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Nuestro mundo.
Perspectivas del terreno

 

Un nuevo estudio encargado por el CICR en el marco dela campaña “Nuestro mundo. Tu acción.” arroja luz sobre las experiencias de las personas que viven en situaciones de conflicto armado.

“Antes de venir a la ciudad llevábamos una vida sencilla”, dice José, uno de los millones de colombianos que se vieron obligados a huir del conflicto. “Cultivábamos bananas, mandioca y maíz. Nunca faltaba comida”. Se le saltan las lágrimas cuando cuenta a los entrevistadores del CICR que sus hijos viven ahora a pan y agua.

Los desplazamientos forzosos son una de las consecuencias más graves de un conflicto, según muestra un estudio mundial encargado por el CICR en el marco de la campaña “Nuestro mundo. Tu acción”. Tan sólo en Colombia, millones de personas han tenido que cambiar sus hogares, sus tierras, sus cultivos, sus animales y sus formas de vida tradicionales por una vida de pobreza en las grandes ciudades.

El informe Nuestro mundo. Perspectivas del terreno recoge experiencias y opiniones de personas civiles que viven la realidad diaria de un conflicto armado.

El estudio se centró en algunos de los países del mundo más desgarrados por la violencia (los Solferinos de hoy), donde la población se ve afectada por un conflicto armado o por sus secuelas. Estos países son: Afganistán, Colombia, República Democrática del Congo (RDC), Filipinas, Georgia, Haití, Líbano y Liberia.

La investigación aporta una clara visión de lo que las personas experimentan en un conflicto armado y de las consecuencias que ello supone a largo plazo en sus vidas. También revela algunas valiosas conclusiones para el CICR en el desempeño de su labor humanitaria, asegura Pierre Krähenbühl, director de Actividades Operacionales del CICR.


“Detrás de estas cifras hay millones de personas que luchan por mantener a sus hijos, que han sido coaccionadas para que abandonaran su hogar, o que viven día a día con el temor de que un ser querido sea asesinado, agredido o que desaparezca. El estudio es un paso para reconocer nuestra responsabilidad hacia las personas de que estamos allí para prestarles servicios.”

Un cuadro desolador

A través de una encuesta de opinión se pidió a unos 4.000 civiles que relataran sus experiencias personales. En la mayoría de los casos, las entrevistas se efectuaron personalmente porque la falta de infraestructura imposibilitó las telecomunicaciones.

De los entrevistados, el 44% afirmó haber vivido un conflicto armado personalmente y un tercio declaró haber visto matar a un ser querido.

En los ocho países el estudio reveló un cuadro desolador. Más de la mitad los entrevistados (56%) se vio obligado a abandonar su hogar y casi la mitad perdió el contacto con un pariente cercano. Un quinto afirmó haber perdido sus fuentes de ingresos.

Según la investigación, también quedó claro que el desplazamiento, la separación de familiares y la falta de satisfacción de las necesidades básicas eran algunas de las experiencias más comunes y uno de los mayores temores de las personas. El acceso limitado a servicios como el agua, la electricidad y la atención médica resultó ser un problema generalizado, sobre todo en Afganistán y Haití, donde más de la mitad de la población afectada directamente por la violencia armada declaró haber padecido alguna de estas carencias.

Cerca del 66% de los entrevistados declararon haber padecido las consecuencias de las hostilidades, aunque no se vieran afectados directa o personalmente.
La cifra asciende al 98% en el caso de Haití, y al 96% en Líbano, Liberia y Afganistán.

Testimonios personales

Para lograr una comprensión más personal y en profundidad de las experiencias de guerra de las personas, el CICR completó la encuesta de opinión con un estudio más minucioso, efectuando entrevistas personales y en grupos representativos. Esta fase de la investigación fue muy importante. Resultó invalorable sentarse a escuchar a la gente relatar los traumáticos hechos vividos. Asimismo, las personas que participaron en las entrevistas valoraron la oportunidad que se les brindó de expresarse.

En cada país encuestado, el CICR se centró en los civiles más vulnerables, como los desplazados internos, los miembros de familias separadas, los heridos por minas terrestres antipersonal y los colaboradores humanitarios. Las entrevistas cubrieron una amplia gama de temas como las necesidades, los temores y las aspiraciones de las personas.

También se pidió que se opinara sobre el “gesto humanitario” en momentos de necesidad. Otras cuestiones se refirieron al derecho de la guerra, la conducta de los grupos armados y la opinión de la gente sobre la eficacia de los Convenios de Ginebra. Se dieron a conocer igualmente interesantes percepciones generales de las organizaciones humanitarias y opiniones sobre el respeto por el personal y los servicios de salud.

El impacto emocional

Una y otra vez se repiten las historias, sin importar el país. Las opiniones coinciden: los conflictos armados son un círculo vicioso que dan pábulo a la pobreza y a más violencia. Poco importa la razón del conflicto, pero los civiles comparten la sensación de frustración por verse sumidos en un conflicto totalmente “inmerecido”.

Otro sentimiento predominante es que el conflicto armado no tiene ningún propósito y que sólo provoca grandes pérdidas. El estudio mostró que los civiles atrapados en un conflicto sufren una serie de emociones intensas como el miedo, la ansiedad, la tristeza, la depresión, el desamparo e incluso la disociación de sus sentimientos para poder sobrellevar su situación.

Aquellos directamente afectados por el conflicto armado o la violencia enfrentan diversos peligros para su vida, su salud, sus medios de subsistencia, su libertad, el respeto de sí mismo, y su integridad mental.

Una mujer en Georgia, cuyo hijo fue dado por desaparecido, habló de su profundo dolor. “Durante cuatro meses casi me volví loca. Dejé de trabajar.

Ni siquiera cocinaba para el resto de mi familia. Cesó la vida. Los vecinos y mi familia no pudieron hacer nada para que cambiara mi actitud. Pensé en incendiar nuestra casa: ¿para qué hacer algo si mi hijo ya no estaba conmigo?”

En Líbano, un hombre lloraba por la muerte de su hijo: “Durante la guerra, se puede aceptar que la gente muera, pero no después de que la guerra haya terminado cuando las personas regresan a sus poblados y sus hogares. Mi corazón dejó de existir cuando una bomba en racimo mató a mi hijo”.

Las necesidades que surgen después de un conflicto tienen que ver con lo psicológico y lo emocional. Es esencial sentirse bien en un nuevo lugar en caso de desplazamiento (la persona es bien recibida por la comunidad de acogida y no es discriminada); recibir apoyo emocional inmediato tras la pérdida de sus seres queridos y de sus pertenencias; tener oportunidades de comunicarse (tener un “hombro en el que llorar” y poder desahogarse con alguien) y ponerse en contacto con los familiares separados.

¿Qué significa esto para el CICR?

En todos los países, el tema común fue una insaciable necesidad general de asistencia humanitaria. Pero el estudio mostró también varios aspectos que requieren mejoras. Por ejemplo, se señaló que es indispensable prestar ayuda más rápido y a tiempo para que la ayuda llegue a las personas que realmente la necesitan y directamente a los civiles, no a través de intermediarios. También se subrayó la necesidad de cubrir todas las zonas afectadas por un conflicto y no sólo las ciudades.

En todos los países, la gente declaró que sus familias y comunidades eran quienes primero ayudaban y los que mejor comprendían sus necesidades.

Krähenbühl dice que estas conclusiones dan una orientación clara para la asistencia humanitaria. “A través de nuestra propia experiencia operacional nos hemos percatado en los últimos años de la importancia de estar cerca de las comunidades afectadas. Es importantela respuesta que brindan a nivel local los trabajadores de la salud, incluidos nuestros colegas de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media

Luna Roja. La encuesta pone de relieve la importancia de fortalecer la capacidad de las comunidades a nivel local para encarar situaciones de conflicto armado. Daremos a esto cada vez más prioridad en el futuro”.

El estudio también demostró que son primordiales el apoyo psicológico y el asesoramiento y que son las organizaciones humanitarias las que deberían prestarlos.

Según los encuestados, las organizaciones humanitarias deberían contribuir más a la educación y también proporcionar mejores herramientas y suministros, por ejemplo para la construcción de viviendas y las labores agrícolas, a fin de que los civiles puedan reconstruir su vida y sus medios de subsistencia.

Se destacaron varios obstáculos que impiden la asistencia humanitaria: la corrupción, los factores sociales, la discriminación, la falta de acceso, el temor al rechazo por parte de la comunidad o de los que prestan ayuda. Los entrevistados (59%) citan en primer lugar la corrupción, factor que excede el 80% en Colombia, Filipinas y Liberia.

Según explica Krähenbühl, es una conclusión sorprendente y reitera con mucho acierto todas las precauciones que deben tomarse al ejecutar programas, en todas sus fases, para evitar que la población sea objeto de discriminación o enfrente estas formas de bloqueo. “Creo que esto requiere más atención de nuestra parte”.

Para una organización humanitaria como el CICR cuyo compromiso es asistir a las personas según sus necesidades, este estudio permite recordar que su prioridad son las personas, así como comprender la situación a través de ellas. Escuchar las experiencias, necesidades, preocupaciones y aspiraciones de la gente es esencial para que la Institución adapte su respuesta de manera eficaz a fin de proteger y asistir mejor a las personas afectadas por conflictos armados en todo el mundo.

Eros Bosisio
Encargado de comunicaciones del CICR en Ginebra y coordinador del estudio.

“Nuestro mundo. Perspectivas del terreno” puede descargarse en www.cicr.org/spa


Una mujer de 79 años visita del brazo de su nieto su aldea abandonada en la isla de Mindanao. Unas 300.000 personas aproximadamente han sido desplazadas en el sur de Filipinas por los combates entre las fuerzas gubernamentales y el grupo armado Frente Moro de Liberación Islámica.
©JAMES NACHTWEY / CICR / VII

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Convenios de Ginebra cumplen 60 años

El 12 de agosto el CICR conmemoró el 60º aniversario de los cuatro Convenios de Ginebra haciendo un llamamiento a los Estados y a los grupos armados para que respeten las normas que protegen a los civiles, así como a los combatientes enfermos, heridos o detenidos. ““Sobre el terreno, vemos que el DIH se conculca con regularidad, desde el desplazamiento masivo de civiles hasta los ataques indiscriminados y los malos tratos infligidos a los prisioneros”, declaró el presidente del CICR, Jakob Kellenberger. “Incluso la guerra tiene límites y si las normas existentes se respetaran en mayor medida, gran parte del sufrimiento causado por los conflictos armados podría evitarse. Desde una perspectiva más positiva, muchas de estas violaciones ya no pasan desapercibidas. Cada vez más, los responsables deben rendir cuentas de sus acciones, lo cual es una señal de progreso.” Los Convenios y sus Protocolos adicionales forman la espinal dorsal del derecho internacional humanitario. Los 194 países son parte en los Convenios, lo que los hace universales. El CICR aprovechó también esta histórica ocasión para pedir que se aclare y se perfeccione más este derecho a fin de que se adapte a la índole cambiante de los conflictos armados. Para más información sobre las experiencias de los civiles en los conflictos, véase página 12.

 

 

 


Hechos y cifras

• En Afganistán, el 76% de quienes vivieron un conflicto armado, declararon haber tenido que abandonar sus hogares, mientras el 61% afirmó haber perdido el contacto con un pariente cercano.
• En Liberia, un alarmante 90% declaró haberse tenido que desplazar, seguido del 61% en Líbano y el 58% en RDC. La pérdida del contacto con un ser querido también afectó a un gran número de personas en Liberia (86%), en Líbano (51%) y en RDC (47%).

 

 

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