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‘‘No he sabido nada de mi hija de 13 años
desde que ocurrió el terremoto y no sé si está
viva o muerta”, dice Yang Mingyuan. Su rostro, extrañamente
tranquilo, parece como desconectado de sus emociones.
Yang dejó sus datos a los voluntarios en un despacho
para personas desaparecidas instalado en un estadio de Mianyang,
ciudad de Sichuan, donde se alberga a más de 10.000
damnificados. Unos 5 millones de personas se quedaron sin
techo tras el terremoto de 7,8 grados de magnitud en la escala
de Richter, registrado el pasado 12 de mayo. Las autoridades
calculan que el número de muertos ascenderá
a 80.000.
Ha buscado a su hija por todas partes incluso en un hospital,
donde se atendía a una paciente con el mismo nombre,
pero hasta ahora no ha tenido éxito.
“Es lo bastante grande como para saber que la estamos
buscando y qué hacer para ponerse en contacto con nosotros”,
comenta.
Cada día cientos de personas tratan de obtener noticias
de sus familiares desaparecidos mediante la red de voluntarios,
colocando avisos y difundiendo mensajes.
Bajo un agotador calor de la tarde en el estadio, un voluntario
de la Cruz Roja China se apresura a fin de organizar el transporte
para un padre que ha encontrado, según dice, el paradero
de su hijo y desea llevarlo hasta él lo antes posible.
Equipos de expertos de la Cruz Roja China están capacitando
a grupos de voluntarios para prestar apoyo psicosocial entre
los sobrevivientes. Entre las técnicas enseñadas
figuran las adaptadas a la cultura y las costumbres chinas
tales como los ejercicios de respiración tai chi.
“Es normal en una situación como ésta
que a la gente le cueste sobrellevar lo que siente”,
observa Amgaa Oyungerel, delegada regional de salud de la
Federación Internacional. “A veces la gente sólo
necesita desahogarse, tener a alguien que los reconforte y
los ayude a aliviar el estrés y el temor a lo desconocido.”
Las continuas réplicas y la amenaza de inundaciones
y desprendimientos de tierra aumentan las preocupaciones de
los sobrevivientes.
El personal y los voluntarios de la Cruz Roja han estado
trabajando sin descanso día y noche proporcionando
asistencia básica, atención médica y
albergue. Son apoyados por expertos en desastres y en agua
y saneamiento de la Federación Internacional. que hizo
un llamamiento por valor de 92,7 millones de dólares
estadounidenses para apoyar un programa trienal destinado
a ayudar a unas 500.000 personas. Los esfuerzos se concentrarán
en la construcción de centros de salud y escuelas.
Xiao Wei, de 16 años, quiere ser ingeniero desde que
era niño y jugaba con ladrillos de madera. Tras el
terremoto, la idea se ha reforzado aún más.
“Espero que, si todas estas ciudades y pueblos han
de reconstruirse después del terremoto, sean planeadas
de manera diferente con más espacios abiertos y edificios
menos altos”, dice mientras se sienta junto con su familia
en una tienda de campaña a lo largo de una autopista.
El apartamento donde vivía Xiao Wei con sus padres
no quedó completamente destruido pero no era seguro
para vivir. Sin embargo, han tenido más suerte que
las demás personas del lugar, como su tía Yang
Yunju, cuyo apartamento fue destruido y su hija, herida en
el terremoto, es atendida en una tienda de campaña
cercana convertida en puesto de socorro, establecido por los
médicos de la Cruz Roja en la provincia vecina de Hunan.
El equipo compuesto por 30 personas es una de las varias unidades
de la Cruz Roja que afluyeron de otras zonas de China.
Los ojos de Xiao Wei reflejan un profundo sentimiento de
pérdida. “Me siento triste por mi ciudad y por
la muerte de tantas personas”, dice.
| Francis
Markus
Responsable de comunicación de la Federación
Internacional.
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