Los
encargados de la diplomacia humanitaria de la Cruz Roja
Australiana buscan un equilibrio entre las campañas
públicas audaces y la persuasión entre bastidores
sobre temas como el asilo, la migración, las armas
nucleares y las cuestiones relacionadas con los aborígenes.
Yami Lester tiene casi 70 años, pero su fecha de
nacimiento exacta se desconoce por ser un aborigen de la
selva del sur de Australia. Su lengua materna es el yakuytjatjara — el
inglés lo aprendió mucho más tarde— así que,
incluso si los hubiera oído, no habría entendido
a los oficiales de patrulla que en 1953 avisaron a los ancianos
de su tierra natal Walatina que los británicos realizarían
ensayos nucleares en Emu Junction, lugar situado en línea
recta a unos 160 kilómetros al sur.
Lo que el pequeño Lester, entonces de 10 años,
escuchó en la mañana del 15 de octubre fue
una gran explosión. Sintió que la tierra temblaba
y vio una nube de humo negro salir entre los matorrales.
Pensó que se trataba de un mamu, un espíritu
maligno. Los miembros de su “clan”, o tribu,
cayeron todos enfermos con vómitos, diarrea y erupciones
cutáneas. A Lester le dolieron mucho los ojos. Cuatro
años más tarde, estaba totalmente ciego.
La Comisión Real sobre las pruebas nucleares británicas
en Australia en 1985 demostró que había caído
una lluvia radioactiva, pero Lester, hoy con el pelo cano,
no guarda rencor por todo lo sucedido.
Este anciano de voz suave se ha convertido en una especie
de diplomático silencioso sobre la cuestión
de las armas nucleares. Lo que desea es contar sus vivencias
y ayudar a la Cruz Roja Australiana en la campaña
contra las armas nucleares, iniciada tras la reunión
en Oslo de mayo de 2011 y copatrocinada por las Sociedades
Nacionales australiana, japonesa y noruega, dando así un
renovado impulso a la promoción de nuevas leyes destinadas
a reafirmar la ilegalidad del uso de las armas nucleares.
“Cuando me dijeron que el gran jefe era Robert”,
dice Lester, frotándose las manos y sonriendo con
generosidad, pensé: “Por supuesto que voy a
hablar”.
Robert es Robert Tickner, secretario general de la Cruz
Roja Australiana con sede en Melbourne desde 2005. También
fue el ministro que más años trabajó en
la cartera de los asuntos relacionados con los aborígenes
y miembro del Ministerio federal de Trabajo de 1990 a1996.
Por lo tanto, está bien situado no sólo para
contribuir a poner punto final a la guerra nuclear, sino
también para llamar la atención sobre otro
aspecto primordial para la Cruz Roja: mejorar la salud de
muchos de los indígenas de Australia a menudo marginados,
cuya esperanza de vida al nacer es, en promedio, 20 años
menos que la de los demás australianos. |

Yami Lester, de 70 años, quedó ciego a causa de
la lluvia radioactiva que cayó tras los ensayos nucleares
realizados por los británicos en su comunidad del
interior de Australia en la década de 1950.
Fotografía: ©Central
Australian Aboriginal Media Association
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Persuadir
es una responsabilidad
Ante la complejidad creciente del paisaje humanitario, con
más actores, desastres más frecuentes, mayor
competencia por los recursos y crecientes peligros para los
trabajadores humanitarios y los beneficiarios, se ha tomado
conciencia de la necesidad de reforzar la diplomacia humanitaria.
Cuando la Asamblea General de la Federación Internacional
aprobó la Estrategia 2020 en 2009, determinó que
la diplomacia humanitaria era una de las tres acciones facilitadoras
fundamentales para el éxito de la Estrategia. La posterior
adopción de la Política de Diplomacia Humanitaria
de la Federación Internacional refleja un nuevo compromiso
institucional con la práctica de una diplomacia humanitaria
más coherente en todas las Sociedades miembros.
Mientras tanto, más Sociedades Nacionales están
invirtiendo en la diplomacia humanitaria mediante la adopción
de planes y políticas, así como por la contratación
de coordinadores en la materia. “Las Sociedades Nacionales
tienen una posición privilegiada para persuadir a
los encargados de tomar decisiones y los líderes de
opinión a que actúen en favor de las personas
vulnerables”, dice Goli Ameri, subsecretario general
de Diplomacia y Valores Humanitarios de la Federación
Internacional. “Como auxiliares de los poderes públicos,
tienen acceso a los gobiernos nacionales y locales”.
Pero también deben franquear muchos obstáculos,
según señala un reciente estudio realizado
por la Federación Internacional sobre la buena disposición
de las Sociedades Nacionales en materia de diplomacia. Entre
los obstáculos externos figuran la falta de transparencia
de los gobiernos y la idea errónea que se tiene de
la labor de la Sociedad Nacional o la falta de interés
por la misma y entre los internos la retención del
personal formado, el uso eficaz de la función de auxiliar,
la falta de recursos, la definición de áreas
prioritarias, la incongruencia de los sistemas de presentación
de informes y recopilación de pruebas, y la necesidad
de mejorar las aptitudes para trabajar en red, ejercer presión
y comunicar. La Federación Internacional está elaborando
herramientas, algunas de las cuales pueden encontrarse en
FedNet, plataforma en la que las Sociedades Nacionales pueden
intercambiar sus logros y fracasos en el ámbito de
la diplomacia humanitaria. |

Además de la diplomacia humanitaria de alto nivel, la
Cruz Roja Australiana lleva su mensaje a las calles. Estos
afiches, junto con figuras recortadas de tamaño natural,
se colocaron en lugares públicos como parte su campaña “Incluso
la guerra tiene normas”.
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Hablar con voz suave pero firme
Esa tarde en el municipio de Alice Springs, Tickner habló ante
una de las decenas de reuniones públicas que organizó la
Cruz Roja Australiana en todo el país para dar a conocer
las consecuencias humanitarias inaceptables del uso de las
armas nucleares y animar a las personas a que denuncien esta
cuestión a través de los medios sociales como
Facebook.
Será una campaña larga. Sin embargo, Tickner
espera que el Movimiento pueda llegar a una posición
contundente sobre el uso de estas armas en el próximo
Consejo de Delegados. Señala que el Movimiento ha
hablado a menudo sobre este tema desde 1945. Al igual que
gran parte de la labor de la Cruz Roja Australiana, particularmente
en la última década, esto es más que
una campaña pública. Es parte de una amplia
estrategia de diplomacia humanitaria que consiste en persuadir
a todos los sectores de la sociedad —desde el público
en general hasta los parlamentarios y los encargados de tomar
decisiones— para que hagan algo respecto a las preocupaciones
humanitarias de la sociedad.
Sin lugar a dudas, Tickner y el abogado Greg Vickery de
Brisbane, que fue elegido presidente de la Cruz Roja Australiana
en 2003, han trabajado intensamente para fortalecer a la
Sociedad Nacional, han formado una organización con
cohesión en el plano nacional bajo la autoridad de
una junta nacional sin perder de vista lo que pueden aportar
las bases.
La diplomacia humanitaria ha utilizado en ciertas ocasiones
modos gráficos de expresión para poner de relieve
preocupaciones humanitarias como la prohibición de
la tortura o la ilegalidad de utilizar a niños como
soldados. Por ejemplo, en las calles de las capitales estatales
de Australia, la Cruz Roja ha colocado figuras recortadas
en cartón de niños portando ametralladoras
para llamar la atención sobre la problemática
de los niños soldados y muñecos encapuchados
para representar la tortura.
La prudencia es la madre de la ciencia
Pero estas campañas, dicen Tickner y Vickery, se
realizan en momentos elegidos cuidadosamente porque así se
evita que se vean como una respuesta a los debates partidistas
en el ciclo político parlamentario. Helen Durham,
responsable de Derecho Internacional y Principios de la Cruz
Roja Australiana dice que se trata de centrar el discurso
público y el análisis en las consecuencias
para el DIH y las cuestiones humanitarias, no en consideraciones
políticas.
Es la primera en admitir que es humano querer hablar primero
con el corazón. “Soy una persona apasionada
y comprometida con el trabajo que hacemos, pero entiendo
en el fondo la necesidad de tener una línea en la
Cruz Roja. Nada nos impide ser creativos, innovadores y entusiastas,
pero siempre respetando los Principios Fundamentales de la
Cruz Roja y la Media Luna Roja en todo el mundo”.
Lo que se gana manteniéndose dentro de esos principios
es que la Cruz Roja Australiana puede formular, y de hecho
lo hace, sugerencias privadas más específicas
y expresar sus preocupaciones, así como acceder a
sectores del gobierno donde otras organizaciones que hacen
críticas públicamente encuentran las puertas
cerradas. Trabajar de esta manera, según sostienen
estos diplomáticos humanitarios, significa que la
Cruz Roja está en una posición privilegiada
para hacer valer y proteger las necesidades de las personas
más vulnerables.
Entre los logros de la Cruz Roja, Tickner menciona el apoyo
del Gobierno de Australia en favor de la ratificación
de la prohibición de las minas terrestres y el pasaje
de algunas mujeres y niños solicitantes de asilo a
detención comunitaria. La Cruz Roja se movilizó recientemente
para proporcionar vivienda y apoyo a estos solicitantes de
refugio en varias ciudades australianas, complementando así su
tradicional papel de supervisión y acceso ilimitado
a los centros de detención, papel que incluye la elaboración
trimestral de informes confidenciales sobre las condiciones
de detención en esos centros.
Según Tickner, el Gobierno de Australia también
respaldará la prohibición de las municiones
en racimo, un proyecto en el que el Movimiento de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja ha puesto todo su empeño
desplegando su saber en materia de diplomacia humanitaria.
Tras una serie de gestiones realizadas por la Cruz Roja Australiana
ante las autoridades gubernamentales pertinentes, este año
se presentará al Parlamento Federal el texto legislativo
sobre el tema.
¿Hasta dónde se puede llegar?
A pesar de que Australia tiene una democracia liberal sólida, “siempre
hay un juicio de valor delicado en cuanto a saber hasta dónde
se puede recomendar públicamente un cambio, atendiendo
a los principios humanitarios, sin tomar partido, sin convertirse
en un actor político partidista”, dice Tickner.
Y a la inversa, “a veces también el compromiso
de la Cruz Roja con determinados principios puede ser tan
esencial que tenemos el deber de articular la defensa y extender
los límites de lo posible en esos casos particulares”.
Por ejemplo, aunque la Cruz Roja Australiana no ha tenido
dudas en capacitar a unos 140 indígenas para que trabajen
en las comunidades y aborden las cuestiones de los aborígenes
relacionadas con la violencia, la salud y la dieta, el gobierno
anterior encabezado por John Howard, también pidió a
la Cruz Roja que se sumase a su “intervención” en
el Territorio del Norte: una política por la que el
ejército fue enviado a las comunidades indígenas
remotas a fin de que luchara contra el abuso infantil, prohibiera
el alcohol y la pornografía e impidiera que los aborígenes
gastaran los subsidios del servicio social.
El actual gobierno ha continuado con la intervención.
Pero enganchar el vagón de la Cruz Roja al ejército
y aceptar dinero que de otro modo se habría destinado
a las cuentas bancarias personales de los aborígenes
era claramente una perspectiva inaceptable para la Cruz Roja
Australiana.
“Nos pareció que era un espacio muy polarizado”, afirma
Tickner. “Básicamente, nos ofrecieron los fondos que habían
sido puestos en cuarentena [tomados directamente de las cuentas bancarias de
los aborígenes] como consecuencia de la intervención y consideramos
que no era el espacio en el que podíamos entrar, en consonancia con
nuestros principios”.
En Brisbane, Greg Vickery explica: “Lo que deseamos
es que no nos asocien con una intervención obligatoria
en las comunidades. El propósito era loable pero el
método inapropiado. Por lo tanto, no nos involucramos
directamente y dijimos: ‘Trabajaremos directamente
con la comunidad y no con el Gobierno en esta materia’”.
Un reconocimiento creciente
Gracias al papel cada vez más predominante de la
Cruz Roja Australiana en el ámbito humanitario, los
gobiernos federal, estatal y territorial han comenzado a
reconocer la función de auxiliar de los poderes públicos
conferido desde siempre a la Sociedad Nacional y abogan en
su favor. La Sociedad Nacional, por ejemplo, intervino con
fuerza y rápidamente durante las inundaciones de este
año en Queensland, encargándose de administrar
el alojamiento para las personas cuyas casas habían
resultado inundadas.
La persuasión en medio de la realpolitik del parlamento
requiere actores de todas las posiciones políticas.
Aunque Tickner dejó el Partido Laborista de Australia
hace 15 años y Vickery, ex vicepresidente del Partido
Liberal de Queensland, no participa en la política
desde hace 20 años, el consejo nacional incluye a
Kate Carnell, ex ministra principal del Territorio de la
Capital Australiana, que mantiene una sólida red del
Partido Liberal, y a David Hammill, ex tesorero laborista
del estado de Queensland , que todavía tiene vínculos
con su partido.
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El equipo de diplomacia humanitaria de la Cruz Roja Australiana:
el secretario general, Robert Tickner, y el presidente, Greg
Vickery. Fotografía: ©Sebastien
Calmus/Federación Internacional
“A veces también
el compromiso de la
Cruz Roja
con
determinados principios
puede ser tan esencial
que tenemos
el deber
de articular la defensa
y extender los límites
de lo posible en esos
casos particulares”.
Robert Tickner,
secretario general
de la Cruz Roja
Australiana

Profesora de derecho humanitario y asesora, Helen Durham.
Fotografía: ©Cruz Roja Australiana
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A
veces, se trata de persuadir al gobierno para que actúe
en un entorno político internacional difícil.
Geoff Skillen, ex abogado principal de la Fiscalía
General Federal y miembro durante mucho tiempo del Comité de
DIH de la Cruz Roja —presidente desde el año
pasado—recuerda que en 2001 y 2002 parecía que
el Gobierno de Australia no iba a estar a favor de la ratificación
de la Corte Penal Internacional, dada la fuerte oposición
que mostraba la administración de Estados Unidos bajo
la dirección del ex presidente George W. Bush.
Australia ratificó finalmente la Corte Penal Internacional,
después de que la Cruz Roja Australiana se presentara
ante una comisión parlamentaria. “Creo que la
actitud de la Cruz Roja fue fundamental para convencer a
la comisión parlamentaria de que estuviera a favor
de la ratificación”, dice Skillen.
Los canales informales
A menudo, en la diplomacia se requieren aptitudes para saber
relacionarse con los demás: forjar la confianza, cumplir
su palabra, respetar la confidencialidad. Tener
conexiones tampoco hace daño y llamar a un amigo es
a menudo parte de la ecuación. |
El trabajo
que hay por delante
Así como el trabajo real de Dunant comenzó después
de Solferino, el éxito de los esfuerzos diplomáticos
del Movimiento en las reuniones estatutarias se medirá sólo
en los meses y años venideros.
Según muchos, la diplomacia eficaz no es sólo
una cuestión de persuasión, de acceso
otorgado gracias al carácter único del
Movimiento o de conexiones con las personas de poder
y dinero, sino también el seguimiento.
Las promesas formuladas y las resoluciones aprobadas
requieren una supervisión constante, tanto para
garantizar la plena aplicación como para mejorar
y fortalecer lo que se está haciendo.
Una parte clave de ese seguimiento consiste en robustecer
la capacidad de los actores del Movimiento para recopilar
y analizar pruebas sobre el terreno e informar al respecto.
El mensaje del Movimiento, según muchos, es
tan bueno como su capacidad para transmitirlo y mostrar
de manera convincente que está contribuyendo
al cambio.
Tenemos que crear herramientas que trasciendan los
mensajes clave y los documentos de posición “,
dice Mirwan Jilani, que lidera la delegación
de la Federación Internacional ante las Naciones
Unidas. “Tenemos que facilitar a los gobiernos
documentación seria para ayudar a las Sociedades
Nacionales a realizar este tipo de diplomacia.” Eso
significa mejorar los sistemas para facilitar información
de calidad de manera rápida al terreno y obtenerla
de la misma manera para luego transmitirla a los gobiernos,
los medios de comunicación y los organismos
internacionales y regionales. Otros entrevistados acerca
de la diplomacia humanitaria también coincidieron
en que es necesario mejorar la cooperación y
la coordinación del Movimiento, mantener un
enfoque disciplinado interno del Movimiento en cuestiones
clave e integrar mejor la diplomacia humanitaria en
la intervención en situaciones de emergencia. |
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Según
Graham Perrett, parlamentario laborista del Queensland Federal
y coorganizador de los Amigos Parlamentarios de la Cruz Roja,
los canales informales son esenciales; por ejemplo, es indispensable
poder contactar al Fiscal General Rob McClelland o al ministro
de Relaciones Exteriores Kevin Rudd a fin de plantearles
preocupaciones urgentes de la Cruz Roja.
Estas redes continuarán siendo primordiales pues
seguirán planteándose nuevos problemas. Durante
varios meses hasta finales de agosto, el Gobierno australiano
de la primera ministra Julia Gillard indicaba que tenía
la intención de seguir adelante con la llamada “solución
de Malasia” para enviar a 800 nuevos solicitantes de
asilo a Malasia, a cambio de 4.000 refugiados ya procesados,
en un intento de disuadir a los traficantes de personas y
a los recién llegados por barco.
“Hemos hecho nuestro propio trabajo de convencimiento
en ese sentido”, asegura Vickery. “Le hemos explicado
[al Gobierno australiano] lo que pensamos. No obstante, vamos
a trabajar con eso… nuestro imperativo humanitario
es ayudar porque ellos [los solicitantes de asilo] tienen
necesidades y alguien debe velar por ellos”.
Este ofrecimiento proviene de los programas de trabajo de
la Cruz Roja con los solicitantes de asilo en Australia y
podrá utilizarse en el futuro para cualquier otro
acuerdo que pueda adoptarse relativo al procesamiento en
el extranjero, tras el fallo de seis a uno pronunciado por
la Corte Suprema de Australia el 31 de agosto, por el que
se impidió al Gobierno de Australia que enviara a
los 800 solicitantes de asilo a Malasia. La Cruz Roja Australiana
mantendrá su capacidad persuasiva y de diplomacia
humanitaria en nombre de estos viajeros vulnerables.
Steve Dow
Periodista independiente establecido en Sydney, Australia. |
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La diplomacia humanitaria puede impulsar la función de la Sociedad Nacional
como auxiliar en situaciones de emergencia asegurando al mismo tiempo su independencia.
Estas socorristas de la Cruz Roja Australiana atienden a un bombero en una zona
afectada por incendios forestales que se cobraron la vida de 210 personas.
Fotografía: ©Rodney
Dekker/Cruz Roja Australiana
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