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Algo más que la acción contra las minas

La posición del Movimiento ante la Contaminación por armas

 

UNO de los resultados de la XXX Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es una resolución que contiene un llamamiento a los Estados para que potencien la protección de los civiles contra el uso indiscriminado y los efectos de las armas y municiones, haciendo hincapié en la necesidad de abordar las consecuencias que tienen en el ámbito humanitario los restos explosivos de guerra y las municiones de racimo. Aparte de la labor en el frente normativo, el Movimiento está luchando para reducir mediante sus operaciones las consecuencias humanitarias que conlleva la contaminación por armas.

¿Cuáles son las armas más comunes que quedan tras el cese de un conflicto y qué repercusiones tienen en la población? ¿Qué dice, por ejemplo, el derecho internacional humanitario sobre las minas terrestres, las municiones de racimo y las bombas dispersas en los caminos? ¿Y qué tipo de actividades puede llevar a cabo el Movimiento para reducir los efectos en los entornos contaminados por armas?

Estas son algunas de las preguntas que examinó un grupo de unos 20 participantes en el nuevo curso de formación del CICR en materia de contaminación por armas, organizado en Nairobi en octubre de 2007. Entre los participantes había responsables superiores y especialistas del CICR de muy diversos ámbitos, lo que refleja la índole multidisciplinaria de as actividades del CICR para mitigar los efectos de la contaminación por armas en a población.

“El principal objetivo de este curso destinado a los responsables y encargados de tomar decisiones del CICR es alcanzar un nivel básico pero preciso de comprensión del problema relacionado con la contaminación por armas”, explica Ben Lark, jefe de la Unidad de Contaminación por Armas del CICR en Ginebra y director del curso. “A la larga, deseamos movilizar y apoyar al Movimiento para contribuir de manera eficaz a reducir las repercusiones de las armas que siguen matando y mutilando mucho después de terminado un conflicto.”

Restos explosivos de guerra

La acción humanitaria internacional contra las minas es un sector relativamente nuevo, que se crea tras el conflicto en Afganistán a fines de los años ochenta. Tal como explica Lark, las actividades relativas a las minas se han limitado tradicionalmente al desminado y a la sensibilización acerca del problema de estas armas. “El término ‘acción contra las minas’ es bastante limitado y en muchos aspectos se ha vuelto obsoleto y restrictivo”, señala. “El CICR trascendiendo este concepto comenzó a utilizar la expresión “contaminación por armas” para describir con más exactitud las secuelas dejadas por un conflicto armado”, precisa Lark. “Para resolver el problema, es esencial un enfoque innovador flexible, no es conveniente restringirse sólo a la sensibilización y al desminado.”

Si bien el sector de las actividades relativas a las minas se creó a causa de las minas terrestres, siempre ha quedado claro que en el terreno estas armas son sólo una vertiente de un problema mucho más amplio. Los conflictos armados dejan tras de sí una gran variedad de “restos explosivos de guerra” como morteros, proyectiles, granadas, municiones de racimo y diversos otros artefactos abandonados o sin estallar.

Este legado letal no sólo continúa causando muertes y graves heridas, también bloquea el acceso a los bienes y servicios esenciales, merma la actividad económica e impide la reconciliación.

En Camboya, por ejemplo, los artefactos sin estallar siguen cobrándose víctimas. Angola es tan sólo uno de los ejemplos de países donde la abundancia de minas terrestres ha constituido un serio obstáculo para que los civiles desplazados regresen a su hogar. En los Balcanes, las granadas de mano continúan mutilando y matando a niños que las recogen por sus formas llamativas. Y 30 años después de terminado el conflicto en Laos, las municiones de racimo siguen matando o hiriendo con regularidad a los campesinos que aran sus campos. Éstos son tan sólo algunos ejemplos de una lista larga y deprimente.

“Pero decirle a alguien simplemente que se mantenga alejado de las minas terrestres y de los restos explosivos de guerra no impedirá que las personas resulten muertas o heridas”, arguye Lark. “Mucha gente se ve efectivamente obligada a tomar riesgos para satisfacer sus necesidades básicas”.

La contaminación debería considerarse sólo como una de las diversas fuentes de vulnerabilidad durante o después de un conflicto armado, insiste Lark. “Es aquí donde interviene el CICR”, asegura. “El CICR no es una organización dedicada a las actividades relativas a las minas, sino una organización cuyo cometido es proteger a los civiles de los efectos de los conflictos armados e incluye cuestiones relacionadas con la contaminación por armas.”

A lo largo del decenio pasado, el CICR se convirtió en un actor principal en el ámbito de la acción contra las minas mediante su labor de asistencia a las víctimas, la promoción de las normas internacionales como el Tratado de Ottawa y la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, así como por la realización de actividades para prevenir las heridas y reducir las repercusiones socioeconómicas.

A fin de aprovechar esta experiencia, la dirección del CICR aprobó en 2005 un nuevo marco operacional para la acción preventiva contra las minas.

“La acción contra las minas, como solíamos llamarla, no es una actividad aislada”, explica Lark. “La finalidad del nuevo marco es ofrecer un enfoque flexible y fácil de asimilar centrado en soluciones, que integra las aptitudes de especialistas en el tema a una serie de ámbitos.” Estos pueden incluir agua y hábitat, seguridad económica, cooperación, comunicación, protección y actividades jurídicas, según sea el caso.

En algunos contextos, es posible que el CICR tenga que desplegar su capacidad de respuesta rápida para verificar y eliminar las amenazas inmediatas para la vida y la infraestructura a fin de que proseguir su propia acción o la del Movimiento. En 2007, el CICR firmó acuerdos de respuesta rápida con el Organismo de Servicios de Salvamento de Suecia y la Cruz Roja Noruega, mediante los cuales se despliega a personal capacitado bajo la dirección del CICR en un lapso de 72 horas.

El saber local

Además de llevar a cabo una acción directa, el CICR ha asumido el papel principal dentro del Movimiento en la cuestión de la contaminación por armas y se encarga, por lo tanto, de velar por que los asociados del Movimiento puedan planear y desplegar actividades. El enfoque preferido de la organización es colaborar con la Sociedad Nacional en su propio país por sus conocimientos y redes locales y el compromiso común con los mismos principios. De hecho, el 90% de los programas del CICR en materia de contaminación por armas se basan en la cooperación y el fortalecimiento de la capacidad.

Gracias a sus redes comunitarias, las Sociedades Nacionales ocupan un lugar idóneo para recabar datos necesarios para las actividades relacionadas con la contaminación por armas. En Afganistán y Camboya por ejemplo, las Sociedades Nacionales se encargan de recopilar la mayor parte de todos los datos sobre los accidentes con minas. Ello permite a las organizaciones dedicadas a la acción contra las minas en esos países planificar y priorizar las actividades relativas al desminado y otras actividades conexas. Al mismo tiempo, el CICR prestará apoyo para desarrollar la capacidad de las autoridades nacionales, cuando proceda.

Dado que las minas y los restos explosivos de guerra suelen impedir el acceso a los bienes básicos, el CICR intenta ofrecer alternativas seguras que protejan a la población hasta que la zona sea limpiada. En este caso también, la Sociedad Nacional tiene un papel importante que desempeñar. Las Sociedades Nacionales camboyana y tayik, por ejemplo, están ofreciendo microsubsidios para reducir los riesgos que se toman debido a la necesidad económica. Con el respaldo del CICR y del Movimiento, las Sociedades Nacionales de Azerbaiyán y Croacia, entre otras, han construido zonas seguras para los niños que viven en zonas contaminadas.

Mediante sus redes únicas, las Sociedades Nacionales también se preocupan por mostrar las zonas peligrosas y promover un comportamiento menos arriesgado. Angola y Colombia son tan sólo algunos de los ejemplos donde las Sociedades Nacionales son actores clave en la educación sobre el riesgo que conllevan las minas.

“Esperamos que este nuevo curso de formación contribuya a dar el impulso necesario para integrar efectivamente la cuestión de la contaminación por armas al Movimiento”, añade Lark.

Además del curso de formación bianual
en Nairobi, el CICR también organiza cursos especiales y de capacitación en materia de respuesta rápida para asesores regionales.”


Claudia McGoldrick
Redactora principal y encargada de Relaciones Públicas del CICR en Ginebra.

 


Voluntarios de la Media Luna Roja Afgana en Dako instruyen a estudiantes acerca de los peligros de las minas terrestres y otros dispositivos explosivos.
©MARKO KOKIC / CICR

 

 

 

 

 


Ben Lark del CICR con participantes del curso de formación de Nairobi sobre la contaminación por armas nuevas.
©MARKO KOKIC / CICR

 

 

 

 

 

 

 


Sensibilización sobre el problema de las minas para niños en Nicaragua.
©MARKO KOKIC / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


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