Volver a la página
principal de la revista
 

Cartografía de los conflictos 3.0

 

Jen Ziemke, codirectora de la Red Internacional de Cartógrafos de Crisis, dice que es posible proteger a las personas atrapadas en un conflicto mediante la cartografía interactiva de las crisis, pero para lograrlo debemos ajustar nuestra forma de pensar y de utilizar los mapas de crisis a los modos cambiantes de hacer la guerra.

Desde el terremoto de Haití de 2011, los mapas digitales de crisis en línea han pasado a ser una herramienta habitual para los trabajadores humanitarios, que tratan de entender mejor tanto el panorama general como las necesidades de las personas comunes y corrientes afectadas por un desastre o un conflicto.

Sin embargo, se conoce menos el papel humanitario fundamental que desempeñan estos mapas, sobre todo en caso de guerra o de violencia: servir como testigo, captar y documentar presuntas violaciones del derecho internacional humanitario y arrojar luz sobre los que torturan, detienen ilegalmente o vulneran la dignidad de los demás seres humanos.

A diferencia de los mapas de conflictos del pasado, estos mapas interactivos en tiempo real pueden abarcar una amplia gama de datos: imágenes satelitales, fotografías aéreas, videos capturados con un teléfono móvil, testimonios enviados por correo electrónico, etc. Estos mapas, si son bien utilizados, pueden contribuir a documentar abusos cometidos por todas las partes en un conflicto, revelar pautas importantes y resaltar zonas o momentos en los que más se necesita proteger a las personas vulnerables. Proporcionan así pruebas que permiten apoyar los llamamientos humanitarios en favor de la aplicación de mejores medidas de protección, e incluso pueden servir de punto de partida para futuras investigaciones de crímenes de guerra.

Uno de los mejores ejemplos de cartografía de conflictos bien hecha es Syria Tracker (véase el artículo en Cruz Roja Media Luna Roja), que ha recopilado informes de abusos y crímenes contra civiles, cometidos por todos los grupos armados, desde el comienzo del conflicto.

Este sitio ha añadido una nueva dimensión a los mapas de crisis elaborados para conflictos anteriores, como la revolución y la subsiguiente guerra civil en Libia, en las que Libya Crisis Map siguió, entre otros hechos, el movimiento de los refugiados, las solicitudes de alimentos y agua y la evolución de la situación en el campo de batalla (véase www. libyacrisismap.net).

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas inició el mapa de crisis de Libia a fin de conocer mejor la situación reinante en ese entorno complejo y cambiante. Este mapa ayudó a señalar las deficiencias en la asistencia humanitaria y su prestación, y a trazar las etapas siguientes.

Syria Tracker ha hecho avanzar las cosas mediante la recopilación de muy diversos informes procedentes de ciudadanos observadores  que informan sobre las necesidades humanitarias cotidianas de personas concretas, así como sobre casos específicos de ejecuciones, violación y bombardeo de lugares de culto y matanzas de civiles.

Cartografiar ese tipo de atrocidades no solo ayuda a los trabajadores humanitarios a satisfacer las necesidades inmediatas, sino que también posibilita una mejor comprensión de la evolución de los conflictos y revela las tendencias importantes y los procesos inherentes durante la guerra.

Viene al caso citar el mapa de crisis de Angola, un proyecto cartográfico que rastreó la historia de todas las batallas y las masacres conocidas, así como el territorio ganado y perdido durante esta guerra de 41 años, y que comprende unos 10.000 hechos. En el estudio, se señala que durante la guerra de Angola los civiles corrían más riesgos después de los combatientes sufrían grandes pérdidas estratégicas, simbólicas, territoriales o en el campo de batalla. Cuando un ejército va perdiendo, aumenta drásticamente la probabilidad de que los combatientes cometan violaciones contra la población civil.

La investigación en ciencias políticas muestra que la mayoría de los conflictos civiles no termina por un acuerdo negociado, sino por la victoria militar sobre un ejército derrotado. Esto significa que cuando los analistas observan lo que parece ser el final y un ejército es llevado hacia la inevitable derrota, los profesionales y los responsables políticos deben estar más atentos a las violaciones contra la población civil de la zona. Habría que preparar de antemano la creación de corredores humanitarios o la aplicación de otras medidas de protección para poder ponerlas en práctica en caso necesario.

Teniendo presente lo anterior, también es importante considerar que en el mundo actual, la mera presencia de un mapa de crisis en directo podría cambiar el curso de los acontecimientos sobre el terreno. Dado que los mapas de crisis son reflejos en tiempo casi real de los conflictos, su sola presencia significa que los acontecimientos pueden no ser verdaderamente observaciones independientes y es posible que se utilicen con fines de propaganda o convertirse en un nuevo campo de batalla para la desinformación destinada a engañar al enemigo.

Afortunadamente, esto ya es un tema candente en el círculo de la cartografía y existe ya un amplio debate sobre la forma de garantizar la fiabilidad, neutralidad e independencia de los datos, así como la protección de los que presentan informes.

La geografía de las relaciones

Dado que la índole de los conflictos va cambiando, también debemos ir adaptando los mapas que utilizamos. Hoy nos encontramos en una coyuntura histórica en que la creciente disponibilidad de datos sobre acontecimientos georreferenciados en tiempo real hace que los mapas con puntos sean una atractiva visualización inicial de estos complejos datos.

Pero los conflictos actuales no pueden entenderse bien solo como un catálogo de sucesos que tienen lugar entre determinadas líneas, puntos y zonas de color en una pantalla de computadora.

Tomen por ejemplo las guerras de contrainsurgencia de la última década en Irak, Afganistán, Somalia y Yemen. Las guerras de esa época parecen tener menos que ver con el lugar y el espacio, la conquista y el control del territorio o incluso con la apropiación de lugares estratégicos, y mucho más con otras características y dinámicas. Por lo tanto, la mejor manera de visualizar algunas luchas armadas modernas es a través de mapas de red, en los que se revelan las relaciones que dan forma a cada contexto estratégico (véase el mapa adjunto del conflicto en la República Democrática del Congo).

Ahora bien, en el entusiasmo de los mapas geográficos no debemos perder de vista la comprensión del papel que las redes personales, las historias, las relaciones y los símbolos desempeñan en la guerra. Entender esas relaciones puede ayudar a los trabajadores humanitarios a navegar por los complejos campos minados de los cambios de alianzas y las furiosas rivalidades, que son inherentes a las zonas de conflicto y de violencia.

Al igual que la nueva tecnología está trastocando el equilibrio del poder entre las personas y los Estados, las estrategias políticas y militares habituales también están cambiando precisamente cuando las guerras se están volviendo más complejas para analizar. La mayoría de las llamadas "guerras civiles" no son asuntos exclusivamente internos, pero a menudo pueden entenderse mejor a través del prisma de la dinámica internacional, las rivalidades regionales o la diáspora mundial fragmentada.

Y si se añade una capa de intrigas y maniobras secretas, repentinamente "entender" los datos parece una tarea casi imposible. Ni los mapas digitales actuales, llenos de datos e imágenes, podrían servir para eso. Por esa razón, el mundo de la cartografía digital debe encontrar con urgencia mejores formas de representar todo lo que está codificado en los conflictos, y en grandes conjuntos de datos, de modo que se pueda aprovechar todo el potencial de estas nuevas herramientas para proteger la vida y la dignidad de las personas afectadas por la guerra y la violencia.

Jen Ziemke
Cofundadora y codirectora de la Red Internacional de Cartógrafos de Crisis, profesora asistente de la Universidad John Carroll, miembro de la Iniciativa Humanitaria de Harvard y voluntaria en los despliegues de Standby Taskforce en Chile, Haití y Libia.

El presente artículo fue publicado en la revista de la Cruz Roja Australiana International Humanitarian Law y se adaptó para www.redcross.int.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

©2014 

Copyright