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El ingenio de los
bárbaros Michael Ignatieff
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En el último decenio la índole de los conflictos ha cambiado tanto que
cabe preguntarse si el derecho internacional humanitario conserva
pertinencia. Diversas consultas llevadas a cabo en los cuatro puntos del
planeta . «Testimonios sobre la guerra» . aportaron los primeros
elementos para encontrar una respuesta. Michael Ignatieff analiza el
conflicto de los Balcanes en relación con los Convenios de Ginebra.
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EL derecho internacional humani-tario
es muy ingenioso, pero la
barbarie también lo es. De hecho,
la historia de los Convenios de
Ginebra ha sido una lucha constante
entre la determinación de los colabora-dores
de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja y el ingenio de los bárbaros.
Al respecto, hubo múltiples ejemplos en
el conflicto de Kosovo. En los primeros
días de abril, cientos de miles de refu-giados
que llegaban a las fronteras de
Albania y Macedonia informaban que el
último atentado a su dignidad por parte
de las fuerzas policiales y paramilitares
de Serbia había sido quitarles su cédula
de identidad, pasaporte, licencia de
conducir y todo documento relacionado
con sus bienes y propiedades en
Kosovo.
Los bárbaros fueron ingeniosos
porque se dieron cuenta de que no
bastaba con privar a los albaneses de
Kosovo de su propiedad, también
había que privarlos de identidad cívica
y obligarlos a exilarse sin ningún docu-mento
que permitiera identificarlos.
De esta manera, se legalizó el robo y la
depredación. Los bárbaros se dijeron
que si algún día esa gente volvía, notendría posibilidad de reclamar la res-titución
de su bienes.
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| Roy Gutman . periodista galardona-do
con el Premio Pulitzer y coordinador
de la obra Crimes of War: What the public
should know (Norton, 1999). y otros
observadores directos del conflicto com-prendieron
inmediatamente que aun
cuando no se trataba de un nueva arbi-trariedad,
puesto que los nazis privaban
de la ciudadanía a los judíos, este delito
que infringe el Artículo 15 de la
Declaración Universal de Derechos
Humanos, no está previsto en los
Convenios de Ginebra. Gutman acuñó
otra acepción del término «desnaciona-lización»
para calificar este florón del
ingenio.
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Indudablemente, muchos crímenes
de guerra son tan viejos como la guerra
misma, pero otros no. La barbarie es
inventiva, y la «desnacionalización» per-mite
constatar que la labor de los
juristas no termina nunca. Tarde o tem-prano,
será preciso revisar los
Convenios de Ginebra para añadir este
delito.
Esta revisión vendrá a sumarse a la
constante interpretación de dichos con-venios
con los cuales los juristas esperaban poner término a la controver-sia
sobre aquello que constituye o no un
crimen de guerra. Sin embargo, no
siempre es así y la guerra de Kosovo ha
demostrado que subsisten serias discre-pancias
al respecto.
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Atacar las redes de alimentación de
energía de los principales centros urba-nos,
¿es un crimen de guerra? En esta
era de la información en que los siste-mas
de defensa aérea, el comando, el
control y los movimientos de las tropas
dependen de una computadora no hay
blanco más importante que esas redes
que también suministran electricidad a
hospitales, incubadoras y estaciones de
bombeo del agua. Por todo ello son un
blanco proverbial de doble importancia
por su alto valor militar y civil.
A la fin mai, après un débat très vif sur cette question, l'OTAN résolut de frapper le réseau électrique serbe. Le fait qu'on ait tant tardé pour viser ces cibles suggère que les juristes de l'OTAN s'inquiétaient des possibles implications juridiques de telles frappes. De même, le fait que les avions aient frappé non pas les installations de production mais les centres de distribution, indique une volonté de ne pas priver irréversiblement l'ennemi de courant électrique. A la fin du conflit, les responsables militaires de l'OTAN ne cachaient pas leur satisfaction d'être parvenus à couper ou rétablir à volonté l'alimentation électrique de la Serbie. Il ne fait guère de doute que cela a singulièrement entamé la capacité des forces yougoslaves à maintenir une chaîne de commande et de contrôle cohérente. Mais il n'est pas moins vrai que cela a plongé des villes dans l'obscurité, entraîné la fermeture d'écoles, entravé le fonctionnement des hôpitaux et causé d'énormes difficultés à la population civile.
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Los Convenios de Ginebra prohíben
explícitamente el bombardeo aéreo
indiscriminado de civiles y los ataques a
instalaciones de suministro de agua y
otros elementos o infraestructura esen-ciales
para la supervivencia de la
población civil. Las autoridades de la
República Federal de Yugoslavia sostie-nen
que estos ataques de la OTAN
constituyen una violación de los
Convenios de Ginebra y estaban desti-nados
a quebrantar el ánimo de la
población civil y su voluntad de apoyar
al régimen. Las autoridades de la
OTAN insisten en que no se violó el
espíritu ni la letra de dichos convenios.
También existen posiciones encon-tradas
en cuanto al ataque de emisoras
de radio y televisión. Los juristas de la
OTAN alegan que también en este caso
su utilidad es doble porque sirven para
transmitir tanto información militar
como civil. Al respecto, añaden que los
ataques se justificaban porque se emitía
propaganda que sustentaba el esfuerzo
de guerra y levantaba el ánimo de la
población. Algunos afirman que los ata-ques
se justificaban porque la televisión
transmitía mensajes de odio. Esta defen-sa
se sirve del curioso argumento de que
la legitimidad del objetivo depende del
contenido de lo que se difunde, por no
mencionar el hecho de que atacar los
estudios de televisión conlleva atacar a
los periodistas, protegidos explícitamen-te
por los convenios.
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¿Quien podrá juzgar? El Tribunal
Internacional para ex Yugoslavia, de La
Haya, reclama la jurisdicción para juzgar los ataques aéreos y la conducta de
las tropas yugoslavas en Kosovo. Ahora
bien, ninguna de las partes acepta plena-mente
la jurisdicción del citado tribunal.
Por consiguiente, nos encontramos ante
una paradoja porque un Estado europeo
que ha ratificado los Convenios de
Ginebra, no reconoce la jurisdicción del
tribunal establecido para juzgar viola-ciones
del imperio del derecho.
En cuanto a la OTAN, la aceptación
de la jurisdicción del tribunal es una
cuestión contenciosa hasta que éste pro-ceda
a una investigación o un auto de
procesamiento. Louise Arbour, Fiscal
General del Tribunal, asevera firme-mente
que éste tiene jurisdicción pues
su mandato se aplica a todo el territorio
de ex Yugoslavia y a todas las operacio-nes
militares, independientemente de la
nacionalidad. Huelga decir, que la fiscal
no divulgará el hecho de que el tribunal
haya comenzado a investigar sobre los
crímenes de guerra presuntamente
cometidos por la OTAN, pero los
funcionarios del tribunal temen que si esa
investigación se lleva a cabo, la OTAN
niegue su jurisdicción o haga caso omiso
de los emplazamientos. En cuyo caso,
difícilmente habría una confrontación
entre dicho tribunal y los cinco miem-bros
permanentes del Consejo de
Seguridad que lo crearon en 1993.
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En la moderna guerra aérea se puede
respetar la letra de los convenios, pero
ello no quita que plantee enormes pro-blemas
a quien vela por su aplicación, el
CICR. La organización se precia de
intentar proteger a los civiles incluso en
medio de los bombardeos, y trató de
permanecer en Prístina cuando empezó
el ataque aéreo. Pero cinco días después,
la situación en la ciudad se había vuelto
insufrible: los paramilitares vagabundea-ban
por las calles, la población civil era
desalojada y, por las noches, llovían
bombas sobre el aeropuerto, los barra-cones
y los cuarteles del ejército de
Prístina, lo que impedía garantizar la
seguridad de los delegados. La delegación
se retiró del 29 de marzo al 24 de mayo.
Para proteger a su gente, la Cruz Roja
estuvo ausente durante los peores días de
la pesadilla de los albaneses de Kosovo,
del mismo modo que lo había estado en el
período más violento de la guerra de
Bosnia, en mayo y junio de 1992.
Pierre Kraehenbuehl, Jefe de Actividades
Operacionales del CICR en los Balcanes,
reconoce que la Cruz Roja tropezó con
graves dilemas y drásticos límites en lo
que se refiere a proteger a los civiles y se
vio obligada a retirarse pues la situación le
escapaba de las manos.
Ahora, debe reanudar su labor en
medio de una situación anárquica.
«Aquí no tienen cabida los acuerdos de
Dayton» explica. Se trata tan sólo de un
cese del fuego y una retirada, y en la
provincia no hay definición jurisdiccio-nal
alguna. El CICR tiene que trabajar
en un vacío legal y administrativo que
puede llevar meses colmar.
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Michael Ignatieff Escritor e historiador canadiense, autor de The Warrior's Honour: Ethnic War and the Modern Conscience.
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Pero no hay que olvidar que los
colaboradores de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja están acostumbrados a
desempeñarse en situaciones problemá-ticas
y peligrosas. Tal es su mandato
y precisamente en esos casos la defensa
de los convenios cobra capital importan-cia.
El conflicto de Kosovo demostró
que los convenios cumplieron con su
cometido, al menos en lo que respecta
a guiar y limitar la guerra aérea.
Desgraciadamente, surtieron menos
efecto en tierra porque los «limpiadores
étnicos» actuaron a su antojo y la Cruz
Roja no pudo intervenir.
Decir que la historia de los
Convenios de Ginebra está plagada de
fracasos o se resume a la constante
infracción de sus normas por parte de los
guerreros de los Estados vencidos, es
demasiado simplista porque esa es una
perspectiva parcial y el fracaso no siem-pre
es totalmente negativo. Se puede
decir que los Convenios de Ginebra y el
propio CICR sobrevivirán en medio de
una dinámica del fracaso. Los convenios
fueron obra de una generación que había
vivido la guerra y sentía vergüenza e
indignación por lo que había visto en los
campos de batalla y los campos de con-centración
de Europa. El exterminio, el
bombardeo aniquilador de ciudades y el
asesinato de prisioneros habían revelado
crudamente lo que la guerra total puede
infligir al código moral de los individuos
y el comportamiento de los Estados.
Ahora bien, la experiencia de 1949
muestra a la generación de 1999 que
esos fracasos no son negativos sino posi-tivos
porque precisamente a raíz de ellos,
juristas y defensores del derecho interna-cional
humanitario se vieron obligados a
replantearse muchas cuestiones y abo-carse
a responder con mayor prontitud
al inagotable ingenio de la barbarie.
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