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Mi historia de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

 

Profesor Tha Hla Shwe

Presidente de la Cruz Roja de Mynamar

Mi primer contacto con la Cruz Roja se remonta a 1966, me acababa de graduar de médico en Yangon y había ofrecido mis servicios de voluntario para trabajar en los centros de salud del municipio de Mingaladon donde colaboraban el Ministerio de Salud y la Cruz Roja. Cuando empecé a trabajar como voluntario nunca me imaginé que más de 50 años más tarde la Cruz Roja seguiría teniendo un lugar tan importante en mi vida.

Por entonces, Myanmar había comenzado a independizarse de los británicos y los índices de pobreza eran muy altos. Siempre me acordaré de los rostros de desesperación de la gente, entre los que había monjas, monjes y mendigos, haciendo cola para ser atendidos por enfermedades como diarrea, disentería y malaria, y del compromiso de los voluntarios locales que habían sido formados por la Cruz Roja para vacunar y prestar primeros auxilios.

En 1967, fui al extranjero para estudiar medicina tropical y en 2006, casi 40 años más tarde, me pidieron que asumiera la presidencia de la Cruz Roja de Myanmar. Sin duda los tiempos han cambiado, es más fácil viajar y los avances tecnológicos son enormes, pero los Principios Fundamentales y la dedicación del personal y los voluntarios afortunadamente siguen siendo los mismos que en los años sesenta.

Me acordé de este espíritu especial en 2008 cuando el ciclón Nargis devastó Myanmar, dejando al menos 130.000 muertos y decenas de miles de heridos y desaparecidos en el delta del Irrawaddy, zona densamente poblada. Ver a los jóvenes voluntarios, muchos de los cuales habían perdido su propio hogar, dando lo mejor de sí para ayudar a los demás, es un momento que recordaré toda mi vida con profunda emoción.



Fotografía: ©Nick Jones/Federación Internacional

“She had lost a lot of blood and was going to need a blood transfusion to save her life. I was terrified and could not imagine my life without her.”
Jeremy Nguee, speaking about how blood donations from the Singapore Red Cross Society blood bank saved his wife Liang’s life.


Fotografía: ©Cruz Roja de Singapur

Para leer la historia completa: www.redcross.int/mystory



Mi historia

En el marco del proyecto Mi historia, iniciado el 8 de mayo, Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, hombres y mujeres nos relatarán, a lo largo de todo un año, sus experiencias personales con el Movimiento.

Patrick Couteau

Trabajador de salud de la Cruz Roja y la Media Luna Roja durante largos años y ex funcionario principal encargado del Programa Mundial de VIH/SIDA.

Ya pronto para jubilarme después de más de 30 años de servicio en la Cruz Roja y la Media Luna Roja, todavía me hace sonreír el hecho de que todo comenzó en 1978 con la revista Paris Match. Trabajaba como enfermero y un día hojeando la revista me encontré con algunas fotos impactantes de la crisis de los refugiados en Camboya.

Los crueles jemeres rojos se habían apoderado del país y la gente huía para salvar su vida. Desesperado por ayudar, me dirigí a la oficina central de la Cruz Roja Francesa para ofrecer mis servicios. Pero era 1978 y me dijeron que un enfermero en un equipo exclusivamente femenino sería una “distracción” demasiado grande y me rechazaron. Felizmente, dos de las enfermeras renunciaron y poco después me encontré en un avión yendo a mi primera zona de guerra como primer enfermero enviado en una misión internacional por la Cruz Roja Francesa.

La situación en el campamento de refugiados situado en la frontera con Tailandia era caótica y trabajamos día y noche atendiendo todo tipo de enfermedades, a heridos de guerra y víctimas de violación. Los vietnamitas bombardeaban a menudo la zona, lo que nos obligaba a salir corriendo para ponernos a salvo.

Un día, en medio del pánico tras un ataque aéreo, una mujer refugiada que estaba embarazada se acercó a mí para que la ayudara y terminé asistiéndola en el parto de dos hermosos mellizos, a pesar de que como hombre, nunca me habían autorizado a adquirir formación de partero. En ese preciso instante supe que quería trabajar para la Cruz Roja y la Media Luna Roja el resto de mi carrera.

Muchas otras misiones vinieron después, a Uganda, Angola, Líbano, Chad y Rumanía durante el derrocamiento de Ceaucescu, entre otras. Ayudar a los muchos centenares de niños abandonados en los orfanatos es algo que se quedará grabado en mi memoria para siempre. Muchos de los huérfanos eran VIH positivos debido a las transfusiones de sangre infectada a que se vieron sometidos para compensar la falta de alimentos.

En la década de 1980, el SIDA mató a muchos de mis amigos y yo estaba, y sigo estando, decidido a luchar contra el estigma y el miedo en torno a las personas que viven con el VIH. Espero que al formar a un equipo de estudiantes universitarios rumanos como voluntarios para tocar y abrazar a niños huérfanos infectados por el VIH y jugar con ellos haya contribuido, aunque sea en forma mínima, a la enorme batalla contra el VIH y la discriminación y la privación de amor y cuidado. Años más tarde, mientras me encontraba en el sur de África, el VIH y el SIDA volvieron a mostrar sus terribles garras y me quedé horrorizado por la devastación que el virus estaba causando en las comunidades. Incluso después de todos estos años, sigo impresionado por la labor extraordinaria que realizan los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en el terreno y la valentía, la bondad y la compasión que muestran.

El recuerdo de los jóvenes voluntarios de la Cruz Roja de Kenia pagando de su propio bolsillo los funerales de los pacientes que atendían a domicilio, para que fueran enterrados con dignidad, todavía me hace llorar. Espero que prosiga su labor hasta que erradiquemos el virus para siempre.



Fotografía: ©Federación Internacional

Estanislau Guterres

Miembro fundador de la Cruz Roja de Timor-Leste

Después de que las tropas indonesias tomaran el control del país, yo, junto con miles de otras personas huimos hacia las montañas circundantes en busca de un lugar seguro. Nos escondimos allí durante casi tres años, durmiendo a la intemperie, comiendo lo que encontrábamos y tomando agua donde podíamos. Rápidamente aprendí algunas nociones básicas de supervivencia. Un día se me acabó la suerte y una unidad de soldados indonesios, tras localizarme, me disparó. Perdí tres de mis dedos y me llevaron a un centro de detención para ser interrogado.

Finalmente me liberaron y cuando volví a Dili supe del CIC R y de la labor que estaba llevando a cabo con los presos políticos y otras personas afectadas por la ocupación y el conflicto. El equipo del CIC R me contrató como traductor del portugués al tetum, nuestra lengua local, y al poco tiempo me confiaron más responsabilidades en relación con las visitas a los detenidos, la búsqueda de personas y la reunión de familias.

Veinte años después, continuaba siendo parte del equipo del CIC R, viendo a las comunidades luchar y tratar de rehacer sus vidas. En 1999, nuestro país volvió a ser presa de más violencia tras la votación en favor de un referéndum sobre la independencia. Ante la perspectiva de una independencia que parecía más real que nunca, y la enorme carga de trabajo en los hombros del CIC R, algunos de nosotros nos sentamos para poner en marcha el proceso de creación de nuestra Sociedad Nacional.

En 2002, la Cruz Roja de Timor-Leste fue reconocida oficialmente por el Gobierno y en 2009 el Parlamento reconoció nuestro logotipo. Muchos de mis amigos me preguntan por qué me he quedado en la Cruz Roja desde 1979. Les contesto que amo a la Cruz Roja con todo mi corazón. Por eso toda mi vida he estado muy contento de trabajar para ella.



Fotografía: ©Kate Jean Smith/Federación Internacional

Álex Martínez

Abogado en el Complejo Judicial de Managua (Nicaragua), 24 años

En 2009, el proyecto de prevención de la violencia de la Cruz Roja llegó a Walter Ferreti, un barrio muy conflictivo de Managua, donde yo vivía. Yo no tenía especial interés por estudiar pero me incorporé de voluntario al programa y acabé estudiando Derecho. Desde 2012 estoy contratado en el Complejo Judicial y me dedico precisamente a los trámites conciliatorios en los delitos de menores.

En Walter Ferreti había muchos conflictos entre pandillas, así que fue extraño que yo acabara interviniendo como facilitador del proyecto de la Cruz Roja y no como parte de esas pandillas que veía todos los días.

Todos merecemos tener una oportunidad y cuando aparece una tenemos que aprovecharla. No obstante, yo sigo viviendo en el barrio, es mi barrio. Quiero casarme, tener una familia y seguir viviendo en Walter Ferreti.


Fotografía: ©Vladimir Rojas/Federación Internacional

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