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De las palabras a los hechos

 

En la selva, las escuelas, los cuarteles y los pasillos del Congreso de Filipinas, el Movimiento y los asociados externos hacen todo lo posible por llevar a la práctica la letra y el espíritu del derecho internacional humanitario.

Filipin as ha sufrid o decenios de conflicto entre las fuerzas gubernamentales y los diversos grupos armados. En ese período, la violencia se ha cobrado la vida de unas 150.000 personas y Mindanao ha sido una de las regiones más duramente golpeadas.

Esta mañana en Cotabato, ciudad de Mindanao Central, los hombres que sirven en el cuerpo de la marina de Filipinas se han concentrado fuera de sus cuarteles y en una tienda de campaña se han dispuesto hileras de sillas.

Cuando todos se sentaron, dos delegados del CICR (Albert Madrazo y Jeffrey Michael “JM” Sison) iniciaron una exposición sobre el derecho internacional humanitario. Fue un recorrido enérgico, imaginativo y cautivante a través de las normas que cada soldado debe conocer: la necesidad de proteger a los civiles, la necesidad de distinguir entre combatientes y no combatientes, el trato debido a los prisioneros, etc.

El CICR organiza sesiones similares en las zonas de conflicto de todo el mundo. Se recuerda a las fuerzas rebeldes y a los ejércitos regulares que la guerra tiene normas que se deben acatar.

En Filipinas, la tarea va mucho más allá de sesiones y recordatorios. A pesar, o mejor dicho a causa de los conflictos armados internos, este país ha hecho progresos considerables para promover los ideales del DIH y garantizar que se lleven a la práctica, pese a las dificultades subsistentes.

Filipinas ha ratificado más tratados sobre el DIH, incluso los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales, que cualquier otro país de Asia Suroriental y, en 2009, aprobó la Ley de la República Nº 9851 (Ley de Filipinas relativa a la definición y penalización de los crímenes contra el derecho internacional humanitario, el genocidio y otros crímenes de lesa humanidad), un texto legislativo radical que incorpora muchas de las obligaciones del DIH en el derecho interno.

Además, en toda la sociedad, desde el poder judicial
hasta las instituciones educacionales pasando por las
fuerzas armadas, se están introduciendo programas
sobre el DIH con el enérgico apoyo de la Cruz Roja de
Filipinas y del CICR.

Soldado y guardián

En Manila, la capital, el coronel Domingo Tutaan Jr. está a cargo de la sección del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos en las fuerzas armadas de Filipinas y, como tal, es responsable de asegurar que cada soldado conozca el DIH y lo aplique.

Las fuerzas armadas, como institución del Estado, cumplen deberes en los conflictos armados y otras situaciones de violencia que implican cuestiones relacionadas con el DIH y los derechos humanos. Esencialmente, se trata de ámbitos distintos pero complementarios: el DIH se aplica en caso de conflicto armado y los derechos humanos son aplicables tanto en tiempo de paz como de conflicto armado.

El coronel Tutaan es una persona entusiasta y le gusta demostrar su devoción por el trabajo. Su tarjeta de visita, que entrega con gran orgullo, no sólo contiene sus datos personales sino que lleva impresa la frase: “Soy soldado y guardián de los derechos humanos”.Su oficina está llena de carteles, panfletos y libros que promueven el DIH, muchos de los cuales han sido elaborados con el asesoramiento especializado y el apoyo financiero del CICR.

“Mi trabajo”, explica “consiste en garantizar que los soldados comprendan no sólo que deben cumplir, sino también por qué”.

El coronel Tutaan admite sin rodeos que las fuerzas armadas no tienen una trayectoria intachable. “Por la historia que ha sido la nuestra”, señala, “en la que imperó la ley marcial por mucho tiempo, algo se vio empañado… Había que restablecer las relaciones con la población”.

El coronel considera que la promoción del DIH no es sólo un imperativo moral, sino una estrategia inteligente “Pensamos que nuestra labor (con el DIH) puede ayudar a poner término al conflicto”, asegura. “No se trata de vencer al enemigo sino de lograr la paz”.

Parte de la estrategia de las fuerzas armadas es nombrar a un oficial encargado del DIH, por lo general el número dos de cada unidad y batallón. Su trabajo es supervisar la aplicación y el cumplimiento e informar sobre las infracciones. En teoría, los infractores pueden ser enjuiciados de conformidad con la nueva Ley de la República Nº 9851.

Sin embargo, hasta ahora dicha ley no se ha puesto a prueba, aunque el coronel Tutaan señala que “ruega” para poder llevar un caso viable ante los tribunales. Se le ocurren dos: uno sobre supuestas violaciones cometidas por los militares durante un interrogatorio y el otro sobre la muerte de soldados presuntamente asesinados por un grupo armado después de haber sido capturados. Pero por el momento o no se consiguen testigos y víctimas o éstos se niegan a declarar.

Somos capaces de hacerlo

No obstante, la Ley de la República Nº 9851 sigue siendo, por lo menos en el papel, un texto legislativo muy útil que, en la práctica, permitirá pedir cuentas a los infractores del DIH y promover el respeto de sus disposiciones. Richard Gordon, presidente de la Cruz Roja de Filipinas y ex senador del Congreso filipino, contribuyó a que se promulgara la ley.

“Queremos mostrar que somos capaces de aplicar el DIH en el país”, explica y “podemos castigar a los infractores sin necesidad de recurrir a la Corte Penal Internacional”.

Por su parte, Jean-Daniel Tauxe, jefe de la delegación del CICR en Filipinas, opina que la ley es “el logro más reciente” en la promoción del DIH en el país, pero que se debe seguir dándola a conocer. Uno de los proyectos de sensibilización de mayor éxito es un programa destinado a jóvenes estudiantes de derecho de todo el país. En un certamen anual, estos futuros abogados defienden casos hipotéticos en el ámbito del DIH. Christopher Louis Ocampo y Daniel Siegfried Corpuz, ambos de 26 años y en su último año de estudios en Manila, fueron los ganadores en 2008.

“Debatimos todo tipo de cosas”, recuerda Ocampo, “como por ejemplo ¿se puede pedir a un general que se haga responsable de los crímenes de guerra cometidos bajo su mando? O ¿qué nivel de destrucción de los bienes culturales es excesivo?”

El concurso de alegatos, en el que participan 19 universidades, tiene aplicaciones prácticas para los que compiten. “Apenas dos años después del concurso, estuve hablando sobre el DIH con las fuerzas de seguridad en Mindanao”, cuenta Ocampo, que trabajaba entonces para una organización gubernamental de derechos humanos. “Al principio, intuí lo que estaban pensando: ‘Este tipo es demasiado joven, por qué está tratando de decirme lo que tengo que hacer en un conflicto armado’, pero luego se volvieron muy receptivos”. “Realmente siento que he podido tener una influencia en la situación de conflicto”.

Sin embargo, ambos jóvenes creen que queda todavía mucho camino por recorrer antes de que se pueda decir verdaderamente que en su país la implementación, sin hablar del cumplimiento, del DIH sea realmente efectiva.

“Sí, los militares son muy abiertos para hablar del DIH”, señala Ocampo. “Pero otra cosa es si lo están llevando realmente a la práctica o no”.

Por esta razón, muchos están muy atentos a la manera en que se aplicará la nueva ley nacional sobre el DIH. Según dice Harry Roque, destacado especialista en DIH y derechos humanos de Filipinas, este país ha demostrado ser “eficaz a la hora de ratificar tratados de DIH”. El problema es que con la Ley de la República Nº 9851, recién promulgada, “el sistema de justicia penal actual no parece servir para hacer cumplir la obligación de investigar, enjuiciar y castigar a los que cometen graves violaciones del DIH”.

Como ejemplo, Roque cita el caso de un ex general al que algunos grupos de derechos humanos acusan de haber ordenado violaciones graves del DIH (matanzas selectivas de civiles) y que no ha sido arrestado ni procesado. En el momento en que este número de la revista va a la imprenta, el general sigue siendo un fugitivo, al que se le imputa un caso de desaparición forzada.

Del mismo modo, Roque relata que miembros de los grupos armados no han sido enjuiciados por las presuntas violaciones del DIH que se han dado a conocer
en los medios.

Aunque no se ha procesado a nadie en virtud de Ley de la República Nº 9851, varios infractores han sido arrestados, detenidos y sentenciados en cumplimiento de la legislación nacional relacionada con los conflictos
armados.

Miedo a la violencia

En Cotabato, el miedo a la violencia es palpable entre la población. Bai Fatima Sinsuat, presidenta de la filial de Cotabato de la Cruz Roja de Filipinas, ha perdido a varios miembros de su familia, incluso a su hijo menor y a su hermana.

Mindanao Central, en particular, es una región que vive complejas situaciones de violencia. Aparte de los dos conflictos armados internos, las disputas entre clanes (conocidas como ridos) casi siempre sangrientas, afectan a amplios sectores de la población. Los actos criminales, como el secuestro y las matanzas de origen político, son una fuente de inseguridad suplementaria e impiden el desarrollo de una región rica en minerales y petróleo.

Sinsuat, que comenzó en la Cruz Roja en 1974 como donante de sangre y voluntaria, dice que ahora la mayor parte de su tiempo la dedica a resolver las consecuencias del conflicto.

Asegura que los militares, cuya presencia en Cotabato es numerosa, han cometido abusos en el pasado y que algunos habitantes no confían para nada en ellos.

Sin embargo, aplaude los esfuerzos que se hacen en las fuerzas armadas de Filipinas por promover el DIH. “Creo que han cambiado un poco”, comenta. Pero indica que las fuerzas armadas son tan sólo una parte de la historia. Para que se respete el DIH, los grupos armados también tienen que atenerse a sus normas.

De hecho, los grupos armados implicados en los dos conflictos armados internos actuales han hecho, en varias ocasiones, compromisos públicos y políticos de cumplir con las obligaciones que dimanan del DIH.

En 1998, el Gobierno de Filipinas y el Frente Nacional Democrático de Filipinas (que incluye entre otras organizaciones al Partido Comunista de Filipinas y al Nuevo Ejército del Pueblo) firmaron un acuerdo para respetar el DIH y los derechos humanos, así como para supervisar el cumplimiento de sus disposiciones.

Y en 2006, el Frente Moro de Liberación Islámica emitió una orden general Nº 2, que enmendó las normas de compromiso de los grupos armados para incorporar los principios fundamentales del DIH.

“En todo el mundo, el CICR también promueve el DIH entre los grupos armados, pero en términos muy prácticos, es obviamente más difícil tener acceso a ellos en comparación con las fuerzas armadas”, explica Jean-Daniel Tauxe. “Su estructura de mando tampoco es tan definida como la de las fuerzas gubernamentales, lo que significa que no es fácil garantizar que las directivas que se imparten desde arriba lleguen a todas las unidades”.

“Ahora bien, en Filipinas, hemos ido progresando gracias a la labor de nuestros equipos en el terreno y al diálogo que mantiene el CICR con todas las partes en el conflicto”.

Respeto del derecho

No es sorprendente que esta cuestión esté en el pensamiento de los jóvenes marinos que toman parte en la sesión de DIH impartida por el CICR. Muchos han perdido a sus colegas en el conflicto, varios opinan que los grupos armados contra los que luchan muestran poco o ningún respeto por el DIH. Algunos consideran que sus adversarios fomentan las violaciones como una forma de infundir temor.

Al término de su exposición, cuando Albert y JM preguntaron si había preguntas, lo primero que los marinos desearon saber es si el CICR también difundía los mensajes sobre el DIH a los grupos armados. Se sintió como un alivio cuando Albert explicó que, en efecto, el CICR mantiene contactos con todos los participantes en el conflicto y que el mensaje sobre el DIH es siempre exactamente el mismo para todos.

Pero después de la exposición, algunos soldados admitieron que se sienten “restringidos” por las normas del DIH y algunos se muestran escépticos con respecto a la Ley de la República Nº 9851, ya que consideran que es muy poco probable que se utilice contra ellos. “Sólo los militares serán sancionados”, asegura uno, “no los del otro bando”.

“En el combate respetamos el DIH, nos atenemos a sus normas”, insiste otro que considera que quizás el otro bando no lo haga.

Sin embargo, la mayoría de ellos están convencidos del argumento, formulado por el coronel Tutaan, de que defender el DIH es una buena estrategia, que favorecerá la confianza entre la población y, a la larga, contribuirá a fomentar la paz.

El comandante del batallón, el teniente coronel Dorotheo Jalandoni, se hizo eco de lo dicho por el coronel Tutaan cuando afirmó que los militares habían “madurado”.

“Cada vez que planeamos cualquier acción”, explica, “el respeto por los derechos humanos y el imperio de la ley están ahí”.

Y de regreso a la sede en Manila, el coronel Tutaan se mantiene optimista, animado por su convicción de que sólo aplicando y respetando el DIH “podremos acercarnos a la paz”.

“No vamos a ganar esta guerra con nuestros rifles”, asegura. “Sino con disciplina, valentía y humor”. Al final, al compromiso del coronel Tutaan, o el de los jóvenes estudiantes de derecho como Chris y Daniel, junto con la labor de sensibilización que hacen el CICR y la Cruz Roja de Filipinas, pueden sumarse a otros dos factores siempre presentes en Filipinas, el cansancio y el dolor, para promover la paz.

Imogen Foulkes
Corresponsal de la BBC en Ginebra, Suiza.


El actual conflicto en Filipinas ha dificultado la asistencia y la protección humanitarias y ha impedido el cumplimiento del derecho internacional humanitario. Los combates han desplazado a miles de personas y estorbado el acceso. Arriba, un delegado del CICR asiste a las personas desplazadas en Mindanao, isla del sur de Filipinas, en septiembre de 2008, tras los enfrentamientos entre las tropas gubernamentales y los rebeldes separatistas musulmanes. Fotografía: ©AFP PHOTO/Jes Aznar



 


Un miembro del grupo rebelde más grande de Filipinas, el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) monta la guardia durante las conversaciones de paz en Mindanao en 2008. El CICR mantiene el contacto con todos los grupos armados y les da a conocer el DIH. Según algunos expertos ello ha contribuido a mejorar el conocimiento de sus normas en los últimos años. En 2006, por ejemplo, el FMLI modificó sus normas para incorporar los principios fundamentales del DIH. Fotografía:© Reuters/Romeo Ranocco, cortesía de www.alertnet.org

 

 

“Mi trabajo consiste en garantizar que los soldados comprendan no sólo que deben cumplir, sino también por qué”.
Coronel Domingo Tutaan Jr.

 

 


Coronel Domingo Tutaan Jr., jefe de la sección de DI H y derechos humanos de las fuerzas armadas de Filipinas. Fotografía: ©Allison Lopez/CICR

 

 


Los delegados del CICR Albert Madrazo y Jeffrey Michael Sison llevan el mensaje del DI H a miembros del cuerpo de la marina de Filipinas, destacados en Cotobato, Mindanao. Fotografía: ©Cynthia Lee/CICR

 


Bai Fatima Sinsuat, presidenta de la filial de Cotobato de la Cruz Roja de Filipinas. Fotografía: ©Imogen Foulkes/ Federación Internacional

 

 

“Queremos mostrar que somos capaces de aplicar el DIH en el país. Podemos castigar a los infractores sin necesidad de recurrir a la Corte Penal Internacional”. Richard Gordon, presidente de la Cruz Roja de Filipinas

 

 


Miembros de la 6ª división de infantería del cuerpo de la marina de Filipinas leyendo material entregado por el CICR durante una sesión informativa sobre el DIH. Fotografía: ©Didier Revol/CICR

 

 

 

“Ahora bien, en Filipinas, hemos ido progresando gracias a la labor de nuestros equipos en el terreno y al diálogo que mantiene el CICR con todas las partes en el conflicto”.
Jean-Daniel Tauxe
, jefe de la delegación del CICR en Filipinas

 

 


A lo largo de los años de conflicto las personas civiles han padecido lo indecible. Personas huyendo durante un intenso período de combates en 2008.
Fotografía: ©REUTERS/Stringer Philippines, cortesía de www.alertnet.org

 


Al dar la bienvenida a los más de 1.700 delegados venidos de todo el mundo para asistir a la XXXI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja el pasado mes de noviembre, los presidentes del CICR y de la Federación Internacional, Jakob Kellenberger y Tadateru Konoé, subrayaron la importancia de cumplir las promesas que se formularan en la reunión de Ginebra.

“Las declaraciones de intención nunca bastarán para salvar vidas y proteger la dignidad humana”, afirmó Kellenberger en su discurso.

Konoé exhortó a los gobiernos a que apoyaran a las Sociedades Nacionales en su tarea de llevar a la práctica las promesas y las resoluciones acordadas en la reunión.

“Ningún gobierno, por fuerte que sea, puede hacerlo todo solo”, dijo. “Al fortalecer a su Sociedad Nacional, un gobierno puede lograr mucho más, especialmente en favor de grupos marginados, a los que sería difícil acceder por los medios oficiales”.

La Conferencia Internacional concluyó con la aprobación de varias resoluciones sobre la asistencia de salud en peligro, la migración, la aplicación del memorando de entendimiento entre la Media Luna Roja Palestina y el Magen David Adom de Israel, las normas internacionales aplicables en situaciones de desastre, la falta de equidad sanitaria, el Plan de Acción cuatrienal para la aplicación del derecho internacional humanitario (DIH), el desarrollo de las Sociedades Nacionales y del servicio voluntario, y el fortalecimiento de la protección jurídica de las víctimas de los conflictos armados.

Tras la aprobación de estas resoluciones fundamentales y la formulación de 377 promesas por parte de las Sociedades Nacionales sobre muy variados temas, ahora hay que concretar todo esto.

En las páginas siguientes tomamos como ejemplo el caso de Filipinas, donde la Sociedad Nacional y el CICR colaboran para poner en práctica el DIH en el marco de los conflictos armados internos actuales. Luego nos ocupamos de los avances logrados en relación con las normas aplicables en las acciones internacionales en casos de desastre, la protección de los trabajadores de salud y los pacientes en situaciones de conflicto, un llamamiento de los jóvenes pronunciado ante la Asamblea General y otras palabras que inspiran y mueven a la acción escuchadas en las reuniones estatutarias de 2011.

 

 


Más sobre el DIH

Para saber más sobre la resolución aprobada en la XXXI Conferencia Internacional: www.redcross.int
Para más información sobre el DI H y los grupos armados, véase el próximo número de la Revista Internacional de la Cruz Roja (Vol. 93, No. 882).

Un vistazo a los años de conflicto

En Filipinas, los conflictos armados internos persisten desde hace décadas, provocando ciclos de desplazamiento, miedo y atraso económico.

Actualmente hay en este país dos frentes de batalla muy distintos, en los que las fuerzas armadas nacionales se enfrentan con el secesionismo de un grupo moro y también con la insurgencia comunista; éste, según se dice, es uno de los conflictos que más ha durado en todo el mundo.

El año pasado, se reanudaron las negociaciones de paz en el marco de ambos conflictos, pero desde entonces han quedado interrumpidas las conversaciones oficiales entre el Gobierno filipino y el Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), el brazo armado del Partido Comunista de Filipinas. Los enfrentamientos entre las tropas gubernamentales y miembros del NEP continúan causando muertos en ambos bandos y perturbando la vida y los medios de subsistencia de los civiles, que a veces quedan atrapados en el fuego cruzado.

El gobierno sigue siendo positivo en su diálogo permanente con el Frente Moro de Liberación Islámica, pero falta aún un acuerdo de paz. En 2008, cientos de miles de personas fueron desplazadas en Mindanao Central por la reanudación de las hostilidades debido a que no se logró firmar un acuerdo que habría creado un subestado para el pueblo Bangsamoro, los habitantes nativos de Mindanao. Mientras que la mayoría de las familias afectadas han regresado o se asentaron en otros lugares, muchos tienen que recuperarse aún de las hostilidades de 2008.

El CICR está en Filipinas desde hace más de 50 años, llevando a cabo una amplia gama de actividades humanitarias para ayudar y proteger a las personas afectadas por el conflicto armado.

La Asociación Nacional de la Cruz Roja, que más tarde se convertiría en la Cruz Roja de Filipinas, comenzó sus actividades en 1899. Hoy, la Sociedad Nacional cuenta con más de 100 filiales, de las cuales 30 se encuentran en la región de Mindanao.

El personal del CICR y los voluntarios de la Cruz Roja de Filipinas a menudo arriesgan su vida en el desempeño de su labor humanitaria. La muerte del voluntario Benny Balmediano en una explosión en febrero después de acudir en auxilio de las víctimas durante un ataque en la ciudad de Kidapawan, nos recordó inexorablemente esta realidad.

El CICR y los representantes de la Sociedad Nacional filipina deploraron la muerte y pidieron a todas las partes que protegieran a los trabajadores humanitarios. Bryan, hijo del voluntario fallecido, dijo: “Mi padre era mi ídolo. Su amada memoria siempre será para mí una fuente de inspiración para seguir comprometido con la misión humanitaria de la Cruz Roja”.


A lo largo de los años de conflicto las personas civiles han padecido lo indecible. Personas huyendo durante un intenso período de combates en 2008. Fotografía: ©REUTERS/Stringer Philippines, cortesía de www.alertnet.org

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