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¿Qué es lo que más le sorprendió de
la situación en la frontera?
He tomado algunos cursos sobre la gestión de desastres, las normas del
Proyecto Esfera y cómo enfrentar una crisis. Incluso he participado en
un simulacro de revuelta. Pero la realidad es muy diferente de lo que se aprende.
Aparecieron una gran cantidad de cuestiones como la de las
aduanas, el acceso sobre el terreno y las relaciones con
la comunidad local. Además, el Gobierno libio nos
presionaba quitándoles todo a los refugiados —incluso
los celulares— antes de que se fueran a Túnez.
La revolución también dificultó el
trato con las personas, que ya no aceptaban ninguna clase
de reglas. Había que tener mucho tacto al dirigirse
a ellas y tratar de que se volvieran aliadas.
¿Qué otra diferencia había
con los simulacros?
Cuando se trabaja en una zona de crisis es necesario hablar
con los dirigentes de la comunidad. Eso es lo que aprendemos.
Pero no había dirigentes pues con la revolución
la mayoría de ellos tuvo que renunciar, lo que hizo
que la emergencia fuera más compleja.
¿Qué tal la respuesta del Movimiento? ¿Qué cosas
funcionaron bien, qué podría haberse mejorado?
El principal recurso que teníamos, lo que nos permitió actuar
con rapidez y eficacia, fue la Media Luna Roja Tunecina y
sus filiales. Estábamos muy cerca de la gente necesitada.
Pudimos intervenir desde un principio, con lo que nos granjeamos
el reconocimiento de la comunidad. El CICR y la Federación
Internacional, por su parte, también pudieron empezar
a trabajar muy rápidamente. Así pudimos ofrecer
una gran diversidad de servicios. Ese es el valor añadido
de nuestro Movimiento. Por otra parte, es indispensable hacer
mucho más con respecto a la integración en
la comunidad. Los delegados deberían mostrar más
humildad y adoptar un perfil bajo cuando trabajan en el terreno.
A los voluntarios y a las comunidades les chocó ver
a algunos trabajadores humanitarios alojarse en cómodos
hoteles y decirles a los voluntarios lo que tenían
que hacer. Sería conveniente idear formas para que
los voluntarios se sientan más cómodos con
el personal internacional y establecer mecanismos de coordinación
durante las crisis.
¿La revolución estimuló a
los más jóvenes a ser voluntarios?
Recibimos muchas solicitudes nuevas, pero aún no podemos
aceptarlas, ya que carecemos de los recursos suficientes.
No es sólo una cuestión de los sistemas de
contratación sino también de planificación,
seguimiento y movilización de recursos.
En los campamentos instalados a lo largo de
la frontera entre Libia y Túnez se produjeron
algunas tensiones graves. ¿Cómo fue esa
experiencia?
Los empleados que trabajaban por día nos amenazaron,
nos exigieron más trabajo para ellos y sus familias
y a veces nos impidieron prestar servicios a los refugiados.
Para nosotros, eso era inaceptable, pero no podíamos
decir, “Están despedidos”, porque nos
habrían atacado. El gobierno hacía la vista
gorda con esas situaciones. Era difícil enfrentar
todas esas cosas a la vez.
Algunas personas de la comunidad no consideraban a los refugiados
personas vulnerables, sino una fuente de trabajo. No les
importaban para nada nuestros principios y nuestro código
de conducta, pero siguen siendo trabajadores contratados
por día y representan a nuestro Movimiento.
Para nosotros, era lo más difícil: ¿cómo
prestar ayuda humanitaria y apoyar a los refugiados y al
mismo tiempo mantener una buena relación con los trabajadores
contratados por día que nos están ayudando? ¿Cómo
asegurarnos de que protegemos a nuestros voluntarios y nuestro
personal y a la vez mantenemos la buena reputación
de nuestra Sociedad Nacional?
¿Cómo mantienen los Principios
Fundamentales cuando se ven en medio de tantos bandos?
Tratamos de ser lo más imparciales e independientes
posible. Nuestra prioridad es apoyar a las personas más
vulnerables. Teníamos que tomar decisiones caso por
caso. Por ejemplo, sabemos que no debemos permitir que el
ejército entre al campamento con armas de fuego, ni
que la gente se saque fotos con miembros del ejército
ni que se acerque a ellos. Pero sobre el terreno eso era
imposible porque no había una estructura política
en Túnez, sólo el ejército era eficaz.
Por lo tanto, no podíamos confiar en los políticos,
solamente en el ejército.
La primavera árabe tomó a mucha
gente por sorpresa. ¿Qué tan bien preparados
estaban la Media Luna Roja Tunecina y el Movimiento para
este tipo de revolución interna?
No creo que estuviéramos preparados como Movimiento.
No tenemos procedimientos operacionales normalizados para
tales acontecimientos. En el futuro, como Movimiento, debemos
tratar de robustecer la capacidad de las Sociedades Nacionales
a nivel local. Si lo hacemos y contamos con una mejor coordinación
entre la Federación Internacional y el CICR, y seguimos
un conjunto claro de normas relativas a crisis humanitarias,
creo que seríamos más eficaces. Si estamos
en una situación de emergencia y queremos instalar
un campamento, debemos preguntarnos: “¿Disponemos
de suficientes fondos para que funcione durante mucho tiempo? ¿Estamos
tomando en cuenta las necesidades de la comunidad? ¿En
qué medida estamos apoyando a la Sociedad Nacional
con estas instalaciones? ¿Tiene la Sociedad Nacional
la capacidad de llevar a cabo la gestión de la crisis
después de que se retiren la Federación Internacional
y el CICR?”
Algunos sugieren que necesitamos una especie
de primavera de la Media Luna Roja en la que las Sociedades
Nacionales de la región aprovechen esta experiencia
para fortalecer su capacidad e independencia.
Creo que es muy importante mantener cierta distancia con
el gobierno y que todo el mundo saque lecciones de lo que
sucedió aquí. En nuestros países, durante
las revoluciones, la gente quería reconstruir todos
los sistemas. Para nuestra Sociedad Nacional esta es una
buena oportunidad de ocupar un lugar central y trazar proyectos
sostenibles para el futuro. Por lo tanto, sí, hay
una oportunidad, pero ahora hay que realizar el trabajo —el
gran trabajo— a fin de aprovechar esa oportunidad.
Durante esta crisis, hemos comenzado a fortalecer nuestras
capacidades y la Sociedad Nacional está dando los
primeros pasos por un camino muy positivo. Deseo pedir a
las otras Sociedades Nacionales y al Movimiento que respalden
a la Media Luna Roja Tunecina en la tarea de presentar proyectos
necesarios y sostenibles a las comunidades. También
deseo pedir a los voluntarios que tengan fe y paciencia y
que sean prudentes al abordar estos nuevos desafíos.
Creo que el sol ha empezado a brillar para nosotros. |

Hafedh Ben Miled de la Media Luna Roja Tunecina examinando un
paciente. Fotografía: ©Media
Luna Roja Tunecina
“Para nosotros fue lo más difícil… ¿Cómo
asegurarnos de que protegemos a nuestros voluntarios
y nuestro personal y a la vez mantenemos la buena reputación
de nuestra Sociedad Nacional?” |

La Media Luna Roja Tunecina desempeñó un papel
fundamental en la asistencia prestada a los refugiados que
huyeron de la violencia en Libia en 2011. En la foto, evacuados
de Bangladesh esperan la distribución de alimentos
en un campamento cerca del cruce fronterizo de Ras Jdir entre
Libia y Túnez.
Fotografía: ©REUTERS/Zohra Bensemra/cortesía
de, www.alertnet.org

En el desierto cerca de la frontera entre Libia y Túnez,
los voluntarios de la Media Luna Roja Tunecina pusieron en
acción los Principios Fundamentales.
Fotografía: ©Media Luna Roja Tunecina
Para saber más sobre lo
que piensa Hafedh Ben Miled con respecto a los temas
humanitarios, vea el blog de la filial de Bizerte de
la Media Luna Roja Tunecina: lactionhumanitaire.blogspot.com |
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