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Jean-François Berger
Rédacteur ICRC
Jean Milligan
Rédactrice Fédération
A principal innovación de los Convenios de Ginebra de 1949 residió en procurar una protección efectiva a la población civil en tiempo de guerra, habida cuenta de las múltiples atrocidades de las que había sido víctima durante la Segunda Guerra Mundial.
Cincuenta años después, alienta saber que estos instrumen-tos fundamentales del derecho internacional humanitario han sido ratificados por casi todos los Estados del mundo, sobre todo porque en estos últimos años han surgido otras normas de derecho en favor de los civiles en peligro. Pero a la vez, inqui-eta comprobar que la violencia armada golpea cada vez más a la población civil y, a menudo, adrede.

Indudablemente, la aplicación de los Convenios de Ginebra ha permitido salvar incontables vidas, pero la larga lista de crímenes de guerra cometidos desde 1949 desanima hasta el más optimista. Entonces, es inevitable preguntarse cómo col-mar ese déficit humanitario.
Este interrogante nutre constantemente la reflexión y la acción en filas del Movimiento. Lo encontramos, entre otros, en la campaña de sensibilización del cincuentenario de los Convenios de Ginebra en cuyo ámbito se hizo una consulta sin precedentes en la que participaron víctimas de la guerra y dis-tintos beligerantes de numerosos puntos del planeta. También figurará en el orden del día de la XXVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que se celebrará en Ginebra del 31 de octubre al 6 de noviembre de 1999. Al respecto, nos complace ofrecer a nuestros lectores el suplemento intitulado «El poder de humanidad» que recoge los dilemas y dificultades principales que se plantean al queha-cer humanitario hoy en día, reseñando las soluciones que se propondrán en la Conferencia.



Redactor, CICR
Jean Milligan
Redactora, Federación
Ante estos retos de enjundia, es preciso recordar una y otra vez los valores que cimientan los Convenios de Ginebra y la acción humanitaria: compasión por quien sufre, respeto de la dignidad humana y solidaridad. Paralelamente, debemos perse-verar en la impostergable búsqueda de medios idóneos para lograr que se conozcan mejor, y seguir bregando para que tanto los Estados como los demás autores de las tragedias actuales y futuras asuman sus responsabilidades.





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