Volver a la página
principal de la revista
 

Invertir en la humanidad

 

En Burundi, el voluntariado está ayudando a sacar a muchas comunidades de la pobreza, la dependencia de la ayuda y la inseguridad alimentaria.

Una de las zonas más afectadas por el genocidio de 1993 y los siguientes años de guerra civil en Burundi fue la provincia noroccidental de Bubanza. El hecho de que esta región se encuentre cerca del bosque de Kivira, fuente de alimentos y un buen escondite, hizo que muchos lugareños se expusieran a momentos dolorosos que les gustaría olvidar.

“Dolor extremo y desesperación”, es así como resume Habonimana Floride la vida en Bubanza durante los años de conflicto.

Hoy voluntaria de la Cruz Roja en la unidad local de Munanira de la provincia de Bubanza, esta mujer de 30 años se empeña junto con otros 51 voluntarios en devolver la esperanza y forjar la seguridad alimentaria en esta región que otrora fue uno de los graneros de Burundi. “Nos dimos cuenta de que no sacábamos nada con lamentarnos eternamente por lo que habíamos perdido y era importante aunar nuestros esfuerzos para obtener un mejor resultado.

Con la ayuda del personal provincial de la Sociedad Nacional, los voluntarios formaron una unidad de la Cruz Roja y empezaron a cultivar mandioca en unas tierras donadas por uno de los miembros del personal. Vendieron la primera cosecha y con las ganancias obtenidas compraron tres cabras. “¿Quién iba a imaginar que tres cabras iban a dar una mayor cohesión a una comunidad que tenía un pasado de división sombrío y la maldición de la pobreza?”, pregunta Floride.

Después de esas tres primeras cabras, rápidamente llegaron otras 16. Impresionada por el compromiso y las estructuras de servicio voluntario establecidas por la unidad de Munanira, la sede de la Cruz Roja de Burundi donó tres cabras más. “Este gesto nos animó a poner en marcha una iniciativa de generación de ingresos”, relata Floride.

Posteriormente, el grupo comenzó a arrendar tierras donde ahora se cultiva ananá en gran escala. “El estiércol de las cabras también sirvió para mejorar la calidad de los frutos”, añade la voluntaria. “La tierra en Bubanza no es muy productiva y necesita abono para dar una buena cosecha”.

Gracias a los ingresos obtenidos con la venta de ananá, las familias han podido alimentarse mejor. Y los beneficios económicos de la empresa han permitido a los padres enviar a sus hijos a la escuela y sufragar todos los gastos de escolaridad. “Estamos muy orgullosos porque empezamos con tres cabras y ahora tenemos 36”, dice Everiste Shaban, vicepresidente de la unidad de Munanira, que ahora dona cabras a otras unidades de la Cruz Roja.

La producción de ananá se vende en los mercados locales. “Vendemos más de 500 ananás, a 2.500 francos burundeses [1,7 dólares]”, señala Shaban. “Con los ingresos, podemos ayudar a las personas más vulnerables de nuestra comunidad y mejorar las condiciones de vida de nuestros voluntarios. También tenemos planes de comprar más cabras para que todos puedan sacar provecho de esta empresa”.  Todavía queda mucho por hacer, como tratar de que se donen más cabras o vacas a fin de obtener leche para los niños y abono para la tierra. Pero la esperanza y la cohesión social han florecido junto con las cosechas.

El corazón del cambio
Aunque los pasos sean pequeños, son importantes logros económicos y sociales para las comunidades que luchan por recuperarse del conflicto, la sequía y la persistente pobreza. Y estos éxitos no son por casualidad.

A falta de financiación en gran escala de entidades internacionales o gubernamentales, la Cruz Roja de Burundi y sus asociados han priorizado el desarrollo del voluntariado comunitario. Actualmente la Cruz Roja de Burundi cuenta con más de 300.000 voluntarios en todas las regiones del país y ha sido reconocida internacionalmente por su liderazgo en el desarrollo del voluntariado como una forma de forjar la resiliencia de la comunidad.

Este es un logro increíble para una Sociedad Nacional que hace ocho años empleaba solamente a cuatro personas a nivel nacional y tenía un alcance muy reducido a nivel de colina o comunidad. Conocida como la tierra de las mil colinas, Burundi tiene unas 2.850 colinas con unos 2.000 a 3.000 habitantes cada una. Hoy en día, aproximadamente el 98% de las colinas tienen grupos de voluntarios de la Cruz Roja de Burundi, integrados por 50 a 500 voluntarios, según un informe de 2011 de la Federación Internacional, en el que se da cuenta de los esfuerzos de la Sociedad Nacional por fortalecer su capacidad a nivel de filial.

En el informe se señala que detrás de este cambio, existe la más íntima convicción de que la pobreza y la vulnerabilidad no son un impedimento para que cientos de miles de burundeses se organicen con objeto de atender a las necesidades de los más vulnerables.

Aunque Burundi tiene una rica tradición de buena vecindad y de voluntarios de la comunidad, se creó en el país una cultura de dependencia de la ayuda durante y después de los años de lucha. “Inicialmente vista como ‘otra ONG’ que viene a repartir cosas, la Sociedad Nacional ha logrado que se la considere una organización que cataliza y apoya la acción local más que un proveedor de recursos externos “, concluye el informe.

Con 300.000 francos suizos (320.000 dólares) de capital inicial procedente del Fondo de Fortalecimiento de la Capacidad de la Federación Internacional, la Sociedad Nacional adoptó un enfoque empresarial que está poniendo a prueba la Federación Internacional. En lugar de seguir un modelo de arriba hacia abajo, el proyecto se centró en las tradiciones locales, así como en la identificación de la comunidad con el proceso y su liderazgo.

Según los autores del informe, lo difícil será ahora, captar apoyo financiero para que esta red pueda crecer, sin descartar el enfoque de la movilización de los recursos locales y de autoayuda en el largo plazo. En otras palabras, ¿es posible gestionar la inversión financiera exterior sin menoscabar el espíritu empresarial y de identificación de la comunidad?

Vamos bien
El ejemplo de Burundi podría servir de modelo para las organizaciones humanitarias y los donantes que quieren fomentar y apoyar soluciones de corte local. Hoy en muchas de las colinas, algunos voluntarios que fueron vulnerables en un momento dado, están en condiciones de ayudar a los demás.

“He vivido tiempos difíciles, pero hoy se vislumbra un rayo de esperanza para el futuro”, dice Judith Ngerageze, voluntaria de la Cruz Roja de Burundi que, en colaboración con otras 21 mujeres, ha puesto en marcha una iniciativa generadora de ingresos creando una granja para el cultivo de hortalizas.


Nzinizirira Angeline, de 67 años, abraza a su nieta Habineza Agnes delante de su nueva casa, que fue construida por los voluntarios de la Cruz Roja de Burundi . Fotografía: ©Nancy Okwengu/Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“¿Quién iba a imaginar que tres cabras iban a dar una mayor cohesión a una comunidad que tenía un pasado de división sombrío y la maldición de la pobreza?”
Habonimana Floride
,
voluntaria de la Cruz Roja de Burundi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En efecto, el grupo de voluntarias arrendó una parcela que cultivan y la producción la dividen en dos partes: una para su propio uso y la otra para la venta. “Siempre tenemos un mercado seguro y cuando se da una buena cosecha, podemos obtener más de 400 dólares”, asegura. “Con el dinero compramos semillas y fertilizantes para las temporadas de siembra siguientes y compartimos los beneficios”.

“Ahora puedo apoyar a los que no pueden mantenerse, especialmente enseñándoles a ellos”, dice. “Esto lo puedo hacer gracias a los diversos cursos de capacitación impartidos por la Cruz Roja, que me han permitido lograr la seguridad alimentaria, me alimento de manera sana, lo que me da fuerzas para trabajar. Mi familia y yo hemos salido de la pobreza extrema”.

Nancy Okwengu
Delegada de comunicación de la Federación Internacional

Más en la web

De refugiado a socorrista
Los voluntarios de la Cruz Roja de Burundi han ayudado a Biriho Edward a encontrar un hogar ayudando a otros: “Para un país con un pasado de división terrible, los principios de la Cruz Roja han sido aceptados entre nosotros… Estos principios nos unen”, afirma.
www.redcross.int

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

2012 

Copyright