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El entierro de
las víctimas del ébola

 

Los equipos de voluntarios de la Cruz Roja trabajan largas horas todos los días arriesgando su propia vida, pero enterrar a las víctimas del ébola es una tarea esencial para evitar que otros corran la misma suerte.

 

Antes de aparecer el brote de ébola que está devastando a Liberia, Friday Kiyee se encargaba de los funerales en el Hospital de la Redención en Monrovia, la capital, por lo tanto, ocuparse de los cuerpos de las personas fallecidas no es nada nuevo para él.

Su jornada de trabajo comienza con una lista de las comunidades donde tiene que ir a recoger los cuerpos de supuestas víctimas del ébola. Su equipo, uno de los seis que actúan en el condado de Montserrado, puede recoger hasta 15 cuerpos en un día. Esta cifra aumenta de manera constante y la naturaleza de la enfermedad hace que los cuerpos sean sumamente contagiosos, dado que el virus mata a más de la mitad de las personas infectadas.

“No ha habido ningún día, desde que iniciamos esta tarea a fines de julio, en que no hayamos recogido un cuerpo “, dice Kiyee. “Esto influye en el ánimo de todos.”

Su equipo fue capacitado por la Cruz Roja, Médicos sin Fronteras y la Organización Mundial de la Salud. “Mi vida está en peligro, porque si cometo el más mínimo error, puedo contraer la enfermedad. Lo mejor que podemos hacer es ponernos la indumentaria adecuada y seguir al pie de la letra todos los procedimientos de seguridad antes de ir a recoger un cuerpo.”

Esta preocupación por los detalles, asegurando que todos los miembros del equipo tengan puesta la ropa de protección apropiada y que el desinfectante se utilice bien y sin escatimar, ha significado que ningún integrante de su equipo se haya infectado, a pesar del elevado riesgo de contagio que los rodea. “Tenemos a dos personas encargadas de la pulverización”, explica Kiyee. “Una que entra primero para desinfectar el área antes de que los demás entren en ella y la otra que desinfecta a los que salen de una casa o lugar de recuperación de un cuerpo.”

No todas las familias están contentas de ver que hombres con trajes de protección se llevan los cuerpos de sus seres queridos para luego enterrarlos. Esta situación puede prestarse a confusión y dar lugar a resentimientos, incluso a veces a un sentimiento de hostilidad.

“Antes de llevarnos el cuerpo, hacemos un poco de actividad social”, observa. “Reunimos a la familia del fallecido y a su comunidad y nos presentamos y explicamos lo que es el emblema de la Cruz Roja. Hablamos con ellos y nos aseguramos de que estén conformes antes de llevarnos el cuerpo.”

“Nadie quiere estar cerca mío”

Pero las cosas no siempre salen bien. Un reportero de la revista Time se encontraba con un equipo de la Cruz Roja de Liberia cuando una multitud de aldeanos se enfrentó a ellos y les preguntó airadamente por qué nadie había venido cuando llamaron a una ambulancia y ahora venían por el cuerpo. Uno de los miembros del equipo, de 29 años, Nelson Sayon, contó a Time que a muchos de los integrantes del equipo sus comunidades los condenaron al ostracismo.

“Nadie quiere estar cerca mío”, dijo Sayon. “Tienen miedo. Hasta se niegan a tomar el dinero que les damos cuando queremos comprar en la tienda o comer en un restaurante.”

Los equipos en Sierra Leona se enfrentan a los mismos problemas. “A veces, cuando llegamos a un pueblo, los habitantes dicen que les llevamos la enfermedad y que se la transmitimos”, comenta Julius Tamba Kamanda, un joven de 21 años, miembro del equipo de la Cruz Roja de Sierra Leona que se ocupa de dar sepultura digna y segura a las víctimas. “A veces nos lanzan piedras y nos gritan que nos vayamos de su pueblo.”

“Sin la intervención de los jefes y de otros grupos humanitarios que vienen en nuestra ayuda y les dicen que la comunidad no se verá afectada, no nos aceptarían”, afirma.

Los equipos trabajan largas horas, a veces desde las ocho de la mañana hasta pasada la medianoche, según la necesidad. Otro de los problemas es la falta de equipamiento.“Cargamos los cuerpos al cementerio a fuerza de brazos, lo que nos exige un tremendo esfuerzo —dice Kamanda—. Hemos solicitado, como equipo encargado de enterrar los cadáveres, que nos proporcionen una camilla para que nos podamos mover más fácilmente.”

Hace poco, su equipo tuvo que recorrer a pie más de 3 kilómetros para llevar un cadáver al cementerio. “Nos detuvimos quizás unas cinco veces antes de llegar al lugar”, recuerda. “Esto puede causar retrasos y es peligroso, pues cuando ponemos el cuerpo en el suelo, la bolsa puede rasgarse con las piedras y así corremos el riesgo de propagar la enfermedad.”

A los equipos también les toca tratar con personas que viven un duelo y a las que se les pide que renuncien a sus prácticas funerarias habituales. En Sierra Leona, tradicionalmente los miembros de la comunidad se encargan de enterrar a los suyos. Parte de la práctica incluye abrazar el cuerpo para garantizar la continuación de la línea ancestral. Pero en el momento de la muerte es cuando el virus del ébola es más virulento.

“Por esta razón ahora cuando vamos a una comunidad a preparar un cuerpo para el entierro y después de hablar con los ancianos, invitamos a la familia a que vea cuáles son los procedimientos”, explica Daniel James, coordinador del equipo de la Cruz Roja de Sierra Leona encargado de sepultar a las víctimas del ébola en forma digna y segura.

“No corren riesgo si miran desde la ventana. Así se dan cuenta de que tratamos a su ser querido con respeto y cuidado; que haremos una pausa si desean hacer una oración. La familia puede así participar de alguna manera y se ayuda a disipar algunos de los rumores que corren acerca de lo que hacemos con los cuerpos.“

La buena noticia —dice James— es que hay más personas que saben cómo se propaga el ébola y lo que deben y no deben hacer. Más comunidades están empezando a notificar a las autoridades cuando alguien fallece en casa, lo que es excelente.” James dice que es un trabajo peligroso pero absolutamente necesario y tiene intenciones de continuar haciéndolo. “Sigo adelante a pesar de todas las señales de alerta porque es lo que hay que hacer.”

Victor Lacken y Katherine Mueller
Victor Lacken es fotógrafo y escritor; Katherine Mueller es responsable de comunicaciones de la Federación Internacional para la zona de África.


Liberian Red Cross Society Los voluntarios de la Cruz Roja de Liberia sacan el cuerpo de una víctima de ébola de su casa en Banjor (Liberia). Los miembros del equipo trabajan largas horas desde temprano en la mañana hasta la medianoche, en condiciones muy duras, soportando a veces el estigma y la hostilidad mientras desempeñan una de las tareas más importantes para detener la propagación del virus.
Fotografía: ©Victor Lacken/Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“A veces, cuando llegamos a un pueblo, los habitantes dicen que les llevamos la enfermedad y que se la transmitimos. A veces nos lanzan piedras y nos piden que nos vayamos de su pueblo.”
Julius Tamba Kamanda,
21 años, miembro del equipo de la Cruz Roja de Sierra Leona y encargado de sepultar a las víctimas del ébola en forma segura y digna

 

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