¿Cuáles
son las armas más comunes que quedan tras el cese de
un conflicto y qué repercusiones tienen en la población?
¿Qué dice, por ejemplo, el derecho internacional
humanitario sobre las minas terrestres, las municiones de
racimo y las bombas dispersas en los caminos? ¿Y qué
tipo de actividades puede llevar a cabo el Movimiento para
reducir los efectos en los entornos contaminados por armas?
Estas son algunas de las preguntas que examinó un
grupo de unos 20 participantes en el nuevo curso de formación
del CICR en materia de contaminación por armas, organizado
en Nairobi en octubre de 2007. Entre los participantes había
responsables superiores y especialistas del CICR de muy diversos
ámbitos, lo que refleja la índole multidisciplinaria
de as actividades del CICR para mitigar los efectos de la
contaminación por armas en a población.
“El principal objetivo de este curso destinado a los
responsables y encargados de tomar decisiones del CICR es
alcanzar un nivel básico pero preciso de comprensión
del problema relacionado con la contaminación por armas”,
explica Ben Lark, jefe de la Unidad de Contaminación
por Armas del CICR en Ginebra y director del curso. “A
la larga, deseamos movilizar y apoyar al Movimiento para contribuir
de manera eficaz a reducir las repercusiones de las armas
que siguen matando y mutilando mucho después de terminado
un conflicto.”
Restos explosivos de guerra
La acción humanitaria internacional contra las minas
es un sector relativamente nuevo, que se crea tras el conflicto
en Afganistán a fines de los años ochenta. Tal
como explica Lark, las actividades relativas a las minas se
han limitado tradicionalmente al desminado y a la sensibilización
acerca del problema de estas armas. “El término
‘acción contra las minas’ es bastante limitado
y en muchos aspectos se ha vuelto obsoleto y restrictivo”,
señala. “El CICR trascendiendo este concepto
comenzó a utilizar la expresión “contaminación
por armas” para describir con más exactitud las
secuelas dejadas por un conflicto armado”, precisa Lark.
“Para resolver el problema, es esencial un enfoque innovador
flexible, no es conveniente restringirse sólo a la
sensibilización y al desminado.”
Si bien el sector de las actividades relativas a las minas
se creó a causa de las minas terrestres, siempre ha
quedado claro que en el terreno estas armas son sólo
una vertiente de un problema mucho más amplio. Los
conflictos armados dejan tras de sí una gran variedad
de “restos explosivos de guerra” como morteros,
proyectiles, granadas, municiones de racimo y diversos otros
artefactos abandonados o sin estallar.
Este legado letal no sólo continúa causando
muertes y graves heridas, también bloquea el acceso
a los bienes y servicios esenciales, merma la actividad económica
e impide la reconciliación.
En Camboya, por ejemplo, los artefactos sin estallar siguen
cobrándose víctimas. Angola es tan sólo
uno de los ejemplos de países donde la abundancia de
minas terrestres ha constituido un serio obstáculo
para que los civiles desplazados regresen a su hogar. En los
Balcanes, las granadas de mano continúan mutilando
y matando a niños que las recogen por sus formas llamativas.
Y 30 años después de terminado el conflicto
en Laos, las municiones de racimo siguen matando o hiriendo
con regularidad a los campesinos que aran sus campos. Éstos
son tan sólo algunos ejemplos de una lista larga y
deprimente.
“Pero decirle a alguien simplemente que se mantenga
alejado de las minas terrestres y de los restos explosivos
de guerra no impedirá que las personas resulten muertas
o heridas”, arguye Lark. “Mucha gente se ve efectivamente
obligada a tomar riesgos para satisfacer sus necesidades básicas”.
La contaminación debería considerarse sólo
como una de las diversas fuentes de vulnerabilidad durante
o después de un conflicto armado, insiste Lark. “Es
aquí donde interviene el CICR”, asegura. “El
CICR no es una organización dedicada a las actividades
relativas a las minas, sino una organización cuyo cometido
es proteger a los civiles de los efectos de los conflictos
armados e incluye cuestiones relacionadas con la contaminación
por armas.”
A lo largo del decenio pasado, el CICR se convirtió
en un actor principal en el ámbito de la acción
contra las minas mediante su labor de asistencia a las víctimas,
la promoción de las normas internacionales como el
Tratado de Ottawa y la Convención sobre Ciertas Armas
Convencionales, así como por la realización
de actividades para prevenir las heridas y reducir las repercusiones
socioeconómicas.
A fin de aprovechar esta experiencia, la dirección
del CICR aprobó en 2005 un nuevo marco operacional
para la acción preventiva contra las minas.
“La acción contra las minas, como solíamos
llamarla, no es una actividad aislada”, explica Lark.
“La finalidad del nuevo marco es ofrecer un enfoque
flexible y fácil de asimilar centrado en soluciones,
que integra las aptitudes de especialistas en el tema a una
serie de ámbitos.” Estos pueden incluir agua
y hábitat, seguridad económica, cooperación,
comunicación, protección y actividades jurídicas,
según sea el caso.
En algunos contextos, es posible que el CICR tenga que desplegar
su capacidad de respuesta rápida para verificar y eliminar
las amenazas inmediatas para la vida y la infraestructura
a fin de que proseguir su propia acción o la del Movimiento.
En 2007, el CICR firmó acuerdos de respuesta rápida
con el Organismo de Servicios de Salvamento de Suecia y la
Cruz Roja Noruega, mediante los cuales se despliega a personal
capacitado bajo la dirección del CICR en un lapso de
72 horas.
El saber local
Además de llevar a cabo una acción directa,
el CICR ha asumido el papel principal dentro del Movimiento
en la cuestión de la contaminación por armas
y se encarga, por lo tanto, de velar por que los asociados
del Movimiento puedan planear y desplegar actividades. El
enfoque preferido de la organización es colaborar con
la Sociedad Nacional en su propio país por sus conocimientos
y redes locales y el compromiso común con los mismos
principios. De hecho, el 90% de los programas del CICR en
materia de contaminación por armas se basan en la cooperación
y el fortalecimiento de la capacidad.
Gracias a sus redes comunitarias, las Sociedades Nacionales
ocupan un lugar idóneo para recabar datos necesarios
para las actividades relacionadas con la contaminación
por armas. En Afganistán y Camboya por ejemplo, las
Sociedades Nacionales se encargan de recopilar la mayor parte
de todos los datos sobre los accidentes con minas. Ello permite
a las organizaciones dedicadas a la acción contra las
minas en esos países planificar y priorizar las actividades
relativas al desminado y otras actividades conexas. Al mismo
tiempo, el CICR prestará apoyo para desarrollar la
capacidad de las autoridades nacionales, cuando proceda.
Dado que las minas y los restos explosivos de guerra suelen
impedir el acceso a los bienes básicos, el CICR intenta
ofrecer alternativas seguras que protejan a la población
hasta que la zona sea limpiada. En este caso también,
la Sociedad Nacional tiene un papel importante que desempeñar.
Las Sociedades Nacionales camboyana y tayik, por ejemplo,
están ofreciendo microsubsidios para reducir los riesgos
que se toman debido a la necesidad económica. Con el
respaldo del CICR y del Movimiento, las Sociedades Nacionales
de Azerbaiyán y Croacia, entre otras, han construido
zonas seguras para los niños que viven en zonas contaminadas.
Mediante sus redes únicas, las Sociedades Nacionales
también se preocupan por mostrar las zonas peligrosas
y promover un comportamiento menos arriesgado. Angola y Colombia
son tan sólo algunos de los ejemplos donde las Sociedades
Nacionales son actores clave en la educación sobre
el riesgo que conllevan las minas.
“Esperamos que este nuevo curso de formación
contribuya a dar el impulso necesario para integrar efectivamente
la cuestión de la contaminación por armas al
Movimiento”, añade Lark.
Además del curso de formación bianual
en Nairobi, el CICR también organiza cursos especiales
y de capacitación en materia de respuesta rápida
para asesores regionales.”
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Claudia McGoldrick
Redactora principal y encargada de Relaciones Públicas
del CICR en Ginebra.
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