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Cuidados en el camino

 

El CICR y la Cruz Roja Mexicana aúnan sus fuerzas para prestar atención médica a los centroamericanos que se dirigen rumbo al norte. El Movimiento tiende una mano a los migrantes en un momento de extrema vulnerabilidad.

ESA MAÑANA, Juan Carlos,  un joven hondureño de cabellos negros, descansaba bajo la sombra de un árbol. Acababa de cruzar el Suchiate, un río ancho de aguas color marrón que señala la frontera sur de México, y se daba un momento de tregua cerca de la pequeña ciudad agrícola de Tenosique. Tras cuatro noches de caminata por la sierra y la selva de Guatemala, ya le quedaba poco para alcanzar la frontera con Estados Unidos, pero estaba extenuado.

Pronto Juan Carlos iba a iniciar la etapa siguiente de su viaje. Sin previo aviso un tren de carga llegará a Tenosique, por las vías donde descansaba ahora, y él se pondrá a correr para tratar de agarrarse a la escalerilla metálica de uno de los vagones, subirse a bordo y partir rumbo al norte.

Subirse al tren era una de las preocupaciones. Pero había otra más urgente: las suelas de sus zapatos, la fina capa sintética que separa la planta de los pies de la tierra rocosa, estaban casi totalmente gastadas. Las ampollas le dolían mucho, aunque trataba de no pensar en el dolor.

Cuando un vehículo blanco se detuvo junto a las vías férreas, otros migrantes que ya sabían de estas cosas se pusieron rápidamente de pie y comenzaron a hacer cola. Era una gran suerte poder recibir atención médica.
  
Necesidades básicas
La Cruz Roja Mexicana, en colaboración reciente con el CICR, administra esta unidad médica móvil equipada con los suministros necesarios para atender a los migrantes que se dirigen a Estados Unidos.

Las necesidades son básicas: heridas causadas por caídas sobre rocas o alambre de púas, infecciones intestinales por ingesta de agua insalubre, ampollas y deshidratación. Pero como los migrantes tienden a permanecer en la clandestinidad durante su viaje, muchas veces no pueden curar estas dolencias, y remedios tan sencillos como aplicar una venda o tomar unas aspirinas simplemente no están a su alcance. A mitad de camino, los migrantes como Juan Carlos, que pidió permanecer en el anonimato, suelen tener unos pocos pesos y a veces ni eso.

En abril, un informe del Pew Hispanic Center mostró que el número de mexicanos que emigran a los Estados Unidos ha disminuido debido al debilitamiento de la economía estadounidense y al endurecimiento de las medidas de inmigración. Pero los centroamericanos persisten en su intento por llegar del otro lado de la frontera. Las economías de países como Honduras y Guatemala siguen siendo muy débiles y la violencia es endémica. Aunque no se dispone de cifras exactas sobre el número de centroamericanos que atraviesa México, las autoridades de inmigración de este país deportaron, el año pasado, a unos 40.000 centroamericanos.

El número de refugios para migrantes financiados por la Iglesia en todo México y a lo largo de las rutas utilizadas por los migrantes va en aumento: en la actualidad hay más de 60 refugios que permiten satisfacer las necesidades básicas.

Juan Carlos esperó unos 20 minutos hasta que le tocó su turno. Oswaldo Bello Lovato, de 25 años, el médico de la unidad médica móvil, lo recibió y le hizo las preguntas elementales: nombre, edad y país de origen. También le preguntó cómo se sentía.

“Mira”, dijo Juan Carlos, quitándose los zapatos para mostrarle las llagas tumefactas en la planta de los pies. Tenía los tobillos hinchados por el calor y la retención de líquido. “¿Desde hace cuánto tiempo que tienes los pies en ese estado?”, le preguntó el médico. “Desde ayer”, contestó Juan Carlos.

El joven médico le entregó un tubo de pomada para las ampollas. “Aplícate la pomada por lo menos durante una semana, incluso si las ampollas desaparecen”. “¿Algo más?”, le preguntó el doctor. “¿Cómo te sientes hoy? ¿Dolor de cabeza? ¿Fiebre?”

Juan Carlos se quejó del dolor de estómago, aunque no tenía diarrea, una enfermedad que suele afectar a los migrantes forzados a beber agua contaminada.

El médico le entregó unas pastillas antiparasitarias por si empeoraban los dolores.

Atención inesperada
Juan Carlos tomó el medicamento y salió de la casa rodante. Se aplicó la pomada que le refrescó y alivió las heridas. Se sintió mejor de ánimo.

“Veo cómo mejora su estado mental incluso después de una simple consulta”, comentó Bello. “En realidad, no se esperan que haya una persona dispuesta a prestarles atención”.

Esa mañana, Bello iba a atender a unos 50 hombres como Juan Carlos. Por la tarde, el vehículo se estacionará cerca de un albergue para migrantes y más mujeres y hombres acudirán a él. El médico recetará medicamentos para tratar las erupciones cutáneas y la diarrea, distribuirá esparadrapos, aspirinas y otros medicamentos febrífugos. A algunas personas se les hará pasar a una pequeña pieza de la casa rodante donde se les inyectará antibióticos. Oswaldo Bello les hará preguntas sobre las enfermedades que se pueden manifestar durante el viaje: diabetes, asma e hipertensión.
  
Un camino peligroso
Como lo explica María Canchola, que trabaja para el proyecto del CICR sobre la migración en México, las necesidades de los migrantes son enormes. “En estos momentos, nuestra prioridad es atender a las personas que podrían estar enfermas”, precisó. La atención médica puede ampliarse para poder equipar con prótesis a los migrantes que quedan mutilados al caer de un tren. Ahora bien, aunque la misión del CICR en México es prestar asistencia médica de urgencia, también procura hacer frente a otras consecuencias humanitarias de la migración. El grupo respalda una acción coordinada entre los expertos forenses de México y Centroamérica para identificar los restos mortales encontrados en México, un problema que no cesa de agravarse en un momento en que la migración se vuelve cada vez más peligrosa.

Ya no se trata de burlar la vigilancia de las autoridades de inmigración mexicanas o a la patrulla fronteriza de Estados Unidos. Los migrantes se ven confrontados a grupos del crimen organizado, que los secuestran y piden un rescate a sus parientes que viven en Estados Unidos. En 2010, en lo que pareció ser un secuestro masivo fallido, 72 migrantes centroamericanos fueron masacrados en el norte de México, cerca de una zona que Juan Carlos probablemente tendrá que atravesar. Estos homicidios son ahora moneda corriente en México y es muy común que los cuerpos no sean identificados.

“Ya me robaron”
En la zona donde estaba estacionada la unidad móvil reinaba una sensación de tranquilidad. Aunque los migrantes entran ilegalmente a México, el gobierno apoya a la Cruz Roja Mexicana en su tarea de prestar atención de salud sin tener en cuenta la condición jurídica de la persona. Los funcionarios locales de inmigración no están autorizados a detener a los migrantes que acuden a los dispensarios.


Un migrante intentado saltar a un tren de carga en marcha en las afueras de Tenosique (México). Cada año, miles de migrantes ilegales que se dirigen a Estados Unidos, resultan heridos o muertos, en su gran travesía por espesas selvas controladas por violentas bandas de narcotraficantes.
Fotografía: ©REUTERS/Daniel LeClair, cortesía de www.alertnet.org



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Parece que hay gente que roba a punta de pistola. Pero a mí ya me desvalijaronen Guatemala, no sé qué más me podrían sacar”. 
Juan Carlos,
migrante hondureño

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de la consulta, Juan Carlos conversó con algunos de sus compañeros de viaje. En su marcha rumbo al norte, Juan Carlos ha conocido a otros migrantes. En grupo se sienten menos vulnerables ante la amenaza de las pandillas, que les roban el dinero, los celulares y todo lo que pueda tener algún valor. Sin embargo, a Juan Carlos le embargó nuevamente la inquietud al evocar la continuación de su viaje. “Allá, dijo apuntando hacia el norte, parece que hay gente que roba a punta de pistola. Pero a mí ya me desvalijaron en Guatemala, no sé qué más me podrían sacar”.

Monica Campbell
Periodista radicada en San Francisco ()que a menudo informa desde Latinoamérica. Este artículo se publicó por primera vez en Intercross, el blog del CICR en Washington D.C. (http://intercrossblog.icrc.org).

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Para más enlaces e información sobre la migración, como el Informe Mundial sobre Desastres 2012 de la Federación Internacional, consulte nuestro sitio web
www.redcross.int.

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