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Perdidos en la migración

 

Cien años después de que el Movimiento estableciera la Agencia Central deBúsquedas y la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra, la migración
plantea nuevos retos y ofrece nuevas opciones al Movimiento en su labor derestablecer el contacto entre familiares y proteger a los migrantes detenidos.

No hay mucho que hacer en un centro de detención de inmigración excepto esperar. Día tras día, sin bolígrafo, papel, libros ni contacto con el mundo exterior, lo único que pueden hacer los 1.564 detenidos en el centro de detención de Lenggeng es esperar que alguien los ayude a regresar a su país.

El centro de detención de Lenggeng está situado en una colina, en un área remota y pintoresca de la selva, al sur de Kuala Lumpur, la capital de Malasia. Aquí, en medio de las buganvilias y los mangos, hay centenares de hombres y mujeres frustrados y ansiosos procedentes de países como la India, Irán, Myanmar, Nepal, Nigeria, Palestina y Uganda. Todos hablan idiomas diferentes y tienen historias diferentes, pero lo que une a la mayoría de estas personas es el deseo de regresar a su país y ver a su familia.

“Me prometieron un buen trabajo en Malasia”, dice Catherine*, una de las 250 mujeres migrantes detenidas en el centro. “Pensé que iba a significar una vida mejor y más dinero para mi madre y mi hijo.”

“Como dos meses después de mi llegada, las autoridades allanaron mi casa y me arrestaron por no tener documentos de trabajo válidos”, cuenta Catherine, oriunda de Kampala (Uganda). “No tengo dinero para pagarme el pasaje de vuelta y desde hace casi un año estoy aquí detenida, esperando y rezando para que alguien me ayude y pueda irme pronto.”

“Hoy pude enviar a mi madre mi primer mensaje de Cruz Roja, lo que me ha dado cierta esperanza. Logré llamarla por teléfono, pero se me acabó el crédito y no puedo comprar otra tarjeta, así que espero que este mensaje pueda llegarle y sepa que estoy bien.”

Catherine pudo enviar un mensaje a su país gracias a un proyecto piloto de la Media Luna Roja de Malasia y el CICR, por el cual desde hace casi tres años se prestan servicios de restablecimiento del contacto entre familiares (RCF) a los migrantes detenidos en el centro de Lenggeng.

“Las personas que se encuentran en los centros de detención en Malasia provienen de muchos países diferentes”, explica Lim Mei Chin, encargada de actividades de RCF de la Media Luna Roja de Malasia. “Más recientemente, ha aumentado el número de personas procedentes del estado de Rajine en Myanmar.”

Durante las visitas de los encargados del servicio de RCF, tienen la posibilidad de escribir mensajes de Cruz Roja a sus familias o dar algún número de teléfono para que las delegaciones de la Media Luna Roja de Malasia, de otra Sociedad Nacional o del CICR puedan transmitir mensajes telefónicos breves a los parientes.

Sin embargo, a diferencia del salamat tradicional o del Sin embargo, a diferencia del salamat tradicional o del mensaje “Estoy vivo”, que se acostumbra a dictar a los colaboradores de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja en reuniones en Malasia, los mensajes telefónicos se extraen de lo que se ha escrito en los mensajes de Cruz Roja.

No es fácil volver a casa

Puede que no parezca mucho. Pero para estas personas, cuyo destino es una espera interminable de días que se han vuelto semanas y luego meses y años, cualquier ayuda o interacción con el mundo exterior es buena. “Algunos de ellos llevan aquí como dos años”, precisa Mohammed Bin Che Ramlan Hassan, que ha estado a cargo del centro de Lenggeng durante los últimos tres años y, en ese lapso, ha visto el número de detenidos aumentar de 800 a más de 1.500.

“Solo queremos que estas personas regresen a sus hogares”, dice, y añade que la mayoría de ellas están en detención por delitos relacionados con la inmigración, como la falta de documentación oficial o de permiso de trabajo válido. “Se trata de casos de detención o deportación, no de castigos.”

Pero no es fácil volver a casa. Tramitar por medio de las embajadas la documentación y los pasaportes perdidos, o encontrar los fondos necesarios para pagar el pasaje de avión significa que muchos de los que se encuentran en el centro de detención tendrán que permanecer allí por lo menos tres meses. Y dado que a su llegada les confiscan el móvil y que las tarjetas para los teléfonos públicos son prohibitivas, pierden rápidamente el contacto con sus familias.

“Sin duda se necesita el servicio de RCF en los centros de detención de inmigrantes”, dice Muna Djuly, asistente del oficial de campo de Protección del CICR. “Los detenidos pueden hacer una llamada gratuita al llegar o en un día de fi esta como el Eid. Pero para hacer llamadas internacionales tienen que comprar una tarjeta telefónica y a menudo no pueden costeársela. Tampoco hay acceso a Internet, por lo tanto, se ven cada vez más aislados de sus familias.

Cada mes los detenidos, que siguen siendo seleccionados previamente por las autoridades, esperan la visita del equipo de RCF sentados en dos fi las ordenadas, por un lado los hombres y por el otro las mujeres.

Personas de tránsito

Todos llevan camisetas amarillas con la inscripción tahanan Imigresen (inmigrante detenido). Algunos ya conocen los famosos “mensajes rojos” y aguardan con ansias una respuesta de sus seres queridos. Otros oyen hablar por primera vez del servicio de RCF y se les explica en qué consiste mediante un afiche traducido a varios idiomas como árabe, chittagonés, indonesio, nepalí y persa.

Cada vez que visitan el centro, los equipos del CICR y de la Media Luna Roja de Malasia instalan mesas y sillas en una habitación vacía, que se utiliza por lo general para las visitas médicas semanales que efectúa el Ministerio de Salud de Malasia.

“El equipo de RCF siempre se reúne con los detenidos en una habitación alejada de las celdas”, dice Max Weigmann, jefe adjunto de la delegación regional del CICR en Kuala Lumpur. Estas visitas, explica el delegado, en las que se ofrecen servicios de RCF, son completamente distintas de las que también realiza el CICR allí para comprobar las condiciones y el bienestar de los detenidos.

En la mayoría de los países donde el CICR trabaja en relación con situaciones de detención, los servicios de RCF se integran en las entrevistas individuales con los detenidos. Aunque los mensajes de Cruz Roja podrían ser parte de esa visita, el objetivo principal es hablar de las condiciones y el trato que reciben los reclusos.

Las reuniones de RCF organizadas con la Media Luna Roja de Malasia son diferentes y se centran exclusivamente en la recogida de mensajes de los detenidos, proceso que en sí mismo puede ser complicado.

“La labor de RCF con los migrantes es muy diferente y, en la mayoría de los casos, es menos delicada para las autoridades que en una situación de conflicto”, dice Djuly. “También es mucho más complicada que en caso de desastre natural, ya que se trata con personas de muchos países que hablan idiomas diferentes y viven situaciones distintas.”

“En caso de emergencia o de conflicto, las historias tienden a parecerse y consisten principalmente en personas que buscan a personas que aún se encuentran en su propio país. La labor de RCF para los migrantes es totalmente diferente porque son personas de tránsito.”

La complejidad de cada historia humana se pone de manifiesto durante la visita mensual que hace a Lenggeng el equipo de RCF. Según el reglamento de los centros de detención, todos los mensajes deben estar escritos en inglés. Por lo tanto, es bastante demoroso obtener toda la información y anotarla en el formulario.

Se necesitan casi tres horas para recolectar 22 mensajes de Cruz Roja. Muchos detenidos no saben leer ni escribir, la mayoría no habla inglés y depende de los que han aprendido malayo o tienen nociones de inglés para transmitir sus mensajes al equipo.

Una a una se van relatando las historias y se recogen los mensajes. Está la de un joven nepalés al que engañaron para hacerlo trabajar en una plantación remota y se escapó. Después tres hombres indios explican a un colaborador de la Media Luna Roja de Malasia que habla tamil que quieren ponerse en contacto con sus esposas y pedirles que les compren un pasaje de avión para volver a casa.

Luego unas jóvenes de Camboya, Myanmar y Uganda, todas arrestadas por diversas irregularidades en la documentación y los visados, deseaban escribir a los padres y abuelos. Una realidad de la que no se habla es que muchas mujeres son objeto de trata para la prostitución en Malasia y no se atreven a contárselo a sus familias.

Algunos detenidos dudan si utilizar el servicio de RCF. “A veces los detenidos son reacios a escribir un mensaje porque no desean causar preocupación a sus familias o sienten vergüenza de lo que les ha ocurrido”, explica Lim Mei Chin. “Tratamos de disuadirlos, pero algunas personas simplemente no quieren que los encuentren.”

Una vez que se ha escrito el mensaje, es necesario conocer la dirección y asegurarse de que los datos de contacto son correctos para que el mensaje pueda entregarse.

“A menudo los números de teléfono, las direcciones y otras informaciones de contacto se pierden en el caos  del viaje o a veces los nombres no están escritos correctamente”, explica Djuly mientras señala que en un formulario se escribió claramente en la dirección “cerca de la fábrica de café.” “Además, muchos familiares se desplazan o se dispersan, lo que dificulta la búsqueda.” Los detenidos no tienen papel para escribir, por lo tanto algunos de ellos apuntan números de teléfono importantes en la parte posterior del envoltorio de un chicle o de un paquete de fideos y copian cuidadosamente los números en los formularios de los mensajes de Cruz Roja.

“A veces obtenemos permiso para que se restituyan los móviles y así podemos buscar el número de alguna persona”, dice Mei Chin mientras busca cuidadosamente en los mensajes palabras que puedan ser peligrosas y que tacha luego. “Siempre  tenemos que explicarles que solo pueden escribir mensajes de carácter familiar”, añade. “Las autoridades verifican todos los mensajes, por eso queremos proteger la seguridad de los detenidos y suprimir todo lo que podría resultarles peligroso.”

Una herramienta segura

Mei Chin subraya que a falta de datos de contacto fiables, teléfonos móviles y acceso a Internet, el mensaje de Cruz Roja, establecido por primera vez hace 100 años, sigue siendo una herramienta fundamental para la labor de búsqueda moderna.

“A pesar de toda la nueva tecnología y las redes como Facebook, que puede ser muy útil, el mensaje de la Cruz Roja sigue siendo muy importante”, precisa. “Todavía tenemos que usar los formularios para los mensajes de Cruz Roja porque no todo el mundo puede conectarse a Internet y a veces no conocen los números de teléfono o sus familiares se han mudado desde hace mucho tiempo. Hoy podemos escanear el formulario y enviarlo por correo electrónico a nuestros colegas de las Sociedades Nacionales y sus filiales para difundirlo en las diversas localidades o donde sea. Sigue siendo una buena manera de trabajar.”

A medida que se procesa cada caso, Ramlan y su personal siguen con curiosidad lo que está ocurriendo. En los últimos tres años, el CICR y la Media Luna Roja de Malasia han ido siendo aceptados y comprendidos en el centro de detención. Pero todavía hay problemas de comunicación y un elemento clave del proceso es manejar las expectativas de los detenidos.

No hay garantía de que el mensaje llegue al destinatario ni que el detenido reciba una respuesta. Como dice Ramlan, el ritmo de respuesta a los mensajes de Cruz Roja puede ser lento y con frecuencia supone una decepción para algunos detenidos. Pero, añade, “aunque ayude a una sola persona, ya es un éxito.”

Cada vínculo es importante

Tal vez, pero en vista de los millones de personas que se desplazan, muchos de ellos detenidos o que permanecen discretamente en los países a lo largo de la ruta migratoria, ¿los servicios de RCF del Movimiento son lo suficientemente amplios como para ofrecer un servicio fiable de mensajería a nivel mundial en la era de los teléfonos móviles, Google y Facebook?

Está claro que en un contexto de detención, donde las comunicaciones son limitadas, el mensaje de Cruz Roja continúa desempeñando un papel primordial. Y el Movimiento, gracias a su presencia a nivel comunitario en todo el mundo, está en muy buenas condiciones para asumir esta tarea.

De hecho, existe una estrecha cooperación en materia de RCF y de cuestiones de migración en muchas regiones y se sigue haciendo todo lo posible porque esa cooperación se incremente. En Asia sudoriental y las islas del Pacífico, por ejemplo, las solicitudes de búsqueda presentadas a menudo a la Media Luna Roja de Malasia provienen de la Cruz Roja Australiana, ya que muchos migrantes se han asentado en Australia o han sido detenidos en su jurisdicción. O proceden de familias de países afectados por conflictos, como Afganistán, Myanmar, Sri Lanka y Siria que se comunican con su Sociedad Nacional de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja para que los ayuden a averiguar lo que ha ocurrido con sus seres queridos.

¿Pero qué sucede cuando hay eslabones débiles en la cadena? En algunos de los países que componen la ruta migratoria, ni el CICR ni la Sociedad Nacional tienen acceso a los migrantes detenidos. En otros, la propia Sociedad Nacional no dispone de buenos servicios de RCF.

“Para muchas Sociedades Nacionales, el RCF no siempre es una prioridad, ya que no hay conflicto y, por lo tanto, no hay necesidad urgente”, explica Weigmann del CICR, que agrega que la capacitación constante y el apoyo de los equipos especializados de RCF terminarán siendo más beneficiosos que la movilización repentina de personal no formado para responder a una emergencia de evolución rápida.

Por estas y otras razones, el mayor compromiso asumido por el Movimiento en materia de migración, que se formalizó en 2007 mediante una declaración en la XXX Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, ha generado un gran debate interno.

Algunos han expresado su preocupación por que el Movimiento, y en particular las Sociedades Nacionales, no cuentan con los recursos y la capacidad necesarios para abordar un tema tan complejo como la migración y sostienen que otras organizaciones especializadas, como la Organización Internacional para las Migraciones, el Organismo de las Naciones Unidas para los Refugiados y otras organizaciones no gubernamentales, ya desempeñan ese cometido específico.
 
Con la labor de RCF, por ejemplo, si hay eslabones débiles en los servicios del Movimiento a lo largo de las numerosas rutas migratorias del mundo, ¿vale la pena correr el riesgo de ofrecer falsas esperanzas a los migrantes detenidos, refugiados u otros que utilizan mensajes de Cruz Roja?

Para la Media Luna Roja de Malasia, el RCF pasó a ser una prioridad solamente en 2004, cuando se formó a 500 voluntarios de sus 15 filiales. “El RCF nunca había sido una prioridad en las filiales y la mayoría de ellas ni siquiera sabía que prestábamos ese servicio”, explica Djuly. “Así que impartimos una formación muy básica que consistió en la presentación del servicio, la explicación de los formularios para los mensajes y la manera de llenarlos.”

Los miembros del equipo de la Media Luna Roja de Malasia reconocen que dados los escasos recursos humanos y financieros, la labor de RCF es problemática por varias razones. “Muchos de nuestros voluntarios son médicos o estudiantes de medicina, o trabajan a tiempo completo en la enseñanza, por lo tanto, no están disponibles de lunes a viernes”, explica Jaya Maruthan, jefa de relaciones internacionales de la Media Luna Roja de Malasia. “Esto plantea problemas porque las visitas de RCF solo pueden realizarse los días de semana, por consiguiente, a menudo tenemos que utilizar a voluntarios que no han seguido la formación.”

Las visitas de RCF también pueden requerir una formación en apoyo psicosocial, pues la tensión emocional de esos contextos es a menudo enorme tanto para los equipos de RCF como para los detenidos. “Nuestras visitas son casi una forma de apoyo psicosocial”, observa Mei Chin. “El simple hecho de hablar es ya una gran ayuda”, y cita el ejemplo de los detenidos africanos de lengua inglesa que disfrutan de la oportunidad de hablar con alguien y expresarse.

“Pero con el tiempo te das cuenta del cambio en muchos de los migrantes”, dice. “Su ánimo decae y empiezan a descuidar su apariencia. No estamos capacitados para manejar los casos de depresión y los problemas psicosociales.”

Independientemente de los debates sobre las estrategias del Movimiento en materia de migración, lo que sí está claro para los que visitan a los migrantes y recogen sus mensajes es que con ese acto aportan su grano de arena en esta crisis humanitaria mundial de crecientes proporciones.

“A menudo, lo único que desean los detenidos es hablar e intercambiar”, afirma Djuly, subrayando nuevamente la importancia del servicio de mensajes. “El solo hecho de escribir algo en un mensaje significa que alguien sabe que están ahí.”

Jessica Sallabank
Periodista independiente radicada en Sídney, Australia.
*Nombre ficticio


La asistente de protección del CICR Muna Djuly dice que los servicios de restablecimiento del contacto entre familiares son muy necesarios porque es limitado el acceso al teléfono, Internet y otras formas de comunicación en los centros de detención para migrantes.
Fotografía: ©Haris Coussidis/CICR


 

 

 

 

“La labor de RCF con los migrantes es muy diferente y, en la mayoría de los casos, es menos delicada para las autoridades que en una situación de conflicto. También es mucho más complicada que en caso de desastre natural, ya que se trata con personas de muchos países que hablan idiomas diferentes y viven situaciones distintas.”
Muna Djuly, asistente del oficial de campo de Protección del CICR

 

 

 

 

 

 

 

Nuevas fronteras

En las últimas décadas, la tasa mundial de migración ha aumentado significativamente y más de 200 millones de personas fueron clasificadas como migrantes internacionales. Factores como los conflictos, la persecución, la pobreza y la búsqueda de empleo impulsan esta tendencia mundial, lo que a su vez genera cada vez más necesidades humanitarias a las que tiene que atender el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

La migración es un problema que aflige particularmente al sudeste asiático. En Malasia, por ejemplo, se cree que viven entre 2 y 4 millones de migrantes, de diferentes nacionalidades. Algunos llegan de paso, huyendo de conflictos o persecuciones, con la esperanza de poder encontrar asilo o ser reasentados en otros países como Australia o Canadá. Muchos otros son engañados por traficantes o son migrantes económicos que llegan a Malasia en busca de trabajo, a menudo de manera ilegal, y son detenidos, en espera de ser deportados, en uno de los 17 centros de detención de inmigración repartidos por toda Malasia.

En todo el mundo, el Movimiento presta servicios a los migrantes que necesitan ayuda con urgencia (a los que acaban de llegar en barco, o han cruzado el desierto, y tienen hambre y frío, están enfermos o sufren de deshidratación, por ejemplo). Y en muchos casos, ofrece una asistencia a más largo plazo, facilitando su integración en las nuevas comunidades, derivándolos para que tramiten las cuestiones jurídicas o de otra índole, o ayudándolos a localizar a los seres queridos por medio de sus servicios de restablecimiento del contacto entre familiares (RCF). Para los que están detenidos, aislados de los canales normales de comunicación, algunas Sociedades Nacionales consideran que la red de RCF del Movimiento brinda un servicio mundial único a las personas que tienen raíces por todos los rincones del mundo.

Cien años después de la creación de la Agencia Central de Búsquedas y de la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra, instituciones que cimentaron el papel del Movimiento en el ámbito de la reunión de las personas separadas por la guerra y la protección de los detenidos en tiempo de guerra, la cuestión de la migración está llevando el cometido de protección del Movimiento por nuevos derroteros. ¿Podría ser el RCF un medio importante para atender a esta población migrante en aumento y en situación extremadamente vulnerable?


Migrantes procedentes de diferentes países de África occidental en la comisaría de policía después de ser arrestados en un puesto fronterizo en Agadez, Níger, en marzo de 2014.
Fotografía: ©REUTERS/Joe Penney

 

 

 

 

 

 

 

 


Lim Mei Chin, encargada de las actividades de RCF de la Media Luna Roja de Malasia dice que los mensajes de Cruz Roja siguen siendo un medio muy útil porque muchos familiares de los migrantes no tienen teléfonos ni computadoras, a menudo han cambiado su número de teléfono o los migrantes han perdido el número de teléfono de sus seres queridos.
Fotografía: ©Haris Coussidis/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

“A pesar de toda la nueva tecnología y las redes como Facebook, que puede ser muy útil, el mensaje de la Cruz Roja sigue siendo muy importante.”
Lim Mei Chin, encargada de actividades RCF,
Media Luna Roja
de Malasia


 

 

 

 

 

 

 

 


Un migrante maliense de 24 años en un centro de refugiados situado en Melilla, enclave español de África del Norte, 19 de marzo de 2014.
Fotografía: ©REUTERS/Juan Medina


 

 

 

 

 

 


Esta mujer forma parte de un grupo de mujeres etíopes devueltas a su país por Arabia Saudita a fines del año pasado. A su regreso, voluntarios de la Cruz Roja Etíope la ayudaron a buscar a sus familiares y le proporcionaron víveres, primeros auxilios y otro tipo de asistencia.
Fotografía: ©Berhanu Gezahegn/Cruz Roja Etíope

 

 

 

 

 

“Hoy pude enviar a mi madre mi primer mensaje de Cruz Roja, lo que me ha dado cierta esperanza.”
Catherine, migrante de Uganda, detenida en el centro de detención de Lenggeng, al sur de Kuala Lumpur, Malasia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Lim Mei Chin, encargada del restablecimiento del contacto entre familiares de la Media Luna Roja de Malasia, ayuda a Catherine a escribir un mensaje a su familia en Uganda.
Fotografía: ©Haris Coussidis/CICR

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