficiarse.
POR QUÉ: La plaga de langostas
y la sequía arruinaron las cosechas y provocaron
una terrible carestía. Muchas familias vendieron
sus bienes básicos y pidieron dinero prestado.
OBJETIVO: Aumentar la autosuficiencia
de las familias.
RIESGOS: Personal y voluntarios viajaron
con efectivo. Riesgo de inflación. Las familias
podían gastar el dinero en otros artículos
no esenciales.
RESULTADO: Las evaluaciones mostraron
que las personas utilizaron el dinero para rembolsar
las deudas, comprar alimentos, reponer el material doméstico,
los aperos agrícolas y el ganado. El precio de
algunos alimentos subió ligeramente.
CÓMO: Amina Laouali, del pueblo
de Batthe, comenta: “Estoy muy contenta con el
dinero que nos han dado, que nos servirá para
mantener a los niños, comprar mijo y para el
ganado”.
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Ahora
bien, el ámbito tradicional del Movimiento son los
conflictos y las catástrofes, y no el desarrollo a
largo plazo. Sin embargo, John Roche subraya que la seguridad
alimentaria puede incorporarse a los programas de gestión
de desastres y de otra índole. “La dificultad
reside en cambiar la manera en que reaccionamos ante los desastres
y cómo reconstruimos los medios de subsistencia”.
En la primera fase de un desastre, las Sociedades Nacionales
proporcionan alimentos y alojamiento y paralelamente pueden
elaborar programas para atenuar la vulnerabilidad de las personas
a los futuros desastres.
El futuro
Cabe comprobar una evolución positiva de la situación.
Hay esperanza de que disminuya la carga del SIDA. Según
el Informe de ONUSIDA sobre la epidemia mundial de SIDA para
2006, la prevalencia del VIH/SIDA va descendiendo en algunas
partes de India, Kenya y Zimbabwe, pero sigue ganando terreno
en el África subsahariana.
En todo África, las Sociedades Nacionales están
llevando a cabo programas de seguridad alimentaria que deberían
producir sus frutos mucho después de terminada la fase
aguda de la situación de hambre. Mcbain Kanongodza
señala que la integración de la seguridad alimentaria
en los programas de VIH/SIDA ya está dando resultados
en África meridional. “El número de familias
beneficiarias va en aumento y se comprueba una disminución
en el número de muertos; cabe destacar que el programa
de VIH/SIDA por sí solo no disponía de los recursos
para proveer a las personas un canasto lleno de alimentos”.
Algunos donantes han reconocido que el desarrollo a largo
plazo debe correr parejas con la ayuda de emergencia y han
comenzado a financiar los programas que se atienen a esto.
Pero conseguir fondos sigue siendo una tarea ardua.
En el Sahel, a mediados de 2006, dada la temporada deficitaria
anunciada, el PMA advirtió que se vería obligado
a interrumpir la ayuda si no recibía más fondos.
“Todos los años es un año de crisis para
las personas más pobres del Sahel. No debería
haber gente que no pueda subvenir a sus necesidades diarias
en el siglo XXI”, declara Mustapha Darboe, director
para África occidental del PMA.
Una vez que se dispone de la financiación adecuada,
quienes pueden influir realmente en la batalla que se libra
contra la inseguridad alimentaria son las propias comunidades.
John Roche destaca que el Movimiento tiene la ventaja única
de abordar este problema tan complejo con eficacia y en la
fase inicial.
“Nuestros colaboradores están en el terreno.
Ahí reside nuestra fuerza. Las personas a nivel de
la comunidad pueden controlar la situación”.
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©Kenya Red Cross
Society volunteers are part of the solution to food insecurity.
DANIEL CIMA / AMERICAN RED CROSS
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Rosemarie
North
Redactora para la Federación Internacional de
Cruz Roja, Media Luna Roja. Contribuyeron también
Leigh Daynes, Kathy Donaghy, Tapiwa Gomo, Melanie Jackson,
Cathy Lengyel, Risco Lumamezi, Tony Mwangi, Aster Solomon
y John Zarocostas.
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Mcbain
Kanongodza – nunca un espectador
Mcbain
Kanongodza trabaja en Harare como jefe de operaciones de seguridad
alimentaria de la Federación Internacional para África
meridional. Previamente se había ocupado de la operación
a favor de los refugiados de la Cruz Roja de Malawi, fue director
de programas y durante siete años su secretario general.
¿Qué es lo que causa inseguridad
alimentaria en África meridional?
Entre los factores figuran la sequía, la pobreza abyecta
en que vive el 40% de la población y la consiguiente
vulnerabilidad, la pandemia de VIH/SIDA que empeora la situación,
el aumento de precios para los insumos agrícolas que
ha vedado a la mayoría de las familias la posibilidad
de emprender actividades agrícolas importantes, deficientes
políticas agrícolas y mal gobierno y el hecho
de que los donantes hayan contribuido a obligar a los gobiernos
a instituir políticas que no han logrado incrementar
la seguridad alimentaria nacional y de las familias, reducir
la pobreza ni diversificar la agricultura.
¿Cómo van las cosas en su país,
Malawi?
Muchos de mis parientes viven en la inseguridad alimentaria.
Una forma de ayudarlos es mostrarles métodos agrícolas
innovadores, que les permiten producir más en parcelas
pequeñas, algo que no se hace en muchas comunidades
por falta de conocimientos.
¿Qué es lo que lo motiva a usted?
Me interesé en la seguridad alimentaria como productor
de alimentos en mi país en respuesta a un deseo de
mucho tiempo de suministrar alimentos a los grupos marginados,
como los huérfanos y las personas de edad. El sufrimiento
del que he sido testigo en algunas comunidades es un llamado
humanitario para actuar sobre el terreno y nunca ser espectador
[...].
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