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Las más graves inundaciones de los últimos
50 años afectan al Cuerno de África. Australia
sufre la peor sequía de los últimos 1.000 años.
Los Alpes registran temperaturas jamás vistas en 1.300
años. El caos climático mundial es hoy inevitable.
Éstos son algunos de los titulares que han dado la
vuelta al mundo en los últimos meses. Tras años
de nadar entre dos aguas, los medios de comunicación
por fin se deciden a saltar a la palestra junto a los científicos,
los economistas y los políticos para denunciar firmemente
que, como lo dijo el ex Secretario General de las Naciones
Unidas, Kofi Annan, “el cambio climático es uno
de los problemas más graves de nuestro tiempo”.
En el transcurso del año pasado, la percepción
del problema a nivel mundial se modificó llegándose
a una aceptación general de los argumentos científicos
de que el cambio climático es inducido por las actividades
humanas y no es un fenómeno cíclico. Desde la
publicación del Informe Stern (véase recuadro),
se tomó conciencia de que la falta de medidas concretas
podría acarrear consecuencias financieras similares
a “las grandes guerras y la depresión económica
de la primera mitad del siglo XX”. Además, la
gente comienza a darse cuenta de que el cambio climático
no es sólo una amenaza ambiental, sino también
un peligro que menoscaba su vida dondequiera que se encuentren.
Una cuestión humanitaria
“Se le ha quitado la etiqueta de problema ambiental
al cambio climático”, comenta Charles Ehrhart,
coordinador de la iniciativa de Care International titulada
“Pobreza y cambio climático”, lo que nos
permite ver el asunto tal como es verdaderamente —una
cuestión que atañe a muy diversos ámbitos
como la economía, los medios de subsistencia, la seguridad
alimentaria, el suministro de agua, la salud, los conflictos
y los refugiados, los derechos humanos y el medio ambiente”.
Aunque Ehrhart califica de limitada la respuesta de las organizaciones
humanitarias al problema del cambio climático, está
convencido de que por fin la comunidad ha reaccionado.
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media
Luna, añade, contribuyó a despertar el interés
y ha sobresalido en su actuación porque ha reconocido
que el cambio climático tendrá efectos desproporcionados
en la vida de los indigentes.
Aunque el Movimiento ya en 1999 señaló los
riesgos del cambio climático y sus repercusiones para
la gestión de los desastres, el Secretario General
adjunto de la Federación Internacional, Ibrahim Osman,
reconoce que el calentamiento global se sigue percibiendo
como un problema ambiental y no humanitario.
Osman dijo al Vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore,
en el estreno de su taquillero documental sobre el cambio
climático; Una verdad incómoda, que:
“Hoy, sigue siendo necesario que expliquemos las razones
de nuestra profunda preocupación. Sin embargo, la explicación
es sencilla; el cambio climático llevará a más
condiciones meteorológicas extremas, más inundaciones,
olas de calor, sequías, huracanes y tifones de gran
intensidad. Además, estas catástrofes afectarán
a las personas más vulnerables, los ancianos y enfermos,
los más pobres entre los pobres en los países
más pobres.
Primero los pobres
Según el Informe Mundial sobre Desastres, las catástrofes
vinculadas con el tiempo han redoblado durante el decenio
pasado. Su redactor, Jonathan Walter, advierte que las personas
más vulnerables estarán aún más
expuestas al riesgo de desastres debido al cambio climático.
Los países en desarrollo son particularmente vulnerables
al cambio climático puesto que a menudo no tienen los
medios para premunirse contra las inundaciones y otros desastres
naturales. Para colmo, sus economías suelen sustentarse
en sectores sensibles al clima como la agricultura y la industria
pesquera. Además, la gente pobre en estos países
a menudo vive en las zonas más propensas a las catástrofes
—a lo largo del litoral, en las llanuras anegadizas
y en las colinas deforestadas.
Es probable que las condiciones climáticas en lenta
modificación y la mayor frecuencia de los fenómenos
extremos amenacen la seguridad alimentaria de esos países,
reduzcan su acceso al agua potable y agudicen su vulnerabilidad
a las enfermedades transmisibles por el agua.
En un estudio reciente, la Organización Mundial de
la Salud indica que el cambio climático produce 150.000
decesos y 5 millones de enfermedades adicionales por año,
debido a una mayor propagación del paludismo, la diarrea,
la malnutrición y otras afecciones.
El cambio climático no afecta sólo a los pobres.
En Europa quedó en evidencia la vulnerabilidad de las
personas mayores durante la ola de calor ocurrida en 2003,
cuando se registraron 30.000 muertes en pocos meses. Las inundaciones
registradas en 2006 en Rumania, Bulgaria y Serbia también
pusieron de relieve la incapacidad de esos países de
invertir en la infraestructura necesaria para proteger a sus
ciudadanos.
Prepararse para lo imprevisible
La vulnerabilidad de los pobres ha llevado al Movimiento
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja a integrar el cambio
climático en todos los ámbitos de trabajo, desde
la salud y la asistencia a la preparación y respuesta
a desastres.
A fines de 2006, el Movimiento fue sorprendido por el efecto
de El Niño que produjo una temporada de huracanes más
suaves que lo previsto en el Caribe y más intensos
en el Pacífico donde el tifón Durian causó
estragos en Filipinas y Viet Nam. Somalia y Kenya se vieron
afectadas por lluvias torrenciales en lugar de la sequía
anual esperada.
“Vimos a personas que nunca antes habían vivido
inundaciones y no estaban, pues, preparadas para afrontar
enfermedades transmisibles por el agua como el cólera
y el paludismo”, admite Rees. “Deberíamos
haber pensado de manera más estratégica y haberles
provisto antes de mosquiteros”.
“La gente comienza a darse cuenta de que podría
verse expuesta a lo largo de su vida a más de un desastre
relacionado con el clima”, añade Mohammed Mukhier,
jefe del Departamento de Política y Preparación
para Desastres de la Federación Internacional.
“Nuestra labor consiste en evaluar los riesgos y ayudar
a las comunidades locales a manejar esos riesgos. La sensibilización
es algo así como el seguro del pobre”. Las investigaciones
han demostrado que en las zonas propensas a los desastres,
la formación adecuada, la buena planificación,
los ejercicios de evacuación y la instalación
de un sistema de alerta temprana por radio puede ser la diferencia
entre la vida y la muerte.
Invertir en recursos antes de que ocurra una catástrofe
cuesta mucho menos esfuerzos que reparar los daños
después”, aduce Mukhier.
Ante la perspectiva de responder a más desastres y
preparar a las comunidades para ello, la Federación
Internacional ha redoblado los fondos destinados a la preparación
y la respuesta a desastres desde 2000. “Ahora hay que
hacer lo mismo con las Sociedades Nacionales”, añade
Rees.
Ayudar a las Sociedades
Nacionales a “adaptarse”
Tras comenzar a evaluar los riesgos del calentamiento global
en 1999, la Federación Internacional pidió a
las Sociedades Nacionales en 2003 que se prepararan para los
efectos negativos con la ayuda del Centro Internacional sobre
el Cambio Climático y la Preparación para Desastres,
instituido un año antes.
El centro, con sede en La Haya, Países Bajos, se define
como un puente entre el cambio climático y la reducción
del riesgo de desastres. Su finalidad es ayudar a la población
que vive en las zonas propensas a las catástrofes a
adaptarse a los riesgos que entraña el cambio climático,
para que disminuyan las posibilidades de que se vea directamente
afectada.
“Hoy el cambio climático es un hecho y avanza
a un ritmo acelerado- asegura Madeleen Helmer, que administra
el centro. No obstante esta certidumbre, nos vemos confrontados
con una incertidumbre mayor que son sus efectos”.
Helmer explica que los expertos y los meteorólogos
pueden empezar a pronosticar los desastres naturales que ocurrirán
en una región determinada. Es probable, por ejemplo,
que en Centroamérica se registren tormentas y huracanes
de mayor intensidad, con lluvias más fuertes, aumentando
así la vulnerabilidad de Guatemala y Nicaragua a las
inundaciones, los desprendimientos de terreno y las olas de
tormenta. Una vez que se determina el riesgo, se trata de
localizar la zona vulnerable y sus residentes, que viven a
menudo en comunidades aisladas o en barriadas urbanas. Pero
no faltan las malas sorpresas, señala Helmer, como
el hecho de que una zona propensa a las inundaciones haya
sufrido sequías u olas de calor.
A partir de los resultados de dos proyectos piloto —uno
en Bangladesh y otro en Nicaragua (véase recuadro)
— el centro ha ampliado su campo de acción para
servir a toda la familia de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja en materia de cambio climático.
“Informamos a las Sociedades Nacionales sobre los riesgos
potenciales que implica el cambio climático y sobre
cómo esos riesgos pueden afectar a sus programas y
su misión”, explica Helmer. “Luego las
ayudamos a integrar el cambio climático a los programas
existentes para reducir las víctimas y los daños
que causan los desastres naturales”.
Sensibilización y comprensión
En los dos últimos años, 20 Sociedades Nacionales
de África, Asia, el Caribe, América Latina y
el Pacífico se han dedicado a hacer frente al problema
del cambio climático.
Los Estados insulares del Pacífico han brindado un
apoyo particularmente importante al proyecto ante la perspectiva
de un catastrófico aumento del nivel del mar en los
próximos 100 años, lo cual podría poner
en peligro su propia existencia.
Las comunidades padecen directamente los efectos negativos
del cambio climático —los cultivos perecen debido
a los cambios en los patrones estacionales de los vientos,
las algas venenosas para los peces cunden debido a las temperaturas
más altas y aumentan las olas de tormenta.
“Lo primero que buscamos es lograr que las Sociedades
Nacionales entiendan lo que es el cambio climático
para que puedan ayudar a esas comunidades a reducir los riesgos”,
señala Rebecca McNaught, la primera delegada regional
del Movimiento encargada de las actividades relacionadas con
el cambio climático y los desastres. “Nos concentramos
en medidas prácticas ya que no deseamos fomentar la
desesperanza”.
La Cruz Roja de Samoa, junto con sus homólogos de
las Islas Salomón, Tonga y Tuvalu ha emprendido un
programa cuyo fin es educar al personal y los voluntarios,
evaluar los riesgos y las prioridades en el país, crear
una red con científicos y encargados de formular políticas
e idear actividades de adaptación concretas.
El Centro Internacional sobre Cambio Climático ha
asignado fondos a unas 40 Sociedades Nacionales para que realicen
este programa en 2007 y espera que otros países se
sumen a la iniciativa. Según las Naciones Unidas, el
cambio climático afectará a África más
que a ninguna otra región del mundo debido a los niveles
de extrema pobreza, la elevada tasa de crecimiento demográfico,
y la excesiva dependencia de la agricultura de secano y de
los medios de subsistencia basados en los recursos naturales.
Las Sociedades Nacionales de Malawi y Mozambique han comenzado
a integrar el cambio climático a sus programas de reducción
del riesgo de desastres, pero dado que África ya sufre
tormentas cada vez más frecuentes e intensas, así
como sequías e inundaciones, se trata de ayudar a la
gente a adaptarse a los riesgos relacionados con el clima.
Forjar asociaciones
Frente a la realidad de que el cambio climático ya
es un hecho y de que la situación va a ir empeorando,
pese a que mucho se está haciendo en el plano internacional
para tratar de ponerle coto, el Movimiento de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja reconoce que una sola organización
no puede afrontar un problema de tal magnitud.
El año pasado, las Sociedades Nacionales alemana,
indonesia y holandesa y la Fundación Rabobank, líder
mundial en operaciones bancarias sostenibles, crearon una
asociación. En los próximos cuatro años,
más de 1.000 personas de cuatro pueblos vulnerables
en el este y oeste de Yakarta aprenderán a protegerse
de peligros relacionados con el cambio climático tales
como inundaciones, enfermedades e inseguridad alimentaria,
así como a reducir sus riesgos financieros a través
de un proyecto de microcrédito gestionado por Rabobank.
Las Sociedades Nacionales están cada vez más
interesadas en colaborar con organizaciones que aportan sus
diferentes experiencias en el área del cambio climático.
En los Países Bajos, la Cruz Roja forma parte de la
campaña HIER (“aquí” en holandés)
—coalición de 40 organizaciones humanitarias
no gubernamentales de desarrollo, medio ambiente, conservación
y naturaleza—que tiene por objetivo persuadir a por
lo menos un millón de consumidores a que tomen medidas
e influyan en la política empresarial y gubernamental.
En la región del Pacífico, la Federación
Internacional ha aunado sus fuerzas con la Oficina de Coordinación
de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarollo (PNUD) y
la Comisión de Geociencia Aplicada del Pacífico
Sur para establecer una red de desastres del Pacífico.
La neutralidad y la independencia del Movimiento sustentan
este espíritu de colaboración, destaca Madeleen
Helmer.”Apoyamos llamamientos en favor de una importante
reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero,
que son la causa del problema, pero no nos pronunciaremos
sobre la manera de hacerlo o qué país debería
hacerlo. Los demás socios entienden y respetan esta
posición”, observa la delegada.
Rebecca McNaught asegura “la Federación Internacional,
ateniéndose a su cometido de colaborar con las personas
más vulnerables en las áreas esenciales de actividad,
nos ayuda a promover temas como el cambio climático.
Su mensaje es claro cuando el Movimiento subraya que está
preocupado por los efectos humanitarios del cambio climático”.
Abogar por el cambio
“Ahora tenemos un discurso mucho más directo”,
comenta Peter Rees. “Después de las repetidas
inundaciones en Europa Central, dijimos a los gobiernos que
tenían que intensificar su preparación para
desastres e invertir más en el control de las inundaciones.
Después de todo, la respuesta humanitaria suele sustituir
la falta de desarrollo”.
El Movimiento también ha reforzado su presencia en
las conferencias internacionales que abordan el cambio climático.
Poco después del tsunami de diciembre de 2004, envió
a un equipo a la reunión de las Naciones Unidas sobre
la reducción del riesgo de desastres, celebrada en
la ciudad japonesa de Kobe, en la cual por primera vez los
países convenían en que el cambio climático
está en la base de los riesgos de desastres.
En la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático
de las Naciones Unidas, organizada en noviembre de 2006 en
Nairobi, Kenya, el Movimiento estuvo representado por la más
numerosa delegación jamás enviada como parte
de un ejercicio de encuesta y de trabajo en red. A medida
que se va cobrando impulso dentro del Movimiento, se planea
adoptar un papel de sensibilización mucho más
dinámico en la próxima reunión en Bali,
Indonesia, prevista para diciembre.
Brioso empuje
Durante el año pasado, el cambio climático
modificó rápidamente el orden del día
del Movimiento. Las reservas iniciales formuladas sobre la
pertinencia del tema para su labor con las personas vulnerables
fueron descartadas de plano en vista del impacto cada vez
más evidente en las personas pobres del mundo. Hoy
se ha vuelto una prioridad a la que es necesario responder
si se quieren cumplir los objetivos de asistencia de salud
y preparación para desastres existentes.
“Recomendamos enérgicamente a todas las Sociedades
Nacionales que se concentren en el cambio climático”,
añade Mukhier. “Los países en desarrollo
se llevarán la peor parte pero el mundo desarrollado
no debe ignorar las amenazas que acechan en su propia puerta”.
“El Movimiento se está convirtiendo en un firme
portavoz de las personas vulnerables con respecto a uno de
los mayores problemas de nuestro tiempo”, asegura Helmer.
“Vamos avanzando rápido pero el cambio climático
lo está haciendo aún más de prisa”.
| Claire
Doole
Periodista independiente radicada en
Ginebra.
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Un residente recoge agua de lluvia en un estanque
seco en las afueras de Yingtan en la provincia Jiangxi, centro
de China. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el
Cambio Climático pronostica un gran aumento de las
temperaturas este siglo y advierte que se producirán
más olas de calor, inundaciones, sequías y un
aumento del nivel del mar.
©REUTERS / STRINGER, CORTESÍA DE www.alertnet.org
Care International – responder al cambio climático
Charles Ehhart, coordinador de la iniciativa en torno
al tema pobreza y cambio climático de Care International.
“La comunidad humanitaria reaccionó con
lentitud al cambio climático porque nos llevó
tiempo comprender que la cuestión nos incumbía.
Esto se debió en parte a que los medios de comunicación
lo presentaron como una cuestión ambiental y
en parte porque nuestro personal no veía la trascendencia
del asunto ni la consideraba como una prioridad de verdad.
“En junio de 2006, emprendimos la iniciativa
de pobreza y cambio climático, que está
permitiendo a las organizaciones miembros comprender
las consecuencias y fijar las prioridades. Ya hemos
instituido algunos proyectos de adaptación en
países calificados de alto riesgo por el Grupo
Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático
como Bangladesh, Mozambique, Nicaragua, Tayikistán,
etc.
“El Movimiento de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja está a la vanguardia con respecto a
la integración del cambio climático en
programas de reducción de desastres y para Care
International sería una gran satisfacción
colaborar con él para potenciar la capacidad
y ejecutar proyectos”.
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Un hombre ordena la mercadería en su
tienda anegada en Yakarta, el mes de febrero de 2007.
©REUTERS / CRACK PALINGGI, CORTESÍA DE www.alertnet.org

Informe Stern: la economía del cambio climático
En octubre de 2006, el Ministerio de Hacienda británico
publicó un informe del respetado economista Sir
Nicholas Stern que presentó contundentes argumentos
económicos para que se hiciera frente lo antes
posible al cambio climático. El informe advierte
que la economía mundial podría reducirse
un 20% debido al cambio climático y aboga por
una energía más sostenible en el futuro.
A continuación se reproducen algunos extractos*.
“La política de adaptación es primordial
para afrontar las consecuencias inevitables del cambio
climático, pero en muchos países no se
ha dado a esto la debida importancia. La adaptación
es la única forma de responder al impacto que
se producirá en los próximos decenios
antes de que las medidas de mitigación puedan
surtir efecto.
“El problema de la adaptación será
particularmente grave en los países en desarrollo,
donde la vulnerabilidad y la pobreza mayores limitarán
la capacidad de actuar. Como en los países desarrollados,
será difícil estimar los costos, que probablemente
ronden decenas de miles de millones de dólares.
“El Banco Mundial y otras instituciones financieras
deberían crear un fondo de 20.000 millones de
dólares para ayudar a los países pobres
a responder a los problemas que plantea el cambio climático.
“Se deberían redoblar los esfuerzos tendentes
a fortalecer los mecanismos para mejorar la gestión
de riesgos y la preparación para éstos,
la respuesta a desastres y el reasentamiento de refugiados”.
*(Traducción no oficial)
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Reduciendo el riesgo
en Nicaragua
Dónde: Wawaboom y Betania
en la municipalidad de Puerto Cabezas, región
del océano Atlántico Norte.
Qué: construcción de
albergues, pluviómetros para controlar los niveles
de agua, sistemas de alerta temprana por radio que funcionan
con energía solar, formación en primeros
auxilios y respuesta de emergencia, actividades de limpieza
de desechos con las comunidades.
Por qué: la región es
propensa a graves inundaciones e incendios de monte
que ponen en peligro la seguridad alimentaria, los medios
de subsistencia y la salud.
Contexto: la Cruz Roja Nicaragüense
ha entablado relaciones con instituciones científicas
y oficinas meteorológicas para crear un foro
con las autoridades nacionales, locales y municipales
y forjar alianzas con las instituciones educacionales
para integrar el cambio climático en los programas
escolares y proyectos universitarios de investigación. |


Reduciendo el riesgo en Bangladesh
Dónde: 80 pueblos en todo el
país; 160.000 personas en total.
Qué: selvicultura, instalación
de pozos; información sobre reducción
del daño de desastres, proyecto de construcción
de puente de bambú para facilitar el acceso a
la atención de salud y el trabajo, fortalecimiento
de la capacidad en relación con la preparación
para desastres.
Por qué: vulnerabilidad a las
fuertes inundaciones estaciónales.
Contexto: La Federación Internacional
y la Media Luna Roja de Bangladesh colaboran con el
Departamento de Desarrollo Internacional del Gobierno
Británico y la Universidad de Kyoto, Japón,
que estudia la percepción de la comunidad rural
y la adaptación al cambio climático.
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Siglo catastrófico
En febrero de 2007, el Grupo Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones
Unidas indicó que las temperaturas aumentarán
probablemente de 1,8 a 4 grados Celsius para 2099, y
el nivel del mar subirá entre 28 y 43 centímetros
(véase www.ipcc.ch). El calentamiento de la Tierra
tendrá las consecuencias siguientes:
Escasez de agua: la disponibilidad
de agua potable en África meridional y la región
del Mediterráneo se reduce a la mitad, dejando
a millones de personas sin agua.
Inseguridad alimentaria: la producción
agrícola en África baja de 15 a 35%. Los
ecosistemas marinos y de otra índole se ven trastornados.
Hasta el 50% de las especies corren riesgo de extinción.
Enfermedades: hasta 80 millones de
personas más en África están expuestas
al paludismo. Otros millones más pueden contraer
el dengue.
Inundaciones costeras: de siete a 300
millones de personas se ven afectadas por las inundaciones
costeras. Las islas pequeñas son las zonas más
afectadas, Bangladesh y Viet Nam, y ciudades costeras
como Calcutta, Hong Kong, Karachi, Londres, Nueva York
y Tokio.
Movimiento de población: cientos
de millones de personas están obligadas a abandonar
su hogar debido al aumento del nivel del mar, las tormentas,
las inundaciones y la sequía.
Desastres: aumenta la intensidad de
tormentas, sequías, inundaciones, incendios de
bosques, olas de calor. |

Chris y Claire Priestley, dos agricultores
australianos, inspeccionan el cadáver de una res en
su propiedad asolada por la sequía en Nueva Gales del
Sur.
©REUTERS / PAUL MATHEWS, CORTESÍA DE www.alertnet.org
Los mitigadores del CICR
Riccardo Conti dirige la Unidad de Agua y Hábitat
del CICR y un equipo de 100 ingenieros sobre el terreno.
Su tarea principal es garantizar que las personas más
vulnerables del mundo tengan acceso al agua, particularmente
en situaciones de conflicto armado. Es una tarea cada
vez más ardua porque el suministro de agua se
ve afectado por el cambio climático; la mayor
frecuencia de las inundaciones y las sequías
añaden presión a los sistemas de riego
y al suministro de agua y saneamiento.
La Unidad que dirige Conti se ha dedicado de lleno
a mitigar el calentamiento global.
“Estamos tratando de alentar a las comunidades
locales para que adopten patrones de energía
y consumos respetuosos del medio ambiente”, explica
Conti.
En Eritrea, el equipo ha introducido sistemas de bombeo
de agua que usan energía solar, una alternativa
“verde” a las bombas de diesel. En la República
Democrática del Congo, el equipo convenció
a la gente que plantara árboles en lugar de cultivos
en las márgenes del río Murhundu para
disminuir la erosión y garantizar el suministro
continuo de agua a la ciudad de Bukavu.
Los ingenieros han instalado plantas de biogas en las
prisiones de Nepal y Rwanda; miles de personas en Etiopía
y Somalia utilizan cocinas de bajo consumo energético,
que reducen el consumo de leña y contribuyen
así a la lucha contra la deforestación
y desertificación.
Al tiempo que contribuye a reducir las emisiones de
dióxido de carbono, la introducción de
la tecnología “verde” también
permite a los más afectados por el cambio climático,
los pobres, a consumir menos energía.
“Siempre hemos respondido a la vulnerabilidad
del medio ambiente”, comenta Thomas Nydegger,
hidrólogo del CICR, “pero el cambio climático
lo ha vuelto más vulnerable”.
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