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Pozos de esperanza esperanza David Lush |
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Rara vez llueve en Kunene, región muy poco
poblada del noroeste de Namibia expuesta a
sequías recurrentes donde el nivel promedio de
precipitaciones es de 300 mm por año. La Cruz
Roja de Namibia presta asistencia a los ovahimba,
para que aprovechen al máximo la poquita agua
que tienen y neutralicen lo que supone una
constante amenaza para la salud. |
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Apenas los primeros rayos del
sol comienzan a calentar el
terreno montañoso de
Okanguati, Maetjituavi Tjiposa
emprende el transitado camino
polvoriento que lleva al pozo del
pueblo. Durante siglos, sus ancestros
han sacado agua de los manantiales y los
pozos que salpican el paisaje árido y
escarpado de la región. Maetjituavi es
ovahimba, uno de las pocas tribus del
mundo que sigue viviendo según la
antigua tradición nómada.
Los seres humanos y el ganado usan
el mismo sendero y como siempre lo
han hecho, también comparten ojos de
agua. Se da prioridad a los animales
porque son el medio de subsistencia del
pueblo ovahimba, ya que no sólo pro-porcionan
alimentos sino también la
materia prima para fabricar ropa, joyas
e incluso cosméticos.
Hasta hace poco, el agua se sacaba
con un oxidado cubo de fabricación
artesanal. Luego se vertía en un abreva-dero
de madera para que los animales
también pudieran beber, lo que era un
foco de contaminación constante.
Actualmente, Maetjituavi y sus veci-nos
disponen de una nueva bomba de
agua, gracias a la Sociedad de la Cruz
Roja de Namibia (SCRN). Cuando salió
el primer chorro, se pusieron a cantar y
bailar. «Ahora el agua del pozo es limpia
y ya no nos toca sacar constantemente la
arena como hacíamos antes», comenta el
jefe Karee Mbinge de Okanguativillage.
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Una empresa de toda la aldea
«La sequía y el desempleo masivo son los
mayores desastres que aquejan a
Namibia; por lo tanto, nuestra labor tiene
que contemplar cuestiones de desarrollo.
El proyecto de agua en Kunene permitirá
que una comunidad muy marginada esté
mejor preparada para hacer frente a un
desastre inminente», explica Razia
Essack-Kauaria, Secretaria General de la
SCRN.
La Federación hizo un primer lla-mamiento
para apoyar este proyecto en
1992, es decir, tan solo dos años des-pués
que el país accediera a la tan
ansiada independencia.
Por ese enton-ces,
la SCRN distribuyó ayuda
alimentaria de emergencia, pero luego
decidió ocuparse de ayudar a las comu-nidades
ovahimba para que
aprovecharan al máximo la poca agua
que tenían.
La Sociedad Nacional, con ayuda
técnica y financiera de la Cruz Roja
Neerlandesa, la Federación y el gobier-no
de Namibia, inició un programa
para rehabilitar los pozos y los manan-tiales
que siempre habían utilizado los
ovahimba; ello implicaba cubrir con
una capa de cemento los ojos de aguas
turbias e instalar bombas para mante-ner
el agua limpia. De esta manera, les
resultaría más fácil separar el agua para
consumo propio de la que beberían los
animales.
Las comunidades ovahimba han
participado en el proyecto desde un
principio, identificando los ojos de
agua que querían mejorar y haciendo
gestiones para solicitar asistencia al
departamento gubernamental compe-tente;
este último transmite esas
solicitudes a las cuadrillas de construc-ción
de la SCRN que, a su vez, toman
contacto con los interesados.
Todos los vecinos participan en la
construcción que es motivo de entu-siasmo
y algarabía. Las mujeres
transportan la arena y mezclan el
cemento; los hombres ayudan a la cua-drilla
a cavar para poner los cimientos y
a echar el cemento, y los niños dan una
mano en todo lo que pueden.
Una vez terminada la construcción,
se monta e instala la bomba. Diseñadas
en Zimbabue, estas bombas se fabrican
en Namibia con lo cual se dispone
rápidamente de repuestos y a un precio
relativamente bajo. «Más de una vez
hemos encontrado bombas que habían
instalado otros donadores, pero que no
funcionan por falta de mantenimiento
o de repuestos», explica Alex Bor, uno
de los dos expertos, cuyos servicios
ofrece la Cruz Roja Neerlandesa.
Hasta la fecha, se han rehabilitado
114 pozos como el de Okanguati, y la
SCRN se propone cumplir con la meta
de 140 a fines de 1999. Se estima que
de los 40.000 habitantes de la región,
unos 8.500 ya disponen de agua pota-ble.
La SCRN, por su parte, ha
reclutado y formado a unos 800 volun-tarios
durante la realización del
proyecto.
Gracias a este programa, la SCRN ha
creado una amplia red de voluntarios en
esta región vasta y despoblada, redes que
también pueden utilizar otras institucio-nes,
y en particular, los departamentos
gubernamentales. «Hemos estado en
pueblos que ni siquiera figuran en el
mapa», afirma Lydia Nisbet, Jefa de
Programas de la Sociedad Nacional.
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Más higiene y mejor salud
El objetivo primordial del programa de
rehabilitación de pozos es pasar de un
enfoque de socorros a un enfoque de
desarrollo. Ahora bien, el suministro de
agua potable por sí solo no basta para
lograr que disminuyan las enfer-medades
cuyo vector es el agua, como
por ejemplo, la diarrea, la sarna y las
infecciones oculares.
«Tengo tres hijos chicos que a
menudo sufren de diarrea, dolores de
cabeza y vómitos. Cada vez que uno se
enferma tengo que caminar 15 kilóme-tros
para llevarlo a la clínica. Para mí es
difícil conocer la causa de la enferme-dad»,
dice Mukakatumbo Mbendera,
que vive en Ovikange, al norte de
Kunene.
Una encuesta comparativa llevada a
cabo a fines de 1997 en 10 comunida-des
con pozos rehabilitados, reveló que
el agua seguía estando contaminada; los
vecinos utilizaban recipientes sucios
para acarrear el agua, y durante la esta-ción
de lluvias volvían a utilizar los
pozos naturales de los que también
bebían los animales. «Esta encuesta nos
demostró claramente que habíamos
pasado por alto la educación para la
salud y que la gente de las comunidades
no tenía claro que hay una relación
entre agua potable y salud», explica
Lydia.
La Sociedad Nacional remedió
inmediatamente la situación, ideando
material didáctico para instruir a la
gente al respecto. Actualmente, los
voluntarios de la Cruz Roja utilizan ese
material (principalmente imágenes)
para estimular el debate comunitario
sobre cuestiones de salud. «Haciéndoles
comprender las deficiencias de sus prác-ticas
sanitarias, nos proponemos
alentarlos a que asuman la responsabili-dad
de su propia salud», añade Lydia.
Kunene es una de la regiones menos
desarrollada de Namibia, y los ovahim-ba
una de las comunidades más
marginadas, por ello, la SCRN da tan
importancia a su labor allí. Sabido es
que los ovahimba no podrán permane-cer
aislados eternamente, y algunos de
los síntomas menos halagüeños de la
modernidad, como el VIH/SIDA y el
alcoholismo, ya han comenzado a
hacerse sentir en esta tribu nómade.
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David Lush Periodista independiente, reside en Sudáfrica. |
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