DESDE
lo alto de Huang Linjian, la vista hacia el valle rodeado
de boscosas laderas verdes permite darse cuenta de lo que
ha sido la vida este último año para las familias
lugareñas.
A unos pocos metros de distancia, en la otra ribera del correntoso
y lodoso río, se perciben las ruinas de color ocre
de una casa de barro y madera.
“Todo lo que poseíamos se lo llevó el
río”, cuenta un cultivador de arroz de 58 años.
La carpa improvisada en primer plano es testigo del pasado
reciente, donde él y su familia tuvieron que refugiarse,
pero hoy posee una sólida casa de ladrillos rojos.
Es una de las 240 viviendas reconstruidas con la ayuda de
la Federación Internacional en Lingxiu, una zona rural
en las aisladas montañas de la provincia de Hunan en
el centro meridional de China, tras las inundaciones y desprendimientos
de tierra registrados en julio de 2006, que dejaron a varios
miles de familias sin techo. En la provincia vecina de Jiangxi,
se han edificado también 60 casas.
Ocho familias residen en esta particular comunidad de nuevas
viviendas, decoradas dentro con paredes de yeso blanco y suelo
de concreto. En comparación con las antiguas casas
de barro y madera, que todavía dominan el paisaje aquí,
estas construcciones ofrecen algo esencial que es la seguridad
y permiten a los beneficiarios darse cuenta del valor de este
tipo de proyecto.
Un paso adelante
Un lugareño cuenta que su madre, en sus 96 años
de vida jamás había presenciado nada igual a
los terribles torrentes de lluvia del año pasado, que
ocasionaron aludes de barro y roca que dejaron aislada la
región. Este fenómeno ocurrió tras el
paso de dos tifones que se abatieron sobre las provincias
costeras surorientales, situadas al sur de esta barrera montañosa.
“El gobierno logró prestar asistencia de emergencia
a la mayoría de las personas afectadas y se encargó
también de evacuar a la gente y proporcionarle ayuda
alimentaria y alojamiento”, señala Qinghui Gu,
delegado regional de gestión de desastres de la Federación
Internacional en Beijing. Pero una evaluación concluyó
que tras la respuesta inicial, “muchas casas se desmoronaron
y la gente se vio obligada a irse sin ninguna ayuda; es muy
difícil para ellas reanudar una vida normal”.
El trabajo de reconstrucción es un paso adelante en
la labor de la Federación Internacional en China, que
hasta ahora estaba centrado en el socorro de emergencia. En
el marco del proyecto piloto, elaborado por la Federación
Internacional y la Cruz Roja China, los habitantes que se
quedaron sin techo recibieron material de construcción
por un valor de 12.000 yuanes (1.500 dólares estadounidenses),
la cantidad de 5.000 yuanes (650 dólares estadounidenses)
como subsidio del gobierno local, así como un crédito
sin intereses de 5.000 yuanes.
Pero algunas familias, según sus necesidades, aún
precisan consumir sumas que oscilan entre 2.000 y 30.000 yuanes
(260 a 3.900 dólares estadounidenses).
Habida cuenta del accidentado terreno y de los escasos fondos
disponibles, la reconstrucción se centró en
una sola aldea rural: Lingxiu, en el condado de Rucheng, donde
predomina la etnia yao y muchas familias se quedaron sin hogar
tras la devastadora catástrofe del verano pasado.
Debido a ello, cientos de familias residentes en las dispersas
localidades de los municipios vecinos se quedaron sin la ayuda
de reconstrucción de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja. El contraste es patente al visitar la montañosa
localidad de Changchun.
Para llegar al caserío de nuevas viviendas, se sube
serpenteando un polvoriento camino, que en temporada de lluvias
es intransitable incluso para un vehículo todo terreno.
Delante de una de ellas, está Wang Genglin, de 40 años.
Su familia es una de las 18 que residen en esta localidad,
cuyas casas rodaron montaña abajo.
Wang Genglin pudo construir su nueva vivienda gracias a la
ayuda proporcionada por el gobierno y el crédito otorgado
sin intereses, y pidiendo un préstamo a sus parientes.
“El gran problema ahora para nosotros es que todos
estamos endeudados”, explica. El sueldo que gana como
cultivador de jengibre no le alcanza para re-embolsar la deuda
en un futuro cercano. Por lo tanto, cuando venga el invierno,
se unirá a la ola de trabajadores migrantes que parte
en busca de mejores posibilidades de trabajo en la vecina
provincia de Guangdong.
Dadas las limitaciones de tiempo y dinero, la casa de Wang
Genglin representa un logro considerable, aunque se ha visto
obligado a sacrificar la calidad. Se trata de una vivienda
hecha de cal en lugar de cemento, las paredes de ladrillo
en el interior están sin revocar y el techo es una
simple lona de color rojo, blanco y azul. No hay agua corriente
y el suministro de luz tiende a cortarse todas las noches.
Una importante donación
En cuanto a sus vecinos, varias casas de ladrillo rojo en
las cercanías han sido construidas por familias damnificadas.
Pero si bien las viviendas construidas con la asistencia de
la Cruz Roja se completaron en un plazo de cuatro meses, estas
viviendas están cerradas y sin terminar. “En
la mayoría de los casos, las personas se quedaron sin
dinero para acabar las obras, no pueden hacer las terminaciones
en el interior, por lo tanto siguen viviendo con parientes”,
explica Xiao Chunying, que dirige la filial de la Cruz Roja
del condado.
Xiao Chunying, una mujer enérgica y llena de vida
de 40 años, también es jefa adjunta del gobierno
del condado, que ha impulsado la ejecución del proyecto.
La forma en que combina sus dos funciones para influir en
los escasos recursos de la zona ejemplifica la manera en que
la Cruz Roja China actúa en el terreno. La organización
comenzó separándose administrativamente del
Ministerio de Salud nacional, tras la promulgación
de una nueva ley en 1993. El proceso se ha completado a nivel
superior, pero se ha realizado parcialmente en los niveles
inferiores y a nivel de base la organización sigue
dependiendo mucho del gobierno. Aun así, la Cruz Roja
China se ha beneficiado de la separación, porque ha
incrementado su capacidad para recaudar sus propios fondos.
El año pasado recolectó numerosas donaciones
a nivel nacional de una importante compañía
petrolera estatal y de uno de los cuatro bancos más
grandes de China; el proceso se ha iniciado de manera más
limitada a nivel local.
“La Cruz Roja China ha venido evolucionando y comienza
a ganar posiciones a medida que el paisaje de la sociedad
civil se va abriendo en el país. La asociación
de la Federación Internacional en los proyectos como
éste puede ayudar a la Sociedad Nacional a encontrar
su lugar en este nuevo entorno”, comenta Alistair Henley,
jefe de la delegación regional de Asia oriental de
la Federación Internacional.
Quizás lo más importante es que los proyectos
de reconstrucción de este tipo son también la
forma más eficaz de optimizar los recursos para lograr
un efecto a más largo plazo. Ante el acelerado crecimiento
de la economía china con un aumento del 11% del producto
interno bruto y las imágenes de rascacielos y trenes
de alta velocidad impresionan a los extranjeros, se ha vuelto
una tarea bastante difícil recaudar fondos a escala
internacional para socorro en China.
En el último decenio, la respuesta a llamamientos
de la Federación Internacional en favor de China ha
acusado descenso constante y el llamamiento año pasado
logró reunir apenas el de su objetivo. Pero si bien
a nivel internacional la percepción de la realidad
es un tanto distorsionada, aquí en montañas
del sur de Hunan, el contexto económico no da lugar
a dudas. Rucheng está oficialmente clasificado el gobierno
como el “condado más pobre” con un ingreso
per cápita anual ronda los 1.200 yuanes (156 dólares
estadounidenses).
Un modelo factible
“El principal causante de nuestra pobreza aquí
es la falta de accesibilidad”, asegura Xiao Chunying.
Es fácil darse cuenta de lo que ella quiere decir tras
haber viajado en vehículo desde la principal ciudad
más cercana de Hunan, Chenzhou, a tres horas de distancia
por un camino lleno de baches. El gobierno central planea
construir una autopista a lo ancho del país a través
del distrito en los próximos tres a cinco años
y añadirá un nuevo enlace ferroviario, medidas
que vigorizarán la economía local aun cuando
se tenga que pagar un precio medioambiental.
Gracias a este proyecto, señala Alistair Henley de
la Federación Internacional, “consideramos que
disponemos de un modelo eficaz que nosotros y nuestros asociados
chinos podemos poner en práctica para ayudar a las
personas más vulnerables a reconstruir sus viviendas
y su vida de manera más duradera”.
| Francis
Markus
Consultor de medios de comunicación radicado
en China.
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