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La dignidad olvidada

Incluso antes de que la crisis política se apoderara del país en 2009, Madagascar era uno de los países más pobres del mundo. La suspensión de la mayor parte de la ayuda financiera por los donantes al país debido a la crisis asestó un duro golpe al sistema carcelario, que ya estaba en muy mal estado. Los reclusos en las cárceles de Madagascar viven en condiciones de hacinamiento e insalubridad, olvidados por el mundo exterior. Como en muchas partes del planeta, la condición de preso conlleva un fuerte estigma para los detenidos y sus familias. Muchos, en la cárcel de Antanimora por ejemplo, hace más de diez años que no ven a sus hijos. Para muchas familias, son tantos los kilómetros y tanta la vergüenza que no se justifica un viaje largo y arduo para visitar a sus parientes detenidos. Las fotografías de Guillaume Binet que se muestran a continuación son una ventana abierta a la vida cotidiana en la cárcel Antanimora, donde las visitas periódicas del CICR y de los familiares, junto con las obras de reparación del edificio, la construcción de letrinas y la mejora de las cocinas, contribuyen a restablecer la salud y la dignidad de todas las personas encarceladas. Texto de Marie-Servane Desjonquères del CICR.

Más de 2.600 personas se encuentran encarceladas en la Penitenciaría de Antanimora, una instalación diseñada para albergar a 800 detenidos. En cada edificio, se han erigido varios niveles con el fin de dar cabida al gran número de detenidos. Sin embargo, muchos duermen lado a lado en el suelo, en terribles condiciones de hacinamiento.
Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

Las zonas al aire libre entre los recintos dan a los detenidos la oportunidad de caminar, hacer ejercicio y hacer sociabilidad dentro de los límites marcados con polvo de color blanco por las autoridades penitenciarias. En algunos de los patios de la cárcel, los detenidos han puesto en marcha mercados abiertos donde los que tienen los medios pueden comprar alimentos, jabón, cigarrillos o cortarse el pelo. Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

Cada tarde, los detenidos hacen fila para que les sirvan una comida compuesta simplemente de raíces de yuca hervida. Algunos pueden comprar comida y cocinarse en sus alojamientos. Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

ECuando los familiares visitan a sus parientes detenidos están separados por dos rejillas que se encuentran a unos dos metros de distancia. Los detenidos reciben visitas dos veces por semana y cada una dura solo diez minutos. Dado que algunas familias deben hacer un viaje de varias horas para llegar a Antanimora, muchas deciden simplemente no visitar a sus seres queridos. Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

La vida tampoco es fácil para los funcionarios penitenciarios. En ciertas áreas de la prisión, un guardia puede estar a cargo de la vigilancia de 250 detenidos. Esto significa muchas veces tomar decisiones difíciles, como cuando los presos se enferman durante la noche y piden que los dejen salir de sus celdas. Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

Hay pocas actividades organizadas para los encarcelados en Antanimora, y muchos grupos religiosos los visitan con regularidad para proponerles orar y cantar.
Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

En la sección de mujeres de Antanimora, los niños nacidos tras las rejas pueden vivir con sus madres hasta los 18 meses, luego son entregados a parientes o asociaciones de ayuda que acostumbran llevar a los niños los fines de semana para que los pasen con sus madres. Hay un pabellón especial de la cárcel para madres y bebés, donde también se plantea el grave problema del hacinamiento. Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

Como en muchas otras cárceles del mundo, el CICR realiza visitas periódicas a los detenidos para hablar con ellos, y con las autoridades, sobre las condiciones de la prisión y el trato que reciben. En algunos casos, los presos pueden intercambiar noticias con sus familiares. Fotografía: ©Guillaume Binet/CICR

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