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“No hay superficie
más fascinante en la tierra que la del rostro humano”,
escribe el filósofo alemán, Georg Christoph
Lichtenberg. Y es de rostros de lo que se trata principalmente
en estas páginas, rostros que expresan sufrimiento,
esperanza, alegría o alguna otra emoción indescifrable.
Los rostros de los socorristas que auxiliaron a las víctimas
durante los 34 días de guerra en Líbano e Israel
y su cortejo de muerte, sangre y lágrimas. Sus rostros
reflejan la solidaridad que inspiró una sostenida acción
del Movimiento en la que participaron muchas Sociedades Nacionales,
entre ellas las de los Estados del Golfo, que mantienen lazos
ancestrales con la Tierra de los Cedros.
También están los rostros de los habitantes
de Darfur, marcados por una profunda y larga ansiedad, los
rostros de valerosas mujeres voluntarias en Pakistán,
los rostros de los mapuches en Chile, los rostros de jóvenes
voluntarios que se esmeran por detener la propagación
del VIH/SIDA entre los jóvenes. Sea cual fuere la historia
personal, esos rostros trazan el relato universal del sufrimiento
humano y del impulso humanitario de socorrer a quienes sufren. |