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En los 12 años durante los que Jakob Kellenberger
ha sido presidente del CICR, el escenario humanitario ha
cambiado radicalmente. Los atentados del 11 de septiembre
de 2001, las guerras en Afganistán e Irak que los
sucedieron, el aumento incesante de los grupos no estatales
armados y el uso creciente de nuevas armas de alta tecnología
han planteado nuevas cuestiones de gravedad para los valores
y la acción humanitarios. Kellenberger se prepara
para dejar la presidencia este año, por lo que Cruz
Roja Media Luna Roja le pidió que hiciera un
balance de los desafíos y los logros de los últimos
12 años, y que expresara sus preocupaciones y esperanzas
para el futuro.
En la reciente Conferencia Internacional de
la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, se aprobaron nuevas
e importantes resoluciones relacionadas con el derecho
internacional humanitario (DIH). ¿Cómo
hacemos para mantener el impulso del derecho internacional
humanitario?
De conformidad con lo dispuesto en el artículo 1 común
a los Convenios de Ginebra, los Estados deben no sólo
respetar las normas sino también hacer que los otros
las respeten. La gran pregunta es saber si se trata de una
obligación jurídica o moral, pero lo cierto
es que debemos seguir y fundarnos en esto para interactuar
con gobiernos u otras entidades. Las directivas adoptadas
en los últimos años por la Unión Europea
[con el fin de mejorar la observancia de determinados aspectos
del DIH entre los Estados miembros] son un ejemplo alentador.
Teniendo en cuenta las tecnologías modernas y las
posibilidades que tiene la sociedad civil de expresarse,
existe también un gran potencial para movilizar a
la opinión pública con respecto al DIH, la
asistencia de salud en peligro y otras preocupaciones de índole
humanitaria. Pero también es necesario informar al
público para permitirle establecer sus propios juicios
y tomar conciencia de los problemas.
Y luego, también estará la necesidad dolorosa
y difícil de intervenir directamente con las partes
en conflicto, en caso de que estén por violar las
normas de la guerra o ya lo hayan hecho.
Con los actores no estatales armados, esta tarea es más
difícil. Es indispensable lograr tener con ellos un
diálogo más estructurado, lo que cuesta bastante
porque es mucho más difícil acceder a ellos.
Los grupos tienen también una organización
menos estructurada, lo que dificulta también el conocimiento
de su interior. Con esto quiero decir que no es suficiente
trabajar sólo con los Estados y velar por que respeten
las normas.
¿Cuáles son los pasos positivos
que se han dado en la última década en
el CICR?
Hemos mejorado el acceso que tenemos a las personas que necesitan
asistencia y protección, y desde 2000 se ha ampliado
sin duda alguna nuestro margen de maniobra, acorde con el
entorno cambiante y con las nuevas realidades operacionales.
Asimismo, hemos mejorado la capacidad de despliegue rápido
y contamos con un claro marco estratégico.
Como consecuencia de ello, el CICR ha aumentado mucho su
personal y su presupuesto. Ese fue otro tema muy delicado
y la pregunta que cabe es: ¿hasta qué punto
esto es posible al tiempo que se mantiene una identidad corporativa
fuerte, sin olvidar que también estábamos haciendo
todo lo posible por diversificar e internacionalizar nuestra
fuerza de trabajo? Para ser sincero, nunca dudé de
que lograríamos hacerlo.
La labor realizada durante todos estos años en el
campo jurídico también ha sido notable, en
primer lugar para defender las normas vigentes del derecho
internacional humanitario bajo la presión de la retórica
de la guerra contra el terrorismo y, después, en la
elaboración de propuestas para el futuro desarrollo
del derecho convencional, que es aplicable principalmente
en los conflictos armados no internacionales.
¿Cuáles han sido algunas de las
principales lecciones aprendidas?
En el llamado mundo humanitario, con inclusión del
CICR, a menudo hay demasiada jerga y falta un lenguaje exacto.
Esto es importante: el lenguaje que se utiliza determina
en gran medida la percepción que se tiene de una situación.
Y las percepciones que uno tiene determinan en gran medida
las acciones que se piensan hacer o se hacen.
Una lección que tuvimos que aprender fue que no sólo
hay que hacer—que de hecho es lo más importante—,
sino también explicar de forma comprensible lo que
estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. Por
ejemplo, hemos hecho progresos en relación con la
postura conceptual en el tema de los desplazados internos,
en el que nos ha costado hacernos entender, y en relación
con la explicación de las actividades del CICR y su
papel en la fase de recuperación temprana de las operaciones
de emergencia.
La lección que aprendí con el tsunami del
Océano Índico en 2004 fue que el CICR tenía
un importante valor añadido y la responsabilidad correspondiente
en casos de desastre natural en zonas de conflicto o de tensión.
La acción rápida, decidida y masiva tras el
terremoto ocurrido en el sur de Asia, en octubre de 2005,
demostró de forma convincente que la lección
había sido aprendida y bien aprendida.
El sector humanitario en su conjunto también
ha crecido considerablemente en los últimos doce
años. En su opinión, ¿cómo
está respondiendo?
La etiqueta de humanitario se ha vuelto más atractiva,
lo que es un hecho positivo, siempre y cuando la presencia
de más actores y la existencia de una mayor competencia
contribuyan a mejorar los servicios humanitarios en el terreno
y lleven aparejado un sincero compromiso con la transparencia,
donde lo que importa es una coordinación eficaz.
Uno de los grandes problemas es que las organizaciones humanitarias
no siempre hacen una clara distinción entre el discurso
y la acción, entre lo que pretenden hacer y lo que
hacen realmente. Esto no sólo entorpece la coordinación,
sino que puede conducir a la falsa impresión de que
en algunos contextos hay un montón de actores cuando
en realidad hay muy pocos. Asimismo, en aras de la transparencia
las organizaciones humanitarias deberían dejar siempre
claro si despliegan actividades en el terreno o si trabajan
a través de los llamados organismos de ejecución.
Está de moda hablar de la rendición de cuentas,
la coordinación y el liderazgo. Por cierto, la rendición
de cuentas es un aspecto importante, especialmente con respecto
a la eficiencia operacional, y a los beneficiarios y los
donantes. Ahora bien, no puede ni debe ser una prioridad
ser el mejor en rellenar la máxima cantidad de documentos
en detrimento de la acción.
Necesitamos mucha más transparencia para que la coordinación
sea eficaz. Pero la transparencia sólo es pertinente
como una herramienta para atender mejor a las necesidades
de las personas a las que tenemos que proteger y ayudar.
Para que la coordinación sea eficaz es indispensable
saber cuáles son las capacidades de los respectivos
actores que están en el terreno.
También me doy cuenta de que son cada vez menos precisos
los límites entre la acción de emergencia,
la recuperación temprana y las actividades de desarrollo.
Y creo que las organizaciones humanitarias tienen que decidir
con claridad hasta qué punto se consideran actores
en situaciones de emergencia o se ven ya no como organizaciones
humanitarias en el sentido tradicional, sino como organizaciones
dedicadas al desarrollo.
A pesar de todo lo que se ha dicho y debatido, la comunidad
humanitaria en su conjunto está bastante lejos de
tener una comprensión común de lo que significa
la acción humanitaria hoy en día. La coordinación
eficaz con múltiples actores es difícil si
no hay acuerdo en algunos conceptos básicos.
También han trabajado para establecer
asociaciones. ¿Por qué esto es importante
y con que dificultades se han topado?
Es importante que las Sociedades Nacionales nos vean como
verdaderos socios en pie de igualdad. Creo que eso ha andado
bien. Ahora tenemos acuerdos especiales de asociación
con un grupo de Sociedades Nacionales y algunos incluso forman
parte de nuestro mecanismo de despliegue rápido. Creo
que el paisaje humanitario seguirá desarrollándose
de esta manera y se establecerán nuevas asociaciones
dentro y fuera del Movimiento.
Pero para lograr una buena asociación es primordial
estar de acuerdo en los principios y examinar qué organizaciones
son realmente eficientes desde el punto de vista de su capacidad
profesional y logística. Por ejemplo, con Médicos
sin Fronteras, una de las organizaciones humanitarias por
antonomasia, podemos seguir estrechando nuestra colaboración.
Por consiguiente, creo que hay un amplio margen para las
asociaciones en el ámbito humanitario, siempre y cuando
refuercen el efecto de nuestra acción humanitaria.
¿Son las asociaciones más importantes
ahora que antes?
El CICR tiene una buena reputación en lo que a acceso
y despliegue rápido se refiere. Pero hay una cantidad
de cosas que no podríamos hacer sin asociados muy
fiables, como lo son las Sociedades Nacionales; tomemos como
ejemplo Afganistán o Somalia.
En el futuro, el papel de las organizaciones humanitarias
locales, tales como las Sociedades Nacionales, irá aún
más lejos por razones prácticas y también
políticas, sobre todo la preocupación de algunos
Estados por su soberanía. Es fundamental que la Federación
Internacional y el CICR ayuden a las Sociedades Nacionales
a fortalecerse porqueestas asociaciones se volverán
cada vez más importantes.
Otra tendencia interesante es que el modelo
humanitario tradicional de países occidentales
o del norte que ayudan a los países 'no desarrollados'
está empezando a cambiar. ¿Qué significa
esto para la acción humanitaria?
Las organizaciones
humanitarias no occidentales tendrán
un papel mucho más importante en el futuro, pero tal
vez más en el plano regional que mundial. En lo referente
a la financiación de la acción humanitaria
a nivel mundial, ésta sigue dependiendo en gran medida
de los países occidentales donantes tradicionales.
Las organizaciones humanitarias internacionales tradicionales,
cuya sede se encuentra en Occidente, seguirán muy
probablemente desempeñando un papel importante, aunque
no sabemos cuál será exactamente. El hecho
es que algunas de ellas ya dependen en gran medida de los
actores humanitarios locales para llevar a cabo las tareas
sobre el terreno. Una prueba de ello es la mayor competencia
por los servicios que prestan las organizaciones asociadas
de ejecución.
Importantes interrogantes aguardan a las organizaciones
humanitarias internacionales tradicionales. ¿Tendrán
que cambiar sus servicios? ¿Se convertirán
en asesores o proveedores de servicios? Las organizaciones
de ayuda occidentales tendrán que centrar su reflexión
en el aporte específico que harán, y este aporte
tendrá que probarse en un entorno más competitivo.
¿Podría ésta ser también una
tendencia alentadora?
Sí, esto es bueno siempre que las acciones
de los nuevos actores locales e internacionales se atengan
a los principios humanitarios fundamentales de independencia,
neutralidad y, sobre todo, imparcialidad —que la asistencia
se proporcione exclusivamente en función de una autoevaluación
de las necesidades. Esto es sumamente importante.
¿Qué tendencias mundiales le preocupan más
y cuáles le infunden esperanzas? Entre las posibilidades
prometedoras, abrigo la esperanza de que, con la tecnología
moderna de la información, se pueda facilitar la movilización
de la sociedad civil en favor de los principios que son caros
a los trabajadores humanitarios. Lo que me preocupa es que
sigue aumentando el gasto por concepto de armas. Si pensamos
solamente en todas las armas vendidas a la zona del Golfo
o consideramos el comercio de armas en todo el mundo, no
parece que los Estados estén preparándose para
un mundo más pacífico. Asimismo, se ha agudizado
la desigualdad en los niveles de ingreso y riqueza entre
los Estados y dentro de ellos. Este hecho que se ha generalizado
es una fuente potencial de conflictos.
¿Cómo puede el sector humanitario
influir en estas cuestiones?
Una forma de asumir responsabilidades es tener claro lo que uno puede hacer y
lo que no. Las organizaciones humanitarias tienen que preocuparse por las personas
que necesitan asistencia y protección. Ese es su trabajo principal. Otro
es la prevención de conflictos, otro es el desarrollo y otro la justicia
social. En primer lugar, cumplir la principal responsabilidad. Es indispensable
tener una perspectiva amplia, pero creo que si todos los actores se centran en
su principal responsabilidad, habrá una mejora notable en el ámbito
humanitario.
Aclarado esto, no menos importante me parece aplicar un
enfoque más operacional al vínculo existente
entre acción humanitaria de emergencia, recuperación
inicial y desarrollo, para tener más claridad sobre
quién es realmente capaz de actuar sobre el terreno
y cuándo.
Uno de los acontecimientos que marcaron su mandato
fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001 en
los Estados Unidos y las consiguientes guerras en Afganistán
e Irak. En su opinión, ¿Cuál ha
sido el legado humanitario de esos acontecimientos?
En primer lugar, estos atentados criminales fueron una verdadera tragedia y no
se deben olvidar. La reacción que suscitaron demostró una vez más
el poder de la retórica política, la cual puede alterar los sistemas
de valores que se creían sólidamente establecidos.
Fue suficiente calificar a las personas que fueron llevadas
a Guantánamo como "lo peor de lo peor" para
difundir el mensaje de que se les podía tratar como
se quisiera. Los efectos de esta mentalidad pudieron sentirse
en lugares como Guantánamo o Abu Ghraib. Una de las
lecciones fue que nunca hay que sentirse demasiado seguro
cuando la gente habla de los valores en tiempo de distensión.
Hay que comprobar cómo actúan bajo presión.
Al mismo tiempo, no olvido que pueden lograrse constantes
mejoras gracias a una inquebrantable tenacidad.
Tampoco olvido que los Estados Unidos nunca trataron de
eludir un diálogo muy difícil. Ni amenazaron
nunca al CICR con disminuir su apoyo financiero si la organización
no se mostraba más comprensiva con argumentos como
el de que la tortura puede justificarse en los casos en que
existe una amenaza inminente para la vida humana y otros
similares.
En lo referente a la aplicabilidad del derecho internacional
humanitario a la lucha contra el terrorismo, en los años
posteriores a 2001, era difícil imaginar que en 2006
la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos iba a
declarar que el artículo 3 común a los Convenios
de Ginebra era aplicable a la guerra entre los Estados Unidos
y Al Qaeda y sus seguidores.
[El tribunal consideró que las comisiones militares
establecidas durante el gobierno de Bush violaron la garantía
del artículo 3 común, en virtud de la cual
las personas "puestas fuera de combate",
al ser detenidas, tienen derecho a un juicio “ante
un tribunal legítimamente constituido, con garantías
judiciales reconocidas como indispensables por los pueblos
civilizados”.]
En 2001, también era difícil imaginar que
sólo diez años después la Conferencia
Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja iba
a aprobar por unanimidad una resolución relativa al
fortalecimiento de la protección jurídica de
las víctimas de los conflictos armados, una decisión
que reafirma que el derecho internacional humanitario sigue
siendo hoy tan pertinente como antes en los conflictos armados.
Hemos recorrido un largo camino desde que el gobierno de
Bush en 2001 expresara que la llamada "guerra mundial
contra el terror" era un nuevo tipo de guerra a la que
los Convenios de Ginebra no eran aplicables. Dicho esto,
el CICR también aprendió mucho del áspero
diálogo sobre asuntos jurídicos mantenido con
Estados Unidos y algunas de las propuestas del CICR para
desarrollar el derecho difícilmente podrían
existir sin esta experiencia.
¿Cuáles son algunas de las lecciones
más significativas en el plano personal que se
llevará de su experiencia durante los últimos
12 años?
El ser humano siempre ha estado en el centro de mis creencias filosóficas.
En mi opinión, las sociedades deberían estar estructuradas de tal
manera que promuevan al máximo el desarrollo individual. Antes de trabajar
para el CICR, no tenía conciencia cabal de hasta qué punto la acción
humanitaria estaba en perfecta armonía con esta convicción más
abstracta. La vida, la salud y la dignidad de todo ser humano son en sí mismos
conceptos fundamentales, y muchas veces me quedé impresionado de ver
cómo esta creencia se transformaba en actos.
Una verdad insoslayable para mí es la importancia
de considerar la perspectiva de las personas cuya vida o
dignidad se ve amenazada y que no tienen un apoyo real. Jamás
podremos ponernos en el lugar de ellas. Sin embargo, basta
que hagamos un esfuerzo sincero de imaginación en
función de lo que hemos visto en el terreno para convencernos
de que lo que puede parecernos poca cosa en nuestra cómoda
situación puede ser una gran mejora para las personas
afectadas por los conflictos armados.
Los informes realizados por los delegados del CICR que visitan
a las personas detenidas ofrecen una lección muy útil
a ese respecto. Y sin duda no olvidaré la tenacidad
de los colaboradores del CICR que, tras haber logrado un
avance, ya estaban pensando en alcanzar otro. Eso es lo que
más aprecio en el CICR: que lo esencial son los hechos
y no las grandes palabras, a menudo engañosas.
Con frecuencia los progresos que realizamos
como trabajadores humanitarios dedicados a temas complejos
como la aplicación del derecho internacional humanitario
se van dando lentamente. ¿Cómo mantenemos
todos nosotros en el Movimiento la fe mientras tratamos
de llevar a la práctica la nueva resolución
aprobada en la Conferencia Internacional?
Es muy raro dar grandes pasos en un corto período de tiempo. La gran lección
para mí de los últimos 12 años es que lo que hay que mostrar
es sencillamente mucha tenacidad. Es indispensable insistir una y otra vez.
Mi experiencia es que los progresos lentos y los pequeños logros no plantean problemas
de motivación en el CICR. La diferencia está en persistir en lo
que se hace. La diferencia puede ser mínima, puede llevar tiempo, pero
se puede lograr un cambio.
En su discurso de apertura en la Conferencia
Internacional, usted señaló que es difícil
evaluar el efecto que producimos en el ámbito
del derecho internacional humanitario, pero que podemos
imaginarnos lo que sería la guerra sin ese derecho.
Oímos hablar de derecho internacional humanitario
cuando se viola, pero no oímos hablar de los casos
más frecuentes cuando se respeta. Es importante tener
presente esto para tener un sentido correcto de las proporciones
y no caer en un pesimismo inútil. Y siento que combinando
nuestros esfuerzos, no sólo los del CICR, estamos
impidiendo que se cometan muchas violaciones. |