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La investigación sobre las mejores prácticas
comienza a configurar la nueva forma en que se han de enseñar
y prestar los primeros auxilios. La cuestión es saber
cómo transmitir a todos unas prácticas basadas
en pruebas y aplicarlas al mismo tiempo que se van adaptando
a las situaciones locales.
En abril, Paul Ok ot viajaba por Kampala (Uganda), cuando
se topó con un accidente de motocicleta. El conductor,
un hombre joven, sangraba profusamente. Okot, encargado del
programa de salud de emergencia de la Cruz Roja de Uganda,
sabía lo que tenía que hacer primero.
Mientras
otros se encargaron de conseguir agua para limpiar la herida,
Okot sabía que en ese caso lo esencial era detener la
hemorragia. “Cuando se trata de un corte, hay que aplicar
una presión”, explica Okot, recordando que se
quitó la corbata y la amarró al brazo de la víctima
ejerciendo una presión constante sobre ella.
Si el incidente
hubiera ocurrido hace algunos años, antes de que se
desarrollaran los materiales de primeros auxilios para África,
Okot quizás no hubiera reaccionado con la misma seguridad. “Antes
de los métodos basados en pruebas, los mensajes eran
contradictorios”, afirma, señalando que hasta
hace poco no había recomendaciones claras y uniformes
sobre qué tratamiento de primeros auxilios era más
eficaz.
En Europa, por ejemplo, antes de que se adoptaran las
normas de certificación regionales hace cinco años,
muchas Sociedades Nacionales enseñaban técnicas
diferentes para cosas tan básicas como las “posiciones
de recuperación”, es decir las mejores posturas
para mantener abiertas las vías respiratorios de una
persona inconsciente, observa Pascal Cassan, el consejero médico
nacional de la Cruz Roja Francesa.
“Los franceses tenían
su técnica y les parecía que era la mejor. Los
británicos tenían la suya y los alemanes la suya”,
comenta Cassan, cuya Sociedad Nacional fue la sede del Centro
Europeo de Referencia de Educación en Primeros Auxilios. “Se
enseñaban entre ocho y diez posturas diferentes de recuperación”.
Pero, ¿cuál era la mejor? ¿Cuál
técnica ha salvado más vidas? En 2005, los expertos
de la Cruz Roja en Europa y Estados Unidos crearon distintos
grupos de investigación para encontrar soluciones a
las preguntas y discrepancias sobre una amplia gama de procedimientos.
Revisaron miles de documentos de investigación científica
para determinar qué intervenciones médicas y
métodos de primeros auxilios eran los más eficaces.
Uno de los primeros resultados fue la elaboración de
las directrices europeas de primeros auxilios, publicadas por
la Cruz Roja de Bélgica en 2006 y actualizadas en 2011
con el título de Manual Europeo de Primeros Auxilios.
En los Estados Unidos, la Cruz Roja Americana y la Sociedad
Americana del Corazón se unieron para elaborar unas
directrices similares.
Desde entonces, armonizar las mejores
prácticas, basadas en pruebas, pasó a ser un
esfuerzo de dimensión mundial. La Federación
Internacional, junto con las principales Sociedades Nacionales
de Europa, América, África y Asia, aunaron su
experiencia para elaborar el documento International First
Aid and Resuscitation Guidelines 2010 (directrices internacionales
de primeros auxilios y reanimación, 2010). Según
sus autores, se trata de las primeras recomendaciones mundiales,
basadas en pruebas, sobre los primeros auxilios.
¿Qué significa
realmente “basadas en pruebas”? Esta expresión,
que está muy de moda en el mundo humanitario y de desarrollo,
define, en resumen, enfoques o acciones que se apoyan en pruebas
científicas de que una determinada práctica es
eficaz. En el campo de la medicina, el término comenzó a
usarse en la década de 1990, cuando los investigadores
trataron de dar a los médicos consejos útiles
sobre una amplia gama de prácticas basadas en una revisión
exhaustiva de la literatura científica.
“Normalmente,
los médicos que desean mantenerse al día con
las mejores prácticas tienen que leer decenas de artículos
especializados”, asegura Philippe Vandekerckhove, director
de la Cruz Roja de Bélgica-comunidad flamenca, que publicó el
Manual Europeo de Primeros Auxilios, 2011. “No es posible
que una persona pueda realizar un estudio crítico de
todas las investigaciones que se hayan hecho y determinar el
mejor enfoque”.
“En este caso, para las personas que intervienen en
casos de emergencia, hemos consolidado la investigación
y hecho un orden”, precisa Vandekerckhove, cuya Sociedad
Nacional acoge el Centro de Excelencia, un centro de referencia
que promueve las prácticas basadas en pruebas. “Determinamos
qué documentos de investigación son de calidad,
evaluamos los resultados y, acto seguido, formulamos recomendaciones”.
No fue una tarea fácil. Al desarrollar las directrices
de la Federación Internacional, por ejemplo, un equipo
internacional revisó más de 30.000 artículos
que examinaban el tratamiento en casos de emergencia, tales
como ataques al corazón, pérdida de sangre, heridas,
fracturas y muchas otros casos más.
En primer lugar,
un pequeño equipo de investigadores capacitados descartó los
trabajos de investigación de baja calidad que no seguían
una metodología de investigación científica
sólida. Luego, un órgano consultivo de expertos
médicos revisó los documentos y sintetizó los
datos con objeto de determinar los enfoques que habían
obtenido los mejores resultados.
A partir de ahí, se
formularon recomendaciones para tener en cuenta determinados
contextos, dice David Markenson, que preside el Consejo de
asesoramiento científico de la Cruz Roja Americana.
“La
prueba muestra cuál de las mejores técnicas es
universal”, dice. “Pero, lo que se puede aplicar
a diferentes entornos no es universal. El proceso permite a
todas las Sociedades Nacionales decir: ‘Hay cinco cosas
que han resultado eficaces para esta enfermedad pero, en mi
país, con este tipo de emergencias y los escasos recursos
de que disponemos, la número tres es la que mejor funciona’”.
No hay una solución única
Eso es básicamente
lo que sucedió después de que, en 2006, Europa
comenzara a implementar la primera certificación regional
de primeros auxilios. Personas como Okot y otras en las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de África,
detectaron las diferencias en la aplicación de las directrices
en sus países.
“Quedó claro que no iba
a bastar con una simple traducción de las directrices
europeas”, dice Vandekerckhove. “Era necesario
contar con un material que se ajustara al contexto africano”.
Las recomendaciones contenidas en el Manual europeo, por ejemplo,
se basan en el supuesto de que las personas pueden tener acceso
a un médico o ser trasladadas en una ambulancia en un
plazo de 10 a 15 minutos. En algunas partes del África
rural, puede llevar varios días recibir atención
médica. La manera de prestar tratamiento a las personas
en el lugar del incidente es, pues, diferente y las dolencias
que los socorristas atienden son a menudo distintas. Por ejemplo,
el material africano, elaborado por especialistas médicos
africanos, contiene un capítulo sobre el nacimiento
mientras que el manual europeo no.
En el África rural,
las víctimas son trasladadas también de manera
diferente. “Existen, por ejemplo, bicicletas ambulancias”,
comenta Okot. “Por lo tanto, en el manual de primeros
auxilios que se utiliza en esas zonas había que tener
en cuenta el traslado de personas en carros tirados por bicicleta
sin empeorar el estado de ciertas heridas”.
Difundir
el mensaje
Sin embargo, Vandekerckhove afirma que divulgar
las mejores técnicas existentes en todo el mundo puede
resultar difícil. “Hay ejemplos interesantes en
los que ciertas ilustraciones de las directrices europeas podrían
ser malinterpretadas en algunas comunidades africanas. “En
las directrices europeas, por ejemplo, un “pulgar hacia
arriba” indica una técnica aprobada, mientras
que en muchas partes del mundo, el pulgar hacia arriba significa
que algo es malo o puede ser entendido como un insulto”.
La forma de aprender de las personas también varía.
En Europa, las directrices siempre están contenidas
en manuales, que pueden servir como libros de texto para un
curso. En África, las directrices se compilan en “materiales” que
las Sociedades Nacionales pueden transformar en representaciones
teatrales, afiches, charlas, películas y hasta canciones.
Tal vez la mayor dificultad para la implementación mundial
sean los recursos. “No es fácil lograr que todos
los voluntarios de todos los países, incluso los capacitadores,
se pongan al día en los enfoques más recientes”,
señala Cassan de la Cruz Roja Francesa. “Se va
a requerir tiempo, recursos y mucho compromiso”.
Pero
vale la pena la inversión, afirma. “Cuando se
trata de primeros auxilios, la Cruz Roja y la Media Luna Roja
sirven de ejemplo en muchos países, por lo que es importante
que nos pongamos a la cabeza en materia de las mejores prácticas
basadas en pruebas”, precisa.
Eso parece ser exactamente
lo que entendieron los transeúntes cuando Okot de la
Cruz Roja de Uganda se precipitó para ayudar al hombre
herido en las calles de Kampala. “Ellos estaban tratando
de hacer algo, pero no era lo mismo que lo que yo estaba planeando
hacer. Cuando vieron que yo era de la Cruz Roja, me dejaron
administrar los primeros auxilios. Sabían que yo sabía
cómo hacerlo”.
Ricci Shryock
Periodista independiente
en Washington DC y Dakar, Senegal.
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Ilustraciones de African First Aid Materials, un
conjunto de documentos de orientación elaborados
por la Cruz Roja de Bélgica en colaboración
con un consorcio de Sociedades Nacionales africanas,
muestran la adaptación al contexto local de
las técnicas de primeros auxilios basadas en
pruebas.




Tras una revisión de las investigaciones médicas,
se dedujo que los remedios tradicionales resultan ser
más eficaces que los medicamentos modernos.
La investigación realizada para African First
Aid Materials validó algunas de las técnicas
tradicionales para desinfectar heridas y tratar a las
personas deshidratadas debido a la diarrea. La técnica
tradicional de untar la herida con miel es particularmente
eficaz para reducir el riesgo de infección si
la maniobra se hace correctamente. En cambio en el
manual europeo, se recomienda aplicar desinfectantes
de venta libre que no se encuentran necesariamente
en muchas partes de África. Del mismo modo,
el consejo que se da a los europeos de comprar una
solución de rehidratación oral de venta
sin receta para las personas que sufren de deshidratación
se sustituye en el contexto africano por diversas recetas
tradicionales en la que se mezclan harina de maíz
o plantas disponibles localmente y sal.
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