Salihu
Sultan se dedica a su comunidad con la máxima
abnegación que se puede esperar de un responsable
de filial de la Cruz Roja. En vez de quedarse con su esposa
y sus cuatro hijos en Addis Abeba, 600 kms al norte, se queda
en su casita situada en una ajetreada calle de Negele, la
cosmopolita ciudad comercial del extremo sur de Etiopía,
castigado por la sequía.
Sultan, de 40 años, sus voluntarios y los miembros
de la dirección están atentos (la falta de
recursos no les permite hacer mucho más) a los grupos
vulnerables que van en aumento en la ciudad y en sus alrededores.
Uno de ellos es el pueblo tribal marehan, al que le robaron
todo su ganado y que ha improvisado asentamientos en el límite
de la ciudad. También están los refugiados
etíopes que huyeron a Somalia durante el régimen
del Dergue (1974-1987) y después regresaron para instalarse
de nuevo en su país, así como los soldados
convertidos en agricultores instalados en un viejo cuartel
en las afueras de la ciudad y que perdieron sus cultivos
en la sequía de 2008.
Pero sobre todo, Sultan está preocupado por las comunidades
de pastores nómadas diseminadas por los miles de kilómetros
cuadrados de tierras resecas que se extienden a ambos lados
de los caminos que conducen hacia el sur, a la frontera con
Kenya. Muchas de ellas están en la zona roja del mapa
de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna
(FEWS), en la que las familias enfrentan una gran escasez
de alimentos básicos que las lleva a deshacerse de
bienes productivos como ganado y a padecer “índices
elevados de malnutrición aguda”, según
FEWS.
“La sequía es muy grave en esta zona”,
afirma Sultan, que está de pie sobre un dique del
río Chulul, uno de los más importantes del
lugar para abastecer de agua a las comunidades de pastores. “Si
el Dawa se seca también, tendremos un gran desastre
aquí.”
Un cuadro detallado de la crisis ambiental y humanitaria
que afecta a esta parte de la región de Oromiya se
conoció el año pasado después de que
una investigación realizada en julio por funcionarios
locales fuera puesta en conocimiento del equipo de evaluación
de la Federación Internacional que visitó el
Cuerno de África para preparar un nuevo llamamiento.
El informe está redactado con prudencia; ni la más
mínima petición especial para el lugar. Si
en algo se apartaron de la línea los expertos de Oromiya
fue para poner de relieve la resiliencia por la que son famosos
los pastores del Cuerno de África. En una parte dedicada
a los mecanismos de subsistencia, los evaluadores (funcionarios
locales, agrónomos, ingenieros hidráulicos
y enfermeras) detallaron cómo los pastores comparten
todo lo que tienen para asegurarse de que nadie quede totalmente
desamparado, cazan animales salvajes, juntan frutas y raíces
y emprenden actividades comerciales de pequeña escala.
Pero los entrevistados “comunicaron uniformemente” que
las tres últimas temporadas de lluvias fueron “tan
malas que el medio de producción ganadera ha mostrado
un serio deterioro”. El pasto escaseaba por “el
pastoreo excesivo debido a la prolongada sequía”;
había una seria escasez de agua para consumo humano;
las cosechas eran malas por “la falta de lluvia en
los períodos críticos” y hasta la solución
de emigrar a zonas vecinas –tradicional en los nómadas– estaba
limitada porque las condiciones no eran mejores en otras
partes.
Al borde de la hambruna
Pero para las comunidades que dependen casi por completo
de sus animales fue peor el efecto en el ganado. “Debido
a la prolongada sequía la vacas no parían” decía
el informe y “se disponía de muy poca cantidad
de leche”. El precio de un vaso de leche se había
triplicado y costaba unos 30 centavos de dólarestadounidense.
El ganado moría en “cantidades extraordinarias”.
Una visita de la Federación Internacional a la aldea
de Melka Guba, a medio camino entre Negele y la frontera
con Kenya, confirmó esto. “Hemos perdido más
de 1.000 cabezas de ganado sóloeste año”,
dijo el jefe Dhane Gelgelo, “y muchas más siguen
muriéndose”. En su mejor momento, la comunidad
poseía 6.000 cabezas; ahora el número ha descendido
a unas 2.000.
El ganado sobreviviente estaba en pésimas condiciones
e intentaba alimentarse con hierbas de mala calidad que hacían
lucir engañosamente verde la tierra en algunos lugares. “Los
registros indican que hay actualmente 620 familias que perdieron
su ganado”, añade Gelgelo, de 34 años,
y explica que los pobladores habitualmente hacían
largos viajes para internarse en el monte para que los animales
pudieran pastar y ramonear pero han dejado de hacerlo porque
es inútil: la sequía no ha dejado nada.
“Después de todo esto suponemos que va a empezar
a morir la gente”, dice. Y agrega que en el monte,
lejos de la carretera, han oído que algunos pastores
ya estaban muriendo.
La malnutrición no se notaba mucho en Melka Guba;
no hay ningún centro de alimentación; no hay
escenas de niños deshidratados y moribundos que históricamente
produjeron operaciones masivas de socorro alimentario en África.
Pero la condición de los animales parecía una
advertencia de los dioses: los matorrales que circundan la
aldea están llenos de huesos que de noche roen las
hienas.
Como la mayoría de los habitantes de Melka Guba, Konso
Aga, de 45 años, come sólo dos veces al día. “Maíz
asado de mañana para el desayuno o a veces kollo (cebada)”,
dice la mujer a la Federación Internacional. “Maíz
hervido para la cena. También como mud bura o ogomde”,
que son bayas silvestres que crecen en las inmediaciones
y ayudan a los pastores a soportar los tiempos de escasez.
Pero nada de carne, ni de frutas o vegetales adecuados, ni
tampoco productos lácteos.
Cuando los pobladores señalan que ya no hay ningún
tipo de alimento especial para los niños
(que pasan directamente del pecho a los cereales), no es
difícil saber por
qué siempre son las primeras víctimas de
las crisis de seguridad alimentaria como ésta.
Y sus “comidas” son lavadas
con un agua muy sucia y no potable.
“Esta gente se encamina a una muerte masiva por hambre
si el mundo no hace algo” afirma Bekele Geleta, Secretario
General de la Federación Internacional y etíope
de nacimiento.
“Las sequías son mucho más frecuentes
ahora”, añade, “y afectan a nuevas zonas
y cada vez a más personas.”
En Negele, los miembros de la filial de la Cruz Roja Etíope
y los funcionarios locales concuerdan en que los efectos
de la sequía se han intensificado desde que la evaluación
de julio recomendó una asistencia alimentaria urgente
para más de 140.000 personas de los dos únicos woredas (barrios)
que inspeccionaron: Liben y Goro-Dola.
En el informe se hablaba de una mayoría de personas “que
pasa de un estado de nutrición normal a la malnutrición” como
consecuencia de un “trastorno ambiental y comercial”.
De un total de casi 30.000 niños menores de cinco
años, el 85 % necesitaba alimentación de emergencia;
la mitad de las casi 6.500 madres que amamantaban y mujeres
embarazadas necesitaban “alimentación suplementaria
de emergencia”.
El aumento del precio de los alimentos
No es una novedad la sequía en el Cuerno de África,
donde la situación se ve agravada por los conflictos
que en algunos casos han durado decenas de años, especialmente
en Somalia. “Estamos asistiendo a un grave deterioro
de la situación humanitaria en Somalia” dice
Pascal Mauchle, jefe de la delegación del CICR para
ese país con sede en Nairobi. “Cientos de miles
de personas han huido de los combates y de la sequía.” El
año pasado el CICR casi triplicó la cuantía
de su ayuda alimentaria a Somalia en comparación con
2007 (véase recuadro).
Por medio de la Media Luna Roja
Somalí, que sigue
siendo la única organización
con algo parecido al acceso humanitario general, el llamamiento
que la Federación
Internacional emitió el 11
de diciembre tiene por objeto ampliar las redes de salud,
nutrición y agua y saneamiento
existentes en Somalilandia y Puntlandia, en conformidad con
los mandatos internacionales, como la mejor manera de incrementar
el esfuerzo humanitario.
Pero según la evaluación multidisciplinaria
de la Federación Internacional, publicada en diciembre,
se recalca que al igual que el conflicto continuo, lo que
en 2008 llevó a la región a una situación
límite fue que, por primera vez, la sequía
iba acompañada de “una serie importante de factores”,
especialmente el alza excesiva de los precios sointernacionales
de los alimentos. Esto es determinante en una región
que depende, incluso en años buenos, de las importaciones.
“Nunca antes los mercados internacionales habían
tenido efectos tan desastrosos en la seguridad alimentaria
de los más vulnerables del Cuerno de África”,
señala Roger Bracke, jefe del equipo de evaluación.
Desde el punto de vista de los donantes humanitarios –posiblemente
aburridos de poner dinero en una región a menudo descrita
como un caso perdido– esto no es sólo “más
de lo mismo”, subraya.
La crisis humanitaria más urgente
Los investigadores etíopes comprobaron que la inflación
de los precios de los alimentos en la parte de Oromiya que
estudiaban era peor de lo que pensaban. En un período
de dos años hasta la mitad de 2008, el trigo y el
maíz aumentaron un 250 % y 344% respectivamente. El
precio del teff (cereal básico de Etiopía),
un indicador humanitario clave, aumentó el 245%. Pero
lo más elocuente es que en el mismo período,
mientras la condición del ganado se deterioraba y
más familias vendían sus animales, el precio
de un novillo aumentó sólo el 9%. Las comunidades
nómadas forzadas a vender sus bienes para sobrevivir
se encaminaban irremediablemente hacia la catástrofe.
En Etiopía, el número de personas que según
el gobierno y la comunidad humanitaria necesitan ayuda alimentaria
de emergencia aumentó sin cesar el año pasado,
de más de 2 millones cuando la Federación Internacional
publicó su primer llamamiento por 1,8 millón
de dólares estadounidenses en mayo, a 4,6 millones
en junio, a casi 6,5 millones en octubre, principalmente
en las regiones meridionales del país. Esta cifra
no incluye otros 5,7 millones del programa de la red productiva
de seguridad del gobierno.
En enero de 2009 esta cifra se redujo nuevamente a 4,9 millones,
y 1,2 millón más de madres y niños menores
de cinco años necesitarán alimentación
suplementaria.
Sin embargo, los funcionarios etíopes que presentan
la “evaluación entre organismos” para
2009 a los donantes y diplomáticos subrayaron que
la cifra puede volver a aumentar si la temporada de lluvias
de marzo es mala o no se produce.
En Djibouti, Etiopía, Kenya y Somalia (en proporción
el país más afectado), que son los países
incluidos en el llamamiento de la Federación Internacional,
unos 17 millones de personas estuvieron en peligro en 2008
según Naciones Unidas, por lo que se sigue considerando
al Cuerno de África la región de crisis humanitaria
cuantitativamente más urgente del mundo.
Otra parte de Etiopía que causó preocupación
fue la región norteña de Afar, donde en julio
pasado la periodista de la BBC Karen Allen filmó a
personas comiendo ración de animales. En Afar, la
red de seguridad del gobierno puede cubrir, por el momento,
gran parte de las necesidades humanitarias. Pero la región
comparte un microclimay una frontera con Djibouti, donde
los pastores han tenido que abandonar sus zonas tradicionales
de pastoreo debido a la sequía y un número
creciente de ellos se dirige a la capital.
“Muchos pastores de Djibouti se han convertido en
refugiados ambientales en su propio país”, asegura
Tarun Sarwal, delegado de cuestiones de recuperación
de la Cruz Roja Británica del equipo de evaluación. “Somos
todas personas con experiencia”, añade, “pero
hemos visto lo peor de la peor pobreza en muchas partes del
mundo y nos empeñamos en que esta gente pueda sobrevivir.”
Robert Fraser, especialista en agua y saneamiento, que vivió allí hace
20 años, dice que ahora la ciudad de Djibouti está “completamente
rodeada de asentamientos informales habitados por personas
que han huido del campo empujadas por la desesperación.
Las personas que encontramos en el campo están literalmente
aferradas a lo que ha de verse como un modo de vida en extinción
debido a la pérdida de fuentes de agua y de pasto.”
En Sankhal, por ejemplo, un paisaje lunar de colinas rocosas
y quemadas situado a 110 km al oeste de la ciudad de Djibouti
en la frontera con Etiopía, unas 2.000 familias de
pastores desplazadas por la sequía de zonas aún
más remotas están tratando de hacerse un nuevo
hogar. Los que una vez fueron pastores nómadas tienen
hambre, sed y a menudo están enfermos.
“No ha llovido en todo el año”, dice
el jefe Mahamoud Robleh, de 60 años, señalando
con su bastón el sol abrasador. Un pozo en vías
de agotarse es una de las pocas fuentes de agua de los pobladores
y, también en este caso, evidentemente no potable.
Las consecuencias para los más pequeños pueden
ser letales en el corto plazo.
“Ayer se murieron dos niños de diarrea”,
dice Robleh. “Muchas personas están enfermas
en sus chozas.” Y agrega que la mayoría de las
mujeres y los niños están desnutridos.
Wadis secos
Al preguntarle sobre la situación de las pastoras,
Muna Abdullahi, de 28 años, secretaria general de
la filial de la Media Luna Roja de Djibouti, contesta que
enfrentan muchas dificultades. “Desde que amanece hasta
que oscurece buscan alimentos y agua para mantener a sus
familias. En vez de las frutas silvestres que acostumbraban
a recoger, los pocos árboles vivos ahora dan sólo
leña. Muchas personas necesitan un techo, mantas,
mosquiteros y alimentos.”
Según Abdullahi, la Media Luna Roja cree que los
pastores podrían, con algo de ayuda, encontrar otros
medios de vida como el tejido para las mujeres y el “agropastoreo” para
los hombres (horticultura en pequeña escala combinada
con la cría de algún animal, posiblemente cabras,
que puedan sointernacionales portar mejor las condiciones
de aridez).
“Quisiéramos hacer mucho más para ayudar
a la gente con agua y saneamiento”, dice Abdi Khaireh
Bouh, secretario general de la Media Luna Roja de Djibouti. “El
agua es lo principal.”
Moussa Djama, su suplente, lo expresa sin rodeos: “Todos
nuestros wadis están secos. La gente depende de pozos
que a menudo son poco profundos y muy contaminados. Perforar
pozos más hondos es muy caro.”
La hambruna no es una opción
¿Cómo puede entonces el Movimiento de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja ayudar mancomunadamente a desterrar
del Cuerno de África el espectro de la hambruna?
Con su nuevo llamamiento por casi 100 millones de dólares
estadounidenses, la Federación Internacional espera –si
lo permiten los donantes internacionales– asistir a
2,2 millones de beneficiarios en Djibouti, Etiopía,
Kenya y Somalia durante cinco años. A fines de febrero
se iba a organizar una cadena de distribución de alimentos
en la región etíope de Oromiya, con centro
en Negele, para hacer llegar alimentos conseguidos en Etiopía
a 20 puntos situados hasta 100 km de distancia . Se calcula
que este año 5 millones de personas necesitarán
ayuda alimentaria, fuera del programa de red de seguridad
del gobierno. Pero el número podría aumentar
si la temporada de lluvias de marzo es mala o no se produce.
“La hambruna no es una opción”, afirma
categóricamente Roger Bracke. “No se puede seguir
dejando a la gente de esta región sufrir en silencio.
No podemos quedarnos de brazos cruzados y aceptar lo inaceptable.”
Según Pascal Mauchle, delegado del CICR, “El
carácter crónico de la crisis ha agotado por
completo la capacidad de la gente para soportarla.”
Sin embargo, en cierta medida el llamamiento de la Federación
Internacional tiene preferencia y, por lo tanto, exige una
respuesta. Cuando en los noticieros vespertinos de la televisión
aparecen fotos de personas muriendo de hambre es demasiado
tarde: una operación de socorro alimentario (incluso
una en la que se consigan los alimentos localmente, como
será esta) exige muchas semanas de organización.
Transportar alimentos por aire, salvo tal vez algunos especiales
para bebés, no suele ser una buena solución
según los especialistas en logística que están
trabajando en la operación del Cuerno de África.
Según Bekele Geleta, un convencido de lo acertado
del principio “alerta temprana y acción temprana”,
también sería un error pintar un cuadro totalmente
negativo especialmente de Etiopía, donde los números
son mayores, para tratar de desbloquear los fondos de los
donantes. “Hace poco fui a mi país por primera
vez en 17 años”, señaló a Cruz
Roja, Media Luna Roja, “y se había avanzado
muchísimo con la construcción de infraestructura,
escuelas, dispensarios, medios de comunicación y la
electrificación.”
Por esta razón, Geleta opina que “no se ha
dado al gobierno de Etiopía el reconocimiento que
merece. Pero el país está sufriendo graves
efectos del cambio climático y como todos los países,
sus capacidades son finitas. Sin duda está avanzando,
pero la reestructuración económica y la creación
de riqueza pueden producir trastornos y desempleo hasta que
la riqueza pueda ser reinvertida con éxito. “Ahora
la diáspora etíope debe movilizarse para ayudar
a impedir este desastre. Necesitamos aún menos política
y aún más desarrollo.”
| Alex
Wynter
Periodista y redactor independiente radicado en Londres.
|
|


Voluntarios de la Cruz Roja distribuyen víveres
en Etiopía.
©Jose Cendon / FEDERACIÓN INTERNACIONAL
ourworld-yourmove.org

Salihu Sultan
Salihu Sultan, 40 años, responsable de la filial
de la Cruz Roja Etíope en Negele, está preocupado
por el hambre en las comunidades de pastores nómadas
diseminadas por miles de kilómetros cuadrados
de tierras resecas cerca de la frontera con Kenya. “La
sequía es muy grave en esta zona. Si el río
Dawa se seca también, tendremos un gran desastre
aquí.”
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En un centro de nutrición en el pueblo de Boditi, en
la región de Wolayita en Etiopía, un niño
desnutrido agarra la mano de su madre.
©Jose Cendon / FEDERACIÓN INTERNACIONAL
Trabajando a control remoto
Entrevista a Mathias Frese, encargado
de los programas de seguridad económica del CICR
para Somalia
¿Cómo describiría la situación
humanitaria en Somalia hoy?
Muchas personas viven en condiciones espantosas y los únicos
mecanismos de supervivencia son la recolección
de leña y luego la mendicidad.
Si se tiene en cuenta el desplazamiento que se ha producido
y los desastres naturales, hay cientos de miles de familias
que necesitan apoyo actualmente. Los desplazados suelen
buscar refugio con sus parientes o su clan. En el sistema
tradicional somalí, la familia de acogida tiene
que apoyar a la familia desplazada pero podrá imaginar
la carga que eso significa para la familia de acogida.
Por lo que respecta a la comunidad nómada de
Somalia, el número de cabezas de ganado ha disminuido
enormemente debido a la falta de pasto, tierras de pastoreo
y agua.
¿Puede responder oportuna y eficientemente
a pesar de loinestable de la seguridad en el terreno?
Muchos colaboradores humanitarios han sido secuestrados
o asesinados en actos cobardes, así que estamos
trabajando desde Kenya. Lo ideal es que el delegado expatriado
del CICR vaya al terreno con los colegas somalíes
y con gente de la Media Luna Roja Somalí, pero
la mayor parte del tiempo tenemos que depender de la
información que recogemos de informes, llamadas
telefónicas o conversaciones.
Durante los cinco últimos meses de 2008 distribuimos
ayuda alimentaria a cerca de medio millón de personas.
En la mayoría de las regiones en las que está trabajando
el CICR tenemos una excelente cooperación con
la Sociedad Nacional a todo nivel y particularmente para
nuestras grandes intervenciones de socorro. Sus expertos
y voluntarios nos asisten en la evaluación, desempeñan
un papel fundamental en la distribución, llegan
a las comunidades. Son el sólido pilar de la labor
del CICR en Somalia.
¿Está seguro de que la ayuda
no es desviada o vendida en el mercado local?
Mantenemos un diálogo permanente con los jefes
o ancianos de la comunidad. Si hubiera una apropiación
indebida de la ayuda lo sabríamos de inmediato
por diversos canales. Somos transparentes; la población
sabe lo que estamos haciendo, qué estamos distribuyendo
y a quiénes. Además, la gente sabe que
cuando el CICR evalúa una situación de
desplazamiento o de grupos vulnerables, no vamos a darles
la espalda sino que volvemos con asistencia esencial.
Entrevista de Pedram Yazdi, delegado de comunicación
del CICR para Somalia. |

Una niña lleva a su hermano mientras espera la distribución
de alimentos en el pueblo de Buge, en la región de Wolayita
en Etiopía.
©REUTERS / Jose Cendon / FEDERACIÓN INTERNACIONAL, CORTESÍA
DE www.alertnet.org
ourworld-yourmove.org

MahamoudRobleh
Mahamoud Robleh, de 60 años, jefe de la aldea
de Sankhal, Djibouti, dice que la mayoría de las
mujeres y los niños están desnutridos. “Dos
niños murieron ayer de diarrea. Muchas personas
están enfermas en sus chozas.”
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Los alimentos y las semillas de la Cruz Roja Etíope mantienen
el hambre a raya para Anteshe Ganta y sus tres niños.
©JOSE CENDON / FEDERACIÓN INTERNACIONAL
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