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Poner fin a la Violencia
en Sudáfrica

 

Jóvenes voluntarios sudafricanos toman posición con respecto a la violencia contra los trabajadores extranjeros en la llamada “nación del arco iris”.

Tsotang Sethabela recuerda el primer día de violencia ocurrido en mayo en el municipio de Thokoza. “Me encontraba en casa y escuché cuando a un grupo de extranjeros, entre los que había algunos sudafricanos, los golpearon, les robaron y los desalojaron de sus casas. A algunas casas las prendieron fuego”, relata un voluntario de Gauteng. “Me llamaron para que informara a la oficina de la Cruz Roja en Germiston”, un municipio de Johannesburgo, una de las principales ciudades de Sudáfrica.

La situación era grave. En la provincia de Gauteng, más de 60 personas fueron asesinadas y decenas resultaron heridas. Más de 35.000 personas se quedaron sin hogar después de que unas hordas quemaron y saquearon las casas que pertenecían a los extranjeros, muchos de ellos migrantes de países como la República Democrática del Congo, Etiopía, Mozambique, Somalia y Zimbabwe. En la provincia KwaZulu Natal, más de 1.800 personas sin hogar fueron albergadas en 10 comisarías de policía y en salas comunitarias pertenecientes a 19 organizaciones religiosas. En la provincia del Cabo Occidental, unas 13.000 personas fueron desplazadas cuando la violencia se apoderó de la ciudad costera.

Miedo y trauma

En las tres provincias, la Cruz Roja Sudafricana formó parte del comité de operaciones conjunto que se encargó de la crisis.

Tsotang Sethabela cuenta que centenas de personas huyeron de sus hogares y buscaron refugio en el auditorio local. Visitamos los locales a fin de evaluar las necesidades de las personas desplazadas, cuyo número ascendió a medida que los trabajadores se percataban de que sus casas habían sido saqueadas y destruidas.

Sethabela señaló que él y su equipo de voluntarios ayudaron a distribuir mantas y paquetes con alimentos a las personas vulnerables. Trabajaron durísimo pero estaban satisfechos por la labor solidaria cumplida.

“Inicialmente los desplazados temían a los habitantes de los municipios. No estaban seguros de si los iban a atacar. Pero hablamos a menudo con ellos para que pudieran tener nuevamente confianza en nosotros. También se dieron cuenta de que siempre estábamos dispuestos a ayudarlos. Terminamos siendo sus amigos”.

Los voluntarios de la Cruz Roja Sudafricana se encargaron de distribuir alimentos, utensilios de cocina y paquetes con alimentos esenciales para las personas que regresaban a su país de origen y prestar apoyo psicosocial.

El CICR y la Federación Internacional capacitaron a los voluntarios en el uso de tarjetas de racionamiento, gestión de depósitos, logística y control de las reservas. El CICR proporcionó también 15.000 mantas y 2.000 encerados. La respuesta del público fue conmovedora. Particulares, empresas e instituciones donaron más de 1,8 millones de dólares estadounidenses a la Cruz Roja Sudafricana.

Nompumelelo Dludla, de 24 años, estudiante de gestión de relaciones públicas en la Universidad de Tecnología de Durban, suspendió sus estudios para poder prestar servicios voluntarios durante dos semanas en Durban en la cocina central y luego encargarse de recoger y distribuir los donativos.

Al comienzo quedó realmente muy impactada por la violencia. “Cuesta creer que tales cosas puedan suceder en nuestra llamada “nación del arco iris”. Durante los primeros días de la violencia, le conmovieron los rostros tristes de los desplazados. “Pero con el correr de los días, comenzaron a sonreír. Estaban contentos de recibir la ayuda que les brindábamos, aunque el dolor de que los hubieran echado sin ningún respeto de su casa no podía desaparecer.” La motivó el hecho de que muchas personas no apoyaban la violencia.

Gente buena

Aprendí mucho sobre la compasión humana a través de esas experiencias. También me mostraron que en nuestro país hay mucha gente buena”.

Nompumelelo Dludla dice que espera que la situación pueda resolverse rápidamente. “Es muy importante que los sudafricanos aprendan a convivir con personas de otras nacionalidades. Pronto organizaremos la Copa Mundial de Fútbol 2010, a la que acudirán personas de todo el mundo. Es esencial que hagamos de este evento un rotundo éxito para todo nuestro país.

Minnie Haule, voluntaria de Ciudad del Cabo con más de 25 años de experiencia en la Cruz Roja, destacó lo satisfactorio que fue para ella prestar ayuda durante la crisis.

“Mi experiencia me ha confirmado que es importante pensar en los demás antes de considerar nuestros propios intereses. Estamos obligados a aprender que no podemos dar la espalda a otro ser humano que no sabe qué va a comer ni dónde va a dormir.

También se aprende a cuidar a la humanidad en general. Algunas personas afectadas estaban enojadas. No les gustaban en absoluto los sudafricanos, pero tuve que convencerlos de que había gente buena en Sudáfrica.”

Minnie Haule indicó que se fue granjeando progresivamente la confianza de la mayoría de los extranjeros con los que estaba trabajando.

Futuras medidas

A partir de mayo, ella y su equipo compuesto por cuatro mujeres ofrecieron dos comidas calientes diarias a varios albergues donde estaban alojados los desplazados. En lo más enconado de la crisis, trabajaba 14 horas diarias.

La labor de socorro no sólo se limitó a atender las necesidades inmediatas de los desplazados a causa de la violencia, sino que la Cruz Roja incluyó a las comunidades afectadas en los procesos de toma de decisiones, tratando de incorporarlos en los comités formados en cada albergue.

Además, la Cruz Roja Sudafricana, con el apoyo de la Federación Internacional, también tiene previsto poner en marcha en los próximos meses un programa contra la discriminación en torno al lema “Juntos por la humanidad”. Esta campaña se apoyará en los logros alcanzados por otras Sociedades Nacionales.

A mediados de septiembre, las autoridades sudafricanas anunciaron la creación de varios puestos de información para ayudar a la gente que vive en los albergues a reintegrarse en la comunidad de acogida. Estos puestos estarán abiertos todos los días, permitirán a la gente hallar la información necesaria para reasentarse en su comunidad, ir a otros lugares o volver a su país de origen; estarán atendidos por colaboradores de diversas organizaciones, incluida la Cruz Roja Sudafricana.

Vuyo Bavuma
Asesor en comunicación de la Cruz Roja Sudafricana.

 


Una madre desplazada con su hijo en los brazos en una tienda de campaña en el centro de albergue de Primrose en Johannesburgo.
©DAVID CHANCELLOR / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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