LA
inseguridad ha sido parte de la vida de Timor-Leste durante
decenios. El conflicto dominó el largo y traumático
nacimiento de esta minúscula nación de Asia
sudoriental en mayo de 1999, cuando se independizó
de Indonesia. En abril de 2006, la tensión recrudeció
y los encargados internacionales del mantenimiento de la paz
fueron enviados para acabar con el saqueo y la violencia que
se cobró la vida de unas 30 personas y forzó
a otras 150.000 del millón de habitantes que tiene
el país a abandonar su hogar.
En estos últimos meses de 2006, prosiguen los combates
de manera esporádica y decenas de miles de personas
siguen desplazadas.
“Las dificultades son enormes para el país y
la Sociedad Nacional”, asegura Isabel Gutterres, secretaria
general de la Cruz Roja de Timor-Leste, admitida oficialmente
en la Federación Internacional en noviembre de 2005.
“La violencia nos ha afectado a todos, incluso dentro
de la Sociedad Nacional”, cuenta mientras conduce el
coche a lo largo de la costa de Dili en dirección de
la oficina de la Sociedad Nacional.
Durante los violentos enfrentamientos de 2006, los 200 voluntarios
activos de la Cruz Roja de Timor-Leste trabajaron con el CICR
y la Federación Internacional para distribuir alimentos
y agua a 14.000 desplazados en seis albergues temporales.
Los 15 expertos hidráulicos que habían puesto
a prueba sus competencias tras el maremoto del océano
Índico, primera misión en el extranjero de la
Sociedad, se pusieron nuevamente manos a la obra. Sin embargo,
los disturbios perturbaron muchos de los programas corrientes
en ámbitos como gestión de desastres, incluida
la preparación para combatir la gripe aviar, primeros
auxilios comunitarios, agua y saneamiento y salud. Los colaboradores
y voluntarios tuvieron aún más dificultades
para ayudar a miles de campesinos cuyos cultivos y hogares
fueron destruidos por los fuertes vientos y las inundaciones
intempestivas registradas en enero.
Timor-Leste, conocido también como Timor Oriental,
es el país más pobre de Asia donde el 40 por
ciento de las personas vive en condiciones de extrema pobreza.
Ubicado en el este de la isla de Timor, entre Indonesia y
Australia, Timor-Leste es el país de más rápido
crecimiento demográfico del mundo con una tasa de fertilidad
de 7,6 niños por mujer, pero muchos niños no
sobreviven debido al deficiente acceso a la asistencia de
salud y al
agua potable.
La reducción de la vulnerabilidad de la población
es una de las prioridades de Isabel Gutterres. Para esto será
esencial escuchar más a las mujeres, subraya la secretaria
general, quien asumió su cargo el 1 de febrero de 2006.
“En el pasado, nuestra Sociedad estuvo dominada por
los hombres, pero hoy se ha dado cabida a las mujeres para
que participen. Estoy convencida de que las mujeres pueden
aportar muchísimo para lograr cambios por un mañana
mejor”.
Hacer campaña
Isabel Gutterres nunca ha tenido miedo de prestar su voz
por las causas que cree justas. En 1986, participó
en el movimiento de protesta estudiantil, pero tuvo que dejar
el entonces Timor Oriental porque temía por su vida.
“O era la selva o el extranjero, no había otra
alternativa”.
Se exilió en Australia, donde pasó 13 años
de su vida y se graduó de enfermera.
En 1999 regresó a Timor-Leste, que se había
convertido en una nación independiente. Rápidamente
ocupó el cargo de enfermera diplomada en el Servicio
Jesuita para Refugiados, donde atendía principalmente
a ex combatientes. Ayudar a las personas necesitadas le daba
mucha satisfacción y comenzó a abogar por su
causa en las reuniones interinstitucionales. La gente la escuchaba.
Isabel Gutterres fue una de las siete personas designadas
en 2002 en la recién creada Comisión para la
Recepción, la Verdad y la Reconciliación, órgano
instaurado para investigar las violaciones de los derechos
humanos cometidas durante la lucha por la independencia de
Indonesia entre 1974 y 1999.
La fuerza de los testimonios
“Tres años fui miembro de la Comisión
y estábamos todos conmovidos por la sencillez de lo
que nos pedía la mayoría de los sobrevivientes”,
recuerda, “lo que les interesaba sobre todo era participar
de alguna manera, en pie de igualdad, en el nuevo Timor-Leste
democrático.
“Sin embargo, para muchos esta participación
no fue fácil debido a las privaciones y al sufrimiento
que habían soportado”.
Muchos testimonios la tienen obsesionada, como el de una
mujer que vio cómo enterraban vivo a su marido.
“Este tipo de testimonios jamás se olvida”,
dice lentamente Isabel Gutterres. “Y en nombre de las
víctimas no debemos olvidar”.
La reconstrucción
El traumático pasado de Timor-Leste, y los disturbios
ocurridos en 2006, ha dejado cicatrices indelebles en la memoria
de la gente.
“Aunque este año no ha habido mucha violencia,
la gente tiene miedo y está traumatizada. Esto impide
que regresen a sus hogares”, explica Gutterres.
“Es importante seguir adelante y volver a forjar la
confianza en las comunidades. La gente debe ser capaz de curar
las heridas y tener confianza nuevamente en los demás”.
Isabel Gutterres espera que una Cruz Roja de Timor-Leste
fuerte, que tiene hoy 10.000 miembros, le ayudará a
reconstruir el país.
“La Cruz Vermelha de Timor-Leste tiene un importante
papel que desempeñar para ayudar a sanar las heridas
provocadas por los disturbios, a través de sus actividades,
sus voluntarios y los siete Principios Fundamentales.
“Siempre he trabajado con la gente. Hoy se trata de
ayudar a mi país, para mí nada puede ser más
importante”.
| Maude
Froberg
Delegada de información de la Federación
Internacional en Asia sudoriental.
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