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El lema aprobado para la XXX Conferencia Internacional “Juntos
por la humanidad” fue una excelente elección.
A lo largo de todo el evento el tema predominante fue la colaboración.
La Conferencia es un evento que se distingue porque reúne
a los Estados y a la mayor red humanitaria del mundo. Esto
determina que los temas políticos influyan en muchos
debates. Pero esta vez fue distinto.
La Presidenta de la Conferencia, Mandisa Kalako-Williams,
Presidenta de la Cruz Roja Sudafricana, recordó desde
un comienzo a todos los delegados que evitaran las controversias
de índole política; su principal objetivo eran
las personas vulnerables en todo el mundo. No obstante, ellos
sentían una gran presión dada la importancia
mundial de muchos de los temas tratados en el orden del día.
La Conferencia se concentró en las consecuencias humanitarias
de los cuatro grandes problemas que enfrenta el mundo: la
degradación ambiental y el cambio climático;
la migración internacional; la violencia, particularmente
en contextos urbanos, y el brote y recurrencia de enfermedades
y otros problemas en el ámbito de la salud pública.
En la declaración final se reconoce que estas cuestiones
requieren la creación de asociaciones y una “acción
colectiva” por parte de la comunidad internacional,
pues ni los Estados ni las organizaciones pueden enfrentarlas
por sí solos.
El Dr. Asha-Rose Migiro, subsecretario general de las Naciones
Unidas, puso de relieve la asociación entre la Federación
y las Naciones Unidas para movilizar a los voluntarios, desarrollar
la salud pública mundial y promover la reducción
del riesgo de los desastres.
“Los más pobres entre los pobres”
Hubo un amplio debate sobre los cuatro temas principales
en la sesión plenaria, las comisiones especializadas,
los talleres y los eventos paralelos, así como en el
comité de redacción presidido por el embajador
Masood Khan de Pakistán.
Por primera vez la Conferencia celebraba un debate tan pormenorizado
sobre las consecuencias humanitarias de la degradación
ambiental y del cambio climático. Ambos problemas contribuyen
a aumentar la pobreza, la migración, los riesgos de
salud, así como las situaciones de violencia y de conflicto.
Los más afectados son los más pobres entre los
pobres. Los participantes en la Conferencia se comprometieron
a integrar la degradación ambiental y la adaptación
al cambio climático en las políticas de reducción
del riesgo y de gestión de desastres.
En los debates en la Asamblea General de la Federación
Internacional y en la Conferencia sobre la migración
internacional, se reconocieron los beneficios de la migración,
así como las consecuencias humanitarias para las personas
afectadas. Se estableció claramente el papel de los
gobiernos en la lucha contra la explotación y la trata
de personas y la mejora de la protección legal, pero
también se puso énfasis en la función
del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, particularmente
en la labor que desempeña en el restablecimiento del
contacto entre familiares y las visitas a los inmigrantes
detenidos.
En la declaración final, la Conferencia reconoce que
la violencia es una de las causas principales de muertes,
lesiones y sufrimientos en el mundo que se pueden evitar.
Se expresó particular preocupación por los efectos
de la violencia urbana. Los delegados reconocieron que los
Estados tienen la responsabilidad de adoptar políticas
y marcos jurídicos para prevenir y mitigar esa violencia,
incluyendo la violencia armada urbana entre grupos organizados.
Los problemas de salud pública no son un tema nuevo
para la Cruz Roja y la Media Luna Roja. La Conferencia decidió
velar por que la salud pública forme parte integrante
de la gestión de desastres y enfrentar las enfermedades
nuevas y recurrentes. Los delegados se comprometieron a consolidar
los sistemas de salud, movilizar a los voluntarios y salvaguardar
el derecho de todas las personas necesitadas a tener acceso
a los servicios médicos.
Respeto de los civiles
Los civiles siguen siendo los que más sufren en los
conflictos armados y son las principales víctimas de
violaciones del derecho internacional humanitario (DIH). Por
esta razón, la Conferencia aprobó una resolución
en la que, en enérgicos términos, se pide el
respeto por la vida y la dignidad de las personas en los conflictos
armados. Se condenan los ataques contra los bienes civiles
(hospitales, escuelas, viviendas) y las personas civiles que
no toman parte directamente en las hostilidades, entre ellos
el personal humanitario, los periodistas y otros profesionales
de los medios de comunicación.
Conscientes de que lo esencial es velar por el respeto del
derecho, los delegados incluyeron en la resolución
una reafirmación de las garantías fundamentales
establecidas por el DIH.
Al mismo tiempo que se reafirman los principios de distinción
y proporcionalidad en la conducción de las hostilidades,
en la resolución se reconoce la necesidad de “resolver
las repercusiones de índole humanitaria de los restos
explosivos de guerra y de las municiones de racimo”.
Una asociación muy concreta
En el debate sobre la especificidad de la Cruz Roja y de
la Media Luna Roja y la función de las Sociedades Nacionales
como auxiliares de los poderes públicos, se puso de
relieve la necesidad de equilibrar y aclarar dicha relación.
La Conferencia aprobó una resolución en la que
se especifican las ventajas que brinda la asociación
tanto a los gobiernos como a las Sociedades Nacionales. Asimismo
se solicita a los Estados que cesen de pedir a las Sociedades
Nacionales que actúen al margen de su mandato o que
emprendan tareas que sean incompatibles con los Principios
Fundamentales del Movimiento.
La Conferencia pidió a la Federación Internacional
y al CICR que sigan prestando asesoramiento jurídico,
elaborando directrices y recopilando mejores prácticas
para apoyar las asociaciones entre Sociedades Nacionales y
autoridades públicas.
Lentos avances
Uno de los asuntos que podría haber causado dificultades
en la XXX Conferencia Internacional fue el informe del supervisor
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sobre la aplicación
del Memorando de Entendimiento de 2005 suscrito por el Magen
David Adom de Israel (MDA) y la Media Luna Roja Palestina
(MLRP).
El supervisor, Pär Stenbäck de Finlandia, encomió
los esfuerzos de ambas Sociedades Nacionales en su informe
presentado al Consejo de Delegados, pero observó los
problemas que plantea la aplicación cabal del acuerdo.
En particular, se refirió a las cinco ambulancias
de la MLRP que seguían estacionadas en Jerusalén
oriental y las dificultades que enfrentaban las ambulancias
de la MLRP en los puntos de control, lo que ha dado lugar
a casos trágicos, incluso la pérdida de vidas.
Instó al Gobierno israelí a que actuara con
urgencia en esos asuntos.
Tras registrarse un avance, durante la presentación
del informe a la Conferencia Internacional se supo del despliegue
de las cinco ambulancias de la MLRP en Jerusalén oriental.
Pese a las conocidas diferencias, las discusiones sobre un
proyecto de resolución se enfocaron en la realidad
humanitaria y se dejaron de lado las posturas políticas.
La resolución aprobada por consenso apunta a fortalecer
el proceso de seguimiento y presentación de informes.
Las promesas que realizan los participantes, individual o
colectivamente, para los cuatro años venideros, son
ya una tradición de la Conferencia Internacional. Las
promesas expresan la colaboración en el trabajo. En
total, 71 gobiernos, 121 Sociedades Nacionales, la Federación
Internacional, el CICR y tres observadores hicieron promesas.
El presidente del CICR, Jakob Kellenberger, y el presidente
de la Federación, Juan Manuel Suárez del Toro,
firmaron una promesa conjunta sobre la nueva estrategia para
el Movimiento relativa al restablecimiento del contacto entre
familiares.
De las palabras a la acción
En su discurso de apertura de la Conferencia, el Presidente
de la Comisión Permanente, Dr. Mohammed Al-Hadid, afirmó
que lo esencial es trabajar juntos. La Conferencia dio muestras
de un real avance con respecto a la idea de las asociaciones
humanitarias. Para muchos delegados, fue una de las conferencias
mejores y más concretas de las últimas décadas.
Pero lo que cuenta es lo que se hará después.
“Nuestra tarea no se acaba aquí”, aseguró.
Las palabras, tanto escritas como orales, son el resultado
natural de las conferencias, pero tanto los Estados como las
Sociedades Nacionales tuvieron que partir de Ginebra con la
determinación de que deben llevar a la práctica
esas palabras a fin de mejorar la vida de millones de personas.
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