|
En esta entrevista, Patrick Meier explica cómo
Internet y la tecnología de las comunicaciones pueden
contribuir a salvar vidas en el terreno.
Int ern et fu e en su moment o un espacio
relativamente pasivo. La web servía principalmente
para que la gente buscara información. Hoy Internet
es mucho más interactiva: la Web 2.0, tal como se
denomina a veces esta plataforma digital en evolución,
puede servir de espacio de trabajo en el cual todos pueden
intercambiar conocimientos, datos y experiencia en cualquier
momento y en cualquier lugar. Después del terremoto
de Haití en 2010, por ejemplo, Patrick Meier y otros
voluntarios crearon mapas de crisis en línea, lo que
permitió a las víctimas y los trabajadores
humanitarios utilizar sus teléfonos móviles
para enviar minuto a minuto información sobre la ubicación
de las personas que necesitaban ayuda. Meier dice que las
nuevas tecnologías podrían revolucionar la
acción humanitaria en el terreno.
Se ha demostrado que el cartografiado de las
crisis permite a la población desarrollar cierto
grado de autosuficiencia en diversas crisis. Pero, ¿es
mensurable el efecto que produce para la asistencia humanitaria
en el terreno?
Se trata de una técnica relativamente nueva y se empezó
a emplear por primera vez en el terremoto de
Haití. En ese momento, no existían procedimientos
normalizados de trabajo sobre cómo cartografiar las
crisis. Y ello porque nunca antes se había hecho y
ni
siquiera fueron las organizaciones humanitarias las
que comenzaron, sino los estudiantes voluntarios y los
miembros de la diáspora haitiana que se unieron y
trazaron
un mapa de la crisis. Pasó cerca de un año
antes
de que la primera organización humanitaria se diera
cuenta del valor de esas tecnologías (datos de múltiples
fuentes y tecnologías de información geográfica).
Sabemos que los primeros en intervenir en Haití,
la Guardia Costera y la Marina de los Estados Unidos, solicitaron
activamente esta información y la utilizaron para
sus propios esfuerzos de búsqueda y rescate. En el
caso del mapa de la crisis de Libia, sabemos que la Oficina
de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones
Unidas (OC HA) utilizó oficialmente productos de información
que los funcionarios de las Naciones Unidas difundieron en
Libia. Ahora las Naciones Unidas o cualquier persona que
utilice el cartografiado de crisis tiene que evaluar el efecto
que produce la información en sus decisiones.
¿Se puede confiar realmente en este tipo
de información voluntaria procedente del terreno?
En cualquier crisis, durante los primeros días los
datos enviados desde el terreno no son ni completos ni exactos.
En el último año y medio, se han producido
muchos cambios positivos en la comprensión y el manejo
de los datos en las organizaciones humanitarias.
De lo que todos nos damos cuenta es que hay diferentes niveles
de información y fiabilidad en un comienzo. Es importante
contar con diferentes canales de información y utilizarlos
para trazar un cuadro más amplio de lo que está ocurriendo
sobre el terreno. Hay que decir que es mejor tener información
parcial que no tener nada: siempre se pueden verificar los
informes una vez que se han conseguido algunas pruebas.
¿Cómo responder a los que se preguntan
si la “multitud”— aquellos que están
aportando datos a través de sus teléfonos
móviles o computadoras— representa verdaderamente
a los más necesitados y no sólo a los que
tienen acceso a la tecnología?
Es cierto que la tercerización masiva de información
no es una muestra aleatoria. Pero cada método de muestreo
tiene sus ventajas y desventajas. Uno de los puntos fuertes
de esta técnica es que la información llega
rápidamente. Pero es posible que no sea representativo
de toda la población.
Cada vez que se recopilan muestras de toda la población,
hay ventajas relativas: oportunidad, esfuerzo y costo, por
mencionar sólo tres. A veces hay que quedarse con
lo que es suficientemente bueno, siempre y cuando haya transparencia
en los métodos y las deficiencias. La tercerización
masiva de información no va a resolverlo todo, sino
que es sólo otra manera de recopilar información.
A medida que más personas se involucran
en la tercerización masiva de información, ¿existe
el peligro de aumentar las expectativas de las personas
que están enviando los datos o informes?
Cualquier tipo de intervención humanitaria va a aumentar
las expectativas. Es la naturaleza misma de nuestra labor.
Entonces lo que cabe preguntarse es ¿cómo manejar
mejor estas expectativas? Una de las cosas que hicimos durante
la crisis de Haití fue educar al público (a
través de las emisoras de radio en este caso) sobre
el objetivo de trazar mapas.
Pasé horas en las distintas emisoras explicando que
se trata de un servicio de información y que no garantiza
una respuesta. La comunidad humanitaria está dando
prioridad a las necesidades de vida o muerte más urgentes
y la gente entiende esto. Pero se les debe informar: hay
que ser franco, transparente y honesto acerca de las limitaciones
de la respuesta que se puede esperar.
¿Puede este tipo de tecnología
utilizarse en las situaciones de conflicto?
Trabajar en las situaciones de conflicto es otro cantar.
Cuando se plantean preocupaciones como la seguridad, la privacidad
y la protección la tercerización masiva de
información no va a servir.
Sin embargo, hay algunas precauciones que pueden ayudar
a los usuarios: una es controlar el acceso a los datos y
no obstante proporcionar información a las partes
interesadas. En el caso del mapa de crisis de Libia, había
una versión pública y otra privada del mapa
que se publicaba con retraso y en la versión pública
se omitía la ubicación de la fuente. Sin embargo,
estos sistemas funcionan si las personas que los utilizan
tienen un comportamiento correcto. Usted puede tener toda
la seguridad tecnológica del mundo, pero si la gente
se conecta desde cibercafésy hay funcionarios de gobierno
mirando por encima del hombro, entonces el sistema no será seguro
y la gente podría estar en peligro.
¿Qué otras tecnologías,
a su juicio, podrían usarse en el ámbito
humanitario?
En los últimos cinco años me he empeñado
en reducir la brecha entre la comunidad tecnológica
y la comunidad humanitaria. Soy un apasionado de la búsqueda
de aplicaciones comerciales con fines de lucro que pueden
ayudar a la labor humanitaria.
Uno de los mejores ejemplos de esto son las “microtareas”.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (AC NUR), por ejemplo, utiliza el sistema
de microtareas para analizar las imágenes satelitales
de Somalia. Al observar estas imágenes y contar los
refugios en el corredor de Afgooye, se pueden obtener estimaciones
fiables [del número de personas desplazadas]. En el
pasado se necesitaban dos empleados durante un mes entero
para marcar y contar todos los refugios en la imagen satelital.
Este mismo proceso con una asignación de microtareas
utiliza a cientos de voluntarios en todo el mundo que remitirán
en pocos días un análisis más preciso...
y de forma gratuita.
|