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“Si tenemos agua,
lo tenemos todo

La cronología

150 años de acción humanitaria

Septiembre de 1980: estalla la guerra entre Irak e Irán. Pasará a ser la guerra convencional más larga del siglo XX y se la compara con la Primera Guerra Mundial. El conflicto se caracteriza por una guerra de trincheras, el combate cuerpo a cuerpo con bayonetas, olas humanas que cruzan por entre las fuerzas que separan la tierra de nadie, el uso de gas mostaza y armas químicas, y la muerte de al menos medio millón de combatientes. Aún hoy las Sociedades Nacionales y el CICR continúan las actividades relacionadas con este cruento conflicto, tales como la repatriación de restos mortales.

Mayo de 1985: un ciclón de grandes proporciones azota la bahía de Bengala y casi 1 millón de personas pierden sus hogares. Luego Ciudad de México es sacudida por un terremoto de gran magnitud, que mata a más de 600 personas. Yen noviembre, el volcán Nevado del Ruiz en Colombia entra en erupción, enterrando a 23.000 personas en el barro y los escombros y convirtiendo un valle fértil en un paisaje lunar.

Abril de 1986: la central nuclear de Chernóbil en Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética, sufre un accidente por el que se liberan partículas radiactivas que se dispersan por gran parte del territorio occidental de la Unión Soviética y Europa.


Fotografía: ©Catherine Peduzzi/CICR

1984: un informe de la BBC causa conmoción en el mundo con imágenes devastadoras de personas, entre ellas muchos niños, que mueren de inanición en Etiopía. Calificando la situación de “apocalipsis”, el informe despierta gran interés entre los medios y da lugar a una respuesta humanitaria mundial sin precedentes ante la hambruna en África, incluso un concierto mundial organizado por el músico de rock Bob Geldof. El volumen de actividades de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (hoy Federación Internacional) se duplica dado el aumento espectacular de operaciones y delegaciones. A pesar de los enormes problemas logísticos y la falta de capacidad para coordinar operaciones de esta magnitud, el CICR, la Liga y las Sociedades Nacionales salvan muchas vidas gracias a la distribución en gran escala de alimentos, los servicios de salud y el suministro de agua, entre otras actividades. A la afluencia de ayuda mundial y la cobertura de los medios le sigue un estricto control de toda la asistencia humanitaria. Gran parte de la ayuda, encauzada a través del Gobierno etíope, no llega a las personas hambrientas en el territorio rebelde y algunos sostienen que la ayuda prolonga la guerra mediante el fortalecimiento del gobierno. Una investigación independiente realizada en 1986 muestra que la labor de la Liga es mejor que la de la mayoría de las organizaciones y “muchos de los que están vivos hoy habrían perecido sin las intervenciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja”. Pero también llega a la conclusión de que la Liga, ya abrumada por las operaciones en casos de desastre del decenio de 1980, no da abasto y es indispensable que se centre en el fortalecimiento de su capacidad en caso de intervenciones múltiples de gran escala.

 

Octubre de 1986:
La Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja decide por votación suspender la delegación del Gobierno de Sudáfrica (pero no la Cruz Roja Sudafricana) para protestar contra el apartheid. Algunos criticaron la decisión porque con ello se debilitaban los principios de universalidad y neutralidad, mientras que otros la aplaudieron.

Mayo de 1988: la Unión Soviética comienza a retirar sus tropas de Afganistán.

Octubre de 1988: Se abre en Ginebra el Museo Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

1989: se derriba el Muro de Berlín y se desmantela la Unión Soviética. Muchos en Occidente tienen esperanzas de que el fin de la guerra fría dé un “dividendo de paz”.
Fotografía: Catherine Peduzzi/CICR

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Haciendo equilibrio en los peldaños de arriba de una escalera de bambú, Abdul Hamid lidia con los cables eléctricos que abastecen de energía a Darak Seh y hacen funcionar las bombas que suministran el agua potable.

Hamid, jefe del consejo de desarrollo de la comunidad, también donó una parcela de tierra para que el CICR pudiera perforar el último de los cinco pozos y así llevar agua a este barrio de las afueras de Kunduz, una ciudad de unos 250.000 habitantes situada en el norte de Afganistán.


Abdul Hamid Fotografía:©Nick Danziger

Es un trabajo fundamental, ya que más de dos tercios de los pozos que alimentan Kunduz se encuentran en Seh Darak, pero precario. Aquí en la periferia de la ciudad, las últimas casas de ladrillo de barro colindan con los campos (conocidos como “las tierras malas”) que se extienden hasta perderse de vista. Más allá, es demasiado peligroso para los trabajadores humanitarios.

Los años de inseguridad han significado que cuatro generadores, necesarios para sacar agua, estuvieran sin funcionar. Finalmente, la comunidad acudió al CICR, que aceptó reparar los generadores y tomó disposiciones para protegerlos. Los nuevos pozos y las conexiones eléctricas, a lo largo de los 12 km de tubería nueva, beneficiarán a unas 11.000 personas.

Repuestos y capacitación

En muchas partes de Afganistán, el agua es bombeada a mano. Pero cuando las bombas se rompen, las comunidades locales no siempre tienen las piezas que necesitan y es demasiado peligroso que el personal especializado vaya a repararlas. En este caso, el CICR solicita a los ingenieros locales que acudan a sus oficinas en Kunduz para capacitarlos y ayudarlos a encontrar los repuestos.

“Hace 20 años que tenemos una bomba de agua en la esquina, pero se ha roto 20 veces”, dice Abdul Hakim, camionero, mecánico y miembro del comité de agua en Ze Khel (Kunduz). “Se utiliza mucho, así que no es nada Sorprendente”.

Ahora, un ingeniero local ha reparado la bomba en Ze Khel gracias a la asistencia del CICR. Se han efectuado así casi un tercio de las 430 reparaciones de bombas de mano programadas: un ejemplo de la forma en que los trabajadores humanitarios aprovechan a veces la asistencia “indirecta” o “remota” con asociados locales en zonas donde el acceso no es posible.

Esencial para la supervivencia

 Debido a que el agua es esencial para la supervivencia, el derecho internacional humanitario confiere protección especial al acceso a ella. Pero las consecuencias son graves cuando los combates destruyen los sistemas de suministro del agua o hacen la construcción y reparación muy costosas o riesgosas.

El pueblo de Deh Bala es un buen ejemplo. Más de dos kilómetros de tuberías que suben por una ladera rocosa llevan agua potable desde una fuente hasta un tanque de cemento y piedra. “El agua es nuestro mayor problema: necesitamos nuestra salud ante todo”, dice uno de los satisfechos habitantes. “Si tenemos agua [potable], lo tenemos todo.” Una rápida encuesta revela que todos los niños han sufrido de dolores estomacales y diarrea.

Ahora, se cavaron zanjas para las tuberías que llevarán el agua directamente a la aldea situada más abajo. “No hay dispensarios ni médicos ni farmacias”, dice Bashir, un ingeniero del CICR encargado del proyecto. “Así que proteger las fuentes naturales de agua, en lugar de dejar que la gente beba directamente de ellas, mejora inmediatamente su calidad de vida”.

Agua para todos

El acceso al agua no solo está protegido por el derecho internacional humanitario. Junto con el saneamiento, es también un derecho humano fundamental, en virtud de una resolución de las Naciones Unidas adoptada en 2010. Sin embargo, aproximadamente mil millones de personas carecen de acceso al agua potable y más de 3 mil millones (la mitad de la población mundial) no disponen de un saneamiento adecuado.

Cuando una tormenta, una inundación o un terremoto rompen los sistemas de agua y saneamiento, esta deficiencia puede ser aún más mortífera. A partir del decenio de 1990, la Federación Internacional comenzó a desplegar las unidades de intervención de urgencia, equipos de personas con la pericia y las herramientas necesarias para solucionar problemas en diversa escala (de 15.000 habitantes en las zonas rurales a 50.000 personas en entornos urbanos). La Federación Internacional y las Sociedades Nacionales también han colaborado con asociados internacionales, así como con las autoridades a nivel local y nacional, para ampliar el acceso a los servicios de saneamiento y agua potable para las comunidades vulnerables antes de que ocurra un desastre.

Si bien se han hecho progresos, todavía quedan enormes deficiencias. En 2012, según el Programa Conjunto OMS/UNICEF de Monitoreo del Abastecimiento de Agua y del Saneamiento, está en vías de alcanzarse para 2015 uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio según el cual se aumentará el acceso de las personas a fuentes mejoradas de agua. Pero no logrará cumplirse el objetivo de reducir a la mitad el número de personas sin saneamiento básico, debido esencialmente a que los proyectos de saneamiento no despiertan el mismo entusiasmo financiero que los proyectos de abastecimiento de agua. “Los gobiernos, los donantes y los actores humanitarios todos debemos velar por que las actividades de saneamiento estén financiadas por lo menos de la misma manera que las de abastecimiento de agua”, asegura el secretario general de la Federación Internacional Bekele Geleta. “Tenemos que conseguir el equilibrio adecuado”.


Para las personas desplazadas en situaciones de emergencia, como las de este campamento en Myanmar, el agua potable es esencial para la supervivencia. Trabajadores y voluntarios del Movimiento construyeron retretes seguros, excavaron nuevos pozos y crearon sistemas de distribución de agua que proporcionan más de 8.000 litros por día a la población del campamento. Fotografía: ©Andreas von Weissenberg/ Federación Internacional

 

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