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Paraguay votó por el cambio

Una sesión de información sobre la prevención de la fiebre amarilla organizada por la Cruz Roja Paraguaya en una escuela de la provincia de San Pedro. ©LUIS VERA / CRUZ ROJA SUIZA

La elección del ex obispo progresista Fernando Lugo como presidente de Paraguay ha desatado una ola de esperanza entre los más desfavorecidos de este país. El nuevo entorno político sienta auspiciosas bases para la labor de la Cruz Roja Suiza y del CICR.

La lucha contra la corrupción, la reforma agraria, el cese a la invasión de la soja transgénica y, desde luego, la erradicación de la pobreza son los ingentes desafíos que deberá afrontar con decisión el nuevo presidente electo de Paraguay, Fernando Lugo. Con una superficie casi similar a la de Francia (400.000 km²), Paraguay es un país netamente agrícola, donde casi la mitad de sus 6 millones de habitantes viven en el campo. Explotados de manera implacable por generaciones, los campesinos han encontrado consuelo sólo en la iglesia y más recientemente en las organizaciones caritativas como la Cruz Roja Suiza.

En San Pedro, región situada en el centro del país, un obispo no tardó en hacerse popular entre los más pobres; su nombre era Fernando Lugo. A fines del 2005, a medida que se acercaban las elecciones presidenciales, la coalición de los partidos de oposición le pidió al obispo que fuera su candidato. Parecía un objetivo inalcanzable de antemano, pues en 60 años, nadie había logrado vencer al candidato del partido Colorado en el poder, una verdadera máquina electoral. Fernando Lugo aceptó el desafío, y tras haber quedado liberado de sus responsabilidades eclesiásticas, fue elegido por una holgada mayoría el 20 de abril de 2008.

El derecho a la salud

Fernando Lugo, que encarna la esperanza entre los sectores más pobres, puede contar con el respaldo de numerosas asociaciones y organizaciones caritativas internacionales para cumplir su misión. En un país donde el 46% de la población vive por debajo del umbral de pobreza y casi el 60% de los habitantes no tiene acceso al sistema de salud, la Cruz Roja Suiza está ayudando a las organizaciones campesinas a instalar centros de atención de salud para la población rural. Es el caso de Tesai Reka Paraguay, que agrupa a 30 organizaciones campesinas y se empeña en promover el derecho a la salud. Se han instalado centros sanitarios en los lugares más recónditos, donde las matronas, por ejemplo, siguen cursos de capacitación.

Es el caso de María, de 50 años, que con la ayuda de la Cruz Roja Suiza, instaló una sala de parto en su casa. El equipo es rudimentario: dos camas de hierro, una mesa de madera con los instrumentos básicos de toda matrona: un fórceps, una jeringa y gasa esterilizada. “Hace 25 años que asisto a las mujeres que dan a luz”, explica María, “y durante todo ese tiempo jamás he tenido un problema en un parto”.

Si bien la medicina occidental da resultados, la medicina tradicional aún tiene una fuerte influencia en Paraguay. La Cruz Roja Suiza respalda igualmente un programa para conservar y desarrollar esta medicina basada principalmente en las plantas medicinales. Por ejemplo en el colegio San Miguel, donde más de 150 alumnos provenientes de familias campesinas siguen un curso de seis años destinado al estudio de los productos derivados de las plantas medicinales tradicionales como la filipéndula ulmaria o el mate.

La Cruz Roja Suiza apoya también a la Cruz Roja Paraguaya en situaciones de emergencia, como en 2007, cuando se produjo una epidemia de dengue. En unas 50 comunas se multiplicaron las acciones de emergencia, como la donación de sangre, la distribución de mosquiteros, la destrucción de nidos de larvas y la instalación de dispensarios para las personas afectadas por la enfermedad.

La invasión de la soja

“Luchamos para defender a los pequeños campesinos de los grandes latifundistas que están plagando las tierras de soja”, explica José Parra, coordinador de Tesai Reka Paraguay. La soja es la palabra maldita. “Paraguay está siendo literalmente invadido por la soja”, afirma Thomas Palau, sociólogo en Asunción. La superficie cultivada con soja pasó de un millón de hectáreas en 1997 a casi 3 millones hoy en día. Las consecuencias sociales y sanitarias de esta “sojatización” no tiene precedentes. La pulverización de herbicidas desde el aire está intoxicando a las comunidades aledañas a los campos de soja. Los campesinos se ven finalmente obligados a dejar sus parcelas que luego son compradas a precios bajísimos por los explotadores de soja.

“No siempre es fácil realizar nuestra tarea. Algunos latifundistas se niegan rotundamente a dejarnos entrar en sus propiedades”, explica Volker Sitta, delegado de la Cruz Roja Suiza para Paraguay, Bolivia y Ecuador, “los empleados del fundo, en su mayoría indios guaraníes que son tratados como esclavos, deben salir de la propiedad para poder hacerse un control médico. Fernando Lugo prometió llevar a cabo una reforma agraria, pero será una ardua tarea. Los grandes latifundistas se apoyan mutuamente y la mayoría posee su propia milicia para impedir toda injerencia en su territorio”, agrega el delegado. El nuevo presidente deberá lanzarse a una verdadera prueba de equilibrismo entre, por un lado, los ricos que harán todo por frenar sus reformas y, por el otro, los desposeídos que no le perdonarán si no se aplican rápidamente tales reformas.

Pierre Bratschi
Periodista independiente radicado
en Buenos Aires.

Sensibilizar a las autoridades

Desde la caída del dictador Alfredo Stroessner en 1989, Paraguay no ha sido noticia. Sin embargo, el CICR sigue realizando una labor importante. Sus delegados efectúan con regularidad visitas a los centros de detención del país e intervienen en casos de crisis aguda, como fue en 2004 cuando 600 campesinos atenazados por la pobreza y la desesperación fueron encarcelados porque habían ocupado ilegalmente tierras que estaban sin cultivar. “Las cárceles no estaban concebidas para recibir a tanta gente, y la insalubridad era aterradora”, señala Michel Minnig, jefe de la delegación del CICR para América del Sur. “Ayudamos a las autoridades a mejorar las condiciones de vida de esos detenidos instalando agua corriente y suministrando colchones y medicamentos”. Los campesinos fueron liberados, pero más de 3.000 quedaron en libertad condicional y pueden ser arrestados nuevamente en cualquier momento.

Para apoyar el ambicioso objetivo de la Cruz Roja Paraguaya de llegar a ser un punto de referencia, el CICR se ha propuesto capacitar a sus colaboradores en el ámbito de los primeros auxilios. Además, coopera con las fuerzas de policía para tratar de armonizar sus directivas con el derecho de los derechos humanos, algo similar a lo que ya se ha realizado con la policía de Río de Janeiro en Brasil. Las fuerzas armadas que, en virtud de lo estipulado en la Constitución, pueden ser llamadas a intervenir con el fin de mantener el orden público, representan igualmente un público destinatario importante para la delegación regional. “Es necesario hacerles entender que ya no se trata de una acción militar cuyo objetivo es destruir al enemigo, sino de un ejercicio policial en el cual la fuerza sólo debe utilizarse en última instancia”, explica Michel Minnig.

El CICR actúa también como “consultor”. De hecho, desde que el gobierno decidió que las cárceles pasarían a depender del Ministerio de Salud, se solicitó que se realizara una investigación a fondo sobre el estado general del sistema penitenciario y la aplicación de las reformas bajo la supervisión del CICR. “Con la llegada al poder de Fernando Lugo, la tarea del CICR debería resultar más fácil, a pesar de que el sistema carcelario no está entre sus principales preocupaciones”, concluye el jefe de la delegación.

 


Cultivo de la filipéndula ulmaria, una planta utilizada en la medicina tradicional, en el colegio San Miguel.©LUIS VERA / CRUZ ROJA SUIZA

 


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