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Concurso de periodismo

En todo el mundo, las Sociedades Nacionales contribuyen a crear conciencia sobre el derecho internacional humanitario (DIH) entre los periodistas. Con esa finalidad, la Cruz Roja Australiana, la Cruz Roja Neozelandesa y el CICR organizaron en 2011 un concurso de periodismo sobre DIH. Los estudiantes fueron invitados a presentar un artículo de mil palabras, en torno al tema "Armas pequeñas: grandes desafíos humanitarios". "Los periodistas a menudo informan sobre los conflictos armados y es fundamental que tengan un conocimiento básico del derecho internacional humanitario", asegura Eva Massingham, responsable de DIH de la Cruz Roja Australiana. "Los periodistas que trabajan en las zonas de guerra tienen ciertos derechos y responsabilidades y deben conocer las leyes de la guerra para su propia protección". A continuación se presenta el artículo ganador del certamen, cuya autora es Zoe Noakes. Para más información sobre los esfuerzos del CICR destinados a sensibilizar sobre la necesidad de abordar la proliferación de armas pequeñas y sus efectos en las violaciones del derecho internacional humanitario pulse aquí.

Armas pequeñas:
grandes desafíos

 

El artículo galardonado en el concurso de reportajes sobre el DIH de la Cruz Roja Australiana

Son apenas las seis de la mañana y miles de personas ya se apiñan en torno a los camiones de distribución de alimentos estacionados en Badbaado, en las afueras de la acribillada ciudad de Mogadiscio. Lo que en su momento fue un barrio en plena expansión se transformó, a causa de la guerra, en un sórdido y sombrío campamento, donde se alojan 30.000 personas desplazadas.

Los hombres hacen una fila y las mujeres y los niños otra, y durante un par de horas la comida pasa de mano en mano sin incidentes. De repente se desata el caos. Las tropas del gobierno comienzan a saquear las raciones de maíz y aceite. Los civiles, desesperados por obtener comida, se unen a la pelea. Los soldados armados los golpean con la culata de sus fusiles para apartarlos, antes de que los disparos llenen el aire. Como consecuencia, diez personas murieron y la sangre de los heridos dejó una mancha en el suelo arenoso.

El uso indebido de las armas pequeñas —las armas de fuego portátiles diseñadas para uso personal— se ha convertido en un grave problema humanitario. Hoy la mayoría de las guerras se libran entre grupos pequeños, mal entrenados y armados a la ligera, en las que el derecho internacional humanitario (DIH) es violado con alarmante frecuencia.

En muchos de los conflictos en todo el mundo, las armas que se utilizan son las armas pequeñas y su impacto va mucho más allá del efecto de una bala. La mera amenaza de un arma puede desplazar a miles de personas, impedir el acceso a la ayuda y permitir el reclutamiento de niños soldados. Según Small Arms Survey, se estima que hay 875 millones de armas pequeñas en el mundo.

El tiroteo del 5 de agosto en Badbaado fue solo el primero de tres incidentes violentos perpetrados con armas en Mogadiscio. Los disparos no solo son horribles, sino que también están en contra de la ley. El DIH, que es el conjunto de normas que rige los conflictos armados, exige que todas las partes en conflicto permitan y faciliten la prestación de asistencia humanitaria a las personas necesitadas.

Para los millones de personas que necesitan asistencia humanitaria urgente en Somalia, el robo armado de las raciones es devastador. El director de investigación de Small Arms Survey, Robert Muggah, afirma que la disponibilidad de armas pequeñas empeora una circunstancia que ya era grave.

"Los milicianos fuertemente armados, los grupos basados en clanes y los civiles armados exacerban una situación ya terrible", asegura. "A menudo la violencia tiene un gran componente depredador y los esfuerzos de asistencia con frecuencia se ven severamente restringidos por su presencia. No cabe duda de que la violencia armada no hace más que empeorar la situación".

Basándose en los Convenios de Ginebra, el DIH impone a las partes en un conflicto armado las obligaciones jurídicas de reducir el sufrimiento innecesario y proteger a la población civil y a otros no combatientes. Es aplicable a todas las situaciones de conflicto armado, sean los beligerantes grupos armados regulares o grupos armados no estatales. El CICR cree que la proliferación de armas en manos de nuevos e indisciplinados actores ha superado los esfuerzos destinados a garantizar el cumplimiento de estas normas básicas de la guerra. Somalia es un ejemplo de esto.

La consecuencia de dos décadas de conflicto interno es un país gobernado por la guerra y no por la ley, donde los civiles están pagando un precio muy caro. Abdirahmud Mohamud dice que la presencia de armas pequeñas significa que "uno siempre es vulnerable". Este hombre huyó a Kenya con su familia para escapar de la violencia. "Vimos personas asesinadas mientras dormían y vecinos que se mataban entre ellos. Fue horrible y tengo el corazón destrozado".

Dado que un círculo cada vez mayor de actores con poca responsabilidad, formación y disciplina utiliza armas pequeñas, todas las partes en conflicto han sido acusadas de violar el DIH. El uso de niños soldados es un ejemplo. En virtud de las normas de conflicto (reforzadas recientemente como parte del "Protocolo facultativo relativo a la participación de niños en los conflictos armados", firmado por 142 Estados en 2002), está prohibido que las fuerzas armadas nacionales y los grupos armados no estatales recluten a niños menores de 18 años o los hagan participar en las hostilidades. Sin embargo, la presencia de armas pequeñas permite a las partes no sólo reclutar a la fuerza niños, sino también entrenarlos como combatientes utilizando las mismas armas con las que fueron secuestrados. Muggah dice que la disponibilidad de armas pequeñas hace que el reclutamiento de niños como soldados sea más fácil y más rendidor.

"El hecho es que las armas pequeñas y las armas ligeras son tecnologías muy sencillas; los mecanismos no han cambiado en más de 100 años. Además, pesan poco, lo que explica la frecuencia con que se utiliza a los niños. Por consiguiente, el costo de armar a niños es extremadamente bajo y, por esa razón, vemos que es en los conflictos de los países más pobres del mundo donde suelen utilizarse".

Para el profesor Steven Freeland, experto en derecho internacional y derechos humanos de la Universidad de Sydney Occidental, el ritmo acelerado de la distribución de armas hace difícil respetar el derecho. "Las armas son distribuidas a un ritmo alarmante, y la educación y la conciencia de que hay normas aplicables a veces van a un paso mucho más lento", precisa. "Por ejemplo, los niños que están adoctrinados, o los menores que son secuestrados para participar en conflictos y actividades que claramente violan las normas, ¿cómo van a saber? O incluso si estuvieran al tanto de las reglas fundamentales, ¿cómo pueden resistirse en aquellas circunstancias?"

La violencia a menudo obliga a un gran número de personas a huir de sus hogares. Los refugiados y los desplazados internos no pueden regresar a sus casas porque las armas siguen en circulación. Incluso antes de que la sequía causara un sinnúmero de refugiados, las cifras ya eran elevadas debido a un recrudecimiento de los combates. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), tan solo en 2011 los combates desplazaron a 200.000 personas, mientras que 70.000 han huido a los países vecinos. La malnutrición, las enfermedades y el hambre que provoca el desplazamiento a punta de pistola se pueden atribuir indirectamente a estas armas.

Sin embargo, frenar la proliferación de las armas pequeñas no es fácil. Para muchos países tiene sentido económico vender a bajo precio su armamento; cuesta dinero destruir los excedentes de armas y municiones antiguas. En consecuencia, las armas pequeñas se reciclan de un conflicto al siguiente. Un rifle tiene una duración de hasta 40 años; una sola arma en manos que no debieran portarla puede devastar a generaciones de personas.

El profesor Freeland dice que el creciente uso de las armas pequeñas significa que la enseñanza del DIH es más importante que nunca. "Es un tema difícil, lo que significa que tenemos que estar aún más atentos sobre el proceso de formación", advierte. "No se trata solo de un proceso de formación sobre las normas, sino que tenemos que ir más lejos y averiguar por qué están sucediendo estos conflictos. Las normas son importantes y el derecho tiene un papel preponderante, pero eso no es lo único que hay que hacer. Si pudiéramos detener la proliferación de armas pequeñas, sería algo absolutamente positivo".

Zoe Noakes        

 



 

 

 

 

 

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