Volver a la página
principal de la revista
 

Contante y sonante

 

En 2005, la pregunta formulada a Sarah Bailey, trabajadora humanitaria, muestra cuán lejos ha llegado en apenas unos años el concepto de donativo en efectivo: “Si un beneficiario huye con el dinero, ¿deberíamos perseguirlo?”

En 2005, un trabajador humanitario local me hizo esa pregunta mientras nos preparábamos para distribuir la cantidad de 70 dólares a las personas afectadas por el desastre y los combates en Kindu (República Democrática del Congo). Los donativos en efectivo formaban parte de un estudio destinado a establecer si los beneficiarios preferían comprar enseres domésticos en el mercado local a recibir un paquete de artículos básicos esenciales. Todas las personas, sin excepción, prefirieron el dinero, y adquirieron cosas que jamás se nos hubiera ocurrido proporcionar: repuestos de bicicleta, colchones y radios para poder seguir el resultado de los comicios.

Durante años, esta cuestión me ha dado vueltas. En ese momento, nos causó mucha risa, pero simbolizaba el escepticismo y el malestar que sentían muchos de los miembros de nuestro equipo con respecto a esa nueva forma de asistencia.

Hoy en día, las transferencias de dinero en efectivo forman parte integrante de las operaciones de emergencia y existen ya pruebas contundentes de que el método da buenos resultados cuando se gestiona correctamente, lo que se explica por la naturaleza humana y las leyes de la economía. Las organizaciones humanitarias tienden de por sí a proporcionar a las personas afectadas por un desastre los bienes y servicios que necesitan. Pero cuando estos pueden conseguirse localmente ¿por qué distribuir dinero en efectivo? Las personas podrán utilizarlo en función de sus prioridades y necesidades personales. A las organizaciones humanitarias les resulta más conveniente realizar un programa de transferencia de dinero en efectivo, ya que abaratan así los costos y reducen los problemas logísticos relacionados con el almacenamiento y el transporte de carpas, arroz y otros productos básicos. Las ventajas que puede ofrecer este sistema son evidentes.

Se trata de una solución sencilla, pero controvertida, pues pone en tela de juicio las formas tradicionales de organización y entrega de la asistencia humanitaria. El poder inherente del dinero en efectivo subvierte totalmente la noción de caridad. Si bien la mayoría de las organizaciones de ayuda no dudaría en distribuir grandes cantidades de víveres, la entrega de importantes sumas de dinero a la población en período de crisis plantea muchos interrogantes sobre las perspectivas, las consecuencias y los riesgos del método.

Un planteamiento relativamente nuevo
La donación de dinero en efectivo no es realmente una novedad. Clara Barton, una de las figuras que contribuyeron a fundar la Cruz Roja Americana, organizó una acción para entregar dinero en efectivo durante la guerra franco-prusiana de 1870–1871. Muchos gobiernos acostumbran a dar dinero a los pobres como una forma de protección social y también a las personas afectadas por los desastres. En 2005, el Gobierno de Pakistán donó dinero en efectivo a 270.000 familias afectadas por el terremoto de Cachemira y se asoció con la empresa de tarjetas de crédito Visa para beneficiar a cerca de 2 millones de familias afectadas por las inundaciones de 2010. El Gobierno de Estados Unidos proporcionó 7.000 millones de dólares a los damnificados de los huracanes Rita y Katrina.

Sin embargo, los programas de transferencia de dinero en efectivo son una actividad relativamente nueva para la mayoría de las organizaciones humanitarias, los donantes y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. En 2004, la respuesta al tsunami del océano Índico incluyó varios proyectos de pequeña escala para donar dinero en efectivo en lugar de alimentos, lo que desató un debate sobre los donativos en efectivo en situaciones de emergencia. El debate se centró esencialmente en los riesgos que esta solución implicaba. A algunos les preocupaba que las personas afectadas pudieran malgastar el dinero en productos perjudiciales como el alcohol y los cigarrillos y que las mujeres pudieran estar en desventaja si los hombres controlaban el dinero. Un donante resumió así los temores de que la prensa criticara una intervención con dinero en efectivo que hubiera salido mal: “Imagino los titulares: ‘Grupos de asistencia humanitaria tiran el dinero’”.

No hay pruebas de más corrupción
Si bien estas preocupaciones son válidas, numerosos proyectos piloto, estudios y evaluaciones han llegado en general a la misma conclusión: el dinero en efectivo representa riesgos diferentes a los de la asistencia en especie.

En Somalia y en la República Rusa de Chechenia, algunas organizaciones humanitarias estimaron que proporcionar dinero en efectivo es más seguro que prestar ayuda alimentaria, dado que el dinero en efectivo puede entregarse de forma más discreta y guardarse en el bolsillo de una persona una vez recibido. Además, no hay pruebas de que el dinero en efectivo favorezca la corrupción o plantee problemas inmanejables por ser un bien muy deseable. (¿No es una buena cosa proporcionar asistencia deseable?).

Los temores de que los donativos en efectivo pongan en desventaja a las mujeres han sido infundados y las esperanzas de que se refuerce su autonomía tampoco se concretan.  Después de todo, el papel de los hombres y las mujeres está profundamente arraigado en nuestras culturas y es poco probable que el dinero en efectivo
por sí solo vaya a cambiar las actitudes.

Las personas que reciben dinero por lo general lo gastan de manera responsable. La preocupación de que no lo hagan revela algunos prejuicios inquietantes sobre cómo las organizaciones humanitarias perciben a las personas a las que ayudan. Siempre habrá un grupo de personas irresponsables; los desastres no suprimen los defectos de la naturaleza humana. Pero, ¿cómo pueden los trabajadores humanitarios apoyar la dignidad de las personas vulnerables si consideran que no son capaces de subvenir a sus propias necesidades?

Un sinnúmero de intervenciones han confirmado la principal ventaja del dinero en efectivo: las personas afectadas por la crisis pueden responder a sus necesidades prioritarias de una manera flexible y digna. El dinero en efectivo también impide que las personas vendan la ayuda para comprar los bienes indispensables.

Elevar el listón
Las organizaciones de ayuda están analizando con más profundidad para justificar la entrega de dinero en efectivo, tanto para ellas como para los donantes. Están examinando los mercados, las preferencias de las personas afectadas y las decisiones de las familias en tiempo de crisis. Estas cuestiones son importantes, pero no siempre se tienen en cuenta al proporcionar otras formas de ayuda. Las intervenciones que recurren a los donativos en efectivo también han sido objeto de un seguimiento intensivo en lo referente a la manera en que se gasta el dinero y sus consecuencias. En resumen, las transferencias de dinero en efectivo se examinan mucho más atentamente que las formas más tradicionales de asistencia. Esto podría considerarse un “injusto” doble rasero, pero es una buena cosa. El examen que se hace de las transferencias de dinero en efectivo en realidad podría elevar el listón cuando los trabajadores humanitarios planifican, ejecutan y supervisan sus intervenciones, independientemente del tipo de asistencia que se preste. El hecho mismo de que el donativo en efectivo exista como una opción fomenta el análisis del posible impacto
de las diferentes intervenciones, en lugar de optar automáticamente por suministrar tiendas de campaña o ayuda alimentaria.

Un cambio de mentalidad
Si bien la asistencia en especie sigue siendo, con mucho, la forma predominante de la ayuda humanitaria, las transferencias de dinero en efectivo se han practicado en casi todas las grandes operaciones de socorro recientes. El método va a seguir ganando terreno. Las organizaciones de ayuda, por lo tanto, deberán dotarse de las competencias y los sistemas necesarios para prever y aportar, llegado el caso, una asistencia de esa índole, especialmente para entender mejor los mercados. Lograr esto no será demasiado difícil: las organizaciones humanitarias disponen de las herramientas y las experiencias necesarias, y no faltan las fuentes de información sobre los donativos en efectivo y los análisis de los mercados. Lo esencial reside sin duda en un cambio de mentalidad. Los que prestan asistencia deben aprender a delegar parte de sus responsabilidades a las víctimas de desastres y crisis.

En menos de diez años, los trabajadores humanitarios han dejado bien atrás el nivel de prueba de la asistencia mediante dinero en efectivo para llegar hoy a cientos de miles de personas al año. Incluso han recurrido a nuevas tecnologías, como las transferencias por teléfono móvil en los lugares donde los bancos no existen. Me atrevo a afirmar que los programas de asistencia con dinero en efectivo son uno de las mutaciones más radicales, aunque sencillas, de la ayuda humanitaria en decenios. El cambio está ocurriendo y, en este caso, hay que seguirlo.

Sarah Bailey
Trabajadora humanitaria y experta en programas de transferencia de dinero en efectivo.


Aurenia Bandao, de 45 años, utilizó un donativo en efectivo de la Federación Internacional y la Cruz Roja de Filipinas, en el marco de un programa de recuperación tras un tifón, para surtirse de hilo, lo que le permitió producir y ganar más. Fotografía: ©Afrhill Rances/Federación Internacional



 

 

 

 

 

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

2012 

Copyright