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La guerra en las calles

La población urbana no ha cesado de aumentar y la guerra moderna ha encontrado un nuevo campo de batalla donde librarse: entre los edificios de apartamentos, las calles, los centros comerciales y los mercados de las grandes ciudades. Los conflictos en Gaza, Irak, Libia, Siria y Ucrania ofrecen algunos estudios de casos recientes sobre las repercusiones que puede tener el armamento en los entornos urbanos densamente poblados. Asimismo, ponen de relieve lo difícil que es proteger y preservar la vida humana en las zonas de conflicto donde los sistemas básicos de subsistencia, como el abastecimiento de agua, el alcantarillado, la electricidad, el transporte, los alimentos y el suministro de combustible, son complejos y de gran escala. Las fotografías que se muestran en estas páginas, tomadas durante los conflictos, dan pie a una reflexión sombría sobre las consecuencias a largo plazo y los ingentes costos que supondrá la reconstrucción de estos barrios arrasados para que la población vuelva a tener una vida normal y segura.

Además de matar, el uso de explosivos de gran potencia en las zonas urbanas puede provocar un nivel de destrucción que hasta puede cambiar literalmente el paisaje urbano. En Gaza, un niño delante de un edificio destruido por los bombardeos aéreos.
Fotografía: ©Annibale Greco/CICR

 

El tipo de armas explosivas que suelen emplearse en las zonas pobladas tienen con frecuencia efectos indiscriminados y como a menudo son poco precisas no pueden evitar causar víctimas civiles. En la imagen, un edificio destruido por los bombardeos en la ciudad de Popasna (este de Ucrania) en octubre de 2014. Fotografía: ©REUTERS/David Mdzinarishvili

 

En muchos de los conflictos urbanos actuales, numerosos actores compiten por el control de varios barrios o zonas estratégicas. En muchos casos, disparan armas explosivas desde zonas donde los civiles aún viven o trabajan. Fotografía: ©REUTERS/Shamil Zhumatov

 

En muchas zonas de conflicto urbanas, este es un panorama ya corriente. La cola de una bomba sin explotar sobresale de entre los escombros de los edificios dañados no muy lejos de la ciudad siria de Alepo. Aparte de poner en peligro la vida de las personas, la presencia de tales restos sin estallar entorpece gravemente los esfuerzos de reconstrucción.
Fotografía: ©REUTERS/Hamid Khatib Crónica fotográfica

 

Una mujer israelí recibe asistencia médica mientras es evacuada después de que un cohete, disparado desde la Franja de Gaza, cayera en Sdero (sur de Israel) el 31 de julio de 2014.
Fotografía: ©AFP/Gil Cohen-Magen

 

El conflicto que estalló entre Israel y Gaza en 2014 costó la vida a más de 2.000 personas, entre ellas dos socorristas de la Media Luna Roja Palestina. En el noreste de Gaza, la Media Luna Roja Palestina, con el apoyo del CICR, ayudó a evacuar a los heridos y prestó servicios médicos de urgencia a la población afectada. Fotografía: ©Rama Humeid/CICR

 

En la guerra urbana existe una dimensión psicológica única, debido a la presencia ubicua de los edificios desmoronados y los peligros que entrañan, y la amenaza de las armas sin estallar, escondidas entre los escombros. La destrucción de las zonas urbanas por las armas explosivas también plantea interrogantes sobre el futuro, especialmente entre los jóvenes, que deben tratar de salir adelante, incluso encontrar algo parecido a la normalidad, en un entorno muy anormal. En la foto, una niña palestina jugando cerca de lo que queda de la casa de su familia en el este de la ciudad de Gaza, en octubre de 2014. Fotografía: ©REUTERS/Suhaib Salem


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