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En 1906, los jóvenes de la Cruz Roja Americana acudieron
en auxilio de las víctimas del terremoto de San Francisco,
su primera contribución oficial como grupo a una situación
de emergencia en tiempo de paz.
Cien años después, en noviembre de 2006, 24
miembros jóvenes de la Cruz Roja y sus asesores en
todo Los Ángeles se reunieron para seguir una formación
como educadores comunitarios en desastres, a los efectos de
ayudar a otros a evitar las situaciones de emergencia, prepararse
y responder a ellas mediante un programa de preparación
para desastres.
Hoy, en todo el mundo, los jóvenes participan en todo
tipo de actividades relacionadas con desastres y constantemente
tratan de superarse mediante la formación y la preparación.
Muchas Sociedades Nacionales reconocen su valor y no sólo
procuran que los jóvenes trabajen con otros voluntarios
sino que también idean actividades y programas destinados
a la juventud.
Los jóvenes representan más de la mitad de
los 97 millones de miembros y voluntarios que componen el
Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
y su participación en la respuesta a desastres es,
por tanto, inmensa.
Durante las recientes catástrofes, como el tsunami
ocurrido en el Océano Índico, el terremoto de
Pakistán en 2005 y el conflicto en Líbano en
2006, los voluntarios jóvenes se afanaron por ayudar
a sus comunidades.
El tsunami fue para un grupo de voluntarios jóvenes
de la Cruz Roja Indonesia la primera experiencia difícil
en la labor de emergencia. Todos eran estudiantes veinteañeros
y pese a ser miembros formados de los equipos de preparación
para desastres conocidos en toda Indonesia con el nombre de
satgana, pocos habían visto antes un cadáver.
Y les tocó recoger más de cien cadáveres
por día.
En Líbano, más de los 5.000 voluntarios que
intervinieron durante y después del conflicto en julio
y agosto de 2006, eran jóvenes. Recogieron a los heridos
y los muertos, distribuyeron socorros y trabajaron en los
albergues.
Cuando se le pidió que comentara la labor asistencial
realizada durante el conflicto, Sami Al Dahdah, Presidente
de la Cruz Roja Libanesa, se refirió especialmente
al valioso aporte de los jóvenes. “Rindo un homenaje
especial a la labor humanitaria y al heroísmo de los
jóvenes socorristas voluntarios que arriesgaron su
propia vida para brindar auxilio a la gente”.
Aportar felicidad
Marya Abdul Rahman, voluntaria del Departamento de la Juventud
de la Cruz Roja Libanesa, relató su experiencia en
los albergues durante el conflicto, donde ella y sus colegas
jóvenes se encargaron de los niños y les recordaron
que tenían derecho a jugar y divertirse.
“Vi rostros sonrientes y escuché risas”,
recuerda. “Era reconfortante escuchar nuevamente esas
voces inocentes después del horrible estrépito
de las bombas y los ataques aéreos”.
El juego también puede ser una forma de preparar a
los niños para los desastres. En Kingston, capital
de Jamaica, los alumnos de una escuela primaria aprenden una
canción escrita por su profesora y un delegado de la
Cruz Roja. Representando el comportamiento esperado, los niños
se cobijan debajo de los pupitres mientras entonan la canción:
“Si la tierra tiembla y vuelva a temblar, busca un escondite,
cobíjate y agárrate firme”. El hecho de
divertirse no menoscaba el mensaje, por el contrario, recuerda
a los pequeños participantes gestos vitales.
Asimismo, en Costa Rica, los jóvenes de la Cruz Roja
han aprendido métodos de un programa del Fondo de las
Naciones Unidas para la Infancia, a fin de brindar apoyo psicológico
y emocional a los niños en tiempos difíciles.
Así pues, cuando un barrio de San José, capital
de Costa Rica, fue destruido por un incendio en 2004, dejando
a miles de habitantes sin techo, los jóvenes voluntarios
de la Cruz Roja Costarricense aportaron juegos y juguetes
a los niños en los albergues para entretenerlos.
“ El proyecto y la implicación de los jóvenes
de la Cruz Roja funcionaron de maravilla”, recuerda
Juan Carlos Hernández Lios, director nacional de la
Juventud de la Cruz Roja Costarricense. “Mi sueño
sería extender esta iniciativa a toda Centroamérica”.
Comprender y responder
Al estar preparados, los voluntarios de la Cruz Roja y de
la Media Luna Roja pueden responder con mayor eficacia a los
desastres. En Pakistán, una joven comprendió
rápidamente las ventajas de su formación. Apenas
tres semanas después de haber terminado un curso de
preparación comunitaria para desastres, Saeeda Bibi,
de 25 años, puso en práctica los conocimientos
adquiridos. Tras el terremoto ocurrido el 8 de octubre de
2005, se puso manos a la obra prestando auxilio a los sobrevivientes,
socorriendo a los heridos, rescatando a los alumnos de una
escuela y extrayendo cuerpos sin vida. Juntos Saeeda y sus
colegas sacaron a más de 40 personas de entre los escombros.
La formación que recibió Saeeda era general
mientras que en muchos lugares, se imparten cursos especiales
para los voluntarios jóvenes de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja. Por ejemplo, la sección de la Juventud
de la Media Luna Roja de Irán organizó, en diciembre
de 2005, un curso de capacitación para líderes
jóvenes de equipos de socorro en ámbitos como
el apoyo psicológico, la gestión y dirección,
el suministro refugio de emergencia y los primeros auxilios.
Los jóvenes de las zonas menos propensas a catástrofes
también participan en actividades relacionadas con
desastres. En Canadá, se elaboraron dos programas para
niños y jóvenes. El primero, destinado a estudiantes,
padres y profesores, presenta planes y actividades en caso,
por ejemplo, de huracanes, inundaciones, terremotos, tornados
y tormentas. Desde 1997, más de 750.000 estudiantes
de 7 a 13 años y sus familias en todo Canadá
se han beneficiado de esta iniciativa. El segundo fue diseñado
para completar el primero y su objetivo es preparar a los
jóvenes para los desastres y las situaciones difíciles
y permitirles vencer sus temores.
Volviendo a Indonesia, dos años después del
tsunami, las campañas y los campamentos sirven para
sensibilizar a los jóvenes y capacitarlos para responder
en el futuro.
Con motivo del Día Internacional para la Reducción
de los Desastres en 2006, el 12 de octubre, la Cruz Roja Indonesia,
junto con las Naciones Unidas y otras organizaciones, montó
un espectáculo en la calle para sensibilizar a los
estudiantes de primaria de Yakarta. Durante una jornada, 30
voluntarios de diferentes organizaciones visitaron 15 escuelas
y enseñaron a unos 1.300 niños, incluidos muchos
miembros de la Cruz Roja de la Juventud, cómo actuar
en caso de incendio, terremoto e inundaciones, valiéndose
de métodos como la simulación, el relato de
historias, el dibujo, el canto, concursos de preguntas y respuestas
y juegos. Al final, se presentaron a los grupos los instrumentos
en materia de preparación para desastres, entre ellos
el juego de la oca elaborado y producido por la Cruz Roja
Indonesia.
En un campamento de jóvenes, llamado Jumbara, organizado
en julio de 2006, también se preparó a los jóvenes
voluntarios indonesios. “El futuro de la Cruz Roja está
en manos de la gente joven”, declara Ullah Nuchrawaty
Usman, miembro del Consejo y presidenta del comité
organizador del Jumbara de la Cruz Roja. Nuestro deseo es
que comprendan los valores humanitarios de la organización
y se den cuenta de lo mucho que pueden aportar, sobre todo
en la vida de las personas desamparadas”.
Gratia, de 16 años, participó en Jumbara. “Esperamos
que nuestra presentación ponga de relieve la importancia
de proteger nuestro entorno para evitar más catástrofes”,
explica la joven, que hizo el papel de Madre Tierra en el
espectáculo durante el campamento. “Muchos de
los desastres naturales son provocados en realidad por el
ser humano y ocurren por la excesiva manipulación que
hace de la naturaleza”.
El medio ambiente
La sección de la Juventud de la Cruz Roja de la República
de Corea está muy motivada en el tema del medio ambiente
y su preservación. Entre los logros cabe mencionar
un programa de protección de la naturaleza, en el cual
se plantan 100.000 árboles por año. La Sociedad
Nacional ha establecido también un lema. “protege
a la naturaleza y ella te protegerá a ti”.
En Armenia, los jóvenes de la Cruz Roja organizan
desde hace siete años un campamento de verano destinado
a limpiar las riberas del lago Sevan. Este lago es el mayor
embalse de agua potable de la región, y al mismo tiempo
el sitio preferido de vacaciones de los armenios. Además,
los voluntarios de la Cruz Roja llaman la atención
del público sobre los problemas ecológicos de
su país a través de los medios de comunicación
y de visitas a las escuelas.
Emma Khachatryan, una de las primeras voluntarias del programa,
asegura que no todos recibieron la iniciativa con los brazos
abiertos y muchos opinaron que el problema era demasiado grande
para los jóvenes pero felizmente éstos no hicieron
caso de ello.
Los jóvenes voluntarios llevaron adelante la iniciativa
y hoy el programa es todo un éxito. Hasta el momento
más de 1.200 voluntarios jóvenes y estudiantes
han participado en el campamento, no sólo con el fin
de limpiar el lago sino también de aprovechar la oportunidad
para aprender más sobre las cuestiones ecológicas
y otros temas esenciales. La tenacidad y la capacidad de actuar
con anticipación de los jóvenes de la Cruz Roja
Armenia demuestran, una vez más, la importancia de
que los jóvenes participen para alcanzar los objetivos
del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
| Åsta
Ytre
Responsable de comunicación con la juventud de
la Federación Internacional.
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Los niños y jóvenes en el programa
de apoyo psicosocial de la Media Luna Roja Palestina aprenden
a comprender e intercambiar sus experiencias en conflictos.
©JAKOB DALL / CRUZ ROJA DANESA

En la ciudad sureña de Juba, las voluntarias
de la Media Luna Roja Sudanesa Angelina Daki Negadimo, de
18 años, Flora Paul, de 21 años, y Rejina Kinden,
de 25 años, se cuentan una broma.
©TOMAS BERTELSEN / CRUZ ROJA DANESA
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