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El desarraigo de los Colombianos

 

Más de 45 años después de su inicio, persiste el conflicto de Colombia, el más largo de los tiempos modernos. No se ha salvado prácticamente nadie de la violencia y a algunas personas no les ha quedado otra solución que la de abandonar su hogar para escapar de las amenazas, del acoso y de otras formas más graves de agresión.

‘‘VIVÍA con mi marido y mis tres hijos en una pequeña parcela que nos había dejado mi suegra. Una tarde escuchamos disparos y nos escondimos debajo de la cama. Cuando se acabó todo salimos para ver lo que había pasado. Hallamos a nuestra vecina, su hijo y el primo de mi marido muertos. No sabíamos quién lo había hecho; al día siguiente decidimos irnos. Perdimos lo poco que poseíamos, pero tenemos mucho miedo y no queremos volver allí”.

Carmen1 es tan sólo uno de los millones de colombianos que han tenido que huir de su tierra por temor a ser matado o perseguido por uno o más de los grupos armados involucrados en el conflicto. En la mayoría de los casos, han tenido que abandonar su hogar en pocas horas, dejando atrás el ganado y sus pertenencias.

En el conflicto de Colombia, originado en la época de la Guerra Fría, durante más de 45 años, diversos grupos armados organizados han combatido entre ellos y contra el Gobierno colombiano. En los últimos tiempos, muchos de estos grupos han entregado las armas en acuerdos negociados con el gobierno, o simplemente se han disuelto, mientras que otros han sobrevivido o vuelto a aparecer. En varias regiones de Colombia, las hostilidades armadas persisten y no dan muestras de aplacarse, lo que ofrece pocas esperanzas a los miles de civiles atrapados en el fuego cruzado.

Las consecuencias en la población civil

Las consecuencias del conflicto de Colombia son calamitosas. Miles de personas han desaparecido y Colombia es hoy uno de los países con el mayor número de desplazados internos en el mundo. Según fuentes fidedignas, de 2 a 3 millones de personas han sido desplazadas desde 1985. En muchos casos, los grupos armados han tomado el control de territorios estratégicos clave o ricos en recursos, forzando a la población local a irse. En otros casos, las personas abandonan su hogar porque han sido amenazadas o sus familiares han sido ejecutados, o porque temen que sus hijos sean obligados a tomar las armas. Con mucha frecuencia también, huyen a un lugar más seguro debido a la intensidad de los combates.

Desde las regiones costeras de la Sierra Nevada hasta las llanuras nororientales del Norte de Santander, pasando por los estados centrales y sureños de Chocó, Antioquia, Cauca y Putumayo, los habitantes han dejado atrás su hogar para asentarse en poblados en decadencia o en las periferias urbanas. La transición de la vida rural a una existencia urbana o semiurbana ha perjudicado a todas estas personas tanto a nivel cultural como socioeconómico. La experiencia en las labores agrícolas de la mayoría de los desplazados internos les es de muy poca utilidad para los trabajos urbanos. Los indígenas y los afrocolombianos, afectados desproporcionadamente por el desplazamiento interno, mantienen fuertes lazos con su tierra, por lo que este desarraigo lo soportan mal. Para colmo, a menudo son acusados de colaborar con el enemigo y se ven obligados a deambular de un lado a otro antes de poder asentarse de forma más permanente.

Los niños y las mujeres son también muy vulnerables a los efectos del desplazamiento. Más de la mitad de todos los civiles desplazados son niños. A menudo los departamentos se ven en la imposibilidad de absorber tal flujo de desplazados que se instalan en su territorio, y a veces los niños deben esperar para tener acceso a los servicios médicos o ir a la escuela. Además, muchas familias desplazadas ven en los niños una fuente de ingresos potencial y prefieren mandarlos a trabajar que a la escuela. En muchos casos, el sustento de estas familias son mujeres solteras, que además de sobrellevar las dificultades diarias están expuestas a la violencia sexual.

El Gobierno colombiano ha intensificado sus esfuerzos para prestar ayuda a la población desplazada por el conflicto. Se han promulgado varias leyes y decretos que favorecen la aplicación de políticas públicas para garantizar los derechos sociales básicos y los derechos individuales de los desplazados internos. En varias ciudades, instituciones públicas y privadas proporcionan información y asesoramiento y, en algunos casos, brindan asistencia. Sin embargo, desde 2005, según cifras facilitadas por el CICR, ha aumentado el número de desplazados internos, y las organizaciones gubernamentales y humanitarias no han podido atender a las abrumadoras necesidades de todos ellos.

Una respuesta contundente

"En Colombia, el CICR desempeña un papel preponderante en la asistencia de emergencia a las personas desplazadas por el conflicto armado. En los últimos diez años, la delegación ha asistido a más de un millón de desplazados."

En los últimos 10 años, la delegación del CICR en Colombia, en colaboración con las entidades públicas y las organizaciones humanitarias, ha adaptado su programa de asistencia a las cambiantes necesidades, facilitando la transición de la asistencia de emergencia a la reconstrucción y al desarrollo. Manuel Duce, delegado del CICR especialista en socorro, insiste en que “dado el bajo número de desplazados internos que vuelve a su hogar, nuestra principal preocupación es lograr que sean autosuficientes económicamente”.

La delegación trabaja estrechamente con Acción Social, institución pública que, entre otras cosas, brinda ayuda a corto y largo plazo a los desplazados, así como con organizaciones de la sociedad civil, organismos gubernamentales y de las Naciones Unidas. En muchos casos, el CICR brinda asistencia durante los tres primeros meses del desplazamiento y hasta seis meses para las familias monoparentales, mientras que Acción Social y los otros servicios públicos completan esta ayuda con iniciativas más sostenibles en el área del alojamiento, la educación y la salud.

En Colombia, el CICR cuenta con cinco subdelegaciones y seis oficinas, situadas estratégicamente en las zonas más afectadas por el conflicto armado. A pesar de este extenso despliegue, el CICR sería incapaz de abarcar la ingente labor sin la valiosa cooperación de la Cruz Roja Colombiana. En las ciudades de Valledupar, Sincelejo, Pereira, Villavicencio y Bucaramanga, las filiales de la Cruz Roja Colombiana tramitan individualmente los casos de los desplazados y les proporcionan alimentos y artículos domésticos según sus necesidades. Cuando ocurren masivos desplazamientos, el CICR trabaja codo a codo con los voluntarios de la Cruz Roja Colombiana para evaluar las necesidades sobre el terreno antes de organizar el transporte y la distribución de asistencia.

El CICR ha iniciado un proyecto piloto que permite a los beneficiarios recibir vales e intercambiarlos en determinadas tiendas por una lista específica de artículos y alimentos. Este sistema favorece también a los mercados locales y contribuye al bienestar general de las comunidades. Si los resultados son concluyentes, este proyecto se extenderá a otras localidades.

El CICR debe continuar haciendo empeño para adoptar medidas preventivas destinadas a contener el flujo de personas desplazadas, manteniendo el diálogo con los actores estatales y no estatales a fin de garantizar un mayor respeto del derecho internacional humanitario.

Yves Heller
Coordinador de Comunicaciones, CICR, Colombia.
(1) Nombre ficticio.


Niños desplazados en Belalcázar, Caldas, Colombia.
©CICR

 

 

 

 


Asociados desde hace muchos años, la Cruz Roja Colombiana y el CICR responden a diario a las necesidades de los desplazados internos en todo el país.
©CICR

 

 


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