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Salvar
vidas a toda costa
Mushon Vaknin, jefe adjunto de la filial del Magen David
Adom (MDA) en un distrito meridional, recuerda: “Un
día volviendo a casa escuché los cohetes caer
en Sderot. Me dirigí inmediatamente allí. Los
equipos ya estaban manos a la obra atendiendo a los heridos.
Mientras prestábamos primeros auxilios una sirena
de alerta se puso a sonar, luego otra y otra. Rápidamente
llevamos a los heridos al resguardo y nosotros también
nos protegimos mientras los misiles caían no lejos
de donde estábamos”. Para los equipos del MDA
en el sur de Israel, las tres semanas de operaciones militares
desplegadas en Gaza, del 27 de diciembre al 18 de enero,
no sólo fueron sumamente atareadas, sino que también
implicaron un terrible peso emocional sabiendo que su hogar
y su familia podían estar en peligro. Racheli Ikar-Cohen,
una colaboradora del centro de expedición, señala: “Cuando
se escucha la sirena, el centro se ve totalmente sobrecargado
de llamadas de civiles aterrados; e inmediatamente se toman
las medidas operacionales pertinentes. Pero uno piensa en
los hijos. ¿Estarán a salvo? ¿Tendrán
miedo?”
Estos testimonios representan la determinación, el
espíritu voluntario y la voluntad sin límites
de salvar vidas que encarnó el personal del MDA en
el transcurso de la operación militares en Gaza y
en los últimos ocho años, durante los cuales
las comunidades israelíes de las inmediaciones de
la franja de Gaza han estado sometidas a frecuentes ataques
con cohetes. |

©REUTERS / BAZ RATNER, CORTESÍA DE www.alertnet.org

©REUTERS / STRINGER, CORTESÍA DE www.alertnet.org
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¿Qué protección para las misiones
médicas?
A principios de febrero de 2009, en Vanni,
región del norte de Sri Lanka convulsionada por la
guerra, más de 300 pacientes y miembros del personal
del hospital de Puthukkudiyiruppu se vieron forzados a huir
después de que el edificio fuera bombardeado repetidas
veces durante cuatro días. En estos bombardeos, perecieron
nueve personas y otras 20 resultaron heridas. El 4 de febrero
temprano en la mañana, el personal del Ministerio
de Salud que administraba el establecimiento decidió que
ya no era seguro para los pacientes permanecer en el recinto
y procedieron a su evacuación inmediata. Un equipo
del CICR que se encontraba ya en el establecimiento para
dar apoyo al personal médico, ayudó a los médicos
y al personal de enfermería a preparar a los pacientes
y empacar los suministros médicos de emergencia. Acompañados
por 18 colaboradores del CICR, los pacientes y el personal
médico del hospital se dirigieron a un centro comunitario
de Puttumatalan, en el noreste de Vanni –una zona que
carecía de agua potable, donde los pacientes y el
personal médico corrían aún peores peligros.
Durante los días siguientes, un ferry en el que ondeaba
la bandera del CICR permitió evacuar finalmente a
los cerca de 300 pacientes de Putumattalan a Trincomalee,
fuera de la zona de combate.
Tras los bombardeos, algunos delegados del CICR permanecieron
en el hospital para ayudar al personal restante a improvisar
una estructura a fin de seleccionar, según su gravedad,
a los pacientes que seguían llegando. Reconstruyeron
los muros de los pabellones de mujeres y niños, que
habían quedado destruidos y ayudaron también
a los pacientes que llegaban o dejaban el hospital y se encargaron
de limpiar el edificio para garantizar una higiene básica.
El CICR y la Cruz Roja de Sri Lanka se ocuparon de recoger
los cadáveres. Si se podía ubicar a los familiares,
los cuerpos fueron entregados a sus familias para que fueran
enterrados de acuerdo a la tradición local.
“Se recordó repetidas veces a las partes en
el conflicto su obligación de respetar a los heridos
y enfermos, así como al personal médico y las
instalaciones sanitarias”, declaró Monica Zanarelli,
jefa adjunta de Actividades Operacionales del CICR para Sri
Lanka.
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©REUTERS / STRINGER, CORTESÍA DE www.alertnet.org
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Un poco de calor para el invierno
Los voluntarios aportaron un poco de calor
a las personas afectadas por las temperaturas extremas, las
tormentas de hielo y las nevadas registradas en muchas partes
de Europa. En Bosnia y Herzegovina, según la Sociedad
Nacional de este país, las temperaturas descendieron
por debajo de los 25 grados bajo cero afectando a más
de 10.000 personas. La Cruz Roja y la Media Luna Roja suministraron
de inmediato leña, estufas, mantas y paquetes con
alimentos a los grupos vulnerables, entre ellos los ancianos,
las personas solas postradas en cama, las personas con discapacidad,
las familias pobres con niños jóvenes, las
madres solteras, las personas que han regresado a su lugar
de origen, los refugiados y los desplazados. Tras las fuertes
nevadas en el Reino Unido, los voluntarios de la Cruz Roja
Británica prestaron una mano a los servicios de ambulancia
en toda Inglaterra para hacer frente al aumento de las llamadas.
En Georgia, miles de desplazados internos por el conflicto
de 2008, de los cuales muchos huyeron con lo puesto de sus
hogares, recibieron ropa de invierno de la Cruz Roja de Georgia.
En pleno invierno, 1.250 familias recibieron abrigos, botas,
calcetines, suéteres y mantas.
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©FEDERACIÓN INTERNACIONAL
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Reconstrucción en China
Un año después del terrible
terremoto que sacudió la provincia de Sichuan en
China, prosigue la labor de reconstrucción de la
infraestructura. La Cruz Roja y la Media Luna Roja han
puesto en marcha proyectos de reconstrucción de
más de 17.000 viviendas en tres municipios, ayuda
agrícola, creación de centros de preparación
para desastres y apoyo psicosocial. Más de 35.000
voluntarios y colaboradores de la Cruz Roja China fueron
movilizados después del desastre del 12 de mayo,
que dejó un saldo de 70.000 muertos y 5 millones
de personas sin hogar. |

©FEDERACIÓN INTERNACIONAL
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Inundaciones
en la región del Pacífico
Fiji, Micronesia, las Islas Marshall,
Papua Nueva Guinea y las Islas Salomón sufrieron
lluvias torrenciales y graves inundaciones que se cobraron
la vida de unas 20 personas durante una temporada anormalmente
lluviosa. En toda la región decenas de miles de
personas tuvieron que abandonar sus hogares a causa del
desastre. El personal y los voluntarios de la Cruz Roja
instalaron centros de evacuación y distribuyeron
artículos de socorro. La Cruz Roja de Fiji suministró paquetes
con jabón antibacteriano y preservativos, así como
información en hindi, fijiano e inglés para
evitar las enfermedades. |

©FEDERACIÓN INTERNACIONAL
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En
las favelas de Río de Janeiro
En 2008, una epidemia de dengue particularmente violenta
se propagó por todo Río de Janeiro afectando a unas
200.000 personas, de las cuales murieron 200, principalmente
en las favelas, que carecen de toda infraestructura médica
o social adecuada.
El CICR, en colaboración con la Cruz Roja Brasileña,
inició en enero una campaña de sensibilización
sobre esta enfermedad en siete favelas de Río de Janeiro
donde, para agravar las cosas, los enfrentamientos entre
los agentes encargados de hacer cumplir la ley y las pandillas
armadas son moneda corriente. Las sesiones de promoción
de salud también brindan al CICR la oportunidad de
recabar relatos directos de los problemas que se plantean
a la población como resultado de las operaciones policiales
o el poder que ejercen las pandillas armadas.
Se mantiene al corriente a las autoridades federales y locales
de las actividades de la Cruz Roja en las favelas, como también
a los batallones de policía que las patrullan. El
CICR también se aseguró de que las pandillas
armadas conocieran y aceptaran dichas actividades a través
de los contactos establecidos por adelantado con los jefes
comunitarios.
Desde 1998, el CICR ha desarrollado un programa destinado
a reducir las repercusiones de las situaciones de violencia
en el ámbito humanitario que cuenta con la participación
de la policía. Se ayuda así a los policías
a integrar las normas internacionales de los derechos humanos
y los principios humanitarios en sus actividades. Desde 2006,
el programa ha incluido, entre otros aspectos, la enseñanza
de procedimientos por los que se rige el uso de la fuerza
y las armas de fuego en nueve de los estados brasileños,
entre ellos Río de Janeiro.
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©REUTERS / BRUNO DOMINGOS, CORTESÍA DE www.alertnet.org
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Rehenes
liberados en Colombia
A comienzos de febrero, el CICR facilitó,
en tres ocasiones, la liberación de seis personas
detenidas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC). El 31 de enero, helicópteros fletados por
el Gobierno de Brasil y debidamente señalados con
el emblema de la cruz roja aterrizaron en el sur de Colombia.
A bordo viajaban delegados del CICR y miembros de la Comisión
de Colombianas y Colombianos por la Paz. Al día
siguiente, un soldado del Ejército y tres policías
colombianos fueron liberados por las FARC en el departamento
de Caquetá y trasladados a Villavicencio, donde
fueron entregados a las autoridades tras notificar su liberación
a las respectivas familias. Patricia Danzi, delegada del
CICR que participó en la operación, relata
lo que vivió: “Estos hombres estuvieron en
manos de las FARC durante un año y medio. Cuando
nos vieron, estallaron sus emociones; estaban eufóricos,
imaginé todo lo que habrá pasado por su cabeza
cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Una vez
dentro del helicóptero, algunos de ellos fueron
calmándose, otros expresaron sus sentimientos con
abrazos y besos. Además de la presión incesante
de los medios de comunicación, aviones de la fuerza
aérea colombiana sobrevolaron la zona de liberación
poniendo en peligro el éxito de la primera operación.
El CICR convenció al Ministerio de Defensa que detuviera
los vuelos.
Las dos operaciones siguientes se desarrollaron sin la menor
complicación y de manera perfectamente coordinada
con las partes involucradas. El 3 de febrero, en un helicóptero
brasilero brasileño con el mismo equipo a bordo, un
rehén liberado por las FARC fue recogido en el departamento
de Guaviare y llevado a Villavicencio, donde se reunió con
su familia. Por último, el 5 de febrero, el CICR recogió a
otro rehén en el departamento de Cauca y lo trasladó a
Cali. Se trataba de un ex parlamentario, el único
sobreviviente de un grupo de 12 parlamentarios secuestrados
el 11 de abril de 2002. Los otros once fueron asesinados
en junio de 2007. Sus restos mortales fueron repatriados
por el CICR en septiembre de 2007.
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©REUTERS / JAIME SALDARRIAGA, CORTESÍA DE www.alertnet.org
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La
recta final en Zimbabwe
A comienzos de este año, los voluntarios y el personal
de la Cruz Roja de Zimbabwe se movilizaron para proteger a
las personas afectadas por el hambre y por uno de los brotes
de cólera de mayor escala en el mundo. Siete millones
de habitantes, de los 11 millones con que cuenta el país,
necesitaban alimentos a comienzos de 2009, según el
Programa Mundial de Alimentos, a causa de las malas cosechas,
el aumento en el precio mundial de los alimentos y la elevada
tasa de inflación. Para colmo, a fines de enero, se
declaró una epidemia de cólera que infectó a
más de 60.000 personas y se cobró la vida de
más de 3.100, según la Organización Mundial
de la Salud. Junto con las unidades de intervención
de emergencia, la Cruz Roja de Zimbabwe se encargó de
poner coto a los brotes de cólera mediante actividades
de abastecimiento de agua y saneamiento, campañas de
educación para mejorar la higiene, la distribución
de botiquines y medicamentos apropiados, con lo que llegó a
más de 500.000 personas. Además, el personal
y los voluntarios de la Cruz Roja suministraron cereales, alubias,
aceite de cocina, semillas y fertilizantes a algunas de las
personas más vulnerables del país, entre ellas
personas con VIH, huérfanos y otros niños afectados
por el VIH.
El objetivo era entregar alimentos cada mes a más
de 250.000 personas hasta las próximas cosechas. Sin
embargo, no se recibieron suficientes fondos en el marco
de los llamamientos. “Estamos trabajando en todas las
zonas asoladas”, aseguró la Secretaria General
de la Cruz Roja de Zimbabwe, Emma Kundishora. “La Cruz
Roja y la Media Luna Roja se han unido al pueblo de Zimbabwe
y a la Sociedad Nacional. Avanzamos pero necesitamos fondos
para recorrer la recta final”.
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©REUTERS / PHILIMON BULAWAYO, CORTESÍA DE www.alertnet.org
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Devastadores
incendios en Australia
Temperaturas altísimas y vientos
imprevisibles provocaron, en el estado de Victoria, incendios
forestales, que se cobraron más de 180 vidas y dejaron
a miles de personas sin techo. En 20 centros de socorro,
la Cruz Roja Australiana proveyó comidas a los
bomberos, policías y al público, atendió a
los heridos que sufrían quemaduras o afecciones
respiratorias a causa del humo, prestaron apoyo psicológico
y ayudaron a la gente a ponerse en contacto con sus familias.
En uno de los centros, las personas que habían sido
testigos dijeron que nunca habían visto algo igual
y tan aterrador. Se cree que éste ha sido el incendio
más mortal que se haya registrado en toda la historia
de Australia. |

©REUTERS / MICK TSIKAS, CORTESÍA
DE www.alertnet.org
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En
caso de emergencia
En noviembre de 2008, millones de personas en el estado
de California, Estados Unidos, participaron en un ejercicio
organizado por la Cruz Roja Americana, cuya finalidad era
preparar a la población en caso de terremoto de gran magnitud a lo
largo de la Falla de San Andrés, que podría
afectar a 10 millones de personas y causar heridas a unas
50.000. Asimismo se movilizaron a 300 voluntarios de la Cruz
Roja debidamente capacitados que abrieron unos refugios de
prueba en diez emplazamientos diferentes. |

©REUTERS / MIKE BLAKE, CORTESÍA DE www.alertnet.org
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