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Dar a luz en Suecia puede costar 22.000 coronas suecas (3.140
dólares EE.UU.). Este es el precio que deben desembolsar
las personas que no están cubiertas por el sistema
social sueco. Nadie sabe cuántas personas viven fuera
de dicho sistema en Suecia. El número puede rebasar
las 10.000. Pero cada día Charlotta Arwidson tiene
más pruebas de que muchas personas viven en esa situación.
“Muchos de nosotros no nos damos cuenta de que hay
un grupo de personas que están fuera del sistema de
seguridad social. Creemos que todos formamos parte de él,
pero no es así”. Arwidson maneja el proyecto
de la Cruz Roja Sueca, titulado “atención de
salud para las personas excluidas”. Se trata de ayudar
a quienes no tienen derecho a un tratamiento. Unos 50 médicos,
matronas, psicólogos y otros profesionales constituyen
la red de la Cruz Roja.
Según la ley sueca, las personas sin documento de
identidad tienen derecho solamente a una atención de
urgencia, lo que en la práctica supone un tratamiento
urgente pero no subvencionado en el hospital. En cuanto al
resto, desde el tratamiento de una otitis a la asistencia
materna, pasando por la insulina para la diabetes, o el tratamiento
precoz de cáncer no hay nada previsto para estas personas.
Dado que la atención mínima no está subvencionada,
una visita a la sala de urgencias puede costar 2.000 coronas
suecas (285 dólares). Un estudio hecho por la Plataforma
para la Cooperación Internacional sobre Migrantes Indocumentados
(PICUM por su sigla en inglés) reveló que Suecia
es uno de los países que presta la peor asistencia
de salud a las personas indocumentadas. Esta Plataforma busca
promover el respeto de los derechos sociales fundamentales
de los migrantes sin papeles en toda Europa.
“Nosotros los suecos estamos muy bien organizados.
No hay lagunas jurídicas. Creo que estamos orgullosos
de vivir en un país con esa organización. Pero,
los que no forman parte de ella, están realmente excluidos”,
explica Arwidson. “La atención de salud no es
un bien que se gana sino un derecho humano”, afirma.
María, de 22 años, es boliviana y ha trabajado
en Suecia como empleada doméstica durante dos años.
Nunca se ha registrado ante las autoridades suecas y forma
parte del grupo de personas indocumentadas con las que Arwidson
tiene contacto.
Hace poco María tuvo una uña encarnada del
pie, una afección menor que normalmente no causa mayor
molestia. Pero como María tenía miedo de ir
al médico, no recibió atención médica.
La uña empeoró y el pie se hinchó y comenzó
a dolerle. María ya no podía caminar y sabía
que necesitaba ayuda.
“Lo pensé mucho antes de ir al médico
ese día. Creí que me iban a pedir que mostrara
un montón de papeles o llamar a la policía...
Tenía miedo. Tengo que ocuparme de mi pequeña”,
cuenta hablando de su hija de dos meses. María tuvo
suerte, aunque le negaron hacerle un tratamiento en el consultorio,
una mujer del personal le dio el dato sobre el proyecto de
la Cruz Roja. María nunca antes había oído
hablar de la Cruz Roja, pero llamó a Arwidson y obtuvo
ayuda rápidamente encontrando a un médico que
le curó el pie de manera gratuita.
Después del primer contacto por teléfono, Arwidson,
que es enfermera, siempre se reúne con las personas
para evaluar sus necesidades. Luego las deriva a un médico.
Los pacientes no tienen que pagar y la Cruz Roja tampoco.
Los trabajadores de atención de salud de la red son
todos voluntarios.
A veces, se le pregunta a Charlotta Arwidson si su trabajo
es ilegal. “La gente debería saber que no es
ilegal ayudar a las personas no registradas a obtener atención
de salud. Prestar asistencia gratuita es perfectamente legal”,
explica. “Por otro lado”, añade, “negarle
a alguien atención médica es una actitud inmoral
y puede tener graves consecuencias”.
María también se puso en contacto con el sistema
de atención de salud sueco cuando estaba embarazada.
Hace un año, al inicio de su embarazo, no tenía
ni idea que existían organizaciones que podían
ponerla en relación con una matrona. Empezó
a echar de menos su patria cuando supo que esperaba un bebé,
pero quería quedarse en Suecia con su marido, que vive
y trabaja también allí. Como tenía miedo
de que la matrona la denunciara a la policía y que
la deportaran, sólo a los seis meses de embarazo contactó
a una matrona que la logró convencer de dar a luz en
el hospital porque tenía que pensar en la vida de su
hijo. Pero la familia debe hoy al consejo local 22.000 coronas
(3.140 dólares).
Casos como el de María enfurecen a Arwidson. ¿Qué
habría ocurrido si María hubiese elegido dar
a luz en la casa por temor a las autoridades?
Muchas de las personas que viven clandestinas en Suecia,
por una razón u otra, ganan muy poco. Algunos reciben
apenas 30 coronas diarias (4,30 dólares) y no pueden
exigir sus derechos.
Según las estadísticas de la Cruz Roja, las
personas que no pueden costearse los gastos médicos
están en malas condiciones físicas y psicológicas
porque viven al margen del sistema.
A Arwidson le parece que no corresponde a los trabajadores
de salud decidir quién tiene o no derecho a un tratamiento.
Los médicos y las enfermeras deben hacer lo que saben
hacer: efectuar un diagnóstico y tratar a las personas
que tienen problemas de salud.
“Cuando los enfermos van al hospital, lo primero que
se les pregunta es “cuál es el número
de su documento de identidad? ¿Tiene dinero para pagar?
Sus necesidades no cuentan, el factor decisivo es su situación
jurídica”, destaca Arwidson.
Los convenios internacionales suscritos por Suecia afirman
que el derecho a la atención de salud es un derecho
humano fundamental.
María no se queja de las condiciones en Suecia. No
está pidiendo que se presete asistencia de salud gratis.
Pero hay una pregunta que le preocupa: “¿Qué
ocurrirá si no podemos pagar la factura del hospital?”
| Ulrika
Nordin
Periodista independiente en Suecia.
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Los migrantes sin documento de identidad quedan
excluidos de gran parte de la atención de salud en
Suecia, explica Charlotta Arwidson de la Cruz Roja Sueca.
©MAGNUS BERGSTROM / CRUZ ROJA SUECA
Los gobiernos deben actuar PICUM pide a los Estados
que:
1 Reconozcan la presencia social
y económica de los migrantes indocumentados.
2 Recaben datos sobre quiénes
son los migrantes indocumentados, por qué han
emigrado y cómo sobreviven.
3 Hagan participar a las organizaciones
no gubernamentales (locales) en las investigaciones
y la formulación de políticas.
4 Integren a los migrantes indocumentados,
les presten servicios sociales como atención
de salud, alojamiento, educación y condiciones
de trabajo equitativas.
5 Inspeccionen los lugares de trabajo
y penalicen a los empleadores que explotan a los trabajadores.
6 Salvaguarden el derecho a la igualdad
ateniéndose a las leyes.
7 Protejan el derecho a asociarse y
sindicalizarse.
8 Regularicen la situación de
los migrantes indocumentados para evitar que se los
explote.
9 Abran el debate sobre el futuro del
sector de trabajadores de salarios bajos;
10 Ratifiquen la Convención
Internacional sobre la protección de los derechos
de todos los trabajadores migrantes y sus familias (1990),
que garantiza diversos derechos sociales a los trabajadores
migrantes indocumentados. |
Hechos sobre las personas indocumentadas en Suecia:
• En enero de 2006, Médicos sin Fronteras
transfirió a la Cruz Roja Sueca la responsabilidad
del programa Atención de Salud para las personas
no registradas.
• El objetivo del programa es realizar 50-60 consultas
por mes, además de efectuar pruebas de sangre
y visitas médicas y de matronas.
• Por razones evidentes, no hay estadísticas
exactas sobre estos grupos.
• Alrededor de dos tercios de los pacientes que
la Cruz Roja atiende nunca han solicitado el asilo en
Suecia. En cuanto a las demás personas, se les
ha denegado el asilo y viven en la clandestinidad.
• El 70% de los pacientes tienen entre 25 y 40
años.
• Las afecciones médicas más corrientes
son: diabetes, enfermedades respiratorias e hipertensión.
• La mayoría de los pacientes son mujeres
y muchas de ellas buscan ayuda por problemas ginecológicos
o atención materna.
La Cruz Roja Sueca considera que el Estado debería:
• implantar un sistema que subvencione la atención
de salud para las personas indocumentadas de manera
que a los consejos locales se les reembolse la ayuda
que presten a esos pacientes;
• modificar la ley para que las personas clandestinas
tengan derecho no sólo a una atención
de urgencia, sino también a otro tipo de tratamiento.
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