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Tierra de paso y de conquista en el
corazón de Asia central, por donde han cruzado, a lo
largo de la historia, las caravanas de la ruta de la seda,
así como los ejércitos de Alejandro Magno y
los de Gengis Khan y Tamerlán, Afganistán sabe
lo que es la violencia y la inestabilidad.
En este país convulsionado por
la guerra desde 1979, el pueblo afgano soporta terribles sufrimientos.
Kabul, la capital, ha quedado prácticamente en ruinas,
así como la mayor parte de su infraestructura y de
su industria. Desde la caída de los talibanes en 2001,
en particular desde hace dos años, el conflicto en
Afganistán no ha cesado de intensificarse y ganar terreno.
Las primeras víctimas son los civiles afganos, que
soportan a diario los efectos de la violencia –atentados
suicidas, ataques aéreos, inseguridad generalizada–,
agravada a veces por catástrofes naturales, como inundaciones,
sequías y terremotos.
La amplitud de las necesidades trasciende
de las cifras. Establecido en el país a través
de una sólida red de empleados nacionales y expatriados,
el CICR es uno de los pocos actores humanitarios que ha mantenido
una presencia ininterrumpida en Afganistán.
En el plano médico, la asistencia
quirúrgica y ortopédica, así como el
apoyo a las estructuras sanitarias figuran entre las prioridades.
Desde 1988, el CICR presta servicios ortopédicos y
de rehabilitación para las personas físicamente
discapacitadas, ya sea debido a las minas terrestres o a alguna
deficiencia motora. Una vez terminada la readaptación,
dichas personas pueden continuar viviendo sin depender de
los demás gracias a los programas de microcrédito
y préstamo que se les ofrece.
La Media Luna Roja Afgana, asociado
esencial del CICR, cuenta con unos 10.000 voluntarios capacitados
para prestar primeros auxilios y atención médica
en las zonas más remotas, sobre todo en las 16 provincias
más estragadas por la guerra.
Los combates hacen que la población
civil se desplace. En esos casos, el CICR, en colaboración
con la Media Luna Roja Afgana, brinda asistencia alimentaria
y material a los desplazados.
Los delegados del CICR visitan con
regularidad a las personas que, debido al conflicto o a otras
situaciones de violencia, han sido detenidas por las autoridades
afganas u otras fuerzas armadas, tales como las de los Estados
Unidos o la OTAN. Además de proporcionarles protección
y asistencia material, el CICR facilita el contacto entre
los detenidos y sus familiares mediante el intercambio de
mensajes de Cruz Roja, con el respaldo de la Sociedad Nacional
afgana.
El tiempo transcurre y la situación
sigue empeorando. Para el pueblo afgano, ello implica más
sufrimiento. Para las organizaciones humanitarias, las condiciones
de trabajo son cada vez más arriesgadas, especialmente
para el CICR, cuyo principal obstáculo es procurar
que todas las partes en el conflicto lo acepten como actor
humanitario neutral e independiente con un solo objetivo:
proteger y socorrer a las víctimas del conflicto
Jean-François
Berger
Redactor para el CICR de Cruz Roja, Media Luna Roja |
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