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Extender la resiliencia

 

Un proyecto iniciado en el este de Kenya ha permitido romper el ciclo del hambre y la dependencia de la ayuda. La Cruz Roja de Kenya está haciendo esfuerzos similares, pero ¿será capaz de mantenerlos y ampliarlos a fin de satisfacer las necesidades de una región desesperada y hambrienta?

Caminando por entre las frondosas plantaciones de bananos y mangos, pasando delante de perfectas hileras de pimientos rojos, cebollas y tomates, cuesta creer que esta fértil y bien regada hacienda se encuentra en el corazón del Cuerno de África, donde las devastadoras malas cosechas y las sequías cíclicas han dejado a millones de personas hambrientas y dependientes de la ayuda alimentaria en los últimos años.

En esta hacienda del noreste de Kenya, las imágenes de paisajes áridos y rostros hambrientos parecen una realidad remota. Sin embargo, incluso en este oasis de rico verdor, los recuerdos del hambre nunca están lejos de la mente de personas como Odh Hassan, antiguo pastor, que ahora trabaja en la hacienda.

“Durante la sequía de 2004 pasamos hambre y éramos totalmente dependientes de la ayuda alimentaria”, recuerda. “Y durante la de 2008 perdí todo el ganado de nuevo y supe que tenía que encontrar otra solución para mantener a mi familia”.

Odh es uno de los casi 4.000 pastores cuya suerte dio un vuelco espectacular después de haber integrado el proyecto de recuperación de la sequía en el río Tana, iniciativa establecida por la Cruz Roja de Kenya a finales de 2009 para introducir la agricultura sostenible en las comunidades que no podían conservar los medios de subsistencia tradicionales en las zonas del noreste del país afectadas por la sequía.

“Para empezar, fue difícil convencer a los pastores para que se convirtieran en agricultores”, dice Mata Ramadhan, responsable de proyectos locales. “No podían concebir asentarse en una zona y dedicarse al cultivo”.

Pero en la actualidad, 1.335 hectáreas (3.300 acres) de plátanos, mangos, pimientos rojos o pimientos morrones, sandías, tomates, cebollas y papayas proporcionan alimento a miles de personas y un ingreso regular para las personas que trabajan en 47 haciendas ubicadas en las riberas del río Tana, que discurre desde el Monte Kenya hasta el océano Índico, incluso en períodos de sequía.

De las haciendas, una fila constante de carretas tiradas por burros transportan productos que han de venderse en las inmediaciones de Garissa, capital de la provincia Nororiental. Hay una fuerte demanda de sus productos y, el año pasado, los agricultores lograron producir incluso un excedente en el peor momento de la sequía que diezmó la región.

“La sequía ya no nos preocupa”, dice Odh. “Sabemos que no va a traer el hambre, ya que siempre podemos sacar agua del Tana y regar los cultivos, haya o no lluvia”.

Padre de 33 hijos, cinco de ellos todavía en la escuela, Odh, de 89 años, ahora se siente seguro por el futuro de su familia. Él y los demás agricultores se ríen cuando se les insinúa si echan de menos la vida que tenían como pastores. “Esa vida ya se acabó”, dicen en coro, “ahora tenemos casa con techo de lata, agua corriente, televisión y nuestros hijos tienen acceso a una educación universitaria para que puedan convertirse en médicos, profesores o incluso periodistas”.

Del socorro a la seguridad alimentaria

Gracias a los fondos de las Sociedades Nacionales finlandesa y japonesa, el proyecto ha permitido distribuir toneladas de semillas y suministrar numerosas bombas de riego con el fin de aprovechar mejor el agua del río Tana, el mayor curso de agua de Kenya. Si el Gobierno kenyano facilitara fondos suficiente para regar las fértiles tierras de esta región, algunos vaticinan que la cuenca del río Tana podría alimentar a la mitad de la población del país.

A la Cruz Roja de Kenya le gustaría ampliar el proyecto para garantizar la seguridad alimentaria de un mayor número de pastores. Motivados por la oportunidad que brinda un medio de vida decente, mientras la escasez de lluvias continúa mermando el ganado, muchos pastores hacen cola para unirse al proyecto. Es una pena que se modifique la cultura del pastoreo, pero en un contexto en el que tantas presiones están haciendo imposible ese estilo de vida, muchos pastores y trabajadores humanitarios dicen que la agricultura es, sin duda, mejor que depender de la ayuda.

“Las comunidades de las tres divisiones donde trabajamos gozan ahora de seguridad alimentaria”, dice Ramadhan, “pero para romper realmente el ciclo de dependencia en un distrito donde el 77% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, tenemos que aumentar los esfuerzos”.

El proyecto destinado a mitigar la sequía en la región del río Tana demuestra que es posible dar autonomía a las comunidades para diversificar sus medios de subsistencia y lograr una seguridad alimentaria, rompiendo así el ciclo interminable de la asistencia de emergencia que se presta entre un ciclo de sequía y el siguiente.

Pero a partir de la grave sequía de 2011, la peor que se haya registrado en el Cuerno en 60 años, los donantes comenzaron a darse cuenta de que tenían que cambiar la táctica y reforzar la resiliencia de las comunidades locales para evitar que se repitiera la catástrofe humanitaria.

Según Michael Mutuvu, responsable de las actividades para la reducción del riesgo de desastres de la Cruz Roja de Kenya, “la sequía del año pasado sirvió de advertencia a los donantes, permitiéndonos adoptar el enfoque estratégico que habíamos andado buscando durante varios años: pasar del socorro a la seguridad alimentaria”.

Debido a la distribución al por mayor de ayuda alimentaria y agua, las comunidades habían pasado a depender de la ayuda, debilitando así su capacidad para mantenerse a sí mismas. La agricultura controlada a nivel local que permite a las comunidades lograr la seguridad alimentaria “favorece la dignidad, la autosuficiencia y es mucho más eficaz en función de los costos”, añade Mutuvu.

Esta filosofía quedó plasmada en la visión estratégica de la Sociedad Nacional para el período 2011-2015, que ni siquiera tiene un presupuesto para la ayuda alimentaria. Por otro lado, sus 20 nuevos proyectos sobre seguridad alimentaria representan el 50% de los programas, que se extienden a través de las tierras áridas del norte de Kenya y la región afectada por la sequía en el sureste del país.

Una agricultura en sintonía con el clima

Pero, ¿puede esto ser reproducido en otros lugares? En Yatta, distrito del sureste de Kenya, el 80% de la población depende de la ayuda alimentaria en una región donde los agricultores que viven de la agricultura de secano lidian contra las consecuencias del cambio climático. Según John Mbalu, coordinador de la filial de Machakos de la Sociedad Nacional, la última cosecha buena de maíz, el cultivo básico, fue en 1997.

En octubre de 2011, la Cruz Roja de Kenya se asoció con el Instituto de Investigación Agrícola de Kenya (KARI ) para emprender una iniciativa destinada a estimular a los agricultores a diversificar su producción y acabar con los cultivos como el maíz y el frijol, que requieren una gran cantidad de agua, con objeto de producir una nueva variedad de yuca resistente a la sequía.

“Se trata de un proyecto de seguridad alimentaria que está en sintonía con el clima, en el que los agricultores se benefician directamente de la investigación científica recién salida del laboratorio”, explica Mbalu.

Pero su introducción ha supuesto salvar varios obstáculos. La yuca se considera el cultivo del pobre y, si no se maneja correctamente, puede ser venenosa. En un principio, los agricultores se mostraron escépticos a producir un cultivo de bajo valor comercial. Una vez que se les ocurrió la idea de machacar y moler la yuca para fabricar harina, todo cambió.

“Ahora la yuca es como oro en polvo para nosotros”, asegura David Muoka, presidente de un grupo de agricultores locales. Muoka, antiguo profesor y banquero, de 62 años de edad, es un hombre que tiene perspectivas. “El cultivo posee un enorme potencial comercial no sólo como harina, sino que también puede convertirse en almidón industrial y la cáscara utilizarse para la industria de la alimentación animal”.

Y además está la pizza. La filial de Machakos de la Cruz Roja de Kenya compra la harina de yuca para la fabricación de pizzas para su nuevo servicio de reparto de pizzas, generador de ingresos.

Para Mbalu, la yuca puede ayudar a los agricultores a ir más allá de la agricultura de subsistencia a fin de generar un ingreso sostenible independientemente de las lluvias. Abriga la esperanza de que para mayo de 2013 se haya triplicado el número de agricultores que plantan yuca y alcance los 10.000, cantidad que permitirá a la empresa ser viable comercialmente y garantizar la seguridad alimentaria de los agricultores.

Sin embargo, la Cruz Roja de Kenya calcula que se necesitarían 20.000 agricultores y la construcción de una represa para que se logre la seguridad alimentaria en todo el distrito y para que el proyecto pueda ampliarse a las zonas vecinas afectadas también por la sequía.

¿Una gota en el océano?

La Cruz Roja de Kenya se ha planteado el objetivo de lograr que 100.000 personas gocen de una seguridad alimentaria para el año 2015, una “gota en el océano” en un país donde 3,4 millones de personas corren el riesgo de pasar hambre, según Mutuvu. Señala que la mayor parte del trabajo la tiene que hacer el gobierno. “No somos más que los catalizadores del cambio en el plano de la comunidad, los negocios y las empresas”, dice.

Los proyectos también transmiten un poderoso mensaje de autosuficiencia local y regional, una cuestión de la que se hizo eco la Cruz Roja de Kenya en toda su respuesta ante la crisis registrada en el Cuerno de África. En el punto álgido de la sequía del año pasado, por ejemplo, la Sociedad Nacional trabajó con los proveedores de telecomunicaciones nacionales para poner en marcha una campaña, que permitió recaudar 10 millones de dólares en cinco semanas entre los sectores público y empresarial. El dinero se destinó a financiar las necesidades inmediatas de las víctimas y los nuevos proyectos de seguridad alimentaria.

“Se demostró que después de depender durante años de la ayuda internacional, podemos encontrar soluciones nacionales a los problemas nacionales”, declara el Secretario General de la Sociedad Nacional Abbas Gullet. “Esto nos devolvió nuestro orgullo nacional y la dignidad”.

Estos proyectos van avanzando, pero quedan todavía muchos obstáculos por delante. Por ejemplo, ¿lograrán las haciendas ser verdaderamente autosuficientes y no depender de fuentes externas de financiación? ¿Habrá más inversiones de otros proveedores de fondos o del gobierno de Kenya, para reproducir este modelo? El Gobierno de Kenya ha establecido el objetivo de lograr la seguridad alimentaria para todos los kenyanos para 2030, un objetivo que Gullet considera una tarea difícil, pero viable.

“Hace 25 años Kenya era un exportador neto de alimentos”, dice. “Hoy es un importador neto de alimentos y depende de la ayuda, cosa que no debería ocurrir. Los ministerios de Agricultura, Agua, Educación y Salud tienen que cambiar sus prioridades e invertir en la industria, la ciencia, la tecnología y la educación”.

Claire Doole
Periodista independiente en Ginebra, Suiza.


Un agricultor en el marco del Proyecto de la Cruz Roja de Kenya para la Recuperación de la Sequía en la zona del río Tana, muestra el fruto de su trabajo.
Fotografía: ©Claire Doole/
Federación Internacional

 

 

 

 

 

 



“Hace 25 años Kenya era un exportador neto de alimentos. Hoy es un importador neto de alimentos y depende de la ayuda, cosa que no debería ocurrir”.
Abbas Gullet
, secretario general
de la Cruz Roja
de Kenya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Cosechando yuca en el distrito de Yatta, Kenya. Considerada durante mucho tiempo por muchos kenyanos como un producto indeseable, la yuca es cultivada por la Cruz Roja de Kenya para hacer harina, que algunos agricultores llaman jocosamente el “oro en polvo”. Fotografía: ©Claire Doole/ Federación Internacional

 

 

 

 

 

“La yuca es como oro en polvo para nosotros. El cultivo posee un enorme potencial comercial no sólo como harina, sino que también puede convertirse en almidón industrial y la cáscara utilizarse para la industria de la alimentación animal”.
David Muoka
, presidente de un grupo de agricultores locales del distrito
de Yatta.

 

 

 

 

 

 

 

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Convertir tubérculos en “oro en polvo” Cómo una raíz resistente a la sequía proporciona un nuevo cultivo comercial. www.redcross.int.

 

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