Durante
la era soviética, los distritos de Vedeno y de Nojaï-Yurt,
en el sur de Chechenia, se conocían como tranquilos
lugares turísticos. Las laderas boscosas, los ríos
cristalinos, el aire puro de la montaña y la ausencia
casi total de gente cautivaban a los veraneantes que soñaban
con disfrutar de la naturaleza. Hace 15 años, tuve
la suerte de pasar allí unos días con mi familia
en las condiciones espartanas que ofrecía un lugar
turístico cerca del pueblo de Benoï. Algunos preferían
acampar para gozar plenamente los placeres de la vida bucólica,
mientras otros optaban por alojarse en pequeñas cabañas
de madera que ofrecían lo estricto y necesario: catres
de campaña, sábanas marcadas con sellos del
establecimiento, una mesa y dos sillas. Pero no hacía
falta nada más sobre todo porque los veraneantes pasaban
la mayor parte del día al aire libre bañándose
en un riachuelo de montaña o recogiendo bayas del bosque
y champiñones. Al caer la noche, nos reuníamos
alrededor de una fogata.
Jamás hubiera pensado que volvería a ese lugar.
En efecto, dejamos Grozny después del primer conflicto
armado y no volvimos después del segundo. Con mi familia
nos instalamos en Ingushetia, donde construimos una casa y
empezamos de cero. Los años han transcurrido y hoy
trabajo para una organización humanitaria. El destino
me ha llevado de vuelta a Vedeno.
Esta región no se ha salvado de la guerra. Pasando
por la ciudad de Argun, nos dimos cuenta de que las obras
de reconstrucción estaban en pleno auge. A lo largo
de la calle principal, los obreros fijaban los tejados y reparaban
las veredas. En Serjen-Yurt, se observan, en cambio, aún
muchos portales con los impactos de balas y casas abandonadas
y en ruinas.
El objetivo de ir a Vedeno era controlar el proyecto de abastecimiento
de agua potable para la población que el CICR realiza
ahí. En realidad, el CICR ha venido ejecutando un programa
de abastecimiento de agua y mejoramiento de las condiciones
sanitarias en Chechenia desde 1995, pero hasta hace poco tiempo,
todos los esfuerzos estaban centrados en Grozny. Así
pues, en 1995 el CICR instaló una estación de
bombeo que abastecía de agua potable desinfectada con
cloro tanto a la población como a los militares. Los
26 camiones cisterna del CICR iban y venían a través
de la ciudad para llenar los tanques y pozos de agua en las
casas privadas.
“El trabajo fue particularmente duro de 1999 a 2002.
Algunas veces, se repartían más de 1.000 metros
cúbicos de agua por día, y decenas de camiones
cisterna esperaban su turno para llenar los tanques”,
relata el empleado del CICR Oumar Khamidov. “Una sola
vez la estación dejó de funcionar, fue durante
los bombardeos perpetrados en 1999, que duraron ocho meses.
Todo ese período lo pasamos en Ingushetia y, cuando
volvimos, nos quedamos espantados por la magnitud de los daños;
en resumen, hubo que empezar todo de nuevo”.
La estación de bombeo sigue funcionando y a partir
de 2008 el CICR traspasará el proyecto al servicio
de agua de Grozny. Entre tanto se han iniciado proyectos conjuntos
para abastecer de agua a diferentes poblados chechenos como
Aguichty o Tevzana. El CICR suministró todo el material
necesario y las autoridades locales se encargaron de realizar
el trabajo.
El CICR ha puesto en marcha proyectos similares en otros
seis poblados, entre los cuales está Vedeno. Después
de haber cruzado una imponente mezquita flanqueada por dos
minaretes, nos detuvimos delante de la escuela situada muy
cerca, donde las autoridades locales arrendaron unas pequeñas
salas. El jefe de la municipalidad, Mayrbek Younoussov, nos
hizo pasar a su oficina y nos ofreció té. Como
en el pasado, sigue enseñando técnicas de supervivencia
y árabe en una escuela laica al mismo tiempo que oficia
como imán en la mezquita central. Comenzó a
cooperar con el CICR en el marco de un programa pedagógico
destinado a mejorar la seguridad de la población de
las regiones donde las minas representaban un peligro inminente.
“Cerca del pueblo hay una parcela de bosque donde las
vacas pisaban a menudo minas, principalmente minas llamadas
“pétalo”. Para evitar tales accidentes,
decidimos cercar todo el perímetro que considerábamos
peligroso”, explica Mayrbek. El CICR creó también
una zona de juego segura para que los niños pudieran
jugar sin ningún peligro.
En Vedeno, el problema del acceso al agua potable no es nuevo.
El sistema de abastecimiento de agua construido en 1972 está
deteriorado desde hace ya mucho tiempo, pero existen muchísimas
otras fuentes de aprovisionamiento de agua para beber y cocinar.
El proyecto del CICR consiste en instalar tanques para acumular
agua de fuente y tender conductos de plástico. El agua
se extrae, pues, de varias fuentes y alimenta por gravedad
el depósito de almacenamiento. De ahí es canalizada
mediante tubos hasta el pueblo. Se instaló una serie
de grifos en las calles principales para que los habitantes
tengan acceso al agua.
“Las autoridades y los habitantes nos han ayudado mucho”,
asegura Constantin Mikhaïlov, delegado del CICR encargado
del programa de suministro de agua en Chechenia. “Pedimos
a los militares de un destacamento cercano que nos ayudaran
a cavar trincheras para las canalizaciones gracias a su excavadora
especial. Debo confesar que nuestro valioso tubo de pequeño
diámetro lucía bien modesto en la trinchera
de un metro de ancho que habían abierto”.
Nuestro viaje está llegando casi a su fin, y nos sentimos
muy satisfechos de los resultados. Los proyectos van viento
en popa; las autoridades locales y los habitantes cooperan
activamente con el CICR. Los lugareños son muy trabajadores
y hospitalarios: hospitalarios porque los visitantes son muy
poco frecuentes, y trabajadores porque es el único
medio que tienen para sobrevivir. El pueblo ni siquiera tiene
suministro de gas y se pueden observar las reservas de leña
apiladas en las casas.
Me encantaría volver a Vedeno, no en el marco de mi
actividad profesional, sino como turista para tomar agua de
fuente, cocinar en una fogata al aire libre y acampar. Estoy
seguro que tarde o temprano ese momento llegará.
| Ibrahim
Sultygov
Encargado de comunicación sobre el terreno del
CICR en el Cáucaso Septentrional.
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Se han creado muchas zonas de juego seguras como ésta
en Ingushetia, para evitar los accidentes relacionados con
las minas.
©BORIS HEGER / CICR
Agua y hábitat
A fin de mejorar las condiciones de vida de los residentes
y los desplazados internos en Chechenia, Daguestán
e Ingushetia, el CICR proporciona agua potable, saneamiento
y alojamiento. En Chechenia, los proyectos para mejorar
el abastecimiento de agua se iniciaron en el verano
de 2007 en los pueblos de Tza-Vedeno, Zamay-Yurt e Itum-Kale.
Según un acuerdo, el CICR suministra todos los
materiales y la administración de los pueblos
se encarga de supervisar las obras de construcción.
El CICR apoya también las actividades comunitarias
como el mantenimiento del sistema de agua en el edificio
en el que está situada la filial chechena de
la sociedad rusa de sordos y en la escuela de párvulos
ubicada en Gordali, en la región de Gudermes. |

Un vehículo del CICR entrado a Vedeno, Chechenia, Federación
de Rusia.
©CICR
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