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El fenómeno de los desastres olvidados no
es exclusivo de los países en desarrollo. Viene
al caso citar las inundaciones registradas en 2011 en Minot,
una localidad de Dakota del Norte, situada en el Medio
Oeste de los Estados Unidos.
Catalogado hace apenas un año en
una revista especializada como uno de los mejores barrios
de casas antiguas de los Estados Unidos , el histórico
Eastwood Park, en Minot, Dakota del Norte, ahora tiene un
aspecto deprimente debido a las inundaciones del verano que
cubrieron gran parte de la ciudad. Tras el desbordamiento
del río Souris, en junio de 2011, que causó el
desplazamiento de 11.000 residentes en el área de
Minot e inundó 4.100 hogares y comercios, David y
Pat Lehner han trabajado sin descanso para preservar la carpintería
original y las ventanas de vidrio emplomado de su devastada
casa de tres plantas, construida en 1908.
“Si uno no sabe disciplinarse para seguir adelante,
es muy fácil dejarse estar y sentirse abrumado”,
dice David Lehner. “Hay mucha gente que se ha dado
por vencida”.
Allá lejos, en la pradera
La recuperación ha sido lenta y se han destinado
pocos recursos externos a esta ciudad de 41.000 habitantes,
ubicada en una parte del país a menudo considerada
remota, cerca de la frontera con Canadá. En Minot
se encuentra una base de la Fuerza Aérea de los Estados
Unidos y es una de las ciudades más grandes del estado
escasamente poblado de Dakota del Norte.
El desastre registrado en Minot captó muy brevemente
la atención de los medios de comunicación.
Una nación que estaba horrorizada por las escenas
de casas con agua hasta el techo se desinteresó rápidamente
del caso cuando las aguas comenzaron a retroceder. Los voluntarios
que acudieron para prestar ayuda se retiraron antes del invierno,
que puede ser sumamente duro en esta región.
“La gente de por aquí ha dado todo lo que
ha podido”, asegura Curt Zimbelman, banquero y alcalde
de Minot. Y Minot -señala- tiene que captar de nuevo
la atención del país. “Los medios nacionales
nos han olvidado”, añade. “Y las necesidades
son las mismas ahora que entonces”.
Zimbelman opina que la recuperación de la ciudad
depende de los voluntarios que ayudarán a reconstruir
y de los fondos que asignen las autoridades federales y estatales
a la protección en casos de inundación. Pero
las inundaciones de Minot, intercaladas entre los tornados
de primavera y los huracanes de otoño, son tan sólo
uno de los muchos desastres que compiten por los fondos de
un presupuesto federal ya sobrecargado el año pasado.
Tampoco la gente de fuera del estado se acordó de
Minot al comenzar el nuevo año, cuando menos de un
tercio de los residentes, sobre todo aquellos cuyas casas
sufrieron menos daños, estaban de regreso en sus hogares.
Se espera que un auge de la construcción permita a
la mayoría de los residentes volver antes de finales
de 2012. Sin embargo, el plan de protección contra
las inundaciones, una vez finalizado, determinará quiénes
pueden reconstruir y quiénes no.
En busca de fortuna
Colindante con uno de los mayores campos petrolíferos
de los Estados Unidos, Minot había cambiado ya incluso
antes de las inundaciones. La gente y las empresas llegaron
en tropel a esas praderas con el propósito de hacer
fortuna con el petróleo. Mientras que la gran afluencia
de pobladores superó la capacidad de las ciudades
más pequeñas de la zona, Minot prosperó como
centro social y comercial de la región.
El resto de los Estados Unidos estaba preocupado por las
ejecuciones hipotecarias de las viviendas durante una recesión
y en Minot el precio de la vivienda subía pues la
demanda superaba la capacidad de construir. Cuando se produjeron
las inundaciones, el problema de la vivienda se convirtió en
una crisis total.
En octubre, después de pasar diez semanas en un refugio
de la Cruz Roja, Justin y Sonja Neubauer se mudaron a una
unidad FEMA de tres habitaciones. Estaban emocionados de
tener un lugar propio, pero las semanas de desplazamiento,
las pérdidas materiales y la constante incertidumbre
del futuro que vivieron repercutieron en Sonja Neubauer,
a quien se le empezó a caer el pelo debido al estrés.
La única cosa que la tranquilizaba era que sus hijos
estaban felices. “Es necesario que la casa sea cómoda
para ti y para tus hijos”, asegura.
FEMA espera que la gente esté instalada en casas
permanentes para diciembre de 2012. Los Neubauer, al igual
que muchos residentes de las unidades temporales, se muestran
escépticos. Las más afectadas por las inundaciones
fueron las casas más viejas, de costo más accesible. “Habrá un
montón de casas construidas, pero ¿estarán
al alcance de la gente?”, pregunta Zimbelman.
El regreso al hogar
Dado que la economía de Dakota del Norte ha prosperado
gracias al petróleo y a la agricultura, los excedentes
presupuestarios permiten al Estado ayudar a reparar las casas
inundadas y planificar la protección contra futuras
inundaciones. Aunque algunas víctimas desalentadas
por las inundaciones se fueron, el coordinador de las actividades
de recuperación de Dakota del Norte, el general de
división Murray Sagsveen, dice que si se usa el dinero
del Estado para rehabilitar las viviendas inundadas, ello
podría restablecer la confianza de la comunidad.
“Si este verano se ve movimiento y entusiasmo en la
reconstrucción del barrio puede ser que las personas
regresen”, asegura.
Los jubilados Ron y Jane Bieri explican que la actividad
les permitió mantener a raya la ansiedad durante la
evacuación y la limpieza. Ahora solos en su unidad
de FEMA, el lento proceso de reconstrucción de su
casa de 21 años, es más difícil de soportar.
A las personas mayores les ha resultado difícil superar
este desastre, comenta Ken Kitzman, presidente de una fundación
local que recaudó 7,3 millones de dólares para
prestar asistencia. Ve a los residentes de edad aturdidos,
sin saber adónde ir y sin nadie de la familia cerca
que los pueda ayudar. En una unidad de FEMA situada frente
a la de los Bieri, Eldred Ames, de 88 años, está reconstruyendo
su casa de 45 años. Sus hijos realizan los trabajos
los fines de semana.
“No sé qué va a pasar, pero aguantaré”,
dice Ames. “Este es el único lugar donde quiero
estar”.
Jill Schramm
Reportera del periódico Minot Daily News, de Minot, Dakota del
Norte. |
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Un barrio nuevo en el sudoeste de Minot, Dakota del Norte, completamente
anegado, lo que obligó a evacuar miles de viviendas.
“No sé qué va
a pasar, pero aguantaré. Este es el único
lugar donde quiero estar”.
Eldred Ames, habitante de Minot de 88
años que está viviendo en una casa rodante
proporcionada por el gobierno de Estados Unidos |

Eldred Ames, de 88 años, delante de un alojamiento
temporal, suministrado por FEMA.
Fotografía: ©Jill
Schramm
“Habrá un montón
de casas construidas, pero estarán al alcance
de la gente?”
Curt Zimbelman, alcalde de Minot, Dakota
del Norte |
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Reconstruir con resiliencia
Cuando hace 15 años una gran inundación devastó la
ciudad de Grand Forks, a más de 300 kilómetros
al este de Minot, los medios de comunicación se interesaron
y afluyeron millones de dólares de ayuda federal. Hoy,
Grand Forks es una ciudad próspera con un nuevo sistema
de diques.
Trevor Riggen, director principal de los servicios para casos
de desastre de la Cruz Roja Americana en Washington DC, explica
que la atención y los recursos tienen un efecto psicológico
que afecta a la resiliencia contra otro desastre. En Grand
Forks, el resultado tangible de la atención y los recursos
fue un proyecto de mitigación de las inundaciones.
Riggen sugiere que las empresas y otros donantes reflexionen
sobre cómo pueden ayudar en el largo plazo.
Mason Hollifield, el director de la filial de la Cruz Roja
en Grand Forks durante las inundaciones de la ciudad, dice
que la filial formaba parte de la solución a largo plazo.
A diferencia de Minot, la filial de Grand Forks tenía
dinero para desempeñar un pequeño papel en la
reconstrucción y la prestación de asistencia
a los más necesitados.
Hollifield dice que, si bien los recursos de la Sociedad Nacional
pueden ayudar, la batalla se gana o se pierde según
la fuerza de los voluntarios y las asociaciones con organizaciones
locales y gubernamentales. “Cualquier desastre comienza
y termina a nivel local”, explica. “Se necesitan
esos recursos locales”.
En Minot, la inundación puso de manifiesto la necesidad
de elevar el número de voluntarios y los niveles de
formación, dice Allan McGeough, director de la filial
de Dakota Central. Afortunadamente, la organización
nacional proporcionó recursos suficientes para paliar
las deficiencias cuando la filial no dio abasto para proporcionar
alojamiento, comidas y equipos de limpieza.
Sabiendo que estadísticamente es poco probable que
se repita una inundación de una magnitud similar a la
de 2011, la filial reparó su edificio dañado
por el desastre y preparó a los voluntarios para una
posible inundación de menor escala esta primavera.
”Lo que necesitamos transmitir ahora es que esto es
sólo el comienzo para Minot”, concluye el alcalde
Zimbelman. |