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Fortalecer las bases jurídicas

 

Por qué una base jurídica sólida es el primer elemento de la acción humanitaria eficaz y de principios.

 

PARA MUCHOS TRABAJADORES HUMANITARIOS, los estatutos y normas que definen y rigen las organizaciones para las que trabajan no son lo más importante, pues se incorporaron como vo­luntarios o colaboradores con el fin de ayudar a las personas necesitadas, no para ocuparse de textos jurídicos.

No obstante, sin una base jurídica sólida sería sumamente difícil que una organización pudiera realizar una acción humanitaria eficaz e imparcial. En el caso de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, es esencial contar con estatutos, reglamentos y normas bien elaborados para que puedan funcionar de manera autónoma, ateniéndose a los Principios Fundamentales, y servir eficazmente como auxiliares de los poderes públicos.

Estas son algunas de las razones por las que el Movimiento está empeñado en alentar y ayudar a las Sociedades Nacionales a actualizar, revisar y mejorar los estatutos y normas que las rigen y que definen sus funciones. Estos textos no son importantes solo en caso de desastre o de conflicto. Las normas y estatutos claros y firmes desempeñan un papel primordial y positivo para mantener la credibilidad pública y garantizar la confianza de los donantes y los miembros en todo momento.

Tomemos el caso de la Cruz Roja Sueca, que en muchos aspectos se convirtió en una Sociedad Nacional más fuerte y más cohesionada después de efectuar una revisión exhaustiva de sus estatutos tras un escándalo ocurrido en 2009.

Todo comenzó cuando en la sede de Estocolmo de la Cruz Roja Sueca se empezó a sospechar de unas facturas presentadas al departamento de comunicaciones. Al investigar más a fondo se supo que los servicios descritos en las facturas de dos empresas de comunicación nunca se habían realizado o se había exagerado el costo de dichos servicios.

Después de que la Cruz Roja entregó sus conclusiones a la fiscalía, el director de comunicaciones y posteriormente dos directores de las empresas, a los que se consideró responsables, fueron condenados por estafa agravada.

Este incidente menoscabó considerablemente la reputación de la Cruz Roja Sueca y del Movimiento en Suecia. Y la Sociedad Nacional perdió un tercio de sus miembros en tres años. Todo fue cuestionado: los salarios de los directivos, la eficacia de los servicios, las razones que impidieron a la Sociedad Nacional darse cuenta del fraude y actuar antes. Cuando asumió la presidencia Eva von Oelreich, con el lema “Vivamos nuestros principios”, el incidente ocupaba el primer lugar del orden del día.

“Acepté este cargo por la crisis”, dice Eva von Oelreich, que introdujo este lema para darle una nueva imagen a la Sociedad Nacional.

“Cuando se pierde la confianza del público en general, es el momento indicado para introducir un cambio verdadero, porque la crisis puede señalar la dirección correcta”, prosigue. “Teníamos que recuperar la con­fianza del público. Teníamos que recuperar el alma de la Cruz Roja.”

Volver a las raíces

Fue un momento de grave introspección institucional. Además de hacer cambios organizativos sistémicos, la Sociedad Nacional decidió examinar no solo los procedimientos que podrían haber permitido la estafa, sino también el núcleo mismo, los fundamentos: el conjunto de estatutos, normas, reglamentos y principios que están codificados en su constitución interna y en la legislación nacional.

Con el asesoramiento de la Comisión Mixta del CICR y la Federación Internacional para los Estatutos de las Sociedades Naciona­les (Comisión Mixta para los Estatutos), un órgano de asesores de la Federación Internacional y del CICR encargado de ayudar a las Sociedades Nacionales a mejorar sus códigos legales, la Cruz Roja Sueca pudo consolidar las reformas que también contribuyeron a recobrar la confianza del público, recuperar a los voluntarios y fomentar una mayor cohesión interna en torno a los principios que definen el Movimiento.

“Aprovechamos esta crisis de la mejor manera posible”, asegura Dick Clomén, jefe de política de la Cruz Roja Sueca y asesor en estrategia del Secretario General. “Regresamos a las raíces, a los Convenios de Ginebra, los Principios Fundamentales, la declaración de misión del Movimiento, todo lo cual nos sirve de base para reconstruir.”

Una de las primeras cosas que hicieron fue dar a los Principios Fundamentales un lugar destacado en los estatutos de la Sociedad Nacional. Eva von Oelreich añade: “Estaba claro que no habíamos utilizado los Princi­pios dándoles la importancia que tienen. Es primordial vivirlos, por lo tanto, pusimos en marcha el proyecto Misión humanidad para vincularlos con la realidad y los problemas de hoy. No cabía duda de que esto, junto con la inclusión de los Principios Fundamentales en los estatutos, son el elemento principal de nuestra labor.”

Aunque la Cruz Roja Sueca, establecida en 1865, es bien conocida por sus operaciones a nivel nacional e internacional, nunca ha logrado que el gobierno sueco promulgue una ley de reconocimiento o “Ley de la Cruz Roja”. Lo que sí ha conseguido es un reconocimiento de facto mediante la ley del emblema y una serie de otras normas que definen sus funciones y responsabilidades.

Al actualizarse la ley del emblema, que se revisó por última vez en 1953, la Cruz Roja Sueca también logró aclarar y reforzar su función de auxiliar, principalmente a través de documentos preparatorios que definen el compromiso de la Sociedad Nacional de respetar los Principios Fundamentales.

Este reconocimiento ha sido fundamental ya que la Sociedad Nacional ha podido tomar parte en los debates nacionales relativos a la intervención de la sociedad civil en la respuesta a los desastres y otras crisis, y contribuir a definir su papel con los ministerios de gobierno que se ocupan de cuestiones relacionadas, por ejemplo, con los solici­tantes de asilo, la rehabilitación de víctimas de la guerra y los migrantes.

No obstante, el debate sobre el fundamento jurídico de la Sociedad Nacional ocupó más atención que los demás asuntos. Después de todo, las leyes y los estatutos tienen sentido solamente si la Sociedad Nacional puede aplicarlos. En el caso de la Cruz Roja Sueca, las reformas legales estaban estrechamente vinculadas con el objetivo de mejorar la forma en que funciona la Sociedad Nacional y formular su estrategia a largo plazo.

Una parte importante de ese objetivo era participar en el proceso de certificación y evaluación de la capacidad institucional de la Federación Internacional, una herramienta de autoanálisis que ayuda a las Sociedades Nacionales a evaluar con claridad y abordar sus fortalezas y debilidades, así como adaptarse a los retos que se presentan.

“Suecia no es un país propenso a los desastres y en 200 años no hemos tenido ningún conflicto”, señala von Oelreich. “Pero los patrones de los desastres y los disturbios sociales han ido cambiando y los efectos de esos fenómenos cruzan las fronteras con más facilidad. Entonces, ¿cuál es el papel de la Sociedad Nacional con respecto a las nuevas cuestiones humanitarias que se le plantean al país hoy en día? Es importante que exami­nemos estas cuestiones.”

Un empeño de todo el Movimiento

Aunque a menudo lo que lleva a las Sociedades Nacionales a reformar sus pautas jurídicas es una crisis, se las invita a que revisen sus estatutos cada pocos años.

Debido a los cambios en la índole de los conflictos y a problemas nuevos como la migración, desde 2009 el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha alentado a las Sociedades Nacionales a actualizar las normas que constituyen el fundamento de su existencia y su acción.

“Estamos en un mundo que se está transformando a nivel local y mundial”, asegura René Kosirnik, presidente de la Comisión Mixta para los Estatutos. “Las Sociedades Nacionales encaran nuevos retos. Por consiguiente, las normas y los estatutos internos que definen, habilitan y limitan a la Sociedad Nacional deben reflejar estas nuevas realidades”, afirma.

Sin embargo, en muchos casos, las normas que definen las Sociedades Nacionales tienen más de cinco décadas de antigüedad y muchas de ellas se elaboraron cuando las estructuras políticas de sus países eran totalmente diferentes de lo que son hoy.

Muchos de los estatutos internos que establecen la forma en que las Sociedades Nacionales están organizadas y administradas, o su relación con el gobierno, también son obsoletos o no cumplen las normas básicas y las buenas prácticas enunciadas por las Orientaciones para los Estatutos de las Sociedades Nacionales.

Según un informe de la Comisión Mixta, presentado en 2013 al Consejo de Delegados del Movimiento, apenas el 25% de las Sociedades Nacionales tiene estatutos totalmente congruentes con los requisitos mínimos definidos en las Orientaciones y en las notas consultivas de la Comisión Mixta.

Sin embargo, aproximadamente el 90% de las Sociedades Nacionales ha iniciado la actualización de sus estatutos, ateniéndose a las resoluciones de los diversos órganos de gobierno del Movimiento que alientan a las Sociedades Nacionales a poner al día sus estatutos para asegurarse de que todos los componentes del Movimiento funcionan de conformidad con los Principios Fundamentales.

Con una base jurídica firme, por ejemplo, las Sociedades Nacionales pueden actuar por motivos exclusivamente humanitarios y evitar que las autoridades las utilicen como instrumento de alguna orientación política, económica o social. Esto puede ocurrir en contextos políticos polarizados que ponen en peligro su independencia y neutralidad.

“Los principios de independencia, imparcialidad y neutralidad se han vuelto aún más decisivos”, señala Kosirnik. “Es primordial que la Sociedad Nacional observe estos principios y los aplique y que los asociados y la población los conozcan y los entiendan.”


Eva von Oelreich, presidenta de la Cruz Roja Sueca.
Fotografía: ©Melker Dahlstrand

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


“Muchas Sociedades Nacionales habrían podido quedar divididas a raíz del conflicto. Pero esto no ha ocurrido aquí. Los miembros, el personal y los voluntarios todos unidos prestan servicios en las zonas de oposición o en las controladas por el gobierno.”
John Lobor
, secretario general de la Cruz Roja de Sudán del Sur

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Las Sociedades Nacionales encaran nuevos retos. Por consiguiente, las normas y los estatutos internos que definen, habilitan y limitan a la Sociedad Nacional deben reflejar estas nuevas realidades.”
René Kosirnik, presidente de la Comisión Mixta para los Estatutos del CICR y la Federación Internacional

 


 

Para qué sirven los principios


John Lobor, secretario general de la Cruz Roja de Sudán del Sur.
Fotografía: ©Juozas Cernius

Gracias a las leyes nacionales y sus estatutos, la Cruz Roja de Sudán del Sur ha logrado mantener la independencia, la imparcialidad y la cohesión interna en un país desgarrado por el conflicto.

En pleno conflicto civil , la Cruz Roja de Sudán del Sur debe prestar asistencia humanitaria imparcial a diversos grupos de personas atrapadas entre las facciones beligerantes. En medio de la violencia y el caos, ¿qué diferencia puede hacer una ley?

John Lobor, secretario general de la Cruz Roja de Sudán del Sur, dice que la aprobación de la Ley de la Cruz Roja, que reconoce oficialmente a la Sociedad Nacional como actor humanitario independiente, imparcial y neutral, ha sido un instrumento fundamental para que la Sociedad Nacional preste asistencia a las personas en todo el país.

“La ley de la Cruz Roja fue aprobada por el Parlamento y sancionada por el presidente de la República de Sudán del Sur”, dice Lobor. “Esto significa que el Gobierno de Sudán del Sur se comprometió a reconocer a la Sociedad Nacional, que debe respetar los Principios Fundamentales, y que la Sociedad Nacional puede tomar sus propias decisiones autónomas en cuanto a cómo realizar sus operaciones.”

Esto no quiere decir que las cosas siempre vayan bien para los voluntarios que trabajan en zonas de extrema violencia y tensión. Pero ofrece una base sólida cuando el gobierno o los grupos armados tratan de entrometerse en las operaciones de socorro.

Lobor relata un caso en el que los voluntarios fueron atacados por algunos residentes de un campamento cerca de Juba, la capital del país. “Las personas que impidieron el paso de los voluntarios los acusaron de trabajar para el gobierno, porque la Ley de la Cruz Roja fue firmada por el presidente. Pero pudimos llegar hasta ellos y explicarles: ‘No, no fue solo el presidente el que firmó esa ley, sino todos los miembros del Parlamento, que representan a todos los sectores del país, a todos los grupos étnicos.”

Igualmente importantes -dice- son los estatutos de la Sociedad Nacional, que permiten que los voluntarios sean aceptados en todas las comunidades afectadas por los combates. Esta aceptación es posible porque los principios de unidad y universalidad están consagrados directamente en los estatutos de la Sociedad Nacional.

“Nuestra Junta de Gobierno y el Consejo de nuestras secciones deben estar constituidos por representantes de los diferentes grupos étnicos de la Sociedad Nacional”, señala. “Esto conduce, desde luego, a un sentimiento positivo hacia la Sociedad Nacional. La población se siente identificada con su Sociedad Nacional.”

Así la Sociedad Nacional estará en condiciones mucho mejores para prestar asistencia humanitaria imparcial a los más necesitados, independientemente del grupo étnico al que pertenezcan. Esto también ayuda a que la Sociedad Nacional funcione de manera más cohesiva.

“Muchas Sociedades Nacionales habrían podido quedar divididas a raíz del conflicto. Pero esto no ha ocurrido aquí. Los miembros, el personal y los voluntarios todos unidos prestan servicios en las zonas de oposición o en las controladas por el gobierno.”

Un equilibrio difícil

Ser independiente y actuar como auxiliar del gobierno es quizás el dilema jurídico y ético más complicado y más común que las Sociedades Nacionales deben encarar, señala Kosirnik.

Si la función de auxiliar no está bien definida y la relación es demasiado estrecha, la Sociedad Nacional podría terminar siendo simplemente un brazo del gobierno; si la relación es demasiado laxa, la Sociedad Nacional podría considerarse una organización no gubernamental más.

La Cruz Roja de Mongolia es una de las muchas Sociedades Nacionales que se esfuerzan por conseguir este equilibrio. En 2000, el Parlamento de Mongolia aprobó una nueva ley de la Cruz Roja que permitió a la Sociedad Nacional trabajar en forma independiente del gobierno y los partidos políticos. (Hasta entonces, la Sociedad Nacional había sido parte del Ministerio de Salud y los funcionarios del Ministerio podían asumir cargos directivos a nivel nacional y local).

“La nueva ley desempeñó un papel importante en la evolución de nuestra Sociedad Nacional”, acota Bolorma Nordov, secretaria general de la Cruz Roja de Mongolia. “Pero también definió la Cruz Roja como una ONG. Ahora corresponde cambiar esto para que la Cruz Roja de Mongolia pase a ser una organización humanitaria nacional y actúe como auxiliar del gobierno.”

Si la Sociedad Nacional tuviera una función de auxiliar más fuerte, podría colaborar con el gobierno e incluso recibir fondos públicos. En un país donde los recursos son limitados y la Cruz Roja depende en gran medida de la financiación internacional para llevar a cabo proyectos básicos, el apoyo del gobierno crearía una base de recursos más equilibrada, lo que permitiría reforzar la independencia de la Sociedad Nacional frente a los donantes externos.

Problemas comunes

Otros problemas se plantean si las Sociedades Nacionales no tienen estatutos internos claros y actualizados que estipulen cómo son gobernadas, por ejemplo la distinción entre gobernanza y administración, lo que podría dar lugar a una concentración del poder en un determinado órgano de la Sociedad o en una determinada persona, explica Kosirnik.

Es importante -añade- contar con mecanismos claros para distribuir el poder y tomar decisiones críticas, con los frenos y los equilibrios debidos entre los diferentes componentes de la Sociedad Nacional. Los estatutos internos de una Sociedad Nacional son un medio importante de establecer dichos frenos y equilibrios.

Si bien antes se promovían leyes de reconocimiento “modelo”, hoy se incentiva un modo de ver más flexible que tome en consideración el contexto humanitario del país. La propia Comisión Mixta ya no promueve normas “modelo” uniformes y prescripciones universales. Ha iniciado la revisión de las Orientaciones dando más flexibilidad a su estrategia, en la que promoverá la independencia o la distribución del poder interno, según lo que se pueda implementar de manera realista dentro de la cultura y la realidad política de cada país.

“Sin embargo, hay ciertas cosas sobre las que no podemos transar, en particular lo que está ligado a los Principios Fundamentales”, resalta Kosirnik. “Pero hay aspectos de nuestra orientación que podrían adaptarse de manera que reflejen la realidad, los cambios y los desafíos a los que todos debemos ajustarnos."

 

 

 

 


Voluntarios de la Cruz Roja de Sudán del Sur participan en una sesión de demostración de primeros auxilios y principios humanitarios realizada a fines de 2013.
Photo: ©Marco di Lauro/Getty Images/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Regresamos a las raíces, a los Convenios de Ginebra, los Principios Fundamentales, la declaración de misión del Movimiento, todo lo cual nos sirve de base para reconstruir.”
Dick Clomén, jefe de política de la Cruz Roja Sueca y asesor en estrategia del secretario general

 


Ilustración : ©Ben Shearn

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