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Las víctimas olvidadas de Iraq

En los últimos años, los combates en este país devastado por la guerra han amainado y con ello también ha decaído la atención política y mediática internacional. Pero aun cuando los Estados Unidos prometen retirar sus tropas y poner término a las actividades bélicas a finales de agosto, el grado de violencia sigue siendo alarmante y el futuro muy incierto. La gente continúa enfrentada a situaciones muy difíciles: pérdida de los seres queridos, desamparo económico, constante temor a la violencia, así como falta de medicamentos y de acceso a la asistencia de salud y al agua potable, enfermedades crónicas y malnutrición, presencia de municiones sin estallar y desastres naturales.

Muchas de estas crisis pasan inadvertidas y ocupan los titulares acontecimientos más llamativos como la explosión de bombas suicidas, la violencia armada y la política . Pocos diarios en el mundo, por ejemplo, dieron cuenta de las inundaciones repentinas que se registraron el pasado mes de abril en varias partes del país, afectando a unas 9.000 personas y desplazando a otras 2.400. ¿Cuántas personas que siguen las noticias en el mundo se han enterado de las historias de las mujeres iraquíes que la guerra dejó viudas y luchan por mantener a su familia frente a la grave depresión económica?
 
La acción del Movimiento ante esta compleja situación pone de relieve la correlación existente entre seguridad, salud mental y física y recuperación económica. La Media Luna Roja de Iraq, el CICR, la Federación Internacional y las Sociedades Nacionales participantes siguen en numerosos frentes ayudando a las familias a localizar a sus seres queridos y a las comunidades a recuperarse del desastre natural, prestando primeros auxilios basados en la comunidad, promoviendo la higiene y sensibilizando al público sobre el peligro que representan los dispositivos sin estallar.

Todas las fotografías y texto de ©Ed Ou/Reportaje de Getty Images para el CICR

 


La vida en la periferia de las ciudades
Bajo las tiendas de campaña, que los protegen del sol abrasador de Bagdad, los niños se divierten en una zona de recreo improvisada en Zafraniya. Este barrio se ha convertido en refugio para muchos desplazados iraquíes que han huido de la sequía, el desempleo o la violencia. Según estimaciones de las Naciones Unidas y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 2,8 millones de personas son desplazadas internas en Iraq. Al igual que en Zafraniya, los desplazados se instalan en terrenos públicos o en la periferia de las ciudades.

“Las personas viven en condiciones infrahumanas”, señala el Dr. Yassin Abass, presidente de la Media Luna Roja de Iraq. “Han dejado las zonas rurales y se han instalado en Bagdad o en otras ciudades, donde no hay ni viviendas ni servicios. A menudo viven sin agua potable ni electricidad y, desde luego, no hay alcantarillado”. La Media Luna Roja de Iraq, una de las organizaciones dedicadas a conseguir alojamiento, ha emprendido un programa de vivienda que ha permitido construir hasta ahora 200 unidades en la ciudad de Karbala, situada al sur de Bagdad. Por otra parte, la Sociedad Nacional está tratando de sensibilizar al público acerca de la situación de unos 2,2 millones de refugiados iraquíes que viven en Jordania, Siria, Líbano, Irán y Egipto.

 


La vida en la periferia de las ciudades
Las personas que sufren enfermedades mentales también tienden a quedar al margen de toda asistencia. Al Rashad es el hospital psiquiátrico más grande de Iraq. A pesar de los importantes daños sufridos durante el conflicto, el establecimiento mantuvo sus puertas abiertas a lo largo de toda la guerra. Los pacientes participan en diversas actividades recreativas, como música, pintura y gimnasia

 


Algo lindo que se puede mantener
Suhad Abbas Mohamed, de 27 años, se instaló con una peluquería en su casa de Bagdad y desde entonces su negocio no ha dejado de prosperar. No hay necesidad de hacer publicidad, dice la joven, pues la noticia corre rápidamente de boca en boca entre las mujeres, que tienen muy pocos lugares para juntarse.

“He intentado crear un lugar donde las mujeres puedan ser ellas mismas”, asegura, mientras peina a su sobrina. Abbas Mohamed comenzó su negocio gracias a una donación del CICR después de que su marido muriera en un enfrentamiento violento. “Mi casa se ha convertido en una pequeña comunidad”.

 


Desconocidos pero no olvidados
Ahmed Abdul Redha, de 33 años, que trabaja en el Centro de Mártires de Al Zubair (izquierda) en Basora, recorre las hileras de tumbas de personas no identificadas muertas durante la guerra entre Irán e Iraq y las dos guerras del Golfo. Se encarga de mantener la limpieza del lugar y a menudo reza una rápida oración.

Después del desmantelamiento del ejército iraquí en 2003, identificar a las personas desparecidas se tornó una tarea aún más difícil. El CICR imparte formación y presta apoyo al Centro Al Zubair y a otras organizaciones para ayudar a los funcionarios públicos a identificar los restos mortales y dar a las familias noticias de sus seres queridos. Como parte de ese esfuerzo, el Centro Al Zubair instaló un sistema de archivo mejorado para gestionar los expedientes de los iraquíes muertos en conflicto y su personal recibió capacitación en investigación forense.

 


Un valioso recurso

Hace poco, niños y muchachos del sector 52 de Sadr City, caótico barrio pobre de Bagdad, se juntaron un viernes por la tarde alrededor de un camión cisterna del CICR. Llenaron bidones, baldes, botellas, cuanto recipiente pudieron encontrar. Luego emprendieron el camino de regreso a su hogar esquivando charcos de agua sucia y estancada.

En Iraq el agua potable es una cuestión de vida o muerte. Los desechos se vierten con frecuencia en los ríos y gran parte del suministro de agua está contaminado. En un informe de las Naciones Unidas se advierte que el caudal del Tigris y el Éufrates, principales fuentes de agua de Iraq, ha disminuido en más de dos tercios.

 


Un valioso recurso
Uno de los muchos proyectos del CICR es la distribución de agua en camiones cisterna y la mejora del sistema de saneamiento para las comunidades vulnerables. En el subdistrito de Daquq, cerca de Kirkuk, el CICR emplea a trabajadores kurdos (derecha) para renovar un canal. Los pueblos de la región se han vuelto más autosuficientes y tienen acceso a los embalses que aportan agua a todas las comunidades y gracias a los proyectos de filtración pueden purificar el agua.

 


Un número incalculable de víctimas
El mundo exterior sabe muy poco de las vivencias de cada persona o de las graves mutilaciones causadas por la explosión de las minas terrestres o las municiones sin estallar que quedan dispersas en las zonas de conflicto. Pero para las personas que han perdido a un ser querido o han quedado mutiladas, el daño sufrido supone un cambio radical en su vida. El Movimiento presta servicios de rehabilitación como terapia física y ortopédica en el centro apoyado por el CICR y, al mismo tiempo, se empeña en prevenir lesiones futuras.

 


Un número incalculable de víctimas
En Iraq, un equipo del CICR limpia zonas sembradas de municiones sin estallar. Entre tanto, los voluntarios de la Media Luna Roja de Iraq sensibilizan a la población sobre la amenaza que entrañan estos artefactos.

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